11/6/14

Las extrañas relaciones de Israel con EEUU

Nunca antes el estado de las relaciones entre Israel y EEUU ha sido tan extraño como ahora, ni siquiera en el “periodo de revaluación” del presidente Gerald Ford o cuando el presidente George H. Bush no aprobó las garantías del préstamo internacional.


Me estoy refiriendo, especialmente, al estilo. Las relaciones entre EEUU y su pequeño aliado de Oriente Medio han tenido sus altibajos. A pesar de haber pasado por momentos peores que el actual, nunca antes se había vuelto la situación tan enconada. Respetuosa la una con la otra, las dos partes siempre se aseguraron de no airear los trapos sucios en público, fingiendo que todo estaba bajo control.

Las relaciones entre el primer ministro Benjamín Netanyahu y el presidente Barack Obama pueden dividirse en varias fases. Inicialmente, hubo una mutua sospecha y resentimiento reprimido, que fueron seguidos por un largo periodo de calma. A continuación y tras la moratoria de construcción de asentamientos, las relaciones mejoraron relativamente. La situación actual comenzó como una luna de miel cuando las negociaciones con los palestinos se reanudaron y el secretario de estado John Kerry contagió su optimismo a todo el mundo, aunque no hubiera razones para ello. Con la ruptura de las negociaciones ha llegado la ruptura de las relaciones y de la confianza, alcanzando su mínimo histórico. Se inició una lucha abierta, con declaraciones de ambas partes así como virulentas filtraciones de sus respectivos subordinados.


Ahora hemos entrado en la última y peor fase, la de la guerra sucia, las tretas y los intentos de ponerse zancadillas. Tras arremangarse, ambas partes se han descontrolado, siendo su principal objetivo hacer daño a la otra parte, tanto como sea posible. Sin tapujos, es una merienda de negros: se ha abierto la veda. Si tuviéramos que comparar estas relaciones con las de una pareja casada, la fase siguiente vería al hombre —o a la mujer— yéndose del hogar mientras sus abogados se apresuran a meter sus manos en las cuentas bancarias y pedir un embargo. Nunca antes se había alcanzado este deterioro en las relaciones entre EEUU e Israel.

El 2 de junio, Netanyahu presentó en el comité de defensa y asuntos exteriores del parlamento su informe periódico. El parlamentario Zehava Gal-On, presidente del partido Meretz, le preguntó qué pasaría cuando los palestinos formaran su gobierno de reconciliación. De la respuesta de Netanyahu podía inferirse que había hablado con los norteamericanos (John Kerry), que prometieron estudiar y sopesar el asunto antes de adoptar una decisión. Convencido de que Washington no se apresuraría a reconocer al gobierno palestino, Netanyahu no prestó atención a los informes de los servicios de inteligencia, los indicios existentes y las advertencias. En lugar de ello, se aferró a lo que Kerry le prometió. Incluso en Al-Monitor se estimó que EEUU sería el primero en reconocer al gobierno de reconciliación palestino. Pero Bibi (Netanyahu) se mantuvo en sus trece.

Unos días más tarde, se formó el nuevo gobierno palestino y EEUU fue, efectivamente, el primero en reconocerlo. Netanyahu recibió un golpe directo en la cara. En respuesta, autorizó la construcción de miles de unidades residenciales en Jerusalén Este y en los territorios [ocupados] el 4 de junio, en lo que fue considerado como un desafío público y contundente a Washington.

Entrevistado por la radio militar israelí, Dan Shapiro, embajador de EEUU en Israel, dijo que Israel había transferido 500 millones de shekels (alrededor de 144 millones de dólares) a la Autoridad Palestina (en concepto de devolución de impuestos) después de que se hubiera formado el nuevo gobierno. Si el gobierno israelí ha dado ese paso, ¿qué quiere de nosotros?, preguntó Shapiro.

Pero el gobierno israelí ha mantenido que el dinero fue transferido un día antes de que prestara juramento el nuevo gobierno. Pero Washington insistió: el dinero fue transferido el día en que se formó el nuevo gobierno, a las 4:40 de la tarde. Y así es cómo la guerra de descalificaciones y reproches continúa hasta este momento. Netanyahu envía a los miembros de su gabinete, entre ellos a Yuval Steinitz, ministro de asuntos de inteligencia, a realizar declaraciones en contra del gobierno Obama y, sin pelos en la lengua, desafiar la política de Washington. Por su parte, los norteamericanos ofrecen a la prensa informes en contra de la conducta del gobierno de Netanyahu.

Al mismo tiempo, las noticias sobre la construcción de miles de unidades residenciales en los territorios [ocupados] se han extendido como un reguero de pólvora. Dispuesta a condenar severamente a Israel, Europa reexaminará, con toda probabilidad, la posibilidad de imponer sanciones a Israel.

Por su parte, Netanyahu recurre a la retórica nacionalista de derechas en la que se crió y que ha evitado durante sus años como primer ministro. No había nadie con quien hablar y no había nada de qué hablar, dijo en la reunión del comité de defensa y asuntos exteriores del parlamento. Ahora están hablando sobre Judea y Samaria [léase Cisjordania]. Después hablarán sobre los derechos de los beduinos en Galilea y el Neguev. Quieren Tel Aviv [sic].

Cuando un primer ministro israelí utiliza esa retórica, seguramente sabe algo que nosotros no sabemos. Lo que Netanyahu sabe, o cree que sabe, es que su gobierno está empezando a pensar en las elecciones generales, momento en que tendrá que tomar por asalto otra vez su base electoral. Y esta base ha sido cortejada de forma significativa por el ministro de economía y comercio Naftali Bennett, que se está apoderando de la derecha política en medio de la tormenta. En las próximas elecciones, Netanyahu podría encontrarse sin un programa claro y sin una base electoral, mientras ve cómo Bennett se le acerca desde la derecha y el ministro de asuntos exteriores Avigdor Liberman, desde la izquierda. Y tenemos que hablar todavía de Moisés Kachlon, el popular exministro del Likud, que se retiró debido a la actitud de Netanyahu hacia él y ahora está formando un nuevo partido. Netanyahu está peleando con los norteamericanos, pero en realidad está luchando por su futuro político y su estatus como “líder de la derecha”. Está luchando por su supervivencia.

En medio de esta conmoción, destaca notablemente la vieja nueva imagen de Avigdor Liberman, tal como lo expuse en un artículo anterior. Hacia el fin de semana, explicó una vez más lo que quería decir con su propuesta de un acuerdo regional. “Se acabó eso de los palestinos primero”, dijo Liberman. “Israel tiene tres problemas fundamentales en Oriente Medio: el mundo árabe, los palestinos y los árabes israelíes. Queremos resolverlos y estamos dispuestos a resolverlos, pero en bloque. Existe un enorme potencial en Oriente Medio. Pensemos, por ejemplo, en el know-how tecnológico y científico de Israel combinado con el poder financiero de los saudíes y otros estados del Golfo. Pero el mundo árabe debe entrar en razón y comprender que necesita salir del armario y empezar a hablar con nosotros abiertamente. Estoy hablando de relaciones diplomáticas y comerciales plenas. El problema palestino podría resolverse, como podría resolverse nuestro problema con los árabes israelíes”.

Aquellos que esperan que la paz mundial brote de pronto en cualquier momento pueden relajarse. En definitiva, lo que estamos viendo es el realineamiento de los campos políticos israelíes. Bennet en la derecha, Liberman en el centro, ¿y Netanyahu? Está intentando desbrozar su propio camino entre aquellos. Por el momento, esta pelea está teniendo lugar a expensas de los norteamericanos y los europeos. Esperemos que no sea a nuestra costa, a costa de los israelíes.


Ben Caspit es columnista de Al-Monitor. Es también un columnista y analista político de varios periódicos israelíes, y tiene un programa de radio diario y otros en televisión sobre temas políticos de Israel. En Twitter: @BenCaspit.

Traducción: Javier Villate-Disenso

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