30/12/13

Turquía, entre Erdogán y Gulen

La "Santa Mafia" turca plantea su primera gran batalla política contra Tayip Erdogán


Manuel Martorell
Cuarto Poder


Como en España, la mayor parte de la población de Turquía es consciente de los altos niveles de corrupción existentes dentro de la clase política y, como aquí, cuando se descubre la implicación del Gobierno en estos escándalos, estalla la indignación popular. La diferencia de la actual crisis política de Turquía, probablemente la de mayor envergadura desde que el islamista Tayip Erdogán está en el poder, estriba en que nos encontramos ante una guerra abierta entre las dos grandes tendencias islámicas que le daban su apoyo.

La primera de ellas, liderada por el propio Erdogán, tiene un carácter más político y es la dominante en el gubernamental Partido del Desarrollo y la Justicia (AKP); la otra sería más estrictamente religiosa y estaría representada por Fethullah Gulen, un magnate turco afincado en Estados Unidos impulsor del movimiento Hizmet (Servicio), una poderosa cofradía transnacional dedicada a la formación de la juventud y con numerosos seguidores dentro de la Administración del Estado.

En este sentido, la cofradía de Fethullah Gulen, dejando de lado las diferencias teológicas, tendría muchas similitudes con el Opus Dei ya que, además de buscar una adaptación modernizadora de la religión, su estrategia consiste en la captación de élites y cuadros para aumentar su incidencia social, especialmente en el terreno educativo.

En solo tres décadas, este movimiento se ha convertido en una extensa red de centros educativos, de investigación, culturales y universidades presentes en más de cien países y con varios millones de seguidores. En Turquía, además, se considera próximo a la cofradía el periódico Zaman, el de mayor tirada, y la cadena de televisión Samanyolu.

Una de sus instituciones estrella eran precisamente las Dershane, una especie de colegios mayores privados dedicados a la preparación de los estudiantes que quieren acceder a la Universidad. De ellas, el movimiento Hizmet sacaba buena parte de sus recursos económicos hasta que el pasado mes de septiembre el Gobierno decidió cerrarlas.

Pero, aunque, el cierre de los Dershane haya sido el desencadenante de la ruptura entre Fethullah Gulen y Tayip Erdogán, este contencioso solo culmina una serie de desencuentros entre las dos tendencias islamistas a lo largo de los tres últimos años.

Esta congregación religiosa se ha distinguido siempre por sus buenas relaciones con determinados centros de poder económico y político internacionales, especialmente en Estados Unidos, no faltando tampoco vínculos con grupos semejantes incluso en Israel. Por esta razón, no sorprendieron sus críticas al envío de la Flotilla de la Libertad a Gaza, una operación humanitaria apoyada por Erdogán y cuyo asalto por las fuerzas especiales del ejército hebreo provocó la práctica ruptura de relaciones entre los dos países.

Para Fethullah Gulen aquella flotilla violaba las leyes internacionales, suponía una provocación y consideraba que antes se tenía que haber intentado un acuerdo con las autoridades israelíes para canalizar la ayuda a los palestinos. De la misma forma, Gulen se ha sido contrario, a diferencia de Erdogán, a la implicación de Turquía en la guerra de Siria.

Otro importante desencuentro se ha producido en la trascendental cuestión kurda. Partidarios de cambios cosméticos que no supongan grandes transformaciones políticas, sociales y económicas, los “gulenistas” aceptan reconocer al pueblo kurdo los derechos culturales pero no los políticos porque eso pondría en cuestión la estabilidad del Estado. En consecuencia, se oponen a las actuales negociaciones con las guerrillas del PKK.

De hecho, no son pocas las voces que responsabilizan al que fuera ministro del Interior hasta hace un año, Idris Nahim Sahin, próximo al movimiento Hizmet, de la oleada de detenciones que llevó a cientos de militantes kurdos a prisión, poniendo así en peligro el proceso negociador iniciado en Oslo el año 2010. El pasado mes de enero fue sustituido por Muamar Guler, precisamente uno de los ministros que han tenido que dimitir debido a las denuncias por corrupción junto a los de Economía y Medio Ambiente.

Todos los medios apuntan a que la Santa Mafia turca ha movido los hilos de esta operación policial contra la corrupción, devolviendo así el golpe por el cierre de las Dershane y la destitución de Idris Nahim. Un caso muy parecido, aunque al revés, al “escándalo Matesa”, con el que el año 1969 “los azules” intentaron defenestrar del Gobierno franquista a los “tecnócratas” vinculados a la Obra de Dios.

El propio Erdogán ha acusado, sin citarlo expresamente, al movimiento Hizmet de lanzar la actual campaña utilizando sus peones en la Policía y el sistema judicial, además de construir “un Estado dentro del Estado”. Su polémica decisión de destituir a cientos de policías y obligar por decreto a los agentes que informen a sus superiores cuando realicen detenciones o pesquisas por orden judicial, no ha hecho más que echar leña al fuego. Ahora son las asociaciones de juristas e, indirectamente, el Consejo de Estado quienes le acusan de violentar la Constitución porque tal medida cuestiona la separación de poderes.

Se trata de una verdadera batalla política para que Erdogán llegue lo suficientemente debilitado a los comicios municipales de marzo y pueda ser derrotado en las elecciones presidenciales de agosto, las primeras en las que el Presidente será votado directamente por los electores.

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