31/1/14

El Islam en los montes de Chiapas

Cientos de indígenas profesan el islam, convertidos por españoles musulmanes
Llegaron a la selva Lacandona hace dos décadas, tras la revolución de Marcos


Un grupo de niños estudia el Corán en Chiapas. J. G. GARCÍA

JACOBO G. GARCÍA Enviado especial San Cristóbal (Chiapas, México)


Hace 20 años un grupo de españoles musulmanes aterrizó en Chiapas con el objetivo de convertir al islam a los zapatistas. Éstos no les hicieron ni caso;pero, aun así, se quedaron en San Cristóbal de Las Casas, donde comenzaron a convencer a algunos indígenas.

Aureliano Pérez, hoy Shayk Nafia o emir Mohammed Nafia, yEsteban López, hoy Hayy Idriss, viajaron a la selva Lacandona para hablar con el subcomandante Marcos. Su intención era lograr que el zapatismo tomara el camino del Corán y unirse a otros "pueblos rebeldes" del mundo.

Pensaba que el islam y los insurgentes encapuchados estaban muy vinculados. Marcos no les recibió, pero envió a dos colaboradores para reunirse con ellos, el comandante Tacho y el entonces mayor -hoy subcomandante- Moisés. "Se quedaron sorprendidos con lo que les contamos, porque era lo último que esperaban oír en el mundo", recuerda Nafia, un orondo imán de 60 años que nació en Granada y lleva dos décadas viviendo en Chiapas.

Desde Chechenia a Euskal Herria

En aquel momento, Nafia se presentó como representante de un movimiento que incluía a "Chechenia, Cachemira, Euskal Herria y otros pueblos que están en la vanguardia de la lucha contra el tiránico orden bancario mundial, y con los que nosotros tenemos relaciones de colaboración, difusión, orientación y apoyo en sus diferentes luchas. Ellos nos han pedido que os transmitamos su invitación a compartir el esfuerzo de la lucha hasta la victoria final".

Ahí murió todo. Sin embargo, durante 20 años Nafia siguió trayendo a españoles -la mayoría, andaluces- que han convertido a "unos 1.000 indígenas", explica en su restaurante de San Cristóbal de Las Casas, La Alpujarra, donde se vende el mejor aceite de oliva que puede encontrarse en México. La mayoría de nuevos musulmanes son indígenas Tzotziles (de San Juan Chamula), que han cambiado el güipil por la chilaba después de acabar a tiro limpio entre católicos y evangélicos. "En realidad, no pasan de 300 indígenas convertidos", dice Gaspar Morquecho, antropólogo e investigador de los musulmanes en Chiapas.

Indígenas como Sálima Collazo (antes Julia), de 25 años, que dejó la religión evangélica junto a toda su familia durante una fiesta. "Antes no entendía nada, tenía el corazón vacío pero el islam me ha cambiado la vida. Me siento diferente", resume. "Al principio, por usar el pañuelo la gente se burlaba de mí y me decía que si estaba enferma o si tenía bichos", recuerda. Eran los tiempos en que nadie había oído hablar del islam en Chiapas. Pero "a partir del atentado contra las torres gemelas de Nueva York, todo cambió", reconoce el imán.

Alternativa al catolicismo y la Iglesia evangélica

"Tuvimos una excelente acogida. Para nosotros, los indígenas eran extraterrestre pero poco a poco comenzaron a acercarse. Aquí encuentran respuestas que no les dan ni los católicos ni los evangélicos", resume Nafia. En su opinión, la cercanía de los chamulas con el islam obedece a que los indígenas "no la ven como una religión sino como una forma de vida", explica Nafia, quien utiliza traductor para explicar el Corán a los indígenas. Entre este grupo de musulmanes granadinos vivió hace años Aureliano Pérez, cuñado de la ex ministra de Cultura de uno de los gobiernos de Zapatero, Carmen Calvo.

¿Es más fácil convertir a los pobres? "Sí, los pobres son más limpios de corazón. A los indígenas les cala más el islam que a un español porque allí están sólo preocupados por el banco, las hipoteca...", dice Abderramán Lago, nacido en Pontevedra. "Los pobres, que no miserables. El mexicano tiene dos particularidades: está poco informado [se refiere a la mala imagen del islam en los medios de comunicación] y es de naturaleza creyente y tiene buen corazón".

Hayy Idriss, antes Esteban López, de Jaén, dirige la madrasa yrecita el Corán frente a 17 niños que sostienen las tablas de madera. Los viernes se celebra la oración y todos hacen la purificación (limpieza de brazos, pies, ojos, oídos y boca) antes de entrar descalzos.

Los niños recitan en un idioma surgido a miles de kilómetros y de los dioses de aquí, mientras se balancean sobre la alfombra. Sincretismo en estado puro. Impecable acento de Jaén del maestro y unos cánticos que no se diferencian en mucho de los de los indígenas católicos de San Juan Chamula que rezan hincados y ahumados por el copal frente a sus santos, a los que ofrecen comida, 'posh' (bebida indígena) o Coca-Cola, a cambio de bendiciones.

A pocos metros de allí, el próximo año inaugurarán en San Cristóbal la mezquita Imán Malik, la más grande del país, con espacio para 1.000 personas, gracias a las donaciones llegadas desde Europa y Oriente Próximo.

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