25/2/14

Rusia y Europa se enfrentan por Ucrania

Por Eduardo Febbro-Página 12


Desde París

La crisis interna de Ucrania que, después de un baño de sangre, desembocó en la estrepitosa fuga del presidente Victor Yanukovich, reavivó al extremo las tensiones entre Rusia y la Unión Europea. Rusos y europeos pelean desde hace años por acrecentar su influencia en esa zona. Moscú salió al paso de los festejos democráticos del Oeste para poner en tela de juicio no sólo el movimiento revolucionario que derrocó al presidente Yanukovich, sino también la postura de los dirigentes del Viejo Continente que se apuraron en celebrar la victoria de los “pro europeos “de Ucrania y, de inmediato, reconocer a las nuevas autoridades. El primer ministro ruso, Dmitri Medvedev, abrió fuego primero cuando dijo que, “si se considera que la gente que se pasea por Kiev (capital de Ucrania) con máscaras negras y fusiles Kalashnikov son el gobierno, entonces nos será difícil trabajar con semejante gobierno. Parece que es una aberración considerar como legítimo lo que es en realidad el resultado de una revuelta”. Luego intervino el ministro ruso de Relaciones Exteriores, Serguei Lavrov, quien denunció tendencias “dictatoriales” y “métodos terroristas” por parte de las nuevas autoridades. En este juego sucio de influencias, a Moscú le preocupa la situación de los responsables políticos de Crimea, del este y del sur de Ucrania, que son en su mayoría ruso hablantes.

Las críticas emitidas por Rusia son detalladas y acusan directamente a los occidentales de traición: Moscú cuestiona el papel que desempeñó la Unión Europea en la revuelta. Los dirigentes rusos sostienen que el acuerdo firmado el viernes pasado entre el depuesto Yanukovich y la oposición a través de una mediación de la Unión Europea sirvió en realidad de “pretexto” para esconder “hechos consumados”. Rusia le incrimina a Occidente el hecho de haberse dejado llevar por “cálculos geopolíticos” destinados únicamente a asentar su influencia. Los dos bloques ya se habían enfrentado hace unos meses en torno del apoyo que la UE le daba al sector “pro europeo” de la oposición y a sus intentos por amarrar a Ucrania en los puertos de Occidente. La primera vuelta de esta batalla la ganó el presidente ruso; la segunda, ahora, los europeos. En noviembre pasado, la Unión Europea fracasó en su intento de incluir a Ucrania en una Asociación Oriental con el bloque junto a otros Estados de Europa oriental, Ucrania, Moldavia, Bielorrusia, Armenia, Azerbaiján y Georgia. De esas seis repúblicas que recuperaron su autonomía con el desmembramiento de la Unión Soviética únicamente dos, Moldavia y Georgia, pactaron con la UE su integración en la Asociación Oriental. Desde la desaparición del Muro de Berlín en 1989, Europa occidental no ha cesado en sus intentos por alejar de la influencia de Moscú a los países que antes formaban parte del Pacto de Varsovia. Lo logró con Polonia, República Checa –antes Checoslovaquia–, Eslovaquia, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Eslovenia, Bulgaria, Rumania y Croacia. Ahora está a un paso de ganarse también a Ucrania.

En cuanto Yanukovich se volvió un fugitivo, su remplazante, el presidente interino, Alexander Turchynov, se apuró en adelantar que pensaba acercarse mucho más a la Unión Europea. La cuestión de la influencia es vital para los rusos. En cuanto a las nuevas autoridades amagaron con un estrechamiento de los lazos con el Oeste, Rusia anunció que, de ser así, subiría los aranceles de las importaciones provenientes de Ucrania. Esta antigua república de la Unión Soviética se encuentra en una situación financiera crítica. Depende mayoritariamente de Rusia para el suministro de energía y una cuarta parte de su comercio exterior lo realiza con su vecino ruso. Según el ministro de Finanzas interino de Ucrania, Yuri Kolobov, Kiev necesita una ayuda equivalente a “35 mil millones de dólares para el período 2014-2015 “.

Ucrania puede soñar tranquila. Por ahora, ni el Fondo Monetario Internacional ni la UE van a pagar la cuenta. Habrá que esperar hasta la elección presidencial anticipada del próximo 25 de mayo y la posterior formación de un gobierno legítimo para ver hasta dónde la UE llega con su ayuda, siempre, desde luego, con la intervención de ese destructor de naciones que es el FMI. No obstante, es incontestable que el presidente ruso, Vladimir Putin, perdió una partida importante. El año pasado había ganado una a último momento cuando impidió que Occidente interviniera en Siria. Ahora le tocó el otro lado de la medalla. La caída de Yanukovich y de su régimen, fuertemente apoyados por Moscú, es una severa derrota para Putin, tanto más cuanto que el nuevo poder es una emanación de la voluntad popular de Ucrania de acercarse a Occidente e integrar el espacio de la Unión Europea. El presidente ruso vio esfumarse en un par de días toda una estrategia cuyo eje central estaba constituido por Ucrania y el poder que le era favorable: impulsar la creación de un espacio económico y de una suerte de núcleo de influencia en fusión de la era postsoviética. Moscú y Kiev eran los cimientos de ese proyecto. Uno de ellos cambió de rumbo para situarse allí donde Putin no quería: la Unión Europea.

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