7/9/14

Los conservadores árabes intervienen

Emiratíes y egipcios bombardearon el aeropuerto de Trípoli sin informar a Washington
Sin apoyo del Golfo puede desplomarse el frente de Bengasi


Mientras se forma una coalición occidental para frenar la amenaza del Estado Islámico (EI), en Libia una coalición árabe compuesta por Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Egipto, probablemente con el apoyo tácito saudí, ya ha bombardeado a las milicias proislamistas durante las últimas semanas. Según altos cargos estadounidenses que decidieron filtrar la información, a lo largo de las últimas tres semanas EAU ha llevado a cabo en dos ocasiones ataques aéreos secretos en Libia utilizando bases en Egipto. Las bombas alcanzaron e hicieron saltar por los aires varios pequeños depósitos de armamento, entre otros objetivos, y las autoridades han declarado que en los bombardeos murieron seis personas.

Tanto Egipto como EAU son aliados y socios militares de EE UU. No obstante, actuaron sin informar a Washington. Posiblemente este secretismo obedezca al descontento egipcio, emiratí y saudí con la colaboración de Obama con Irán y con su aceptación de la Hermanos Musulmanes como un actor político legítimo en los países de la primavera árabe. Estos regímenes conservadores ya no confían en que su tradicional alianza con EE UU baste para proteger sus intereses regionales y mantener bajo control a los nuevos actores islamistas.

»La explicación del conflicto libio.

El último conflicto de Libia tiene lugar entre dos vagas agrupaciones aglutinadoras de milicias, una calificada grosso modo de “islamista”, a pesar de que contiene varios elementos no ideológicos, y una alianza no islamista. La facción “islamista” está integrada por milicias ideológicas que cubren todo el espectro, desde las alineadas con la moderada Hermandad Musulmana, hasta las vinculadas con la salafista y yihadista Ansar al Sharia. Estas facciones ideológicas están asociadas con la milicia más poderosa de Libia, Escudo del Centro de Libia, de Misrata, que en gran medida no tiene carga ideológica pero apoya políticamente a los islamistas.

En el otro bando, las facciones no islamistas están encabezadas en la zona oriental por las Fuerzas de la Operación Dignidad de Jalifa Hafter, que incluyen unos 6.000 soldados, aviación de apoyo y armamento pesado procedentes en gran medida de las filas del Ejército y la aviación de Gadafi, así como de las alianzas tribales alrededor de Al Marj. En el oeste, la poderosa milicia Zintán y numerosos oficiales de la policía y el Ejército han jurado lealtad a la postura de Hafter. En el este, las Fuerzas Especiales del Ejército (Al Saiqa), radicadas en Bengasi, una base militar de Tobruk, y el líder separatista de la región oriental de Cirenaica, Ibrahim Jathran, también han declarado su apoyo a Hafter. Asimismo, Operación Dignidad está estrechamente vinculada a la Alianza de Fuerzas Nacionales, el partido que ha obtenido más votos tanto para el Congreso Nacional General como para la Cámara de Representantes.

»Consecuencias de los ataques aéreos.

 Los ataques a Trípoli son un episodio más de una lucha por el poder caracterizada por el enfrentamiento entre los autócratas árabes y los movimientos de resistencia islamista ayudados por Qatar y Turquía que intentan derrocarlos. Desde que el año pasado el Ejército depuso a Mohamed Morsi, el presidente egipcio de los Hermanos Musulmanes, el nuevo presidente Abdulfatá al Sisi y sus auspiciadores en Arabia Saudí y en EAU han lanzado una campaña por toda la región para frenar lo que consideran una amenaza mortal a su autoridad por parte de grupos islamistas como los Hermanos. Los ataques aéreos emiratíes contra los depósitos de armamento de Misrata han resultado contraproducentes. Han animado a los islamistas del oeste de Libia a tomar el control del país. Con unos 10.000 hombres y más potencia de fuego que sus homólogos de Zintán, los islamistas creen que la toma de Trípoli les asegurará su supervivencia en el proceso político. Esta última derrota militar de los no islamistas también ha acabado en parte con la credibilidad de la recientemente elegida Cámara de Representantes. Al ponerse de parte de Jalifa Hafter, que ha jurado aplastar a los grupos islamistas, la Casa de Representantes ha sido incapaz de persuadir ni siquiera a los islamistas moderados de que reconozcan a la recién elegida institución. En resumen, el apoyo emiratí, egipcio y saudí a Hafter ha resultado contraproducente, ya que ha animado a los islamistas a superar sus diferencias previas y ha alentado a la milicia de Misrata a conquistar Trípoli. Será interesante ver si los autócratas árabes dejarán ahora a Hafter en la estacada, permitiendo que pierda su dominio sobre Bengasi, o si intensificarán su apoyo para evitar que sus fuerzas se derrumben por completo.

Con diversas facciones controlando fragmentos del territorio, para que en Libia el Estado sea operativo será necesario que dichas facciones y las potencias extranjeras interesadas se pongan de acuerdo en un nuevo mapa político que permita la reconstrucción del país. Dada la gran riqueza de recursos naturales, todas las partes presentes en Libia tienen que reconocer el hecho de que la cooperación, y no el conflicto armado, es la estrategia común más útil.



Jason Pack es investigador de la Universidad de Cambridge y presidente de Libya-Analysis.com. Mohamed Maher es canadiense de origen libio e investigador jefe de Libya-Analysis.com.

Traducción de News Clips.
http://internacional.elpais.com/internacional/2014/09/06/actualidad/1410028324_049203.html



El ataque a Libia revela la división en el Golfo frente al islam político


Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí expresan su malestar ante la pasividad de EE UU

Emiratos Árabes Unidos (EAU) sigue manteniendo silencio sobre los bombardeos a rebeldes islamistas en Libia que la semana pasada le atribuyeron altos funcionarios estadounidenses. Sin embargo, la ausencia de desmentido oficial sólo añade credibilidad a la filtración. El inusitado ataque pone de relieve la división que ha suscitado el avance islamista en Oriente Próximo entre las petromonarquías de la península Arábiga. Para Emiratos, al igual que para Arabia Saudí, se trata de una amenaza existencial y esa operación reflejaría tanto hasta dónde está dispuesto a llegar, como su malestar con la pasividad de Estados Unidos.

“Los ataques de EAU en Libia se producen en el contexto más amplio de una contrarrevolución en la zona, donde golpes [de Estado], elecciones trucadas y de forma creciente acciones violentas se están utilizando para limitar la influencia del islam político, sea en Egipto, en Gaza o ahora en Libia”, explica en un email Christopher Davidson, experto en las monarquías árabes del golfo Pérsico de la Universidad de Durham.

Desde que estalló la primavera árabe en 2011, la popularidad de los partidos islamistas ha alarmado a los reinos y emiratos vecinos. Aunque las monarquías se han mostrado más estables, o más hábiles para contener el potencial descontento, las familias gobernantes no esconden su preocupación por la amenaza que representa esa alternativa política. Aun así, tal como apunta el investigador de la Universidad de Cambridge Toby Matthiesen, la acción emiratí “no tiene precedentes”.

Cuando los pasados 17 y 23 de agosto, varios aviones bombardearon posiciones de las milicias islamistas que intentan hacerse con el control de Trípoli, la capital libia, sus rivales se atribuyeron los ataques. Sin embargo, observadores militares apuntaron enseguida que esas fuerzas no tenían capacidad para operar de noche y a larga distancia. Los islamistas, por su parte, acusaron a Egipto y Emiratos sin aportar pruebas.

Dos días después, The New York Times reveló que habían sido aparatos emiratíes operando a partir de bases egipcias. El Gobierno de El Cairo ha desmentido que sus aviones hubieran entrado en Libia, pero ha evitado aludir a la posible ayuda prestada a la operación. EAU ni confirma ni desmiente. Los medios locales ni siquiera han informado del asunto, aunque algunos han editorializado desde entonces sobre la amenaza que representa el caos libio y la necesidad de que los países árabes se unan para hacer frente al extremismo.

“Quieren combatir el islam político a través de una acción regional. Hasta el momento habían utilizado intermediarios, pero ahora parecen dispuestos a pasar a la acción militar directa. Es preocupante porque nunca antes se habían involucrado en una operación bélica de ese tipo, lo que aumenta el potencial de una escalada”, apunta Matthiesen durante una conversación telefónica.

Aunque en 2011 Emiratos y su vecino Qatar colaboraron con la OTAN en el establecimiento de una zona de exclusión aérea en Libia, aquella intervención estuvo respaldada por el Consejo de Seguridad de la ONU. Desde entonces, ambas monarquías han respaldado a facciones políticas rivales en ese país (los nacionalistas liderados por Mahmud Jibril y los islamistas de Ali Salabi, respectivamente) y en el más amplio contexto árabe. Mientras Doha ha apostado por el islamismo moderado de los Hermanos Musulmanes, Abu Dhabi, como Riad, ve en el proyecto político de éstos una amenaza tan grave o mayor que la de los extremistas violentos del Estado Islámico.

Esa diferencia ya ha producido una importante fisura en el Consejo de Cooperación del Golfo, el foro en el que las seis monarquías de la península Arábiga intentan coordinar sus políticas. Algunos observadores temen que el atrevido paso de EAU anime una reacción similar por parte de Qatar (aliada en esas lides con Turquía, aunque no sea un país árabe) y desencadenar una nueva guerra por intermediación. EE UU, que ha negado haber dado el visto bueno al ataque, ya ha advertido de ese riesgo. En la zona se ve su postura con escepticismo, ya que se le responsabiliza de la inestabilidad regional por no haber intervenido decisivamente en defensa del statu quo.

“El mensaje que ha enviado [el caso de] Siria es que la comunidad internacional, Estados Unidos y los países europeos no ayudaron a los moderados y dejaron que creciera el extremismo, el yihadismo y el Estado Islámico. Así que la comunidad internacional no es fiable; no podemos confiar en que EE UU actúe cuando sea necesario, lo que deja a las potencias regionales la necesidad de hacerse cargo”, señala el politólogo emiratí Abdulkhaleq Abdulla.

Este analista, que subraya que no está claro “si EAU ha estado o no involucrado” en el bombardeo, defiende no obstante que “si lo ha hecho, debe de haber tenido razones de peso”. Entre ellas destaca que “Libia va camino de convertirse en otra Siria, un potencial nido de terroristas, lo que añade un nuevo elemento de inestabilidad a la región”. Pero sobre todo, apunta como línea roja a la estabilidad de Egipto. “Es de la mayor importancia para todos los países árabes, y muy en especial para EAU y Arabia Saudí, que no quieren verlo al lado de un Estado fallido en manos de los yihadistas”, concluye.


http://internacional.elpais.com/internacional/2014/09/06/actualidad/1410024322_290085.html

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