16/9/15

Siria en clave regional y la crisis terminal de la civilización

Por Kamel Gomez El Cheij



Los acontecimientos se precipitan. Ya casi no entran en las noticias. Si ayer mismo el mundo repudiaba el asesinato de un bebe prendido fuego por un fundamentalista judío, en estos días nuestra conciencia llora a un niño sirio ahogado; más por nuestra indiferencia, que por el mar. Vaya paradoja, cuando el fuego y el agua significan la misma cosa.
Desde lo político, la fortaleza del ejército sirio y sus aliados –Hezbollah e Irán-, sumados a la intransigencia de Rusia con el acompañamiento China, han arruinado los planes de la OTAN. Con Bashar Al Asad en el poder, Siria permanece anclado en el “Eje de la Resistencia”, su país no ha sido atomizado en republiquetas, e Israel sigue teniendo en sus fronteras a un enemigo declarado.
Ya hemos mencionado en otros artículos al “estado islámico” (EI)[1]. No queremos seguir analizando lo que pronto será historia. Su ideología wahabí, la financiación de las petro-monarquías, sus vínculos con los servicios de inteligencia occidentales, la preparación militar dada por la OTAN con entrega de armamento, y su “buena” prensa internacional no han podido arrastrar a la región a una guerra religiosa. Han querido morder las manos de quienes les han dado existencia, y si bien son útiles porque retrasan la gran discusión de la región –a saber: Palestina-, las palizas recibidas en Siria y el acuerdo nuclear con Irán arrincona sus ambiciones.
Si en Iraq se mantienen –con acuerdo de los kurdos sionistas- y siguen vendiendo barriles de petróleo a Israel, en Siria son los mismos kurdos los que mantienen zonas autónomas que colocaron a los terroristas del EI en retirada. Los bombardeos poco han hecho, pero es cuestión de tiempo hasta que los iraquíes –con Irán ayudando- empiecen a recuperar su territorio, y principalmente, sus pozos de petróleo. Quizás ahora sabemos la razón del color negro en las banderas del EI…
Arabia Saudí recibió el golpe del acuerdo entre Obama y Rohani –con el visto bueno de Jameneí-. Se la desquitaron con Yemen. A pesar de la masacre que han hecho, no pueden imponer su agenda. Ni con el pueblo yemení, ni con nadie en la región. Hasta los fundamentalistas que preparan en sus madrasas ya los atacan. Apenas imponen su dictadura con las oprimidas mujeres de su país, que ni manejar pueden. Así las cosas, han volando de urgencia a Moscú, bajándose las túnicas delante de Putin, y pidiendo negociar.
Israel, el principal derrotado tras el acuerdo de las potencias con Irán, camina hacia su derrota. Cualquier analista serio sabe que Israel “gana” si hay estado palestino. Hasta el Papa Francisco se los explicó. Si el mentiroso de Netanyahu ganó las elecciones dando garantías de que no permitirá tal cosa, podemos concebir la guerra que se viene. Al igual que su principal aliado saudí, ya no ganan ninguna guerra. Entonces, Israel como entidad sionista, es un proyecto acabado. Paradojas de la historia, si reconocemos al sionismo como la ideología que fundó a Israel, y que también lo aniquilará…Se le acaba el tiempo a Israel, y hasta Kissinger lo confirmó[2] .
 Lo hemos dicho tantas veces, y lo reiteremos: Alemania perdió como entidad nazi, y el apartheid sudafricano fue derrotado. El sionismo, como ideología, es como el imperialismo republicano de EE.UU., ya no entran en las necesidades de la globalización.
Y lo que decimos es importante. Hace unos días Jameneí advertía sobre los coqueteos que algunos iraníes quieren establecer con EE.UU. Traducido al criollo, dijo, muchachos, hablamos de energía nuclear y punto. Los gringos son enemigos nuestros, y no van a entrar por la ventana ahora, cuando antes les cerramos las puertas. Es que lo que Occidente no mata con las armas, lo mata por contagio. Irán allá, Cuba por acá, y los BRICS por todos lados, saben que la dictadura de la globalización es el proyecto que quieren Obama y los suyos.  
Siria, la cuna de la civilización para muchos, será también, y permítanme seguir con otra paradoja, el fin de “la” civilización. Sí, este sistema no da para más. Si la economía, la cultura, el medio ambiente, la sociedad están en crisis, es por causa de Occidente. Es el fin de un mundo, o el fin de la humanidad: he aquí la verdadera antinomia en su máxima expresión.
Europa, EE.UU., Israel en el epicentro del mundo árabe-islámico, son Occidente. Los acompañan las principales urbes del mundo con su clase media global. El mundo que han creado no tiene lugar para todos, el nivel de desperdicio  –consumo dicen los economistas-  que generan es insoportable para el planeta Tierra. Hambre en África, mientras la basura ya se ve por el espacio.
Cada vez con más fuerza, con menos vergüenza, nos animamos a plantear estos temas. Etapa delicadísima. Hay que repensar nuestro mundo. Y recordar “las” civilizaciones del pasado, no para repetirlas –otra trampa de Occidente, que muchos llaman fundamentalismo- sino para “realizar” nuevas síntesis. Favor de notar la palabra entre comillas y el plural que le sigue. Desde China a Bolivia, las respuestas a esta crisis son necesariamente diferentes.
Seamos claros, nunca antes las revoluciones y las espiritualidades han estado tan unidas. Hoy son el mismo proyecto.  Visión integral del hombre, cosmovisión que convoca al corazón más que al bolsillo. La libertad desde una perspectiva dual, tanto material como espiritual. Aquí señalamos el peligro más grande para la humanidad, que no es que Occidente desaparezca, sino que perdure…




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