12/6/14

Argentina: Devaluación y después…Análisis de coyuntura

Por Gabriel Merino, docente e investigador de la UNLP

CEFIPES (Centro de Estudios Formación e Investigación en Política Economía y Sociedad)



1-      Devaluación
La devaluación del 60% en un año y la inflación del 35% (41% en alimentos) entre febrero de 2013 y febrero 2014 (donde incide fuertemente el aceleramiento de precios entre diciembre-febrero), golpeó con fuerza el bolsillo de los asalariados y de los sectores populares en general, afectando particularmente a las fracciones más pobres, teniendo en cuenta que la mitad de la población económicamente activa (PEA) se encuentra en la economía informal, de bajo salarios y baja productividad, y sobrevive en gran medida por las políticas de inclusión mediante subsidios del Estado.

La adhesión al paro general del 10 de abril de 2014, más allá de la lectura política del mismo, guarda relación con dicha situación, a pesar de la importante recomposición salarial y del empleo durante la última década. Se trata de una recomposición, ya que recién se pudieron recuperar dichas variables con respecto a los indicadores de principio de los 90’, es decir, al inicio del ciclo de profundización neoliberal posterior al golpe financiero hiperinflacionario de 1988-89, pero seguimos lejos con respecto al nivel de justicia social alcanzado en 1974.   

La inflación es, entre otras cosas, la forma que adopta la puja distributiva entre clases y proyectos políticos estratégicos. Al aumento del ingreso de los asalariados y sectores populares, el capital concentrado formador de precios los aumenta para apropiarse de dichos ingresos, manteniendo y/o aumentando su tasa de ganancia y sobre todo su masa de ganancia.

Por otro lado, toda devaluación es una modificación en la estructura de precios relativos a favor de las fracciones de capital concentrado, que además controlan la mayor parte del negocio exportador, por lo cual se ven incrementados enormemente sus ingresos en pesos. También es cierto que la apreciación cambiaria es funcional al capital financiero transnacional diversificado que obtiene ingresos altos en dólares al tener el peso apreciado.

Estos actores juegan siempre un doble juego: apreciación cambiaria y devaluación abrupta, política habitual entre 1976-2001. Con la primera mantienen sus ingresos y activos locales altos en dólares durante una cierto período de tiempo, mientras que con las devaluaciones abruptas corrigen los déficit a los que llevan las apreciaciones cambiarias, reducen salarios y los ingresos de los sectores locales y dan lugar a fuertes golpes de acumulación por desposesión, es decir, para quedarse con las empresas locales cuyos precios se encuentran por el piso cuando se dan esas crisis de corrección cambiaria y bruscas devaluaciones. Este proceso lleva aparejado una total destrucción de la industria local.

1-      La crisis global, la modificación del escenario y el ajuste
El Proyecto Financiero a nivel local, tanto en su fracción avanzada Global-Transnacional (dominantemente neoliberal) y especialmente en su fracción retrasada Americana-Multinacional (dominantemente neoconservadora), con sus diferencias y luchas, a lo que debe sumarse sus aliados oligárquicos locales, buscan una devaluación 14 pesos a 1 dólar, que lleve el dólar por las nubes, destruya las cadenas de pago y los salarios, bajen abruptamente el precio temporal de los activos, y puedan volver a quedarse con la Argentina por medio de un golpe de mercado.

Ello se da en una política de no liquidación de la cosecha de aproximadamente 4000 millones de dólares que restringió el ingreso de divisas al país, impactando en la economía en general tanto por: a- la disminución de las reservas que debilita la masa de poder crítico para sostener el peso, b- el freno a la economía, especialmente de la industria, al tener que frenar las importaciones ante la falta de divisas para poder comprar en el exterior, c- la apropiación brusca de riqueza de los sectores dolarizados y parasitarios –especialmente banca, agronegocios, especulación financiera, rentistas en general—en detrimento de la producción y el trabajo, que constituyen el motor dinamizador de la economía.  

El dato central es que el proyecto financiero global de las grandes transnacionales, con centro en Nueva York, Londres, Silicon Valley y la Red de Ciudades Financieras Globales, juega fuertemente desde 2011 a disciplinar a los bloques emergentes que obstaculizan el desarrollo del unipolarismo multilateral del Capitalismo en Red Global –muchos lados de un mismo proyecto político estratégico organizado en red. Estos boques emergentes forjan un Nuevo MULTIPOLARISMO.

En este sentido, en la región, avanzan contra los proyectos que obstaculizan su dominio, integrados en el MERCOSUR y el ALBA, con el objetivo de fracturar la UNASUR e impulsar la Alianza Pacífico y la Alianza Transpacífico, además de la Alianza Transatlántica. Es decir, la desarticulación de todo bloque regional que constituya una barrera para el desarrollo del proyecto financiero global angloamericano.  

Y en el plano general de la lucha global entre bloques de poder, el imperialismo global angloamericano agudiza los enfrentamientos con la Organización para la Cooperación de Shangai (cuyos pilares son China y Rusia) y la disputa por el control del Pacífico, a la vez que se mantiene los enfrentamientos con los Bloque Centrales retrasados (como el eje germano-francés, UE-Euro, con sus diferencias), aunque en este nuevo orden de contradicciones.[i] 

En otras palabras, a partir de los que los medios occidentales denominaron “Primavera Árabe” se inicia una nueva situación estratégica de la crisis global. Desde allí, el eje de los enfrentamientos pasa a ser, progresivamente, entre el polo del imperialismo global anglo-americano junto a un conjunto de bloques de poder del capitalismo central (con sus contradicciones y enfrentamientos) vs. los polos de poder emergentes o re-emergentes. Lo que se desarrollan y agudizan son las luchas inter-imperialistas y las luchas imperialismos vs. naciones- pueblos.  

El bloque global angloamericano, que tácticamente planteaba una alianza con los BRICS y el conjunto de bloques emergentes, lo cual se expresaba en el G-20 y en el multilateralismo de Obama, pasó a tener otras posiciones con el desarrollo de la crisis. Es decir, cambió el sistema de alineamientos en el orden multipolar, y se observa una creciente agudización del conflicto entre los polos emergentes y los polos centrales del capitalismo occidental (más allá de todas las contradicciones y situaciones particulares), dando lugar a una nueva configuración de fuerzas, y a crecientes pujas al interior de los BRICS en su dualidad: mercados emergentes o nuevos polos de poder mundial.

Esto es lo que se observa en relación a Rusia, China, Medio Oriente y el impulso de la Alianza Pacífico y del Acuerdo Transpacífico que fractura el eje planteado por el MERCOSUR-ALBA. Y es dicho conflicto lo que recorre los territorios de Ucrania, Siria, Venezuela, con la Argentina y otros territorios en una segunda línea del enfrentamiento. A su vez, lo que se observa es que ya la lucha en el plano militar no es sólo en territorios secundarios, sino que también, como sucede en Rusia y China (por las islas del pacífico), comienza a desarrollarse en territorios centrales –aunque bajo formas distintas, no convencionales.    

Este nuevo eje de enfrentamientos tiene su correlato en materia financiera. La “posible” debilidad de los emergentes por la salida de capitales, el “posible” aumento de la tasa de interés de la Reserva Federal y la restricción de la política de estímulo-apalancamiento (de 85.000 millones de dólares por mes a 55.000 millones), la caída en el precio de los Commodities, la relativa desaceleración China, etc., son las formas en que aparecen un conjunto de movimientos económicos que desestabilizan las economías “emergentes”. Ello se tradujo en una ola devaluatoria mundial, con epicentro en Argentina, Turquía, Ucrania y Venezuela. 

Por otro lado, la crisis representa un momento de profundo salto de productividad del capitalismo global. En el corazón de la crisis hay una nueva “revolución industrial”, en el cual las redes financieras globales y su conjunto de transnacionales (especialmente estadounidenses y británicas), además de ciertas multinacionales (especialmente alemanas y japonesas) se encuentran dando un salto debido al proceso de digitalización e informatización de la producción, consolidación de cadenas globales de valor organizadas en redes ultra-tercerizadas en todos sus elementos no-estratégicos, un salto tecnológico en materia de innovación de los procesos y productos.

En los Estados Unidos los costos industriales por unidad de producto han caído 11% en los últimos 10 años. La producción manufacturera norteamericana creció 3,1% en los primeros tres meses del año, con una expansión prevista de 4,1% en 2015; y su segmento de alta tecnología aumentó 6,8% en ese período, con una previsión de 8,4% el próximo año. Hay un boom de productividad en la industria estadounidense (+6% por año desde 2008), con un auge del producto del 30% y una disminución similar de la fuerza de trabajo. El valor agregado por trabajador ocupado ascendió en 2013 a US$ 68.156, y en la alta tecnología trepó a US$ 110.000, los mayores valores de la historia norteamericana. (datos de Jorge Castro, Clarín, 29-03-2014).

Todo el sector 1 (producción de medios de producción) de los núcleos centrales de la economía global, que también incluyen un conjunto de llamados “servicios” de alta calidad que se encuentran externalizados pero organizados en la misma cadena de valor, está dando un salto que lleva a todas las formas anteriores a ser obsoletas. Este salto produce un nuevo tiempo social de producción, un nuevo valor de todo lo que se produce, que deja atrás, sin competitividad, a las formas retrasadas, lo cual se “corrige” con  devaluaciones en los territorios rezagados.

En este sentido, en el capitalismo global los territorios compiten por bajos salarios o por aumento del valor agregado. Pero para esto último hay que contar con núcleos productivos-científicos-tecnológicos, con industrias estratégicas de Estado, así como con los instrumentos financieros y de medicación comercial, hoy dominantemente en manos de las transnacionales. No superar dicha situación implica ir hacia una devaluación cada cuatro o cinco años para bajar costos, y a un progresivo retraso, o una subordinación total a las redes financieras globales que encabezan el desarrollo de las fuerzas productivas en esta nueva fase del capitalismo.  

2-      El Bloque Nacional Productivo
El Bloque Nacional Productivo que se desarrolla entre 1999 y 2001, logra el gobierno del Estado en 2002 y destraba a su favor el empate hegemónico con el Bloque Financiero en el 2003, está en crisis, y defiende distintas posiciones.

La fracción neodesarrollista con sus distintas alas (conservadora, industrialista) conducida por los Grupos Económicos Locales (Pérez Companc, Arcor, Ledesma, Pescarmona, Clarín, Techint) y determinados grupos europeos como FIAT, los empresarios nucleados en la AEA, y los dirigentes políticos e ideológicos expresados fundamentalmente en Duhalde, el “alfonsinismo” en la UCR (Cobos, “Ricardito”), Lavagna, Peirano, el ala “derecha” de la Iglesia, etc., jugó a una devaluación de entre 8 o 10 pesos a 1 dólar, que otorgue nuevamente “competitividad” al peso reduciendo costos y salarios en dólares. Para dicha fracción, con fuerte orientación agroindustrial en sus componentes más conservadores orientados hacia el mercado externos, la depreciación cambiaria es una herramienta central de su política económica (así como la integración del mercado regional y las políticas para favorecer la acumulación ampliada del capital local). Massa aparece en la actual coyuntura como uno de sus principales articuladores políticos-electorales, en cuyo armado también se expresa la alianza con los americanos.

En esta misma política terminó jugando la fracción neodesarrollista nacionalista. Dicha fracción (inspirada en cuadros como Aldo Ferrer, y su política de “vivir con lo nuestro”), con un carácter de capitalismo de mayor intervención estatal, valor agregado y mercado internista, dirige dominantemente la política de gobierno. Y está expresada con matices políticos en Kicillof (desde el neokeynesianismo), De Vido, Fábrega, también incluye al ahora massista empresario textil, José Ignacio de Mendiguren, y a un importante sector de la Unión Industrial Argentina de medianas industrias como Adimra (metalúrgicas), grupo SOCMA (Macri), la Cámara Argentina de la Construcción, Cristóbal López, Lázaro Báez, Electroingeniería, etc. En términos económicos, agrupa sobre todo a las fracciones de mediana burguesía local.

Esto es lo que aparece con la denominación de capitalismo con valor agregado e inclusión social (empleo y subsidios), con un modelo de industrial que favorece la acumulación ampliada del capital local, redistribución del ingreso y fortalecimiento de lo público-estatal. Programa que es posible por la extracción de una fracción de la renta agraria y secundariamente de fracciones de otras rentas (como la petrolera, mediante retenciones) y parte de la renta financiera que era apropiada en el sistema de AFJP, lo cual exacerba los nervios “anti-populistas” de los principales elementos del Bloque Financiero (y también de muchos neodesarrollistas conservadores).     

Los grandes bancos de capital privado nacional, que conducen ADEBA (dirigida por Brito del Banco Macro), así como el grupo Techint juegan-oscilan entre ambas posiciones, aunque con predominancia de la posición neodesarrollista, fracción a la cual pertenecen.

La fracción “progresista” dentro del gobierno, con asiento en la pequeña burguesía profesional  y especialmente la pequeña burguesía ilustrada que viene del liberalismo socialdemócrata de centro-izquierda, juega dominantemente en esta política desarrollista nacional, aunque no aparece con posición propia sino oscilando de acuerdo a las relaciones de fuerza al interior del gobierno, actuando en muchas ocasiones como fracción dirigente y con una agenda ideológico-cultural democrática, para la ampliación de derechos políticos y civiles.

En la órbita ideológica-cultural ejerce una importante influencia en el gobierno, especialmente a partir de 2011, buscando impregnar su cosmovisión sobre el conjunto del movimiento nacional y pretendiendo jugar el rol de articulación de la fuerza social en función de gobierno. Pasa a ocupar dicho lugar central luego de la muerte de Néstor Kirchner y de la agudización de las contradicciones con el movimiento obrero organizado, con lo cual se produce un desequilibrio de poder entre las distintas partes y una crisis de representación en el movimiento nacional-popular bajo la identidad kirchnerista.    

Es sobre este sector que influye el ala “progresista” liberal del Bloque Global angloamericano, síntesis entre neoliberalismo y socialdemocracia, entre economía de mercado global y reformas que apacigüen las contradicciones político sociales, sintetizado en la propuesta de la Tercera Vía llevada adelante por Blair y Brown en Gran Bretaña. Obama y Clinton son sus contrapartes norteamericanos. Promueven fuertemente como agenda de su “revolución” político-cultural, un conjunto de ejes ideológicos-culturales en relación a derechos humanos, ecologismo, género, cuestión étnica, etc., cristalizados en reformas que expresan a las fuerzas más avanzadas del capitalismo global, en un proceso de revolución política para la construcción de un nuevo orden mundial, que puso en crisis el orden existente.    

El conjunto de sectores del Nacionalismo Popular y del Latinoamericanismo revolucionario, asentados en el Proyecto Estado-Producción-Trabajo, y sostenido por los cuadros nacionalistas-industrialistas de las Empresas Estratégicas de Estado, importantes sectores del Movimiento Obrero Organizado y de las organizaciones barriales, de desocupados, del movimiento estudiantil, de pequeños productores, pequeño empresariado y campesinos, y organizaciones sociales y políticas populares,  perdieron influencia político-estratégica en el gobierno del Estado en general y en el espacio kirchnerista en particular. Dicha pérdida de influencia y, como veremos, crisis en el espacio kirchnerista, se cristalizó en las elecciones legislativas de medio término de 2013.

Este espacio desborda al “kirchnerismo” como denominación, lo cual se observa en los posicionamientos de las grandes medidas de avance popular (YPF, AFJP, Ley de Medios, Asignación Universal por Hijo Paritarias, Juicio a las Juntas) apoyados por grandes sectores.  

La pérdida de influencia, que se tradujo en una imposibilidad de profundización, es lo que llevó a un retroceso en materia económico social. El gobierno, como expresión de una relación de fuerzas al interior del propio esquema de poder y en relación al adversario, dejó de expresar programáticamente de forma dominante los objetivos de la profundización.        

Lo que se impuso con la devaluación y en las decisiones de la política económica (suba de tasas, pago a Repsol, cambio de postura frente al FMI, revisión de tarifas, aumento del precio de los combustibles, arreglo con el Club de Paris, búsqueda de inversiones extranjeras, avances en el Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea, etc.) fue la posición neodesarrollista-conservadora, qué ganó las elecciones de octubre ya que logró fracturar la fuerza social en función de gobierno debido a la crisis al interior del kirchnerismo por el desarrollo de las contradicciones secundarias y el freno a la línea profundizadora que dejó de traccionar el proceso. Si no se avanza y no se profundiza, se retrocede.

Así lo analiza Eduardo Anguita, director del periódico Miradas al Sur, observando los límites del proyecto desarrollista nacional: “De la llamada heterodoxia el gobierno pasó a tomar medidas ortodoxas que tranquilizan al capital. Enfriar la economía, evitar la intervención directa del Estado, subir las tasas de interés y, sobre todo, no confrontar con los organismos financieros, especialmente con el FMI”. Organismos que aplaudieron las últimas medidas adoptadas, en lo que ven un esperanzador cambio pro-mercado.

Devaluación y aceleración de la inflación es el combo central del ajuste, que terció en la puja distributiva, a lo que se agrega una estructura tributaria regresiva que estructuralmente actúa como traba para la distribución del ingreso. Es decir, frente a una situación estratégica de cuellos de botella de la economía, nuevo esquema de poder en el gobierno y la coyuntura táctica de corrida financiera, con pretensiones de consumar un golpe de mercado aun más profundo, se impuso la maniobra del ajuste.   

3-      Cómo se llega al ajuste?
Hay un cuello de botella fundamental de la propia matriz productiva, cuya modificación no es mero tecnicismo económico sino puja político-estratégica. De ahí la afirmación que si no se profundiza, se retrocede. La concentración de la economía, el grado de extranjerización de la economía (con grandes grupos que controlan los negocios centrales de exportación del país: agronegocios, minería), la dependencia financiera, la desintegración industrial, la baja complejidad y valor agregado de nuestra producción, y la pequeña escala nacional son problemas que actúan como obstáculos fundamentales de generación y redistribución de la riqueza.

Si bien muchas de estas cuestiones fueron parcialmente modificadas en los últimos años, evitando ajustes más tempranos (como la estatización de las AFJP en plena crisis global que otorgó de espalda financiera al Estado para impulsar la economía), lo cierto es que a nivel de la órbita económica sigue siendo dominante el proyecto financiero primario exportador extractivo. Ello se compensa en el hecho de que en lo político y lo ideológico dicho proyecto no es el dominante, lo que permitió avanzar con medidas para modificar la estructura económica (estatización de YPF, AFJP, sustitución de importaciones).  

Veamos esto en números, donde se refleja claramente la metáfora de chorro de riqueza que sale como en una manguera hacia el exterior, que da cuenta de nuestra estructura dependiente y semi-colonial.

En concepto de Rentas entre 2010 y 2013 tuvimos un balance negativo de nada menos 48.092 millones de dólares (INDEC), un promedio de 12.023 por año (lo que equivale a dos veces y media el presupuesto nacional en Educación Superior, que incluye 47 universidades nacionales). Ello engloba a las utilidades, dividendos e intereses que se van al exterior, en buena medida como producto de la extranjerización de la economía, que si bien se frenó en esta década, no se revirtió (en 2012 de las principales 500 empresas, sólo 179 son de capital de origen nacional). A esto debemos sumar los pagos de intereses y capital de la deuda externa, que si bien se dan en una política de desendeudamiento, también es riqueza producida por los trabajadores argentinos que fluye hacia el exterior.  

A su vez, nuestro déficit industrial en el comercio exterior supera los 32.000 millones de dólares por año (diferencia entre lo que importamos y lo que importamos de bienes industriales) que manifiesta a su vez una estructura económica-productiva desintegrada y primarizada.

Sobre esto último, vale destacar que de nuestras exportaciones en 2012 un 57,5% (46.524 millones de dólares) son de productos primarios y manufacturas de origen agropecuario, mientras  que un 8,5% de combustibles y energía. El restante 33% es de manufacturas de origen industrial, gran parte de las cuales se explica por las ventas de las automotrices transnacionales que son fuertes demandantes de divisas para importar los componentes que ensamblan localmente. El déficit en el sector automotriz es de 5.800 millones de dólares anuales (aunque sería el doble de no existir producción nacional).

La estructura desintegrada, primarizada y dependiente hace que por cada punto que crece la actividad industrial aumenten un 3% las importaciones. Al no revertir dicha situación, se cae en el ajuste y al reducción del consumo, que reduce las importaciones debido a la menor demanda, y así se evita una crisis mayor en la balanza de pagos que desemboque en un golpe hiperinflacionario.  

           La concentración de la matriz productiva es otro de los problemas. Como observan Manzanelli y Schorr sobre la concentración económica global, el peso de las 200 firmas líderes en el valor bruto de producción nacional trepó del 20 por ciento en la Convertibilidad al 28 por ciento en la posconvertibilidad (2003-2011), mientras que en la industria, en las 100 firmas líderes, aumentó del 33 por ciento al 41 por ciento. El grado de concentración del comercio exterior es aún más notable: las 200 empresas más grandes alcanzaron a explicar el 73 por ciento de las exportaciones totales del país en 2003-2009.

En un reciente informe CANPO plantea que el complejo de producción de aceites se constituye como el principal exportador del país (28 % de exportaciones) por encima de la cadena automotriz y petroquímica. La soja –que representa el 84 % de la producción total de aceites- es exportada principalmente por los grupos económicos Cargill (20 %), Noble Grain (13 %), ADM (12 %), Bunge y Dreyfus (11 %).

Por otro lado, Navarro apunta que el 80 por ciento del aceite que se consume lo producen Molinos Río de la Plata (Pérez Companc) y Aceitera General Deheza. El 78% de los lácteos lo manejan La Serenísima y Sancor. En enlatados, la posición dominante la ejerce Arcor, que concentra el 70 por ciento. El 75 por ciento del azúcar que se consume es de Ledesma. Unilever posee el 70 por ciento del mercado de mayonesa, con Hellman’s y Fanacoa; otro 15 por ciento quedó en manos de Natura, de Aceitera General Deheza.[1]

A ello debemos sumar que sólo 6 cadenas de hipermercados concentran el 89% de las ventas del país.

En este contexto, controlar los precios sirve como táctica pero es un tremendo error cuando se vuelve estrategia, debido a la estructura concentrada del mercado, que en la puja distributiva bloquea los intentos por aumentar la masa de riqueza a favor de los trabajadores y de la pequeña producción. Lo que se debe modificar para combatir la inflación es la matriz productiva o de lo contrario, en la actual situación de cuello de botella y restricción externa, son inevitables ajuste a favor del capital concentrado y la adopción de políticas que los favorezcan. 

4-      Los momentos del proceso político 1999-2013
Para entender el proceso y el momento actual, podemos plantear la siguiente caracterización de los momentos, siguiendo el análisis de relaciones de fuerza de trabajos anteriores.

Entre septiembre-1999 y diciembre-2001, tenemos la crisis de la hegemonía del Bloque Financiero Neoliberal, quiebre del grupo de los 8, surgimiento del Grupo Productivo comandado por los capitanes de la industria con Techint y la UIA-MIN al frente, el desarrollo del Movimiento Productivo Argentino (PJ-Duhalde, UCR-Alfonsín, Frepaso, más la Iglesia Católica), y la alianza de distintos niveles con fracciones Pymes, el movimiento obrero organizado y las organizaciones de desocupados, que dan lugar al surgimiento del Bloque Productivo, con conducción neodesarrollista.

Entre diciembre-2001 y mayo-2003, el empate hegemónico entre el Bloque Financiero (Citgroup, HSBC, FMI, Asociación de Bancos Argentinos, Sociedad Rural Argentina, Cámara de Comercio, Menem, de la Rúa, Cavallo, López Murphy y sus Think Tank como FIEL, CEMA, Fundación Mediterránea) y el Bloque Productivo (conducido por Duhalde, Alfonsín, Techint, UIA-Industriales, CAC, de Mendiguren, Rial, FREPASO, etc.)  da lugar a un período de transición, que se expresa en ALCA-Dolarización vs. MERCOSUR-devaluación-pesificación.  

Entre mayo-2003 y octubre-2005, la etapa en la cual el Bloque Productivo Nacional con conducción neodesarrollista logra consolidar su situación a favor imponiendo dominantemente en el gobierno su  programa de Estado, aunque no en términos hegemónicos.  

Entre octubre-2005 y junio-2008 se impone como dominante la política Desarrollista nacional-popular y se desarrolla en lo político el enfrentamiento Duhaldismo vs. Kirchnerismo, es decir, entre dos fuerzas del Bloque Productivo. El Bloque Financiero en crisis y en pleno enfrentamiento global y local, juega repartido en sus fracciones, donde la línea global es parte del esquema de poder en el gobierno y la línea americana es parte del esquema opositor. Claramente esto se observa, por ejemplo, en la división en los EE.UU. con respecto al gobierno argentino entre Clinton-Obama y el Citigroup (Demócratas, neoliberales y liberal-progresistas), por un lado, y Bush-Cheney y el JP Morgan y Halliburton (Republicanos, liberal-conservadores y neoconservadores), por otro lado.

Hay cuatro ejes claves de enfrentamiento al interior de los que denominamos Bloque Productivo, que se resuelve a favor del kirchnerismo luego de las elecciones legislativas de 2005 (Cristina vs. Chiche), a partir de los cuales comienza a forjarse como nueva identidad. Estas discusiones se expresan en el enfrentamiento entre Kirchner y Lavagna, ministro de economía y cuadro político estratégico del neodesarrollismo conservador.
1)                     El ALCA, en cuya discusión Kirchner se posiciona en un rechazo completo junto a Brasil, Venezuela y Cuba, expresando las definiciones del desarrollismo nacional y del conjunto de sectores Nacionales Populares Latinoamericanos del proyecto Estado Producción Trabajo; mientras que Lavagna intenta forzar la negociación “4+1”, es decir, EE.UU.- ALCA con el MECOSUR sin rechazar de forma absoluta el plan pan-americano.  
2)                     El MERCOSUR, en el cual Kirchner expresa la posición de incorporar a Venezuela con el objetivo de fortalecer el bloque, avanzar hacia un “Mercosur político”, avanzar hacia la UNASUR, desarrollar una política de mayor autonomía regional. Lavagna y el duhaldismo, por el contrario, se oponen a la incorporación de Venezuela ya que lo ven como una amenaza de radicalización del bloque regional y de enfrentamiento con los EE.UU.
3)                     Las paritarias, en la cual el kirchnerismo sostiene la necesidad de reactivar las paritarias, las negociaciones salariales colectivas como mecanismo distributivo a favor del salario. Para Lavagna, los aumentos salariales son inflacionarios, a pesar de la tremenda depresión del salario sufrida en los 90’ y con la devaluación. De esta forma, Lavagna se posiciona como garante de la alta rentabilidad del capital concentrado en detrimento de los trabajadores. 
4)                     La relación con el Movimiento Obrero Organizado es otro de los puntos centrales del enfrentamiento. Kirchner juega a que Hugo Moyano-MTA encabece la CGT, consolidando la alianza estratégica con los sectores provenientes del MTA (Movimiento de Trabajadores Argentinos), caracterizados por su pelea contra el neoliberalismo (junto a la CTA) y por su postura a favor de un programa nacional popular. Por otro lado, Lavagna, el duhaldismo, la UIA, el Grupo Productivo, etc., juega con la alianza estratégica junto a la CGT de los “gordos” (con quienes conformaron en noviembre de 2001 el “Núcleo Nacional”, Grupo Productivo + CGT “oficial”) y rechazan la conducción del núcleo MTA en la CGT.
Con el triunfo del kirchnerismo sobre el duhaldismo, en su lucha por la conducción de lo que denominamos el Bloque Productivo Nacional, entre 2005 y 2008 avanzan las políticas de integración regional autónoma cristalizadas en el MERCOSUR, el UNASUR y la alianza con el ALBA; también las políticas de distribución del ingreso a través del aumento de la masa salarial y aumento de planes sociales; la recuperación de planes industriales del Estado y del aumento del proteccionismo económico, así como la promoción de un conjunto de empresarios locales con la intención de constituir una “burguesía nacional”, como sujeto del desarrollo económico nacional.

A partir de allí, el neodesarrollismo conservador comienza a desarrollar fuerza de oposición política, en alianza táctica con líneas del Bloque Financiero, aunque mantiene su influencia y algunos de sus cuadros en la primera línea del gobierno del Estado. Hay que diferenciar entre fracción, bloque de poder y proyecto político estratégico, por un lado, y como eso se expresa en la política, con su lógica particular, sus tácticas, etc.    

Entre junio de 2008 y octubre de 2011, se desarrolla la etapa que podemos denominar como “Nacional, Popular y Latinoamericana”, en la cual en la resultante de la política de gobierno influye decisivamente las propuestas impulsadas desde los actores que aglutinamos bajo el proyecto político estratégico del Estado, la Producción y el Trabajo, que tiene a las industrias estratégicas de Estado y al Plan de las Corporaciones del Estado, junto al complejo científico tecnológico nacional, como núcleo central del desarrollo de las fuerzas productivas, vertebrado por los actores del trabajo (con sus distintas fracciones) y la pequeña y mediana producción en relación al complejo productivo nacional.

Con el paro agrario, se produce un punto de bifurcación donde el empate entre proyectos estratégicos, entre el campo de la transformación democrático-nacional (en donde existen un conjunto muy amplio de intereses y fuerzas) y el campo de la restauración conservadora (que también es múltiple), debe resolverse hacia algún lado, ya no pueden mediarse y expresarse como tal en el sistema político-institucional y en el gobierno del Estado.

Lo que parecía un golpe definitivo-estratégico (tanto sobre los intereses industrialistas-desarrollistas nacionales, como sobre los sectores  nacionales-populares y latinoamericanos) que se expresa en términos políticos institucionales con el triunfo de Francisco De Narváez sobre Kirchner en junio de 2009, terminó siendo un golpe táctico-coyuntural, debido a la decisión de avanzar y profundizar el proceso de transformación en una situación internacional favorable. Kirchner resumió en la frase “perdimos por no profundizar” la situación político estratégico y a partir de allí decidió redoblar la apuesta.  

Además de la voluntad política, es posible la salida por la profundización del proceso de transformación, en donde se fortalecen las posiciones de las fuerzas “nacionales-populares-latinoamericanas”, por la crisis general, tanto objetiva como subjetiva en que se encuentra el viejo orden: crisis financiera internacional y lucha entre polos de poder mundial, deviniendo en un creciente multipolarismo favorable para los pueblos; crisis de los partidos políticos que no pueden ser utilizados en su totalidad como herramientas efectivas para la restauración; imposibilidad de acuerdo programático por parte de la llamada “oposición” ya que expresan intereses diferentes y proyectos contradictorios, que sólo pueden converger contra su enemigo principal, “el kirchnerismo”, que es la forma simbólica –en la construcción antinómica kirchnerismo vs anti-kirchnerismo— de ocultar el enfrentamiento real, los intereses y los proyectos políticos estratégicos en juego. Esto elementos son los que en parte explican, al mismo tiempo, por qué la victoria táctica del bloque financiero agroalimentario exportador no se convirtió en una victoria estratégica.

En este sentido, como parte del avance transformador, se entienden el conjunto de medidas que siguen al voto “no positivo” y la salida de Alberto Fernández de la jefatura de gabinete: la re-estatización de Aerolíneas Argentinas; la re estatización del sistema previsional de la Argentina; la re-estatización de la Fábrica de Aviones de Córdoba en manos de la norteamericana Lockheed Martin; el impulso a Ley de Servicios Audiovisuales; y las políticas distributivas mediante subsidios como en la Asignación universal por Hijo y el plan Argentina Trabaja, entre otras. Con ello, avanzan como políticas de Estado varias de las demandas que impulsaban distintos sectores populares.

5-      La agudización de las contradicciones secundarias en el movimiento nacional
Hacia el 30 de abril de 2011 se alcanzó el momento máximo en el proceso de transformación nacional popular y Latinomericano, manifestándose en el hecho donde se hace presente la rearticulación de la fuerza de masas del sujeto histórico. En la movilización a la 9 de julio, a propósito del día del trabajador, en apoyo a la candidatura presidencial de Cristina Fernández de Kirchner, con un programa profundizador y con la consigna del Movimiento Obrero Organizado (MOO) de pasar de “columna vertebral a cabeza”, se hacen presentes 500.000 trabajadores.

Se reúnen organizaciones de las distintas fracciones del campo del trabajo, alrededor del MOO: las organizaciones sociales barriales, que organizan a trabajadores desocupados, precarizados y pauperizados (principalmente el Movimiento Evita, en plena construcción junto a la CGT de la federación de trabajadores cooperativistas); y las organizaciones sociales que organizan la fracción de técnicos y profesionales, “clases medias” (expresadas a veces como “juventud”), tanto en su momento de formación (estudiantes) como en actividad. Se da, a su vez, el momento de mayor unidad entre CGT (sec. Gral. Moyano) y CTA (sec. Gral. Yasky), que se manifiesta en la unidad de acción, en la concurrencia recíproca a actos y actividades, y en el avance en la discusión por la unidad de concepción. Incluso se llega a discutir la posibilidad de unificar las dos centrales.  

La unidad estratégica de la clase trabajadora (por lo menos en sus organizaciones mayoritarias), con sus distintas identidades históricas, tradiciones y colores, confluyen articulando la fuerza de masas, y junto con distintos sectores de la Producción (cooperativas, cámaras de pequeñas y medianas industrias, sectores agropecuarios, etc.), conforman una alianza social bajo la identidad kirchnerista y la conducción de Cristina, para avanzar con el programa del proyecto político estratégico Nacional, Popular y Latinoamericano asentado en el Estado, la Producción y el Trabajo. 

El momento coincide con un pico en materia distributiva, organizativa y de legitimidad. La profundización es la tarea. UNASUR-ALBA está en el momento más alto de su desarrollo. El programa es:
-          Ley de participación de los trabajadores en las ganancias de las grandes empresas (que permite controlar inflación a partir del conocimiento obrero de la estructura de costos y participar en las decisiones de inversión)
-          Estatización del Banco Hipotecario
-          Ley de Servicios Financieros (en sustitución de la Ley de Entidades Financieras de la dictadura)
-          Estatización de YPF.
-          Ley de Tierras, para garantizar el acceso a la tierra a todo ciudadano del pueblo argentino.
-          Ley de responsabilidad solidaria, para que las empresas principales sean solidariamente responsables de las tercerizadas,respetándose los derechos de los trabajadores y de esta forma evitar que las empresas utilicen la tercerización como una forma más de precarización laboral.
-          Ley de Educación Superior, para sustituir la ley neoliberal todavía vigente y única ley educativa que no se sustituyó en estos años.
-          Profundizar la recuperación de las industrias estratégicas de Estado y el plan industrial para la independencia económica.
-          Profundizar la integración regional desde los pueblos (Banco del SUR, Fondo del Sur, Moneda del Sur, Petro SUR, etc.)
-          Reforma tributaria para avanzar hacia un sistema progresivo.
-          Nacionalización del Comercio Exterior.
  Esta discusión se planteó a fines del 2011 bajo la forma sintonía fina o profundización, juventud o alianza social y unidad estratégica, Boudou o Recalde en la vice-presidencia.

Esta discusión agudiza las contradicciones al interior de la alianza social en función de gobierno, por un lado, y en el esquema de poder, por otro. La profundización del proyecto nacional popular latinoamericano colisiona con los intereses del Neo-desarrollismo, en su fracción neoconservadora como en su fracción nacionalista y “neokeynesiana” (aunque dentro de este último sector hay matices).

En este sentido se entienden las protestas públicas contra el programa profundizador, que se debilita ante la ausencia de Néstor Kirchner ya que era el principal referente del gobierno que daba cabida e impulso a algunas de las principales medidas (como la ley de participación de los trabajadores en las ganancias empresarias  la Ley de servicios financieros), y hacía de interlocutor con las organizaciones populares. Cristina ocupa el lugar de mediación general (en tanto presidenta) y se posiciona más fuertemente dentro de lo nacional-popular como expresión del “capitalismo con valor agregado e inclusión social”, haciendo hincapié en el “emponderamiento” de las fracciones de pequeña burguesía para la dirección del proceso.

 Por otro lado, en el esquema de poder en función de gobierno, el programa profundizador choca con los intereses del bloque financiero global, con las grandes transnacionales que coinciden en agregar valor localmente, y con el ala “progresista” del proyecto financiero global. El programa profundizador del proyecto nacional popular y latinoamericano, en donde el MOO actúa como una fuerza central, va más allá de los límites impuestos por el esquema de poder en función de gobierno. Es sintomático, en este sentido, que luego de la visita presidencia a Obama en septiembre de 2011, se corte toda relación entre el gobierno y la conducción de la CGT.

A partir del acto en la 9 de julio se agudizan un conjunto de maniobras desde distintos sectores del gobierno:
-          Limitar al mínimo la presencia político-institucional del MOO corriéndolos de las listas en las elecciones. Como también a otros referentes populares. En la puja por la vice-presidencia, queda ubicado Boudou, alineado con el empresariado local, en detrimento de Recalde, el candidato de la CGT.  
-          Discurso deslegitimante sobre la acción sindical y el sindicalismo en general. Y recuperación en la órbita ideológica de las antinomias de los 70’ que dividen al campo del pueblo. A su vez, aparece como sujeto “la juventud”, y no los trabajadores o la alianza producción y trabajo.
-          Jugar en la interna de la CGT y reposicionar a los “gordos” en la conducción, junto con UOM y SMATA, que juegan en las líneas desarrollista y neodesarrollista. Se juega a desplazar de la conducción y se fractura el núcleo que venía del MTA.
 Hasta las elecciones de Cristina, que obtiene el 54% de los votos expresando de manera contundente el proceso ascendente nacional popular latinoamericano 2008-2011, la sangre no llega al río y las tensiones se acumulan al interior de la alianza en función de gobierno. Con la asunción de Cristina en diciembre y las jugadas al interior de la CGT, comienza la fragmentación. La renuncia de Moyano a la presidencia del PJ el 15 de diciembre de 2012, al que caracteriza como una cáscara vacía, manifiesta el momento práctico de desarticulación y el cambio de momento político.   

6-      La doble crisis de conducción, general del proceso y particular del componente central del sujeto: el MOO
EL freno al proceso de transformación se vislumbra en el freno al programa de la “profundización”, a lo que se suman medidas que intentan cubrir demandas de los otros componentes del esquema de poder: ley antiterrorista (a pedido de Obama y el Bloque financiero Global), intentos por regularizar la situación con los mercados financieros internacionales, ley de ART a pedido de la UIA, acercamiento al empresariado para apostar a la inversión y al desarrollo económico (Chevron, Monsanto, etc., más los grupos económicos locales). A su vez, se observa que en la puja distributiva comienzan a retroceder los sectores asalariados y populares, en contraposición al capital concentrado, donde se destacan ganancias extraordinarias en algunas ramas como los bancos. La inflación, acicateada por el gran capital concentrado, actúa como mecanismo de agudización de los enfrentamientos al interior de la alianza social en función de gobierno.   

La última gran medida profundizadora, es la estatización de YPF, la cual en manos de Repsol venía en un proceso continuo de pérdidas de reservas (entre 30% y 40% en petróleo y gas), merma en la producción, vaciamiento y fuga de utilidades millonarias. Ello se tradujo, entre otros factores, en un enorme déficit energético que demanda la compra de energía al exterior por 15.000 millones de dólares, convirtiéndose  en un elemento central de pérdidas de divisas que lleva al ajuste. Esta medida profundizadora nuevamente contó con el amplio apoyo del campo popular, de sectores muy heterogéneos tanto kirchneristas como no kirchneristas, de la propia CGT en crisis, y de la sociedad en general, indicando una correlación de fuerzas favorables para las políticas profundizadoras.

El proceso de división y enfrentamiento deviene en doble crisis de conducción: de lo general, donde el kirchnerismo ya no sintetiza de forma mayoritaria al movimiento nacional, y de lo particular, de la conducción del propio MOO que no encuentra la salida en el desarrollo de un programa de Estado que rearticule una alianza social profundizadora para actuar como fuerza de presión-tensión político-estratégica. El MOO se divide, profundiza sus luchas internas, algunas de sus expresiones más avanzadas (gremial y políticamente) terminan jugando en distintas alianzas  tácticas con expresiones políticas conservadoras e incluso adoptando ejes políticos de las distintas líneas del Bloque Financiero, y se repliega a lo gremial y político-gremial. El tacticismo electoral, por otra parte, le resta legitimidad para actuar como fuerza articuladora, quedando en un segundo plano la estrategia “profundizadora”.  

Con ello, se aísla, y contribuye a profundizar la antinomia oposicionismo vs obsecuencia, que destruye al movimiento nacional y lo deja subordinado a la política neodesarrollista, en sus distintas expresiones políticas. O, en un escenario de mayor retroceso, a distintas expresiones del campo del pueblo subordinadas a la estrategia de las fracciones del proyecto financiero. Se refuerza, por otro lado, la influencia neodesarrollista y financiera en el gobierno, ya que se debilitan las fuerzas e influencia del campo popular. Como vimos, ello se traduce en la puja distributiva, que resulta en ganancias récord para uno de los pilares del proyecto financiero, la actividad bancaria, como también en la actividad del hipermercadismo y los agronegocios. También se  benefician los Grupos Económicos Locales neodesarrollistas que comparten oligopolios en las distintas ramas económicas. Ello, en detrimento de los asalariados, las pymes  y los sectores populares en general.    

La derrota del FPV en provincia de Buenos Aires en 2013 y su baja en el escenario nacional, es el resultado lógico de dicho proceso, en el cual la fracción neodesarrollista y el conjunto de cuadros económicos, políticos e ideológicos culturales que la integran, los sectores conservadores populares, así como parte de los desarrollistas nacionales, decidieron amar otra opción político-electoral con Massa (con apoyos neoconservadores y americanos), a pesar de su influencia en el FPV a partir de 2012 (la Ley de ART fue su máxima expresión).

Las coyunturas políticas son siempre muy complejas para abordar acabadamente con ciertos esquemas de análisis de relaciones de fuerza. Contamos con que en los armados electorales confluyen fuerzas que se encuentran presentes en varios partidos, con el objetivo de disputar dichas herramientas para influir en la política de Estado, lo que complejiza la mirada. Sin embargo, podemos observar en cada uno de los armados electorales la resultante de la relación de  fuerzas, las posiciones dominantes, la visión que conduce y  los lineamientos de los principales referentes y cuadros que se encuentran presentes. A partir de aclarar este punto podemos afirmar que al momento del enfrentamiento (elección) se realiza lo que en el conflicto ya había avanzado como resultante en el Estado, imponiéndose las fuerzas de orientación neodesarrollistas conservadoras y desarrollistas nacionales, frente al “progresismo” y a las fuerzas nacionales populares latinoamericanas.

Ello se expresa en el cambio de gabinete en el Estado y la asunción de Fábrega al comando del BCRA, Capitanich como jefe de Gabinete, y Kicillof al mando de Economía, junto con Costa en Comercio (que disminuye la presión sobre el Capital concentrado en manos de Moreno, permitiendo un significativo aumento de precios). Las medidas siguientes ya se han descripto. Por otro lado, se profundiza en el discurso y en la práctica la distribución de la riqueza al interior del trabajo (el trabajador formal que está mejor debe financiar a los que están peor) que invisibiliza la relación capital-salario como núcleo fundamental de la puja distributiva, asegura la tasa de ganancia del capital y una tasa de plusvalía de por lo menos un 100% en promedio (en blanco), y la llamada competitividad empresaria. [Esto no quiere decir que no pueda acordarse, en cierto nivel, el impuesto a los altos salarios como mecanismo redistributivo secundario, el tema es que no se pone en discusión lo principal.]   

 La asunción en el Vaticano del papa Francisco tiene dos implicancias centrales en esta situación: 1- la pérdida de poder en Latinoamérica de los sectores conservadores y neoconservadores aliados al Bloque americano con centro en los EEUU, lo cual se traduce en una debilidad para el proyecto financiero en el continente debido a dicho embate, y en la Argentina en particular. 2- la recomposición (o su intento) de la conducción Bloque Nacional Productivo en la Argentina, que si bien se presenta fragmentado, en distintos espacios políticos y con multiplicidad de fuerzas, todos ahora tributan a Roma y Francisco parece marcar los tiempos políticos, actuando como referente de articulación entre todas las fracciones, organizaciones y sectores descriptos anteriormente, con una orientación ideológica socialcristiana moderada y popular y un desarrollismo nacional-popular en lo económico, legitimando una fuerte presencia pública-estatal.

Como observa el analista político de La Nación, Carlos Pagni, el documento de Aparecida (mayo 2007) que dio origen a la alternativa latinoamericana para el Vaticano articulada por Bergoglio: “En el fondo, hay una conexión entre Bergoglio, Chávez, Cristina, que es el componente antiliberal del catolicismo. Hay que leer el documento de Aparecida, que lo escribió Bergoglio. Te encontrás con una enorme dificultad para entender cuál es su diferencia con Chávez.” (Revista Crisis, N°17)

Ello complica a Massa (como al Duhaldismo y a ese sector en general) debido a sus lazos con el sector conservador del catolisismo, que forma parte de sus filas y es el que perdió con Begoglio (como el Opus Dei). Dicho sector tiene una gran presencia en la fracción de grupos económicos locales, comenzando por Pérez Companc (principal empresa Molinos Río de la Plata) 

Los duros ataques tanto de la CNN como de la FOX (por las críticas de Francisco a la economía de mercado), los golpes solapados del Bloque Financiero hacia el nuevo papa jugando en la interna Vaticana (que no van hacia un enfrentamiento abierto, todavía, debido a la legitimidad de Francisco), son indicadores de la lucha que se libra a nivel continental, haciendo inteligible las nuevas alianzas del Vaticano con las fuerzas que sostienen el Mercosur y el Alba.     

El accionar de Francisco y sus cuadros, por otra parte, se dirige a unificar la CGT como herramienta central para conducir al movimiento obrero organizado, fortalecerlo y ubicarlo como base social fundamental (columna vertebral) de la recomposición del proyecto “nacional-latinoamericano”, bajo los parámetros clásicos de la doctrina social de la Iglesia. Además, logra conquistar sectores de lo que denominamos progresismo, que en un principio se opuso tenazmente a su elección.

7-      Por la independencia económica. El problema de cuál es el núcleo de acumulación
Como observamos al describir someramente la situación de cuello de botella en la que nos encontramos, que coincide con un estancamiento general del proceso de transformación de integración regional autónomo y un cambio en las condiciones de la lucha entre bloques de poder a nivel mundial, en la órbita económica es dominante el capital financiero transnacional (gran agro, gran industria, gran banca, gran comercio, gran mass media, etc.). Por lo tanto, al ser dominante el proyecto financiero extractivo exportador en la órbita económica, ello implica que desde dicha fortaleza influye en el Estado, en tanto expresión de un relación de fuerzas en un territorio social, impidiendo el avance de otros proyectos políticos estratégicos.

El contexto general y la situación local que permitía avanzar a pesar de esta condición, debido a las relaciones de fuerza existentes en la órbita política y en la órbita ideológica cultural, y por las condiciones de fragmentación del Bloque financiero (lucha entre bloques de poder, lucha interimperialista), se han modificado. Se ha llegado a un límite y entramos en momento de transición que constituye un punto de bifurcación estratégico.

El nudo a desatar es el siguiente: desde dónde, cómo y con quiénes desarrollar una matriz productiva que nos de independencia económica, producción con alto valor agregado, altos salarios, pleno empleo y formalidad.

Lo primero que hay que definir es el núcleo de acumulación tecno-productivo en relación al sujeto y a la alianza que puede llevar adelante este plan. En este sentido, si la acumulación ampliada y los cambios en la composición (técnica/orgánica) van a ser llevados adelante por el capital financiero transnacional o el multinacional, entonces por lo que vimos estos objetivos son irrealizables. Los núcleos tecno-productivos de alto valor agregado están en los centros-nodos de la red de las cadenas de valor global, en función del plan de capital financiero global, sus intereses y sus ganancias, dando lugar a una estructura local hiperespecializada, orientada a los agronegocios y el extractivismo, con altos niveles de extranjerización, y la necesidad de importación de bienes intermedios, capital y servicios de altos conocimientos enlazados al proceso productivo. Ello, sumado a la dependencia financiera y la subordinación al crédito externo, conlleva a una escasez crónica de divisas que se resuelve con endeudamiento y aumento en los saldos exportables a través de la baja de salarios y el subconsumo.

  Por otro lado el proyecto “productivo” neodesarrollista, como “modelo” de capitalismo se inscribe en lo que se podría denominar un fordismo periférico “negociado”, con relaciones laborales de tipo neotayloristas. Es decir, un capitalismo periférico de desarrollo medio, de producción de bienes de baja complejidad y de bajo y medio valor agregado, con una estructura industrial desintegrada pero de cierto desarrollo y protección del mercado interno, que adopta el paradigma flexible en las relaciones capital trabajo con su consecuente precarización y fragmentación laboral. Es decir, constituye un conjunto de políticas económicas y variables económicas en relación a fracciones de clases, que impone un paradigma productivo basado en la mecanización en industrias de baja y media complejidad –textil, alimenticia, petroquímica, siderometalúrgica— y el desarrollo de la construcción (todos los sectores en los cuales participan los empresarios integrantes del Grupo Productivo), que se complementa a los agronegocios; con un “régimen de acumulación” de ampliación relativa del mercado interno e inversión estatal en infraestructura; y un modo de regulación neotaylorista, es decir de flexibilización laboral, con un mercado de trabajo fragmentado y una dualización de los obreros entre los que se encuentran bajo regímenes “semi-fordistas”, con derechos laborales, contratación colectiva e intensidad en el consumo de la fuerza de trabajo pero bajo modalidades flexibles sin involucramiento de los trabajadores en la calidad e innovación, y por otro lado, amplios sectores en negro, ultra-flexibilizados y pauperizados, de muy baja productividad, muchos de los cuales constituyen una “población sobrante” con subsidios estatales que garantizan mínimas condiciones de reproducción, aunque se encuentran “incluidos” como masa de consumidores pobres. A ello se agrega a un conjunto de políticas activas para el desarrollo económico y la promoción del “empresariado nacional”.

Desde el desarrollismo nacional estas políticas se complementan con una mayor intervención estatal, recuperación de ciertas industrias estratégicas de Estado (allí donde fracasa la administración privada), mayor impulso a la promoción de la pequeña y mediana burguesía nacional –sujeto de una nueva matriz productiva nacional— y a la sustitución de importaciones. Además, la profundidad de la alianza con lo nacional popular Latinoamericano, con el “campo popular”, con el proyecto del Estado la Producción y el Trabajo, impulsa mayores políticas sociales y distributivas, a la vez que una mayor influencia de los programas que profundizan una nueva matriz ideológica y productiva (como vimos en la etapa 2008-2011).

Sin embargo, ningún actor privado nacional puede llevar adelante y constituir, aunque tenga ayuda del Estado, núcleos de acumulación tecno-productivos de alto valor agregado desde donde dinamizar un proceso económico para cambiar la matriz productiva. Ni siquiera puede ser un actor nacional ya que la escala, en el actual escenario económico mundial y con el actual nivel de concentración económica, debe ser de escala regional (MERCOSUR-UNASUR-ALBA).  

Como sucedió históricamente (y también, parcialmente, en los últimos años), la única forma de avanzar en dicha transformación es que la alianza nacional popular entre la Producción y el Trabajo, el conjunto del campo popular, en una alianza Latinoamericana, desarrollen un plan estratégico desde lo público-estatal, recuperando y desarrollando las industrias estratégicas de Estado, el complejo científico-tecnológico, la nacionalización del comercio exterior a través del IAPI del Siglo XXI (por lo menos para los agro-negocios, sustituyendo a las comercializadoras transnacionales) y un plan de sustitución de importaciones que genere 1.250.000 puestos de trabajo, tendiente a generar pleno empleo y disminuir los niveles de informalidad y precarización laboral.

De esta forma, los sectores nacionales de la producción pasan de estar subordinados al capital transnacional y multinacional, que succionan nuestras riquezas, a ser parte de la Red enlazada por nodos tecno-productivos nacionales-latinoamericanos de alta complejidad y valor agregado. Esta es la forma de tener plan propio, salir de la subordinación global-transnacional negociada, consolidar la independencia económica, y empezar a resolver en términos reales la situación de la mitad de los argentinos con problemas de empleo que se intenta incluir con políticas sociales.

Esto implica rearticular la unidad estratégica entre los trabajadores (en sus distintas fracciones) y la alianza social con la pequeña y mediana burguesía. Esto aparece simbólicamente en las representaciones de las tradiciones populares como la alianza nacional, popular y democrática entre trabajadores (ocupados y desocupados), clases medias y empresarios nacionales.  

El problema es avanzar en el “espíritu estatal” de los trabajadores (en términos integrales), que supere e incluya al momento gremial, para salir del carácter de categoría subalterna en una formación social, y desarrollar un proyecto político estratégico. Es decir, espíritu estatal en el sentido de resolver desde los pueblos un modo de vida, desde la profundización del proceso de transformación. Por lo tanto, avanzar en lo que en definimos como El Salto a la Política de las mayorías populares, para cambiar las relaciones de fuerza en el Estado.

Del laberinto de la puja distributiva se sale por “arriba”, es decir, en tanto puja político estratégica, se sale modificando las relaciones sociales existentes (de producción, de poder) más que negociando o controlando desde las mediaciones institucionales las relaciones sociales existentes. Como se observa en la coyuntura, se profundiza o se retrocede. Y las condiciones de oportunidad histórica son propicias para la profundización.  



[1] “Un análisis de cinco productos destacados de estas industrias lo demuestra (ver cuadro). Así, la bolsa de 50 kilogramos de cemento portland acumula una variación en su precio del 550,31% entre 2001 y 2013. En el caso de la chapa de acero trapezoidal (un commodity de la industria siderúrgica), la expansión del precio fue del 906,9% en ese mismo lapso. El precio del hierro aletado (esas barras de hierro largas que se ven en las obras de construcción de edificios) varió la friolera de 1187,06%, un porcentaje similar al de la malla soldada lisa (también empleada en construcción), con 1147,83 por ciento. Esto mientras que el tipo de cambio oficial se incrementó en un 428%, el índice de precios mayorista-nivel general del Indec lo hizo en un 476,22% y el salario industrial en un 781,10 por ciento.” Randy Stagnaro, Tiempo Argentino, 9 de diciembre de 2013.



[i] Esto fue desarrollado en el artículo: “Lucha entre polos de poder por la configuración del orden mundial. El escenario actual” en Revista de Estudios Estratégicos, N°1, Centro de Investigaciones en Política Internacional (CIPI), Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI), La Habana, Cuba.

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