6/1/15

Islam: La revolución de los valores que necesita la Argentina (X)

Islam
La revolución de los valores que necesita la Argentina


EN EL NOMBRE DE DIOS, EL CLEMENTE, EL MISERICORDIOSO

Capítulo IX
La Guerra Santa y la lucha por la liberación
Por Imad Husein Mariano Pi


Como habrán visto a lo largo de estas páginas, a pesar de titular “Islam: la revolución de los valores que necesita la Argentina” poco y nada hemos hablado específicamente de “política”.
En cambio sí nos hemos preocupado de tratar de manera general algunos de los problemas sociales de la Argentina a la luz de la perspectiva islámica, sobretodo aquellos que consideramos fundamentales de resolver, cuya solución la hallamos a nuestro entender no en el campo de la política y la economía sino en el de la cultura, que por supuesto las incluye pero que no se limita a ellas como intentan hacer suponer las corrientes de pensamiento hoy hegemónicas en la Argentina.
Hemos pretendido demostrar que el camino de la verdad, la justicia, la dignidad y la perseverancia en este mundo y en nuestra patria, no se encuentra en las contradicciones y confusiones del materialismo reinante sino en el retorno indiscutible de los argentinos al sendero de Dios. Y que esto es imposible de lograrlo sin sacrificio, esfuerzo y lucha, tanto en el plano interior como exterior, tanto del individuo como del conjunto social, especialmente, los sectores populares. “Casualmente” uno de los grandes principios del Islam es el de Yihad, traducido como “Guerra Santa” por las potencias imperiales y sus  repetidoras para calificar de fanáticos, bárbaros e irracionales a los musulmanes del mundo, pero que en su real significado quiere decir “sacrificio, esfuerzo y lucha en el camino de Dios” al que consideramos un mandato divino para toda la humanidad pero particularmente obligatorio para los pueblos y comunidades oprimidas de la tierra.
El Yihad, es de hecho el gran tema que recorre estas páginas, en sus dos dimensiones: el Yihad Menor y el Yihad Mayor.
El menor es la expresión “externa” del Yihad: consiste en la lucha contra la injusticia social y la opresión de los tiranos, la ignorancia y la idolatría. Su motor es la obligación para todo creyente de ordenar lo bueno y rechazar lo malo, para sí mismo y para la sociedad en su conjunto.
El mayor es mucho más importante y difícil, siendo la madre insustituible del menor: es la lucha en el interior del corazón del creyente, el combate a su ego y el control racional de sus deseos y pasiones materialistas.
El Yihad mayor es el camino del auto conocimiento y el auto control, que lleva al perfeccionamiento del ser humano tan rápido como la Yihad menor permite barrer los obstáculos existentes en una sociedad corrupta que acecha con sus tentaciones al alma del creyente, desviándolo del camino recomendado a los hombres por el Señor del Universo.
Un mejor individuo ayuda al mejoramiento de la sociedad y el mejoramiento de la sociedad ayuda a la perfección del individuo. Este equilibrio dinámico entre individuo y sociedad está presente en todas las manifestaciones de la tradición islámica y en las tradiciones sagradas en general, siendo junto al concepto de la supremacía absoluta del Dios Único y Todopoderoso (fuera del que no es lícito servir a nada ni a nadie) el fundamento del balance armónico entre justicia y libertad.
Creemos que el problema principal por el que atraviesa nuestra patria (y que vemos como se extiende dramáticamente a lo largo y ancho del mundo) es el predominio cada vez mas desembozado de la cultura occidental y materialista en extensas masas del pueblo. Este injerto colonial posee en sus entrañas una inocultable potencialidad corruptora y criminal que se expande como un gas venenoso usando como vectores la ambición desmedida de los poderosos y las ilusiones y necesidades de los oprimidos.
Como los privilegiados están cómodos en sus privilegios, si bien son advertidos de las consecuencias nefastas de su conducta e interpelados por la verdad, no abrigamos en ellos esperanza alguna de colaboración para el restablecimiento de los valores divinos de justicia y equidad, más bien todo lo contrario. Aun cuando nos puedan dar la razón desconfiaríamos de su sinceridad, estando alertas a su hipocresía.
Pero sí apostamos a la posibilidad histórica de los humildes y oprimidos de decir basta, dejando de lado las ilusiones siempre incumplidas del materialismo y retornar a la unidad con Dios, para que una vez fortalecidos en la fe y la esperanza, marchemos juntos por el camino de la justicia y la dignidad, verdadera fuente de felicidad en este mundo y en el otro.
Las evidencias están al alcance para quien razona con el corazón acercándose a Dios y alejándose poco a poco de la ignorancia.
¿Qué quedarían de nuestros actuales problemas sociales y grandes sufrimientos si por nuestros propios medios los pobres eliminamos de la vida cotidiana la destructiva influencia de la opresión, los vicios, la ignorancia, la criminalidad, la violencia callejera, la infidelidad, el sensualismo materialista y egoísta, los abusos, perversiones, y la falta de respeto? De los más graves, probablemente no quedaría ninguno.
¿Acaso no vale la pena luchar juntos contra estas cosas, pero sí vale la pena luchar entre nosotros para ver quien zafa de la desgracia? ¿No es este el deber de todos los creyentes y no solo de los musulmanes? Dios quiera que nos otorgue el honor de marchar a la vanguardia de esta verdadera revolución cada vez más urgente y necesaria.
Por otra parte, ¿qué mal pudiéramos encontrar en ir construyendo nuestras comunidades en base a una perspectiva real y completamente liberadora, sana, justa y digna, defendiendo los derechos y el honor de las personas, la familia, restableciendo la piedad, el respeto, la paciencia, la esperanza y la solidaridad?
Esta es la verdadera esencia del Yihad, principio de una mística incomparable en el que se reúnen la fe y la adoración a Dios, por intermedio de la más pura unidad entre razón, corazón y obras.
Lejos de significar barbarie y fanatismo, el Yihad expresa civilización y refinamiento cultural. Más bien el fanatismo se halla en la necedad de sostener la injusticia y la ignorancia sabiendo perfectamente que existe otro camino. Anteponer un amor ciego por el mundo de las cosas y sembrar la destrucción para conquistarlas, por sobre el camino de Dios, la humanidad y la naturaleza misma, ciertamente eso es barbarie, irracionalidad y fanatismo.
Por supuesto que la construcción de una Argentina nueva de la mano de los sectores populares en base al mensaje divino no será gratis ni sencillo. Si así fuera no habría necesidad alguna de Yihad.
Es cierto que los poderosos temblarán ante esta realidad y pretenderán descargar su ira contra los pueblos que se levanten bajo las banderas del sendero recto, profundizando la dureza de la opresión y sus tentativas corruptoras y divisionistas.
La fe, la firmeza, la determinación y la perseverancia del pueblo, en particular de los creyentes, serán imprescindibles.
Sin embargo no debiéramos tener temor alguno aunque las pruebas sean crueles, prolongadas y dolorosas.
La realidad – y a ella debemos remitirnos si queremos ser realistas- nos enseña día a día en la actualidad, pero también a lo largo de la historia, que por más duros que sean los padecimientos de un pueblo que le levanta por amor, verdad, justicia y dignidad, nunca son tan dañinos, crueles y masivos como los sufridos en tiempos de opresión, injusticia e inseguridad como en nuestros días. Un año de vicios, crímenes, violencia social y familiar, desesperanza, egoísmo y perversiones genera millones de víctimas mortales, lesiones, caos y sufrimientos más que diez años de revolución cultural, social y antimperialista.
Por último, difícilmente los dueños del poder puedan asustar a los creyentes con la muerte y los padecimientos: para cristianos, musulmanes y creyentes verdaderos en general, alcanzar el martirio en el camino de Dios y la justicia solo trae bendiciones en este mundo y en el otro.
Por un lado, fortalece el espíritu de lucha de los pueblos, demostrando de la manera más fehaciente la necesidad racional de terminar con el régimen de opresión y sus agentes.
Por otro lado, el sufrimiento y el martirio de los justos, no hace más que multiplicar la recompensa de Dios a sus creyentes más amados.
Estos conceptos no son para nada nuevos en nuestra patria, aunque la sociedad argentina haya decidido auto humillarse y ocultarlos bajo la alfombra durante años, producto de la diseminación masiva del derrotismo, la desesperanza y la cobardía.
Para demostrarlo elegimos terminar este capítulo con tres mensajes que marcaron a fuego el corazón y el espíritu de millones de compatriotas a lo largo de generaciones, pertenecientes a tres próceres indiscutidos de la historia de nuestra patria y de nuestro pueblo:

“Compañeros del Ejercito de los Andes:
La guerra se la tenemos que hacer como podamos; si no tenemos dinero; carne y tabaco no nos tiene que faltar. Cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con la bayetilla que nos trabajen nuestras mujeres, y si no, andaremos en pelotas como nuestros paisanos los indios. Seamos libres lo demás no importa nada. Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano hasta ver el país enteramente libre o morir con ellas como hombres de coraje”
José de San Martín
Orden general del 18 de julio de 1819

“…Yo no quise ni quiero nada para mí. Mi gloria es y será siempre el escudo de Perón y la bandera de mi pueblo. Y aunque deje en el camino jirones de mi vida, yo se que ustedes recogerán mi nombre y lo llevarán como bandera a la victoria. Yo se que Dios está con nosotros, porque está con los humildes y desprecia la soberbia de la oligarquía. Por eso la victoria será nuestra. Tendremos que alcanzarla tarde o temprano, cueste lo que cueste y caiga quien caiga…”
Discurso de Eva Perón el 17 de octubre de 1951

“…Nada ni nadie me impedirá servir a Jesucristo y a su iglesia, luchando junto a los pobres por su liberación. Si el Señor me concede el privilegio, que no merezco, de perder la vida en esta empresa, estoy a su disposición…”
Padre Carlos Mugica (sacerdote católico de la Villa 31, asesinado por el terrorismo de Estado bajo gobierno peronista en 1974)

Pasajes del Sagrado Corán y Tradiciones que fundamentan el Capitulo IX

Del Sagrado Corán

“Y combatid en la senda de Dios contra aquellos que os combatan pero no seais agresores. Ciertamente, Dios no ama a los agresores.”
2:190

“¡Cuantos profetas combatieron, y muchos de sus seguidores espirituales con ellos, y no se desanimaron por las dificultades que hubieron de soportar en la senda de Dios ni mostraron debilidad ni se abatieron! Dios ama a los pacientes.”
3:146

“Y no creais en absoluto que aquellos que han sido matados en la senda de Dios están muertos. Sino que están vivos y provistos de todo junto a su Señor. Contentos por el favor que Dios les ha otorgado y felicitándose por aquellos que todavía no les han alcanzado y han quedado atrás, porque no tienen por qué temer y no estarán tristes. Regocijandose de la merced y el favor de Dios y porque Dios no deja que se pierda la recompensa de los creyentes, aquellos que respondieron a la llamada de Dios y del Mensajero aun después de haber sido heridos.
Para los que han actuado bien y han sido temerosos de desagradar a Dios hay una recompensa inmensa. Aquellos a quienes las gentes les dijeron: En verdad, la gente se ha juntado contra vosotros, ¡temedles! Y eso incrementó su fe y dijeron: ¡Dios nos basta!¡Él es el mejor protector!”
3:169-173

“Ni su carne ni su sangre llegan a Dios, lo que llega a Él es vuestra piedad. Eso es lo que Dios ha dispuesto para vosotros, para que ensalcéis a Dios por la guía que os ha proporcionado.
Y anuncia la buena nueva a los que hacen el bien.
En verdad, Dios defiende a quienes tienen fe.
En verdad, Dios no ama a ningún traidor ingrato.
Se ha dado permiso a quienes son atacados, por haber sido oprimidos. Y en verdad, Dios tiene poder para auxiliarles.”
22:37-39

De las Tradiciones

Del Profeta Muhammad (PBD): Yo fui enviado para perfeccionar la virtud noble de la moral

Del Profeta Muhammad (PBD): Quien amanece y no se preocupa por los asuntos de los musulmanes, entonces no es de ellos. Y quien oye a un hombre proclamar '¡Oh, musulmanes!', y no le responde, entonces no es musulmán.

Del Profeta Muhammad (PBD): ¡Bienaventurado sea aquel a quien el temor a Dios lo distrae (lo aleja) del temor por la gente (y obedece a Dios antes que a la gente)!

Del Profeta Muhammad (PBD): La más apreciable de las  obras  ante  Dios, Todopoderoso y Majestuoso, es que un creyente haga entrar en el corazón de otro creyente una alegría, apartando de él su hambre o alejando y rechazando de él su calamidad.

Del Profeta Muhammad (PBD): Quien complace a un sultán opresor ante la Ira de Dios,
sale de la religión de Dios.

Del Profeta Muhammad (PBD): Por encima de todo bien existe otro (superior) hasta que el hombre es martirizado en el Camino de Dios. Y cuando muere en el Camino de Dios, no hay ningún bien que esté por encima de esto (ninguna obra que sea mejor). Y por encima de cada acto de desobediencia hay otro (peor) hasta que el hombre mata a su padre o su madre. Y cuando mata a sus padres, no hay sobre este acto de desobediencia ningún otro (que sea peor).

Del Profeta Muhammad (PBD): Hemos regresado del pequeño combate (la guerra contra los enemigos externos) hacia el gran combate (la lucha contra la propia alma y sus pasiones).

Del Imam Ali (P): El creyente es aquel que es veraz (y sincero) en el mundo, conciente en su corazón, guardián de las leyes, herramienta de la sabiduría. Es dueño de un intelecto completo, refugio de la nobleza (y la generosidad), sano en su corazón, constante en la benevolencia, amable con sus manos (generoso), donador de haciendas. Es de poco dormir, de escasa risa, de buen carácter, matador del anhelo, asesino de la pasión, desapegado del mundo, deseando y buscando el más allá. Es amoroso con los huéspedes, bondadoso con los huérfanos, cariñoso con los niños, respetuoso con los mayores. Otorga a quien pide, visita a los enfermos, despide a los difuntos (yendo a sus funerales). Conoce la santidad del Corán y hace confidencia con el Señor. Llora por los pecados, exhorta el bien, veda el mal, come cuando tiene hambre, bebe cuando tiene sed, se mueve correctamente (con educación y buenos modales). Su palabra es para aconsejar el bien, sus consejos son con amabilidad. No teme sino a Dios ni espera a nadie sino a El. No se ocupa sino en la loa y alabanza (a Dios). No es descuidado ni se considera a sí mismo grande ni es vanidoso con lo que posee de hacienda mundanal. Se ocupa en sus propios defectos y desatiende los defectos de los demás. La oración es la luz de su ojo, el ayuno es su arte y su preocupación, la veracidad es su costumbre, el agradecimiento es su montura, el intelecto es su guía, la piedad y el temor a Dios son su provisión, el mundo es su tienda (es decir, una vivienda temporal donde sabe que sólo pasará uno período muy breve), la paciencia es su morada, la noche y el día son su capital (ya que aprovecha su tiempo para hacer obras), el Paraíso es su residencia, el Corán es su dicho, Muhammad (BPD) es su intercesor y Dios, Majestuoso sea Su Recuerdo, es su íntimo.

Del Imam ‘Alî (P): Que Dios se compadezca de una persona que reivindica un derecho, suprime una falsedad, repele la tiranía y establece la justicia.








1 comentario:

  1. Pues, No puede Haber Revolución Cultural y de Valores en Argentina sin Amor, Jesucristo decía que el mandamiento que lo Resume todo es el Amor, "Amaos los unos a los otros como yo os he amado". El "Yihad" no es ni la forma ni el camino. El Amor es el Camino para la Revolución Cultural y de Valores, y como dijo el apóstol Pablo la guerra no es contra fuerzas de carne y hueso sino contra poderes espirituales, y la palabra de Yahvé es nuestra espada y la Fe nuestra coraza. Pero sobre todas las cosas los que vence al mal, los anti-valores y el pecado es la Vida expresado en el Ejemplo de Amor que Cristo nos dejó al morir por nosotros.

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