6/1/15

Islam La revolución de los valores que necesita la Argentina (IV)


Islam
La revolución de los valores que necesita la Argentina


EN EL NOMBRE DE DIOS, EL CLEMENTE, EL MISERICORDIOSO

Capítulo III
Pobreza e injusticia social

Por Imad Husein Mariano Pi

Desde cierto punto de vista, la pobreza y la injusticia social son fenómenos distintos. La pobreza es relativa, puesto que uno es pobre de acuerdo a lo que en líneas generales la sociedad considera ser “no-pobre” y al estado de desarrollo material de la sociedad en su conjunto. En nuestro país, es pobre el que no accede a los beneficios básicos del progreso alcanzado por el conjunto del pueblo en relación al modelo de vida impuesto a los argentinos por las clases dominantes, el modelo consumista.
En cambio, teniendo en cuenta esta forma de ver la pobreza, la injusticia no tiene un carácter relativo sino absoluto, y esta vinculada a la idea de desigualdad. De que unos tengan acceso y otros no.
Por supuesto que profundizar en la realidad de la injusticia y la desigualdad lleva necesariamente al estudio de sus causas y es por eso que los poderosos siempre prefieren hablar de la pobreza pero nunca de la desigualdad. La “lucha contra la pobreza” es una idea que repiten muy seguido para hacerse ver como preocupados por la situación del pueblo humilde, pero les permite hablar del tema sin comprometerse a fondo con su solución. Lo quieren hacer pasar como una tragedia de la naturaleza y en que hay que ayudar a los pobres “en la medida que se pueda”. De esta manera, sus privilegios –verdadera explicación de la injusticia y la desigualdad- no son cuestionados en lo más mínimo, ni se pone en duda su legitimidad.
Como decíamos antes, nosotros creemos que es un camino equivocado buscar los remedios a la pobreza y la injusticia bajo el punto de vista del consumismo, porque son un producto natural y necesario, inherente a cualquier sistema materialista. 
La idea de resolverlo mediante la fórmula de “producir más y repartir más” solo lleva a la creación y multiplicación de nuevas necesidades materiales que crearán nuevas condiciones de pobreza, a la fundación de nuevas formas de injusticia, al deterioro suicida del medio ambiente y a la autodestrucción inevitable de la humanidad. La misma idea de progreso en la que se funda nuestra sociedad desde la conquista de América por las potencias europeas hasta nuestros días es el mayor de los males que podíamos haber asumido de nuestros opresores.
Las alabanzas a las virtudes plenamente discutibles del crecimiento económico (“producir más”) y al nefasto concepto de “inclusión social” (repartir más) son la expresión más acabada de la fantasía progresista de las tres corrientes mayoritarias que hoy dominan el debate sobre la pobreza y la desigualdad.
De esta manera, creemos que nunca podrán ser resueltos ninguno de los dos problemas, sin embargo no podemos desentendernos de ellos puesto que aquí no tratamos el modelo de sociedad ideal con el que podemos soñar los musulmanes, sino las propuestas concretas y realistas que podemos ofrecer para este querido país, con la situación social y económica que tenemos, para ir finalmente avanzando de a poco en la construcción de un futuro mejor para todos.
En primer lugar, creemos que el objetivo fundamental debería ser totalmente opuesto al que los líderes materialistas nos quieren llevar: no hay que producir más para repartir más, sino que hay que producir menos y vivir dignamente con lo necesario. Sabemos las malas consecuencias que trae perseguir la riqueza, pero no hay mal alguno que pueda ser encontrado en la sencillez. 
En todas las tradiciones espirituales, y el Islam en particular, la abundancia material es vista como un exceso defectuoso y en ningún caso como una virtud. La complacencia del hombre con Dios se halla en la humildad y no en el lujo, y el derecho de los seres humanos es vivir dignamente sin pasar grandes necesidades que le impidan la subsistencia.
La miopía cultural de los modernistas, les hace pensar que este elogio de la sencillez es lo mismo que atraso y barbarie, ante lo cual no encuentran mejor salida que horrorizarse y aferrarse aun más a las cosas mas inútiles y superficiales que la industria haya creado. Olvidan sin embargo, que además de los profetas y mensajeros de Dios reconocidos como tales –la paz sea con todos ellos-, esta visión de la vida fue promovida por los más refinados exponentes del conocimiento humano, incluyendo aquellos a los que los occidentales y materialistas suelen adornar de elogios, en los cuales buscan desesperadamente fundamentar sus extrañas ideas. 
Se cae de maduro que la sociedad argentina no está preparada en lo mas mínimo para un cambio radical en este sentido, aunque solo se viera afectada realmente en términos materiales una pequeñísima minoría de la población. Los pobres y trabajadores, la gran mayoría del pueblo, solo sufriría el recorte de su “ilusión” de ser como ellos, pero poco y nada cambiaría en su real situación económica. Sin embargo el impacto psicológico sería grande, ya que las amplias masas, a pesar de sus creencias religiosas, siguen soñando su futuro en términos materialistas y comprando los espejitos de colores que ofrece en el mercado, la cínica sociedad de consumo.
Quitando del medio la ambición estúpida del deseo material, ¿que quedaría de los sueños del ser humano? Quizás el amor, la amistad, la familia, la cultura, la belleza, la búsqueda de una real y completa satisfacción, que invariablemente, coincide con el camino de Dios.
Sin embargo, la indiscutible racionalidad de este planteo, su correspondencia natural con la fe de los creyentes y con las intenciones y esperanzas de justicia e igualdad de las personas buenas, puede caer en saco roto si su utilidad se restringe a la libre voluntad de cada uno.
Nada de palabras bonitas que adornan discursos moralizantes mientras en la práctica cada uno persigue sus propios intereses egoístas.
La lucha contra la riqueza excesiva y el espíritu consumista (puntas del iceberg materialista) debe ser asumida en el plano de las realidades y no solo de las ideas.
Su implementación concreta es posible y cada vez más necesaria.
Primero se debe desarrollar una amplia batalla cultural y disputar la orientación de la opinión pública. Los creyentes –con los musulmanes en primera fila por ser nuestra obligación religiosa- debemos promover sin descanso y con el ejemplo, un estilo de vida lo más alejado posible de la búsqueda de los placeres innecesarios que nos ofrece el consumismo, y al mismo tiempo que los rechazamos para nosotros, rechazarlo en los demás y debatir fervientemente sobre lo irracional y perjudicial de producir, acumular y gastar en cosas que no se necesitan en lo más mínimo.
Debemos condenar de plano y con total firmeza la ostentación de riquezas y lujos; resaltando la conducta ejemplar de quienes se conforman con lo menos posible llevando adelante vidas humildes y sencillas. Cuidar lo poco que tengamos y usarlo hasta que resulte imprescindible cambiarlo, evitando el deseo inútil y vanidoso de adquirir “lo último” sin ser estrictamente necesario.
Debiéramos condenar la publicidad comercial y las notas sociales de los medios de comunicación en los que se exalta el estilo de vida de los ricos y poderosos, promoviendo el protagonismo de la gente humilde, trabajadora, esforzada y buscadora del conocimiento.
Los líderes materialistas nos dirán que una campaña social-cultural de este tipo haría que la economía se estanque y se desplome por la baja del consumo, generando una severa crisis social. Mentiras, ellos están ahí para administrar y resolver las necesidades de la sociedad, no del sistema económico. Si la sociedad encuentra un modo de vida mas saludable y justo que el actual y propugna por el, ellos deberán adaptarse mediante la construcción paciente de un nuevo sistema y si no lo hacen o se niegan a causa de defender otros intereses, debieran hacerse a un lado y dejar a otros tomar el timón, con verdadera voluntad de servicio y responsabilidad.
En segundo lugar, tenemos que fomentar, alentar y ayudar en el surgimiento de organizaciones de carácter comunitario, social, político y cultural que tomen estas banderas y comiencen el proceso de persuasión y lucha por estos valores y su aplicación práctica en todos los niveles en los que sea posible.
Por último, deberemos ir proponiendo graduales pero profundas reformas económicas y sociales muy concretas que expresen la transición desde el actual estado de cosas, hacia una nueva concepción de la vida social y el desarrollo. 
Muy útiles en este sentido, y en el marco general de la lucha cultural contra los intereses y tendencias materialistas, serían las exigencias de reformar el sistema impositivo (que paguen mas los que mas tienen) tendiendo a la unificación de los impuestos y de poner topes efectivos a los ingresos personales, ganancias y el derecho a la adquisición de bienes y propiedades, estableciendo una serie de excepcionalidades temporales en los sectores de la economía en los que nos sea desfavorable hacerlo en función de preservar el interés nacional y social.
Asimismo y conjugando con los límites a la riqueza y el consumo, promover la estrecha cooperación entre los distintos actores de la sociedad civil y el Estado para el desarrollo de procesos productivos y distributivos de mayor impronta comunitaria y auto sustentable que garanticen el acceso general a condiciones de vida dignas.
Por supuesto que como decíamos mas arriba, este tipo de iniciativas propuestas desde una óptica anti-capitalista y anti-materialista serán duramente criticadas por los dueños del poder que verían recortados sus privilegios y fortunas a un nivel razonable y ampliamente rechazadas por grandes sectores de las capas medias que verían cerrado definitivamente el camino a convertirse en algún día en los nuevos ricos y poderosos. Esto nos tiene sin cuidado, pues no damos importancia alguna a la arrogancia y los sentimientos de supremacía de quienes pretendan defender con uñas y dientes la inmoralidad manifiesta de sus privilegios.
Sin embargo, también contaríamos en un principio con el desinterés y hasta la negativa de los propios sectores populares y a ello nos dedicaremos en el próximo capítulo.



Pasajes del Corán y Tradiciones que fundamentan el Capítulo III

Del Sagrado Corán

“¡Oh los que creéis! Proteged la justicia por Dios, dando testimonio equitativo y no dejéis que los malos sentimientos contra un pueblo os lleven a no ser justos. ¡Sed justos! Eso está más cerca del temor de Dios…”
5:8

“Y Dios favorece a algunos de vosotros con más provisión que a otros, pero quienes fueron favorecidos no están dispuestos a dar de su provisión a sus siervos de manera que se igualen en ello. ¿Rechazan pues las bendiciones de Dios?
16:71

“¡Ay de todo difamador murmurador que acumula riqueza y la recuenta! Cree que la riqueza le eternizará. Pero no, juro que será arrojado al Hutama. ¿Y qué te hará entender lo que es el Hutama? Es el Fuego abrasador de Dios, que llega hasta el fondo del alma.” 
104:2-7

“La corrupción se ha manifestado en la tierra y el mar por lo que los seres humanos han hecho, para que prueben algo de lo que han hecho, y así quizás, regresen al buen camino”
30:41

“Satanás os atemoriza con la pobreza y os ordena la avaricia, pero Dios os promete Su perdón y Su favor. Y la bondad de Dios todo lo alcanza. Él todo lo sabe.
2:268

De las Tradiciones

Del Imam As-Sâdiq (P): Entre las acciones más amadas para Dios, Imponente y Majestuoso, está el hecho de provocar la alegría del creyente: (como el hecho de) satisfacer su hambre, consolar su aflicción, o cubrir su deuda.

Del Profeta Muhammad (BPD): Quien orienta hacia lo bueno es como quien lo realiza.

Del Imam ‘Alî (P): ¡Por Dios! Si me fueran dados los siete mundos junto a lo que se encuentra debajo de sus astros para que desobedezca a Dios en la medida de quitarle a una hormiga la corteza de un grano de cebada, no lo haría.


Del Profeta (BPD): “La pobreza es mi orgullo (mi nobleza).”

Del Mensajero de Dios (BPD): “La honestidad es el adorno de la prueba. La humildad es el adorno del prestigio. La elocuencia es el adorno de la palabra. La justicia es el adorno de la fe. El reposo (la tranquilidad) es el adorno de la devoción. La memoria es el adorno de la narración… La bella conducta es el adorno del intelecto. Tener una cara abierta (una expresión alegre, sonriente, vivaz) es el adorno de la benevolencia. La abnegación es el adorno del desapego. Otorgar lo que se tenga es el adorno de la certeza. No hacer derroche es el adorno de la satisfacción (o contentamiento con lo que se tiene en la vida de sustento). No echar en la cara es el adorno del bien. La sumisión (con humildad) es el adorno de la devoción. Abandonar lo que no incumbe es el adorno de la piedad.”

Del Imam Hasan (P): “Por cierto que son características de los creyentes el ser fuertes en la religión, honrados en la amabilidad (sin dobles intenciones), estar atados a la ciencia, ser sabios en la benevolencia, ser amplios en el gasto, tener un objetivo en la devoción, abstenerse de las pasiones, ser buenos en la rectitud, no tratar injustamente a quien haya incurrido en su ira (a quien los haya hecho enojar), no pecar por aquello que se desea, no pretender aquello sobre lo que no se tiene poder, no negar un derecho que se tiene encima (sobre el cual se está obligado), no difamar ni criticar ni oprimir a nadie, ser humilde en la oración, ser extendido en pagar el zakat, ser agradecido en el estado de bienestar, ser paciente ante la prueba, estar contento (satisfecho, conforme) con lo que se tiene. La cólera no lo desea (no lo busca, porque es en vano) y el avaro no se reúne con él. Se mezcla con la gente para saber, se calla para estar sano y tiene paciencia cuando es tratado injustamente dejando que Dios, Aquel que retribuye (las acciones) sea Quien tome venganza por él.”

Del Imam ´Ali (P): "No verás al ignorante sino mezquinando o prodigando (derrochando)."

Del Imam ‘Alî (P): No hay nada que induzca más a alterar la gracia de Dios y apresurar Su castigo que perpetrar la opresión, que por cierto que Dios escucha el llamado de los hostigados y está al acecho de los opresores.

Del Profeta Muhammad (BPD): Quien quita la propiedad de un creyente usurpándola sin ningún derecho, Dios permanece disconforme con él, desdeñando las acciones justas y benévolas que realiza, y no las registra entre sus actos buenos hasta que se arrepiente y devuelve a su dueño la propiedad de la que se hizo.

Del Imam ‘Alî (P): Ordenad lo bueno y prohibid lo execrable, y sabed que ordenar lo bueno y prohibir lo execrable, jamás apresuran la muerte ni cortan el sustento.

Del Profeta Muhammad (BPD): La aniquilación de la persona se encuentra en tres (cosas): en su estómago, su apetito carnal y su lengua.

Del Imam ‘Alî (P): Que ninguno de vosotros deje cargar a su hermano con el hecho de tener que pedir, si es que conoce su necesidad.

Del Imam ‘Alî (P): Por cierto que Dios prescribió en las riquezas de los ricos los sustentos de los pobres, por lo tanto no ha pasado hambre un pobre sino por lo que ha dejado de dar un rico.

Del Imam ‘Alî (P): ¡Oh hijo de Adán! Sé albacea de ti mismo sobre tus bienes, y actúa en relación a los mismos según lo que indicarías se haga con ellos después de tu muerte.


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