19/2/14

La economía según el cristianismo

Islam en Mar del Plata comparte este artículo publicado en el diario La Nación. El autor, Orlando J. Ferreres,  señala con "orgullo" esta interpretación capitalista de Jesús...Lamentable, pero peligrosa visión apoyada por la lectura de la biblia que hacen los judíos..


La fotito del nuevo apóstol...

Con un Papa argentino se ha reactivado en nuestro país el interés de muchas personas por el tema religioso. También las discusiones en relación a lo que dicen las Sagradas Escrituras sobre muchos temas y, en particular, sobre las cuestiones económicas. No es un tema fácil y tiene muchos ángulos para enfocarlo. Aquí tomaremos el de los mandatos económicos que aparecen en las primeras páginas de las Sagradas Escrituras.

Al principio del Génesis leemos que Dios, después de haber creado el mundo y todas las cosas, en el sexto día se dice: "Creemos al hombre según nuestra imagen y semejanza". Y al hacerlo vio que toda su creación " era muy buena" y le dio al ser humano solo dos mandatos:

1. Creced y multiplicaos. ("Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra")
2. Dominad todo lo que hay en la Tierra. ("Sometedla; dominad" la tierra)

Estoy siguiendo los relatos de la Creación según la Biblia de Jerusalén, Desclée de Brouwer, Bruxelles (1967).

Según los teólogos, Dios deja en cierto sentido el mundo inconcluso para que el Hombre, con su trabajo, colabore con Él en la creación y lo vaya completando, hasta el " Sabbat" o sea hasta el "fin de los tiempos".

Sintiéndose conforme con la Creación del mundo y del Hombre, Dios lo bendice y lo pone en " el Edén", ut operaretur , "para que lo trabaje".

O sea que el trabajo es la forma de colaborar con la creación de Dios, es una bendición del Creador y por esto mismo es una de las formas más importante de santificarse cotidianamente haciendo bien las tareas ordinarias y ofrecerlas al Creador. No podemos ofrecer al Creador un trabajo mal hecho o que podría estar mucho mejor terminado. Después de la Caída, el trabajo siguió siendo la forma de colaboración con Dios, una forma de santificarse y dignificar al ser humano, pero con esfuerzo y cansancio.

El primer mandato significa crecer. Se refiere a aumentar la población y ocupar el mundo entero, llegar a todos los rincones del planeta o de los planetas. Lo estamos cumpliendo, quizá sin saberlo.

En el segundo mandato, la instrucción es desarrollar todo el mundo, "dominarlo", es decir hacerlo cada vez más bueno, transformándolo para una vida mejor y más abundante para todos los humanos. ¿De qué forma? Mediante el trabajo bien hecho. ¿Hasta cuándo? Hasta el final de los tiempos, el glorioso Sabbat en que descansáremos con Dios, en el séptimo día de los tiempos. Mientras tanto, aunque logremos muchas metas, siempre querremos proponernos nuevos desafíos, nuevos trabajos pues "nuestro corazón inquieto, no descansara hasta encontrarte", como dice San Agustín en uno de sus pensamientos más conocidos. O sea, siempre tendremos que trabajar y siempre hacerlo bien, lo más perfecto que podamos.

Para cumplir nuestro mandato cada uno de nosotros tendrá una profesión, carpintero, carnicero, albañil, electricista, técnico de internet, economista, periodista, médico, político, agricultor y todas las demás. A través de los milenios, muchas veces perdemos el sentido de las cosas que hacemos cotidianamente y del origen y destino de nuestra vida, pero también hay momento en que nos re-ligamos con el Creador (re-ligión significa eso, volver a ligarnos con el origen) y recuperamos el sentido final de todas las cosas y su extraordinaria belleza.

La profesión también significó originalmente la forma de re-ligarnos con el Creador. Profesión (= qué trabajo hago) y profesión (= qué religión profeso) son dos palabras del mismo origen. Algunas de estas palabras van perdiendo su sentido primitivo con el paso de los siglos pero debemos recuperar su verdadero significado para entender nuestro origen y destino de una manera más verdadera.

¿Cómo debe ser hecho el trabajo? De manera que el mismo, sea individual u organizado colectivamente mediante empresas, sea eficiente y bien hecho, es decir que agregue valor a aquello que se aplica a sus distintos componentes de bienes y servicios.

¿Cómo se puede fundamentar esto en la Biblia? Por medio de la enseñanza de la parábola de los talentos, predicada por Jesucristo, en el Nuevo Testamento (Mateo, 25, 14). Un señor se va de viaje y le distribuye a tres de sus administradores distinta cantidad de talentos. El talento significaba mucho dinero en aquella época (1talento de oro pesado= 58k 900 g, en la época del N.T.). Al cabo de los años, al volver a su tierra, el señor les pide cuenta de los talentos entregados. El primero con cinco obtuvo otros cinco y el señor lo felicita y le dice que pase a gozar con él en su morada. El segundo con dos obtiene otros dos y el señor también lo felicita y lo hace pasar con él. El tercero con un talento no obtiene ningún resultado pues lo enterró por miedo a perderlo e hizo esto porque le tenía mucho miedo a su señor, pues " era muy malo y le gustaba cosechar donde no había sembrado". El señor lo desaprueba y lo manda a " afuera, donde rige el rechinar de dientes y las tinieblas" y le indica " al menos lo hubieras colocado a interés y me hubieras brindado el rendimiento". Es fundamental entonces producir resultados, obtener un bien o servicio de mayor valor que el original con el trabajo humano en sus distintas formas. Para ello estamos dotados de los "talentos" necesarios.

Otro ejemplo claro es el caso del joven rico, que le pide a Jesús "Maestro, ¿qué tengo que hacer para merecer la vida eterna?". Jesús le dice " debes guardar los mandamientos". El joven le responde que "eso lo he hecho desde mi juventud". Jesús admirado le dice si quieres hacer aún más "¡vende todos tus bienes, entrega el dinero a los pobres y sígueme!" Pero el joven rico se apenó y no lo siguió "pues tenía muchos bienes". Se ha juzgado esta parábola como una reprobación de los bienes. Sin embargo, al decir Jesús " vende todos tus bienes" ( no dice regala tu empresa sino el producido de la venta de tu empresa, la cual queda intacta produciendo) lo que señala es que la transformación del mundo debe seguir, el sistema productivo debe continuar, pero que Él puede llamar a algunos a alejarse del mundo, sin necesidad de bienes materiales, para una más completa dedicación a Dios, pero esa no es una profesión para todos, cada uno debe seguir su vocación, es decir, su llamada. Deja Jesús, pues, intactos los mandatos económicos del Génesis.
La Biblia, "el libro" que en griego era plural (Byblos, los libros) según la feliz expresión de Borges, contiene muchas enseñanzas económicas que deben ser entendidas con la clave de "transformar el mundo", "desarrollarlo". Hay algunos hombres y mujeres a los que Dios les pide una dedicación exclusiva a la vida religiosa, como ocurrió con Melquisedec, nuestro padre en la Fe y con una de las 12 tribus de Israel, pero los demás tienen también un mandato divino de transformar positivamente el mundo, cuidando el planeta, haciéndolo con la mayor perfección posible. La dimensión de un artículo no permite extenderse con todos los detalles que serían necesarios para explicar un tema tan controvertido, pero se puede consultar mi trabajo y el de otros en " Recrear el Humanismo Cristiano, visión desde la Economía" Ed San Pablo (separata) 2005, para tener una visión más detallada sobre estas ideas.

Lo principal es que la economía y los bienes no están reñidos con la re-ligión, al contrario, son parte de nuestro destino como seres humanos, pero que la mayoría cumplimos sin darnos cuenta de la grandeza que implica esta co-creación del Hombre con Dios, que seguirá hasta el final de los tiempos. Cada vez que innovamos, que descubrimos una nueva forma de un producto o servicio, estamos contribuyendo a completar la Creación, proceso que seguirá así aún con el paso de los milenios, aunque no lo sepamos o no creamos en ello.

La Constitución Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II (Nro. 34) resume de manera insuperable la relación entre la economía, el trabajo humano y el Creador cuando afirma:

"Una cosa es cierta para los creyentes: que el trabajo humano, individual o colectivo, es decir el conjunto ingente de los esfuerzos realizados por el hombre a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida, considerado en sí mismo, responde a la voluntad de Dios... Esta enseñanza vale igualmente para los quehaceres más ordinarios. Porque los hombres y mujeres que, mientras procuran el sustento para sí y su familia, realizan su trabajo de forma que resulte provechoso y en servicio de la sociedad, con razón pueden pensar que con su trabajo desarrollan la obra del Creador, sirven al bien de sus hermanos y contribuyen de modo personal a que se cumplan los designios de Dios en la historia".

Me siento orgulloso de pertenecer a la tradición occidental judeo-cristiana de la vida y trato de aplicar lo mejor posible sus enseñanzas en la actividad productiva, social y familiar concreta de cada día.

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