7/9/14

Merkel y Putin: diplomacia ucraniana

Por Immanuel Wallerstein


En los días que corren, está en curso una inmensa cantidad de diplomacia relacionada con la cuasi guerra civil en Ucrania. Pero los únicos actores que realmente importan son la canciller de Alemania, Ángela Merkel, y el presidente de Rusia, Vladimir Putin. Son también ellos los únicos actores que realmente intentan amainar el conflicto y arribar a algún arreglo político.

Ambos son muy poderosos, enfocados en los asuntos reales y trabajan muy duro en esta difícil tarea. Son poderosos, pero no son todopoderosos. Cada uno tiene que lidiar con otros actores en Alemania, Rusia, Ucrania y otras partes, gente que no quiere un arreglo político y, en cambio, busca intensificar y expandir el conflicto, intentando, por tanto, sabotear cualquier negociación entre Merkel y Putin.

Lo primero que hay que resaltar es que tanto Merkel como Putin mantienen una línea base. La canciller Merkel quiere garantizar que se honrará plena y permanentemente la integridad territorial de Ucrania (con la excepción de Crimea). El presidente Putin quiere garantizar que Ucrania nunca se convierta en miembro de la OTAN.

Cuando uno analiza la retórica de una disputa pública es importante notar no sólo lo que se dice, sino lo que no se dice. Revisemos algunas declaraciones públicas de Merkel, Putin y otros en los últimos días de agosto de 2014.

El 23 de agosto la canciller Merkel hizo su primer viaje a Kiev para encontrarse con el presidente de Ucrania, Petro Poroshenko, y otros. Apuntó que iba a haber pláticas de paz en Minsk entre Poroshenko y Putin el 26 de agosto. Esto era positivo, dijo, pero le recordó a Poroshenko y al mundo que las pláticas no producirán un único avance sustancial. En una entrevista con la televisora alemana ARD, observó: Pero uno tiene que hablar con los otros si uno quiere encontrar soluciones. Luego añadió: Estoy firmemente convencida de que sólo hay una conclusión política, en la cual la Unión Europea y Alemania quieren y deben ayudar. Presten atención a la frase sólo una solución política.

Impartió una conferencia de prensa con Poroshenko, en la cual subrayó esto mismo aún más: Nuestro foco no puede estar puesto en el conflicto militar. Luego añadió estas palabras, que Poroshenko esperó no escuchar: Tiene que haber un cese el fuego bilateral. Poroshenko ha estado llamando a un cese el fuego unilateral, uno exclusivo de las fuerzas separatistas en Donietsk y Lugansk. Poroshenko respondió: Por desgracia, siempre habrá amenazas militares para Ucrania.

Hubo más juegos de palabras. Cuando, después de un considerable retraso, los camiones rusos lograron entregar un paquete de ayuda humanitaria en Lugansk y luego se fueron, Poroshenko llamó a esto invasión. Merkel se unió al presidente estadunidense, Barack Obama, en afirmar que la entrega de ayuda humanitaria por Rusia era una violación de la soberanía de Ucrania, pero con cuidado evitó el término invasión.

Cuando Andriy Lysenko, vocero halconesco del Consejo de Defensa y Seguridad Nacional de Ucrania, acusó a los rusos de sacar el equipo militar para evitar verse expuestos, Oleg Tsarev, vocero del Parlamento de Nueva Rusia –que une las repúblicas de Donietsk y Lugansk–, dijo que los cargos hechos por Lysenko eran estúpidos dado que, argumentaba, si hubiéramos querido hacer eso controlaríamos secciones menos visibles de la frontera y no lo haríamos en un convoy de ayuda humanitaria ante los ojos del mundo.

Finalmente miren esto: cuando Putin replicó a los cargos hechos por Obama de que Rusia envió tropas a Ucrania y alimentaba una escalada del conflicto, respondió diciendo que los rusos y los ucranianos eran prácticamente un solo pueblo. El regalo es el adverbio prácticamente. Le permite a Putin llegar a un acuerdo negociado, que sin el adverbio en cuestión no habría podido lograr.

En este punto, otras voces comenzaron a ser escuchadas. Anders Fogh Rasmussen, secretario general de la OTAN saliente, de origen danés y conocido halcón, dijo que la OTAN debería tomar la decisión de desplegar, por vez primera, sus fuerzas en Europa oriental. ¿Hay seguridad de que la OTAN decida esto? Hasta ahora los miembros de Europa occidental se han opuesto fuertemente a la idea, considerando que sería una provocación directa para Rusia. Esta renuencia particular altera a los Estados bálticos y a Polonia. En un artículo en The New York Times, Slawomir Sierakowski, un muy conocido analista polaco, acusó diciendo que esta política hace a los Estados de Europa oriental en la OTAN miembros de segunda clase y es una postura de rodillas débiles por los miembros más viejos de la organización, en particular Alemania.

El empuje militar del gobierno ucraniano en las regiones rebeldes ha fallado de manera terrible, exponiendo su débil competencia militar. Aunque cualquier jugada ulterior de Rusia en el área es considerada como nueva ofensiva importante, es probable que los rusos incurran en sólo algunas sanciones ulteriores. No sólo Estados Unidos, sino Gran Bretaña, Francia y Alemania han dejado claro que no están contemplando el envío de tropas a Ucrania por ninguna razón predecible. Sanciones, sí, hasta cierto punto; tropas, no. Pero son tropas lo que el gobierno ucraniano demanda, así como una urgente entrada de la OTAN.

La gran pregunta de hoy es qué lado está siendo más lastimado por las sanciones y contra sanciones. Estados Unidos y Europa occidental esperan poder reducir el ingreso económico real de Rusia comprometiendo radicalmente su capacidad para exportar petróleo y gas. En respuesta, Rusia ha cortado la compra de productos agrícolas y otros procedentes de Europa occidental. Esto no sólo afecta negativamente a los campesinos europeos, sino hay el riesgo de privar a los países de Europa occidental, en el más largo plazo, de sus proyectos de inversión en Rusia. Rusia también ha hecho alusiones de retirar su cooperación en la lucha en pos de reclamos de crudo en el Ártico.

Probablemente, ambos lados se lastimarán económicamente más y más por estas sanciones y contra sanciones. Entretanto, Obama tendrá que decidir qué tanto necesita la cooperación de Rusia en su más nueva prioridad: crear una gran coalición para destruir las fuerzas del califato en Irak y Siria.

¿Escalará el conflicto de Ucrania hacia un conflicto militar, de hecho, basado en los viejos temas de la guerra fría? Hay predicciones de izquierda, de derecha y de centro del espectro político mundial, que dicen que esto ocurrirá. Yo no lo creo –precisamente debido a los esfuerzos de Merkel y de Putin, que persistirán, aun si la retórica se volviera más estridente.

Traducción: Ramón Vera Herrera

© Immanuel Wallerstein

La Jornada

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