6/1/15

Islam: La revolución de los valores que necesita la Argentina (IX)

Islam
La revolución de los valores que necesita la Argentina


EN EL NOMBRE DE DIOS, EL CLEMENTE, EL MISERICORDIOSO

Capítulo VIII: Infidelidad, perversiones y violencia
Por Imad Husein Mariano Pi


Así como el satisfacer las necesidades materiales que hacen posible nuestra existencia, el instinto y el deseo sexual son parte de la naturaleza “animal” del ser humano, que sin el control férreo del intelecto sobre ellos para moderarlos en su justo equilibrio (lo que nos diferencia de los animales y nos hace específicamente humanos), igual que todos los demás instintos, nos conducen a la destrucción de la sociedad, la barbarie y el salvajismo.
Los pregoneros del “amor libre” y demás estupideces caen en una terrible contradicción cuando dicen que no debe haber barreras morales en la sexualidad pero condenan “moralmente” el acoso, el abuso y la violación. Así como también condenan “moralmente” la sexualidad de adultos con menores ya sea forzada o voluntaria.
Si lo que se trata es de “liberar” nuestro instinto “natural” (aunque se olvidan que la naturaleza humana no es solo animal sino también espiritual, por lo tanto moral) ellos debieran permitir también todas estas aberraciones detestables.
Existe para ellos entonces una barrera espiritual, intelectual y moral necesaria que regule el instinto y le ponga límites efectivos, cuyo traspaso se haga condenable. Reconociendo esto ya no podrán hablar en nombre de la naturaleza contra la moral religiosa, sino debatir mano a mano entre dos perspectivas morales.
Nuestra moral tiene su fuente en los consejos, órdenes y enseñanzas de los profetas de Dios (p) promovidos en la sociedad desde tiempos inmemoriales, cuyo cumplimiento verdadero llevó al florecimiento de vastas culturas y civilizaciones. Ellos levantan una moral cuyas fuentes también pueden remontarse hasta la antigüedad, aunque en su caso solo pueden remitir antecedentes en los desmanes materialistas de sociedades opresivas, corrompidas y en decadencia.
No se trata aquí de declamar puritanismo alguno (ya que por sus nefastas consecuencias consideramos tan deplorable como el liberalismo), sino de diferenciar entre la buena guía y el desvío, y poner en marcha mecanismos socio-culturales para corregir y controlar los graves problemas sociales que este asunto genera, originando miles de conflictos por día en nuestra patria, que no pocas veces terminan en violencia y hechos de sangre.
A nuestro entender, lo primero a definir es el rechazo absoluto de todo tipo de relación forzosa. El acoso, el abuso y la violación, son a todas luces condenables, debieran ser estrictamente prohibidas y la sociedad debiera jugar un papel más activo que la mera lamentación, la simple reprobación de palabra, o la inútil espera a que la burocracia resuelva los casos evidentes y comprobados socialmente. La misma suerte debiera correr la relación de adultos con menores e impúberes, aunque se manifieste un lazo aparente o efectivamente voluntario.
En segundo lugar, debieran ser condenadas y combatidas abiertamente la infidelidad y la fornicación (relación ocasional y sin compromiso).
Uno de los argumentos de quienes defienden la liberalidad –que incluye en la absoluta mayoría de los casos a la infidelidad-, es la equiparación del derecho a su práctica entre el hombre y la mujer, atento a que existió durante mucho tiempo una suerte de promoción machista de la infidelidad, que la consideraba socialmente virtuosa en el hombre e ilegítima y degradante para la mujer. Esta extraña perspectiva en lugar de combatir el desvío machista, busca “reparar” el abuso de confianza y la traición de una parte con el derecho al abuso y la traición generalizados. No hace falta explicar demasiado el carácter decadente, reprobable y dañino de esta posición. Es como si quisiéramos reparar la injusticia ejercida por las minorías opresoras abriendo paso a la promoción de la injusticia generalizada. Tamaña estupidez solo puede surgir de la decadente mentalidad de las “vanguardias” culturales del occidente moderno.
La infidelidad rompe de la peor manera y por muy bajo precio un pacto de lealtad y compromiso voluntario que es la base educativa fundante de cualquier proyecto positivo de cultura familiar y social. La ruptura de este compromiso voluntario solo trae desesperanza y resentimiento no solo en los directamente involucrados, sino en todo el conjunto social. Cuanto más extensa se hace su práctica, más frustrantes, agobiantes y enfermizas se tornan las relaciones de pareja, convirtiéndose la confianza en un bien escaso y ante su existencia, en una oportunidad para vulnerarla. Esto es una realidad demostrada por los hechos en la Argentina de hoy.
Si por alguna razón de importancia, alguna de las partes pierde interés en la continuidad de la relación, está la opción legítima de la separación y el divorcio, de acuerdo al sano criterio de libre elección responsable que debiera gobernar el conjunto de las relaciones sociales.
Por otra parte, debiera ser igualmente reprochable la fornicación. Existiendo las opciones del noviazgo y el matrimonio, no habría por qué legitimar una práctica absolutamente relacionada con la infidelidad y la ausencia total de compromiso humano entre las partes, siendo de entre las más importantes causas de la extensión de la indiferencia, la desidia y la irresponsabilidad generalizadas en las relaciones sociales (dado que la sexualidad es uno de los aspectos fundamentales de la existencia, y su naturaleza condiciona una serie de conductas de los individuos y la comunidad).
Algunos nos dirán que esta es una decisión individual, que si uno quiere tener la libertad de tener relaciones vacías de compromiso y contenido sin cometer infidelidad alguna, tiene todo el derecho de hacerlo. Sin embargo nos preguntamos, ¿qué puede ofrecer de bueno una cultura que promueve el privilegio del amor de sí mismo y la falta de compromiso con los demás; y qué puede tener de negativo otra que educa a sus miembros en el amor desinteresado, la lealtad y la confianza?
No quedan dudas para quien razona con cierta profundidad y sin caprichos alrededor de estos temas.
No analizaremos con profundidad en este material el tema de la homosexualidad ya que en el caso particular de quienes escribimos esto, pensamos que harían falta muchos análisis y planteos complementarios que exceden largamente el espacio de este trabajo, pero muy necesarios para el debate en un momento en que las fuerzas progresistas-liberales desarrollan una intensísima campaña para confundir a la sociedad y estigmatizar a quienes nos oponemos a su práctica y extensión. Para eso debemos superar las posiciones “naturalistas” que reflejan la necesidad de la heterosexualidad obligatoria con fines reproductivos y de orden social, que si bien no son descartables por principio, las consideramos insuficientes. Como el sexo no es solo reproducción sino placer legítimo, insistimos en que debiéramos contar con otras herramientas que permitan abordar de manera integral este debate. Lo que sí podemos decir a fuerza de cierta experiencia de vida y sentido común, es que buena parte del fenómeno de la homosexualidad en la Argentina de hoy está tan estrechamente vinculada a trastornos originados en experiencias negativas (por ejemplo, el sufrimiento de abusos y violaciones) como a la propagación del espíritu liberal por la ideología dominante (el fomento de la fornicación y experimentación en búsqueda del mayor placer posible para el individuo sin contemplar el impacto socio-cultural de su práctica). Sin estos dos elementos evidentemente negativos, creemos que el debate de la homosexualidad quedaría mucho más restringido e incluso sería mucho más acotado como fenómeno social. Por lo tanto, nos daría mayores posibilidades de comprensión y asimilación de la problemática.
Así y todo, partiendo de este supuesto –que no por ser un supuesto carece de realismo- nos aventuramos a decir que su propagación y su pretensión de legitimidad es parte de los signos de decadencia de una civilización, tal como lo fue en el pasado.
Por otra parte, no conocemos tradición espiritual alguna que lo promueva sino más bien todo lo contrario, siendo el Islam bien taxativo en su condena social y prohibición, incluyendo a la homosexualidad en el conjunto de las perversiones censurables.
Los profetas de Dios (P) son muy claros y tajantes al respecto.
En este marco se inscriben también todas las formas de violencia sobre la mujer y los niños, más allá o más acá del círculo familiar. Incluimos la violencia familiar entre las prácticas perversas pues son una forma de opresión y de las más graves que pueden cometerse. Los violentos –en general hombres, pero también mujeres- que ejercen la opresión y el sometimiento sobre sus propias familias deben ser claramente rechazados y combatidos por la sociedad, en particular, los sectores populares, más aun hoy, donde parece que asesinar mujeres por cuestiones pasionales pareciera una moda abominable en nuestra patria.
“Ni oprimir ni ser oprimido” es una ecuación innegociable de la doctrina islámica y quienes traspasan esta barrera merecen el castigo de la comunidad sin contemplaciones.
El Islam considera al hombre el pilar responsable del sustento y la protección, y a la mujer el pilar responsable de la educación y la salubridad familiar (aunque puedan colaborar en ambas funciones de mutuo acuerdo) y la violencia es una grave trasgresión a los mandatos divinos de uno y otro.
El Islam afirmó estas verdades y regulaciones varios siglos antes de que la cultura occidental siquiera esté en los sueños de algún perdido idealista de Europa, que para esa época estaba sumida en la más cruda barbarie. Y fijó estos criterios alrededor de 1400 años antes de que empiecen a ser puestos en debate por las vanguardias liberales de fines del siglo XX, que hoy pretenden dar cátedra de civilización a ¾ partes del mundo.
Asimismo estableció y promovió reglamentaciones sociales tendientes a minimizar el surgimiento de estas problemáticas desplazando la sexualidad y el sensualismo de la vida pública al ámbito privado de la pareja, como la sobriedad en la vestimenta en espacios públicos, el trato siempre amable pero levemente distante entre personas de distinto sexo fuera de la intimidad familiar, la prohibición del exhibicionismo civil o comercial, la segregación de género en los ámbitos públicos sin que ello ocasione la lesión de derechos fundamentales, etc.














Pasajes del Sagrado Corán y las Tradiciones que fundamentan el Capítulo VIII

Del Sagrado Corán

“Que el fornicador no se case sino con una fornicadora o con una idolatra y que la fornicadora no se case sino con un fornicador o un idolatra. Tal cosa estña prohibida para los creyentes.”
24:3

“En verdad, quienes desean que se extienda la indecencia entre los creyentes tendrán un castigo inmenso en esta vida y en la otra. Y Dios conoce y vosotros no concoeis.”
24:19

“¡Oh creyentes! No sigáis la senda extraviada de Satanas. Y quien siga la senda extraviada de Satanas ha de saber que en verdad, el ordena los actos indecentes y lo que esta mal...”
24:21

“las mujeres indecentes son para los hombres indecentes y los hombres indecentes para las mujeres indecentes, y las buenas mujeres para los buenos hombres y los buenos hombres para las buenas mujeres. Ellos están libres de lo que dicen. Obtendran perdón y una provisión generosa.
¡Oh creyentes! No entréis en una casa distinta a la vuestra sin anunciaros, y sin saludar a su gente. Esto es mejor para vosotros. Quizas asi recapacitéis.”
24:26-27

“Di a los creyentes que recaten sus miradas y que protejan sus partes privadas. Eso es mas puro. En verdad, Dios esta bien informado de lo que hacen.
Y di a las creyentes que recaten sus miradas y protejan sus partes privadas y no muestren sus encantos, excepto lo que esta a simple vista…”
24:30-31

“Y no mateis a vuestros hijos por miedo a la pobreza. Nosotros les proveeremos y tambien a vosotros, Verdaderamente, matarlos es un gran pecado.
Y no os acerquéis a la fornicación ni al adulterio. En verdad, eso es una indecencia y un mal camino.”
17:31-32

“Y entre sus señales esta el haber creado de vosotros mismos parejas para que encontréis la calma junto a ellas. Y ha puesto entre vosotros afecto y misericordia.
En verdad, en ello hay señales para gente que reflexiona.”
30:21

“En verdad, para los musulmanes y las musulmanas, los creyentes y las creyentes, los obedientes y las obedientes a las ordenes de Dios, los sinceros y las sinceras, los pacientes y las pacientes, los humildes y las humildes ante Dios, los caritativos y las caritativas, los que ayunan y las que ayunan, los que protegen y las que protegen su sexo y los que recuerdan y las que recuerdan mucho a Dios, Dios ha preparado un perdón y una recompensa enormes.”
33:35

“Los hombres son los encargados de proteger y atender a las mujeres por aquello con lo que Dios ha favorecido a unos sobre otros y por lo que gastan de sus bienes.
Y las casadas virtuosas son discretas y protegen en ausencia de sus esposos lo que Dios ha encargado proteger…”
4:34

“¿Vais a los varones de los seres humanos abandonando a las mujeres que ios ha creado para vosotros? Sois un pueblo transgresor.
26:165-166

“Y recuerda a Lot cuando dijo a su pueblo: ¿Cometeis una indecencia que nadie en el universo ha cometido antes? En verdad vais con deseo a los hombres en lugar de a las mujeres. Sois una gente inmoderada. Y la respuesta de su pueblo no fue otra que decir: ¡Expulsadles de vuestra ciudad! ¡Son unos puritanos!”
7:80-82

“Y a Lot le dimos juicio y conocimiento y le pusimos salvo de la ciudad en la que se cometían actos viciosos. En verdad, él era un pueblo malvado y transgresor.”
21:74


De las Tradiciones

 Del Profeta Muhammad (PBD): ¡Tened vergüenza de Dios en vuestra intimidad de la misma manera en que tenéis vergüenza de la gente en público!

Del Profeta Muhammad (PBD): Obra el bien (compórtate correctamente) y evita el mal.
Fíjate en qué deseas que la gente diga sobre ti y compórtate en concordancia con eso.
Y presta atención a aquello que detestas que la gente diga de ti y evita ser así.

Del Profeta Muhammad (PBD): La fe es algo desnudo (como una cosa que no tiene ningún agregado); su vestimenta es la piedad, su adorno es el pudor y su fruto es la ciencia.

Del Profeta Muhammad (PBD): No hay soledad más temible que el egoísmo.

Del Profeta Muhammad (PBD): La mirada (de lo ilícito) es una de las flechas envenenadas de Iblis (el demonio).

Del Profeta Muhammad (PBD): Aquel que se casa, ha logrado la mitad de su religión (cumplido con la mitad de sus obligaciones religiosas). ¡Tened miedo de Dios respecto de la otra mitad!

Del Profeta Muhammad (PBD): El sueño del casado es ante Dios mejor que el soltero que ayuna y reza.

Del Profeta Muhammad (PBD): Tened cuidado de la fornicación, ya que en ella hay 6 cualidades: 3 en este mundo y 3 en otro mundo. En cuanto a las 3 de este mundo, ella hace desaparecer la reputación y el valor, corta el sustento del cielo y acorta la vida (hace que se adelante la muerte). En cuanto a las 3 del otro mundo, hace tener malas cuentas (para rendir), la Cólera del Señor y el estar eternamente en el Fuego (Infernal).

Del Profeta Muhammad (PBD): A quien mantenga una relación sexual con un niño o con otro hombre, Dios lo resucitará con un olor más intenso que el de la carroña, el cual perturbará a la gente hasta que ingrese en el Infierno.

Del Profeta Muhammad (PBD): Me asombra aquel que golpea a su mujer mientras él mismo se merece esto. Debe recibir el ‘Talión’ quien golpea a su mujer con un palo (o cualquier objeto contundente). Y debe ser golpeado quien no le da de comer ni la viste como corresponde. Así ganaréis en esta vida y en la otra. Cualquier hombre que se complace que su mujer se adorne y salga de su casa así, él es un rufián y no peca quien lo llama así. Cuando al hombre le complace que su mujer salga de su casa adornada y perfumada, edifica para ella por cada paso que da así, una casa en el Fuego. Entonces, cortad las alas de vuestras mujeres y no las dejéis muy largas. Ya que en esto hay remordimiento y su retribución es el Fuego, mientras que en cortar las alas hay complacencia, alegría y el ingreso al Paraíso sin cuentas. Guardad mi legado respecto del asunto de vuestras mujeres hasta que os salvéis de la terrible cuenta. ¡Qué mal estado tendrá ante Dios quien no guarde mi legado!

Del Profeta Muhammad (PBD): Aceptad seis cosas de mí que yo os aceptaré en el Paraíso:
Cuando habléis no mintáis, si prometéis no  defraudéis, si se confía en vosotros no
traicionéis, bajad vuestra mirada, proteged  vuestras partes pudendas, y retened vuestras
manos y lenguas (de lo prohibido).

Del Profeta Muhammad (PBD): Casad a los solteros de entre vosotros, puesto  que Dios mejorará su moral, ampliará su sustento e incrementará su reputación.

Del Profeta Muhammad (PBD): Por cierto que las doncellas vírgenes son como el fruto de un árbol: cuando madura y no es recolectado, el sol lo hace corromperse y lo diseminan los vientos. Asimismo sucede con las vírgenes; cuando alcanzan aquello que alcanzan las mujeres, no tienen más remedio que el casamiento, y si no acontece, nada las mantendrá seguras de caer en la corrupción, puesto que ellas son humanas.

Del Profeta Muhammad (PBD): No hay joven que se haya casado a temprana edad, sin que su demonio brame: “¡Qué desgraciado! ¡Pero qué desgraciado! Se ha  puesto a salvo de mí en dos tercios de su religión.

Del Profeta Muhammad (PBD): ¡Oh comunidad de jóvenes! Quien de entre vosotros tenga la capacidad de tener actividad sexual, que se case, puesto que ello es lo más efectivo para bajar la mirada (de lo que no se debe mirar) y resguardar más las partes pudendas.

Del Imam ‘Alî (P): Sed cordiales con ellas en cualquier caso y habladles en forma benévola, tal vez así ellas mejoren su actitud.

Del Profeta Muhammad (PBD): Cuando se incrementa la fe del siervo, se incrementa su estima hacia las mujeres.

Del Profeta Muhammad (PBD): Por cierto que Dios, Imponente y Majestuoso, aborrece –o maldice- a todo hombre o mujer que mediante el matrimonio y el divorcio solo pretende gustar del placer que hay en el matrimonio.

Del Imam As-Sâdiq (P): La fornicación de los ojos es la mirada, la fornicación de la boca es el beso, la fornicación de las manos es el manoseo, ya sea que  las partes pudendas verifiquen ello, o lo desmientan.

Del Imam Al-Bâqir (P): El Mensajero de Dios, que Dios le bendiga a él y a su familia, maldice al hombre que mira el sexo de una mujer que no le es lícita, a un hombre que traiciona a su hermano respecto a su esposa, y a un hombre de quien la gente necesita y por lo cual les pide soborno.

Del Profeta Muhammad (PBD): ¡Oh gente! No forniquéis, ya que de esa forma vuestras mujeres fornicarán, puesto que, así como procedáis procederán contigo

Del Profeta Muhammad (PBD): Hay tres cosas de las que temo por mi comunidad después de mí: el extravío después del discernimiento, los desvíos causados por los conflictos, y los deseos mundanales del estómago y el instinto sexual.

Del Profeta Muhammad (PBD): Quien se mantiene a salvo de lo malo del estómago, de lo malo del sexo y la lengua, realmente se ha mantenido a salvo (de cualquier pecado).

Del Imam Al-Bâqir (P): Qué esfuerzo es mejor que el recato del estómago y las partes pudendas.

Del Profeta Muhammad (PBD): La aniquilación de las mujeres de mi comunidad se encuentra en dos asuntos: el oro y las prendas delgadas; y la aniquilación de los hombres de mi comunidad se encuentra en el abandono del conocimiento y el acopio de riquezas.








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