10/7/14

Reportaje al Sheij Faisal Morhell

(Reportaje realizado por el periodista Víctor Bazán de FM Impacto).- El Huyyatulislam Shaij Faisal Morhell, es un erudito argentino nacido en Tucumán y uno de los estudiosos más prominentes de América Latina. En el siguiente reportaje hizo un repaso del Islam en Sudamérica y particularmente de Argentina.




Shaij Faisal Morhell: En su opinión ¿Cómo se encuentra actualmente el Islam en Argentina y en Sudamérica?



En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso. Que las bendiciones y la paz sean con el sello de los mensajeros, Muhammad Ibn Abdallah y los purificados e inmaculados de su familia.

La actividad islámica en casi toda Latinoamérica es extremadamente precaria y la creciente trascendencia de las cuestiones islámicas tiene lugar más por los sucesos de los tiempos que se viven que por el trabajo de las instituciones islámicas. La ausencia de contención a las necesidades fundamentales de la comunidad musulmana es endémica.



Si bien la religión en su sentido general como es comprendida en el Islam y sobre todo en el shiismo abarca todos los planos y órdenes de la vida, la religión en su sentido particular está comprendida dentro de la actividad cultural o junto a ella. A grandes rasgos podemos decir que el trabajo por el bien común de los musulmanes puede darse en los planos político, económico y cultural. La actividad política presenta vericuetos, artificios, susceptibilidades y a la hora de hilar fino en el entretejido político argentino y latinoamericano en general hallaremos que cada zona e incluso pequeña localidad presenta un contexto diferente y por ende una diferente forma de encarar lo que representa el beneficio de la comunidad islámica toda. A causa de muchos factores donde prima la desconfianza generalizada hacia los musulmanes producto de las sistemáticas campañas de difamación de los mismos como un todo y la intencionada promoción de la islamofobia, etc., raramente se abren puertas para dar paso a esta actividad salvo por aberturas marginales que irónicamente refuerzan la idea de un Islam violento.



Lo económico tiene sus barreras naturales determinadas por la macroeconomía y la forma de penetrar sus puertas es con el capital, que en las actuales condiciones de debilidad de la comunidad local se restringe a individuos y su grado personal de voluntad y compromiso para con el Islam.



En cambio las tareas de índole cultural y religioso (en su sentido particular) tienen ante sí un portal abierto de par en par potenciado por las libertades de culto, de expresión, etc., que rigen en occidente, las cuales si bien son engañosas en su definición como tales, puesto que, si bien no están restringidas por los gobiernos, si lo están por los intereses corporativos globales y el poder económico en general; a pesar de ello y otras críticas que ameritan estas libertades, en la práctica es posible usarlas para plantear y fomentar actividades que ya son comunes a toda Hispanoamérica donde la restricción ya vendrá dada por nuestras propias limitaciones en recursos humanos académicamente capacitados y honesta y suficientemente comprometidos.



Al contar con recursos materiales limitados (la cual es nuestra realidad) es vital centralizar los mismos en lo prioritario para nuestra realidad latinoamericana que lamentablemente, después de décadas de trabajo interminablemente irregular y discontinuo, sigue siendo el afianzamiento de las nociones básicas y el arraigue de la identidad islámica conforme a las condiciones de cada persona y grupo humano. A ello le sigue la necesidad de contención espiritual y social tanto para con el devenido integrante comprometido con la causa islámica como para con aquellos musulmanes históricos entre cuyas prioridades no se encuentra la mejora de la religiosidad individual y familiar. Es más, existen orientaciones de nuestros Imames Inmaculados de la familia del Profeta (s.a.w. NR: “las siglas significan paz y bendiciones sean con el Profeta y su descendencia) que, cual parábola del hijo pródigo, nos dicen que la mayor parte del esfuerzo sincero debe dirigirse a este segundo grupo.



En cuanto a la política local, ya refiriéndonos expresamente a la actividad en la comunidad shiita, tenemos alguna dirigencia socialmente inactiva así como otra precipitada que cae en alineaciones estériles con grupos políticos que, tanto de cara a la comunidad musulmana como a la sociedad toda, son manifestaciones de vandalismo social. Estériles porque no logran cubrir las expectativas del conjunto de la comunidad sino en todo caso los intereses de individuos o las de un grupo en particular. Incluso logran el efecto contrario al alegado, esto es, suscitan la desidia y el desgano en participar en actividades que ya si se encuentran en el marco de la sacralidad ajena a antinomias de carácter local.



Alinearse con grupos que estimulen al saqueo de las tiendas de los comerciantes es inaceptable y quien lo justifique por lo menos no debería hacerlo desde un marco institucional relacionado al Islam como religión. Más importante que el hecho que estas actitudes alejan a la mayoría de los musulmanes de la región, descendientes de inmigrantes ligados en sus raíces al pequeño comercio, en el Islam impera el respeto a la propiedad privada. Además de ser algo explícito en el Islam, la pauta de ello nos la dan normas como las siguientes: está prohibida la profanación del cuerpo de un fallecido y aún así es permitido abrir una tumba para sacarle la mortaja si esta hubiera sido usurpada. Está prohibido rezar en un lugar usurpado, con ropas usurpadas. Alimentarse con comida usurpada aunque sea en forma ínfima  (además de su pena en la shari‘ah si están dadas las condiciones) tiene un efecto metafísico que es que el corazón se corrompa y se vele la respuesta a la súplica.



En el Islam no se permite rezar si uno está obstruyendo un camino. Entonces, ¿Cómo se puede  defender la realización de piquetes que impidan y dificulten la vida de personas inocentes que incluso nada tienen que ver con la queja en cuestión, mientras los victimarios reales de los que protestan se encuentran especulando a miles de kilómetros? Al igual que las demás religiones abrahámicas en el Islam no se reconocen los comportamientos homosexuales. ¿Cómo se puede hacer proselitismo (no ya un apoyo a una cuestión política en concreto sino proselitismo) por personas que impulsan e incluso suscitan la naturalización de prácticas tan reñidas con la religiosidad llegando a difundirse material didáctico infantil con ese tenor?



En la época del Imam ‘Alî (a.s.) había un grupo llamado los Jareyitas (salvajemente devotos cuyo proceder era análogo al de los takfiries y wahabíes actuales) que tenían la consigna de “no hay gobierno sino el de Dios”; con ello señalaban que no debía existir el gobierno de los hombres e incitaban a la anarquía. El Imam  Ali (a.s.) dijo entonces su famosa frase: “Palabras de Verdad con las que se pretende una falsedad. Necesariamente debe haber un gobernante ya sea justo o bien tirano”. El Imam (a.s.) sigue explicando que en cualquier caso debe haber un poder que administre, un poder de vigilancia, una ley en la cual basarse para el comercio, la herencia, etc., puesto que el caos y la anarquía destruyen todos los estamentos de la sociedad humana. Existen muchos otros puntos más donde se observa claramente que estos grupos se encuentran en espacios contrapuestos a la idiosincrasia del Islam, pero eso nos llevaría a extendernos demasiado.



Si bien puede haber entre el Islam y estos grupos no una sino varias consignas comunes como el anti imperialismo y otras causas más específicas, su caso es como la anterior existencia de la Unión Soviética frenando la superioridad armamentística nuclear americana, donde simplemente levantamos nuestras manos en súplica y decimos: AL•LÂHUMMA-SHGHIL-IDZ DZÂLIMÎNA BIDZ DZÂLIMÎN, WAŸ‘ALNA MIN BAINIHIM SÂLIMÎNA GÂNIMÎN. ¡Dios mío! ¡Haz que los opresores se mantengan ocupados entre ellos y dispón que en el medio nosotros permanezcamos a salvo y beneficiados!



Agradecer el apoyo de estos grupos a la causa palestina no puede ir acompañado de hacer la vista gorda a valores inmutables del Islam. Este tipo de vínculos, sobre todo con círculos marginales, pueden suscitar algún específico beneficio “nominal” para algún desarrollo específico de la actividad de difusión islámica, pero cuya efectividad se restringe al accionar de un grupo que termina haciendo lobby para una estructura política regional. Los musulmanes argentinos y latinoamericanos tenemos otras prioridades más básicas y ninguna necesidad de trasladar al interior de la comunidad discordancias de la politiquería local. Es necesario señalar que la defensa de cuestiones islámicas internacionales como el apoyo a la causa palestina y la condena de invasiones a regiones islámicas no están incluidas en esta “actividad política” sino que como situaciones de tragedia de carácter humano de grupos de musulmanes, ello forma parte de la actividad “socio-cultural y religiosa” de cualquier institución islámica.



El gran problema específico de la actividad político-partidista en Argentina “con reivindicación islámica” es el hecho de que quienes se encargan de esa área no son personas con estudios académicos sino solo gente de bien y de buen corazón pero sin instrucción sistemática; autodidactas bien intencionados y entusiastas con cápsulas de información pero sin formación cuyo motor interno está alimentado por lo pasional más que por lo racional y que en su accionar se basan en estereotipos de “militancia islámica” conformados en un contexto totalmente diferente, muchas veces ya anacrónicos incluso para el espacio en el que fueron generados. Una vez el segundo califa (NR: se refiere al califa Omar ibn al Jattab) le reclamo al Imam ‘Alî (a.s.) que no le veía que estaba siguiendo la sunnah o tradición del Profeta (s.a.w.) puesto que no saludaba a las muchachas jóvenes siendo que el Profeta (s.a.w.) solía hacerlo. El Imam (a.s.) le respondió: “Cuando tú lo viste hacerlo él (s.a.w.) tenía sesenta y tres años, en cambio yo ahora tengo treinta y tres”.



Cierta persona increpó al Imam Ÿa‘far As-Sâdiq (a.s.) (NR: sexto imam y nieto del Profeta) reprochándole que vistiera ropas elegantes en tanto que su abuelo el Imam ‘Alî (a.s.) sólo usaba ropas austeras y gastadas. El Imam (a.s.) le explicó las diferencias del nivel general de vida de las personas en ambas épocas: los albores del Islam y el apogeo del dominio territorial del Islam donde no se encontraba a quien darle limosna; la diferencia en la condición de “califa oficial de los musulmanes” que debe igualarse al más desprovisto de sus gobernados; la necesidad de no desacreditarse frente a los criterios mundanos públicos y apocar su investidura aunque su persona prefiera lo humilde para finalmente mostrarle su camisa de lana rugosa pegada a su piel en oposición a su vestimenta exterior.



Con estos hadices (narraciones) comprendemos que seguir la sunnah no es imitar ciegamente cada acto o postura sino su correcta puesta en práctica en conformidad al tiempo, lugar, condiciones iniciales y efectivas, situación individual y social, etc. Hay actividades de carácter político que pueden ser congruentes para ser realizadas en la República Islámica o incluso fuera de ella pero por y para los intereses de Irán como país y que no necesariamente vayan en beneficio directo de las comunidades locales.



En Líbano, el Saîied Hasan Nasrul•lâh tiene un discurso de carácter nacional y libanés multiconfesional e incluso con ribetes pan-arábigos lo cual le valió para llegar a convertirse en el líder “árabe” más popular, siendo que se cae de maduro que su compromiso doctrinal e ideológico es con el Islam original Muhammadiano (s.a.w.) exento de nacionalismos e inclinaciones de carácter étnico. En Arabia saudita los máximos sabios shias como el sheij Hasan As-Saffâr se reúnen con el rey y le expresan su lealtad (al-walâ), lo cual tiene el sentido de observar las leyes del país y velar por la armonía nacional.



Podemos ver que en contextos desiguales grandes personalidades reconocen la necesidad de desenvolverse de manera diferentes en la sociedad y solo los faltos de perspicacia no comprenden las sutilezas que entraña la prudencia direccionada. A la mayoría de los Imames de Ahlul Bait (a.s.) (NR: de acuerdo con la escuela shia, descendientes del Profeta) les tocó desenvolverse con mesura en un contexto donde su primordial labor era la formación de almas creyentes y dejar registrado legado del Islam para que llegara en su forma original a las gentes. Dijo el Imam Ali Ar-Ridá (a.s.): “Por cierto que si las gentes conocieran las bondades de nuestras palabras nos seguirían”. El problema está en nosotros que no sabemos o no contamos con los medios y sostén para revelar el sublime rostro del Islam original Muhammadiano (s.a.w.).



En Argentina, al no contar con la opción ideal y ante la ausencia efectiva de personas idóneas con capacidad para matizar el despliegue de colores que presentan las diferentes situaciones y que cuenten con recursos que les permitan la dedicación exclusiva y desahogada de “la actividad islámica”, es encomiable la iniciativa de personas carentes de formación pero que detentan el apoyo necesario de alguna entidad pudiente o sus operadores locales y resulta que en más de una situación nos dejan al grueso de los musulmanes con la frente alta y sería injusto desconocerlo. El caso es que usualmente tales iniciativas no son producto de un esquema programado sino de carácter personal y fortuito siendo luego del éxito de las mismas que son objeto de reconocimiento.



Cuando incluso esas tareas desde su origen llevan incorporadas como parte del objetivo su posterior exposición visual por instantes ante una autoridad para el mantenimiento o aumento de un presupuesto que preserve la estructura de difusión antes que la difusión misma, será natural que dentro de un proyecto, o por lo menos expectativa de trabajo, se programe el próximo recurrente tropiezo con una misma piedra y se llame a eso “experiencia”. El Mártir Muhammad Baqir Sadr (r.a.) llamaba a eso “el engaño de la realidad aplicada”; esto es, perder el rumbo con los casos de aplicación, lo cual se corrige volviendo a las nociones fundamentales; esto es, aquellas que pueden expresarse en voz alta con orgullo.



De cualquier modo, son el accionar recurrente y los lineamientos generales y programados los que marcan a mediano y largo plazo la pauta del éxito o desatino de una dirigencia pasionalmente monocromática que en cualquier caso se ha autoadjudicado la grave responsabilidad del desarrollo del Islam original Muhammadiano (s.a.w.) en la región a través del indefectiblemente necesario apoyo monetario de un interés extraoficial y privado cuya única autoridad radica en los vínculos forjados durante años para obtener fondos para solventar la estructura afín y que hace las veces de “contratista de servicios islámicos” para organizaciones de la República Islámica. Si bien en sí ello no supondría reproche alguno si fuera una forma de trabajo efectiva, el caso es que definitivamente la realidad de los musulmanes cada vez más alejados del Islam nos grita a voces que eso no es así y ello redunda en una lamentable situación que consiste en que la actividad surgida de esa manera se asemeje al accionar apasionado y exaltado de una barra de un equipo de fútbol, con vínculos igual de inseguros y precarios. Escenario que ni el Irán del Islam ni los huérfanos de Ahlul Bait (a.s.) en la región se merecen.



Sheij Feisal, Ud. Realizó sus estudios en la República Islámica de Irán: ¿Cómo se ve desde esa perspectiva del mundo islámico a occidente en relación con el contraste cultural y político?



En general, la diferencia de conceptos y nociones que existe en las diferentes culturas va en paralelo a las diferencias idiomáticas, solo que si bien muchas veces estas últimas pueden sortearse en gran medida con el aprendizaje del idioma el caso es que la incomprensión conceptual permanece como una gran barrera que hace que incluso personas con grados académicos parezcan estar jugando al teléfono descompuesto. Si bien en el plano de los liderazgos hay una relativa comprensión de estas diferencias y la naturaleza de las mismas, a pesar de los actuales tiempos de avance de la civilización humana, tal incomprensión permanece en la generalidad de las personas.

Incluso hay personas adultas con atribuciones de dirigencia que a pesar de haber vivido años insertos en la “otredad” de la cultura foránea no alcanzan a distinguir las sutilezas de las nociones locales al no asimilarlas tal como son y estar continuamente “traduciéndolas” a esquemas que le son más familiares. Esta incomprensión se agudiza en individuos que arrastran cierta insuficiencia de cultura general, lo cual suma el componente de la “ignorancia compuesta”, esto es, no tener conciencia de tal carencia de comprensión. Esto finalmente le lleva a presumir que infiere las circunstancias y sucesos incluso mejor que los nativos.



Dijo el Imam ‘Alî Ibn Abî Tâlib (a.s.): “El ser humano es enemigo de lo que desconoce”. De estas palabras del Emir de los creyentes (a.s.) entendemos que un mayor acercamiento entre las culturas será posible en la medida que aumente el conocimiento mutuo alejado de prejuicios. Aun así, la comprensión cabal de las nociones propias de otra cultura requiere de vivencia. Ejemplo de ello son los orientalistas o los islamólogos que a pesar de ser considerados “acreditados” para emitir opiniones sobre el Islam y fenómenos del mundo islámico, su erudición carente de vivencia no consigue reflejar la realidad que los musulmanes comprenden y sienten. Éstos, al escuchar las descripciones que de ellos hacen los primeros, se consideran extraños a las mismas.



Si bien estas premisas son válidas también en el sentido opuesto, esto es, la conformación de nociones erróneas sobre occidente y sus conductas por parte de las masas de musulmanes, en este caso el desconocimiento es inmensamente menor a causa de la continua y prolongada invasión cultural de carácter multilateral de la que occidente hace objeto a los países del tercer mundo. Por dar un ejemplo: la intrusión cultural hace que en general los sudamericanos y más específicamente aquellos que viven en países bajo la línea del ecuador, estén conscientes y pendientes de cuestiones como la situación inversa de las estaciones del año entre las regiones boreales y australes. Asunto no tan obvio para el común de las personas que viven en el hemisferio norte. Años de películas norteamericanas mostrando días de fin de año con nieve y a un Santa Claus todo arropado a finales de diciembre nos permiten a los sudamericanos entender fácilmente sutilezas relacionadas con el tema. Sabemos lo que significa el 4 de julio para los estadounidenses pero desconocemos las fechas patrias de nuestros vecinos que precisamente están tan ligadas a la historia de nuestro propio país. Las personas medianamente ilustradas de nuestros países saben que es el Mayflower, pero muy difícilmente encontraremos en los países de la Commonwealth personas corrientes que hayan escuchado hablar de La Niña, La Pinta y La Santa María. De esta manera, las masas de la cultura invadida conocen más de la idiosincrasia cultural del invasor.



Si a estos niveles de ignorancia tanto simple como compuesta basados en la inconsciencia o la desidia sumamos los elementos de tergiversación deliberada y deshonesta de los medios masivos de comunicación, motivada por intereses políticos y económicos, tendremos como corolario que en el imaginario colectivo de occidente se conforma una recelosa noción del Islam y los musulmanes totalmente distorsionada de la realidad.



Entre las masas musulmanas politizadas por el factor externo de la continua invasión tanto cultural como material, hay mayor conciencia de estos hechos y realidades. Esa conciencia motiva que el mundo islámico también mire con aprensión a un Occidente que no deja de lado sus ambiciones de expansión a expensas de la seguridad, economía y desarrollo del resto del mundo y especialmente las regiones geoestratégicas de Medio Oriente.



En este complejo contexto vemos como diferentes factores motivaron que en las últimas décadas se hayan producido brotes de lucidez masiva que motivaron sucesivos “despertares” tanto en oriente como en occidente, entre los que se cuentan tanto los movimientos populares en Latinoamérica como el fenómeno del “despertar islámico”. El punto de inflexión histórico a partir del cual tal lucidez de un restringido número de ilustrados y sagaces pasa a ser una  percepción de masas es indudablemente el triunfo de la Revolución Islámica de Irán en 1979. Incluso los menos fascinados por tal evento son incapaces de negar la incidencia mundial del mismo a un punto que dejó desconcertadas a las potencias de la época.



¿Cree Ud. en la coexistencia entre ambas culturas (occidental y oriental) y un entendimiento entre ambos mundos en muchos aspectos disimiles?



Recuerdo a un embajador argentino en Irán que cuando fui a la embajada a inscribir a mi hija recién nacida me dijo con voz condescendiente, que “cuando ella entre en la adolescencia no la vista con el hiyab (NR: pañuelo con el que las mujeres islámicas cubren su cabeza) sino que la deje elegir por sí misma al ser adulta”. Le explique que me estaba pidiendo que críe a mi hija a lo occidental y le dé la opción de elegir la vida islámica ya de adulta. Le pregunté por qué no debería hacer lo opuesto; esto es, criarla según el Islam y que ella eligiera practicar debidamente o no la religión ya de adulta. No llegaba a entender que como padre le deseo lo mejor y considerando que yo estoy convencido de la legitimidad del Islam, lo correcto era la crianza islámica. Su desconcierto partía de situar el eje de referencia de la conducta “normal” en la crianza a lo occidental y considerar el Islam una extravagancia. A pesar de haberse ufanado de ser tolerante por conocer otras culturas al haber sido antes embajador en la India donde había cientos de religiones, no llegó a entender que su pensamiento era tan subjetivo que llegaba a considerar razonable plantearme seriamente tal cosa. Dicho sea de paso, su trato fue muy amable.



Aunque parezca simplista, en la difícil tarea de no considerarse uno mismo como referente del proceder objetivo, muchas de las expectativas de cada parte son generadas por el uso de vocablos que instalan y arraigan nociones. El poder del lenguaje es inmenso. En la ciencia de la lógica el ser humano es definido como “un animal que habla”. Si bien esa expresión tiene connotaciones más profundas que su sentido aparente señalando la capacidad de raciocinio de la especie humana, su solo significado literal nos da la pauta de la importancia del poder de comunicación entre las personas… e incluso para el solitario discurrir mental del individuo mismo. La elección o imposición de cierto vocabulario demarca la forma que concebimos una idea o qué juicio de valor hacemos sobre otra persona o colectivo humano.



Definamos “coexistencia”. Los diccionarios la definen como “existencia simultánea o convivencia de dos o más entidades”. De más está decir que el tema en cuestión es la convivencia “pacífica”; pero ¿qué tipo de relación y qué expectativas de coexistencia poseen las partes interesadas? ¿Acaso es como la paz entre el lobo y el cordero? ¿Es la “normalidad” que tolera lo exótico y bizarro? ¿Es el coexistir de las morales contrapuestas? ¿Es el progreso que es condescendiente con la postergación? ¿Es la relación de aquel que es servil con quien le avasalla? La coexistencia encontrará sentido cuando tenga lugar conforme a una consideración valorativa de “igualdad de parámetros”.



El Sagrado Corán nos exhorta a la convivencia acordando pautas de mutua aceptación: “Di: ¡Oh Gente del Libro! Convengamos en una fórmula que sea pareja para nosotros y vosotros, según la cual no adoraremos sino a Dios, no le asociaremos nada y no nos tomaremos entre nosotros como patronos fuera de Dios”. (Corán: sura 3, aleya 64).



La aceptación de pautas comunes de convivencia requiere igualar hacia arriba en lo que concierne a prácticas sociales. Los diferentes derroteros de vida de los pueblos hicieron que cada uno desarrolle vicios y virtudes que le son propios. Tanto la cultura norteamericana como la árabe, la mediterránea y europea en general, la latinoamericana, la persa, la del lejano oriente o la africana, etc., tienen aspectos particulares encomiables y otros reprochables bajo cualquier criterio humano. La sabiduría radica en tomar las mejores flores de este gran jardín de la creación. Dice el Sagrado Corán: «Da albricias a Mis siervos; aquellos que prestan atención a las palabras y siguen la mejor» (Corán: sura 39, aleyas 17 y 18).



Existen maneras, actitudes y hábitos que tienen un carácter subjetivo y tal vez no sean comprendidos por grupos humanos que no los posean. En consecuencia, existe una ética de aspectos relativos. Pero hay una serie de conductas cuya valoración no se restringe a una cultura en especial sino que están sometidos al juicio de lo que los musulmanes llamamos la fitrah o predisposición natural, que como tal es común a toda la especie humana. Tales nociones son invariables frente a los factores espacio-temporales por lo que son comunes a toda época y toda región. Lo encomiable de ser justo y compasivo, lo indigno de traicionar la confianza, son ejemplos de tales conceptos. Si denominamos a ello “pautas de moral”, estableceremos que éstas no son factibles de ser relativas.



Estas pautas de moral son las que delinean el sentido común y a partir de ello es posible, sin resignar nada de la propia identidad, edificar con “el otro” un compromiso mutuo de coexistencia basada en la honestidad, el respeto, la lealtad, la caridad y otros sublimes valores humanos. El mero hecho de identificarse o tener el sentido de pertenencia a una cosmovisión más congruente con la realidad exterior no es suficiente para alcanzar la excelencia, sino que la misma vendrá dada en la medida que uno realmente actúe en base a la misma y se invista de sus valores, puesto que hay quienes a pesar de tener un mapa de la realidad más incompleto marchan en gran medida por su trayecto legítimo. Es por eso que en éste esfuerzo de lograr una sana convivencia predominará la calidad humana por sobre la confesión religiosa formal y la ideología.



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El Sheij Faisal Morhell es argentino, casado con la licenciada en Teología Islámica Sumeia Younes, tiene tres hijos. Realizó estudios tradicionales en Teología Islámica desde el año 1991 hasta el 2009 recibiendo en el año 2000 el título de Teólogo Musulmán en el Centro Mundial de Ciencias Islámicas, República Islámica de Irán. Posteriormente realizó la Licenciatura en Jurisprudencia Islámica obteniendo la magistratura en Derecho Islámico en la Universidad Internacional Al-Mústafa en Irán; a partir de la cual inicia el Magister en "Filosofía y Teología Islámica" que concluye en la misma universidad en el año 2008. Luego realiza su tesis en "Teología Comparada" titulada "La Concepción Islámica en el Pluralismo Religioso". Ha realizado diferentes cursos de perfeccionamiento de oficios religiosos, difusión islámica, supervisor religioso de peregrinación, y otros. Participó de numerosos encuentros internacionales de responsables de la difusión del Islam original Muhammadiano (s.a.w.) realizados principalmente en la República Islámica de Irán. Fue por espacio de 12 años el responsable de la revista periódica de estudios islámicos especializados “El Mensaje de Az-Zaqalain”. Fue pionero en la edición y aprovisionamiento de material para páginas web con temáticas especializadas del Islam y el Shíismo. Fue traductor y corrector de numerosos libros en castellano para diferentes instituciones de divulgación religiosa que se encuentran en la República Islámica de Irán. Ha recibido diversos premios y reconocimientos por sus labores vinculadas a la redacción y actividad informática por parte de organizaciones como: La asamblea Mundial de Ahlul Bait (a.s.), La Universidad Al-Mustafa (s.a.w.) y la administración del Santuario del Imam Ali Ar-Ridá (a.s.). Fue invitado en tres oportunidades por la delegación de la República Islámica de Irán en el Hayy o peregrinación a La Meca a integrar la comitiva de invitados extranjeros que además brindan guía y contención religiosa a peregrinos shiitas de diversas nacionalidades. Ha realizado viajes de difusión a países como Venezuela, Colombia, Paraguay, Brasil y Chile. En este último país ha dictado conferencias en las principales universidades y colegios del país y es desde 2011 responsable académico y religioso del Centro de Cultura Islámica (comunidad musulmana de Chile). Fue invitado por organizaciones shiitas iraquíes oficiales a participar de comitivas internacionales de visita a los Santuarios de la familia del Profeta (Ahlul Bait, con ellos sea la paz) que se encuentran en Iraq donde se entrevistó con referentes mundiales del shiísmo que se asientan allí. Fue invitado por administradores de centros shiitas venezolanos a participar de comitivas de visitas a centros religiosos y santuarios en Siria y El Líbano. Es actualmente presidente del instituto del instituto de Cultura y Ciencias del Islam (ICCI Al-Gadir) y director de la Revista Pensamiento Islámico. Es también Secretario General de la Federación Argentina de Entidades Islámicas Ya'faritas (FIYAR).

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