27/12/13

Todos participan en el Nuevo Gran Juego

Pepe Escobar-Asia Times Online


Traducido para Rebelión por Germán Leyens


La gran historia de 2014 será Irán. Por cierto, la gran historia de principios del Siglo XXI nunca dejará de ser EE.UU.-China, pero en 2014 sabremos si un acuerdo exhaustivo que trascienda el programa nuclear iraní es factible; y en este caso la miríada de ramificaciones afectará todo lo que está en juego en el Nuevo Gran Juego en Eurasia, incluido EE.UU.-China.

Tal como están las cosas, tenemos un acuerdo interino de los P5+1 (Los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania) con Irán, y ningún acuerdo entre EE.UU. y Afganistán. Por lo tanto, una vez más, tenemos Afganistán configurado como un campo de batalla entre Irán y la Casa de Saud, parte de un juego geopolítico jugado en superdirecta desde la invasión de Irak por EE.UU. en 2003 a lo largo de la costa norte del Mediterráneo hasta Khorasan y el Sur de Asia.

Además existe el elemento de la paranoia saudí, extrapolando del futuro de Afganistán la perspectiva de un Irán totalmente “rehabilitado” que llegue a ser aceptado por las elites político/financieras occidentales. Esto, a propósito, no tiene nada que ver con esa ficción, la “comunidad internacional”; después de todo, Irán nunca fue excluido por los BRICS (es decir Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), el Movimiento de No-Alineados y la mayor parte del mundo en desarrollo.

Esos malditos yihadistas

Todo protagonista importante en el gobierno de Barack Obama ha advertido al presidente afgano Hamid Karzai que o firma un “acuerdo de seguridad” bilateral que autorice alguna alternativa a la ocupación estadounidense o Washington retirará todas sus tropas hasta fines de 2014.

El astuto títere Karzai sacará todo el provecho posible de todo esto – como ser conseguir concesiones explícitas. Sin embargo, pase lo que pase, Irán mantendrá, si no aumentará, su esfera de influencia en Afganistán. Esa intersección de Asia Central y del Sur es geopolíticamente crucial para los iraníes a fin de proyectar poder, solo en segundo lugar frente al Sudoeste de Asia (que llamaremos “Medio Oriente”).

Ciertamente debemos esperar que la Casa de Saud utilice todo truco sucio imaginable disponible a la imaginación de Bandar bin Sultan, alias Bandar Bush, de Arabia Saudí, para manipular a suníes en todo Afpak [Afganistán-Pakistán] con el objetivo de, esencialmente, impedir que Irán proyecte poder.

Pero Irán puede contar con un aliado crucial, India. A medida que Delhi acelera su cooperación de seguridad con Kabul, llegamos al escarchado sobre el Hindu Kush; India, Irán y Afganistán desarrollando su rama meridional de la Nueva Ruta de la Seda, con un nicho especial para la carretera que conecta Afganistán con el puerto iraní de Chabahar (Afganistán llega al Océano Índico).

Por lo tanto hay que esperar todo tipo de interpolaciones de una alianza Irán-India orientada contra un eje saudí-paquistaní. Ese eje ha estado apoyando a todo tipo de islamistas en Siria – con resultados nefastos, pero porque Pakistán también ha sido afectado por una violencia espantosa contra chiíes, Islamabad no estará demasiado interesado en estar alineado demasiado estrechamente con la Casa de Saud en AfPak.

Sucede que Washington y Teherán, por su parte, están una vez más alineados (¿recordáis 2001?) en Afganistán; ninguno de los dos quiere que haya yihadistas de la línea dura deambulando por ahí. Incluso Islamabad –que desde cualquier propósito práctico ha perdido toda su influencia con los talibanes en AfPak– quisiera que los yihadistas se esfumaran.

Todos estos protagonistas saben que cualquier cantidad de fuerzas estadounidenses y una multitud de contratistas no llenarán el vacío del poder en Kabul. Es muy probable que todo el asunto siga siendo tenebroso, pero esencialmente el escenario apunta a las encrucijadas de Asia Central-del Sur como el segundo por su tamaño campo de batalla geopolítico y sectario en Eurasia después del combo Levantino-Mesopotámico.

¿Ninguna energía de nuestro vecino?

En la misma medida que India, Irak también está a favor de un acuerdo exhaustivo con Irán. Y pensar que Irán e Irak podrían haber estado involucrados en una silenciosa carrera armamentista nuclear a fines del siglo pasado, solo para que Bagdad ahora defienda ferozmente el derecho de Teherán a enriquecer uranio. Fuera de que Bagdad depende de Irán para ayuda comercial, electricidad y ayuda material en esa guerra irrestricta contra islamistas/salafistas-yihadistas.

Turquía también acepta un acuerdo exhaustivo con Irán. El comercio de Turquía con Irán solo puede aumentar. El objetivo es 30.000 millones de dólares en 2015. Más de 2.500 compañías iraníes han invertido en Turquía. A Ankara le es imposible apoyar sanciones occidentales; no tienen sentido comercial. Las sanciones van en contra de su política de expansión del comercio. Además, Turquía depende de gas natural barato importado de Irán.

Después de desviarse descabelladamente de su política anterior de “cero problemas con nuestros vecinos”, Ankara despierta ahora a la perspectiva empresarial de la reconstrucción siria. Irak puede ayudar, sobre la base de su riqueza petrolera. Turquía, privada de energía, no puede permitirse ser marginada. Una Siria re-estabilizada significará la continuación del gasoducto Irán-Irak-Siria. Si Ankara juega según las reglas convenidas, se puede pensar en una extensión ­– ajustada a su auto-proclamado posicionamiento como una encrucijada privilegiada del Ductistán de Este a Oeste.

Lo primordial es que el conflicto turco-iraní sobre el futuro de Siria palidece en comparación con el juego energético y el auge del comercio. Eso apunta a que Ankara y Teherán converjan crecientemente hacia el encuentro de una solución pacífica en Siria.

Pero existe un inmenso problema. La Conferencia Ginebra II del 22 de enero representa un clavo en el ataúd de la presión de la Casa de Saud para infligir cambio de régimen a Bacher al-Asad. Una vez más, esto implica que Bandar Bush está listo a proceder de modo absolutamente medieval – utilizando todo el espectro de ejecuciones sumarias, decapitaciones, ataques suicidas y de coches bomba y sectarismo generalizado en todo el frente iraquí-sirio-libanés.

Por lo menos habrá un serio contragolpe; como Sharmine Narwani señala aquí , la antigua “Medialuna chií” –o “eje de la resistencia”– se está reconstituyendo como un “arco de seguridad” contra salafistas-yihadistas. Conceptualizadores del Pentágono del tipo del “arco de la inestabilidad” nunca pensaron en esa posibilidad.

¿Alguien habla de disparates con misiles?

Adultos en Washington –que no son exactamente una mayoría– ya pueden haber visualizado los fabulosos derivados de un acuerdo occidental con Irán al examinar la aprobación de China y la posibilidad de futura ayuda iraní para estabilizar Afganistán.

Para China, Irán es un asunto de seguridad nacional – como máxima fuente de energía (más toda esa miríada de afinidades culturales entre persas y chinos desde los tiempos de la Ruta de la Seda).

Amenazando a un país al que EE.UU. debe más de 1 billón [millón de millones] de dólares con sanciones de tercera parte del Departamento del Tesoro por comprar petróleo iraní parece estar fuera de cuestión, por lo menos por el momento.

En cuanto a Moscú, al aparecer con una solución diplomática para la crisis de las armas químicas en Siria, Vladimir Putin no solo salvó al gobierno de Obama de sí mismo, cuando estaba a punto de lanzarse a una nueva guerra en Medio Oriente con consecuencias potencialmente catastróficas. Inmediatamente después, la puerta se abrió para la primera apertura desde el Muro de la Desconfianza EE.UU.-Irán en 1979.

Crucialmente, después de la firma del acuerdo nuclear interino con Irán, el ministro de Exteriores ruso Sergei Lavrov tiró a matar; el acuerdo anula la necesidad de una defensa de misiles balísticos de la OTAN en Europa Central – con bases interceptoras en Rumania y Polonia que deben estar operacionales en 2015 y 2018, respectivamente. Washington siempre ha insistido en la ficción de que la idea era contrarrestar “amenazas” de misiles desde Irán.

Sin el pretexto iraní, la justificación para una defensa contra misiles balísticos es insostenible.

La verdadera negociación comienza más o menos ahora, a principios de 2014. Lógicamente la jugada final a mediados de 2014 sería no más sanciones a cambio de una supervisión de cerca del programa nuclear de Irán. Sin embargo, es un juego de ofuscaciones superpuestas. Washington se trata de convencer del mito de que esto tiene algo que ver con el control del programa nuclear iraní, un plan alternativo a un ataque de Choque y Pavor de alto riesgo para aniquilar vastas áreas de infraestructura iraní.

Nadie habla, pero es fácil imaginar a los pesos pesados del BRICS Rusia y China informando de paso a Washington sobre el tipo de armamento y de apoyo material que ofrecerían a Irán en caso de un ataque estadounidense.

Teherán, por su parte, quisiera interpretar el vacilante acercamiento como una renuncia de EE.UU. al cambio de régimen, y que el Supremo Líder Ayatola Jamenei paga el precio del elementos de un programa nuclear por el fin de las sanciones.

Asumiendo que Teherán y Washington sean capaces de aislar sus respectivos lobbies confrontacionales –una tarea titánica– los beneficios son obvios. Teherán quiere –y necesita urgentemente– inversiones en su industria energética (por lo menos 200 millones de dólares) y otros sectores de la economía. Las grandes compañías petroleras occidentales ansían poder invertir en Irán. La apertura económica será inevitablemente parte del acuerdo final – y para el turbo-capitalismo occidental esto es indispensable; un mercado de 80 millones de personas en gran parte bien educadas, con una ubicación fabulosa, y nadando en petróleo y gas. [1] ¿Qué deja de gustar en eso?

¿Apaciguador o solo embaucador?

Teherán apoya a Asad en gran parte para combatir el virus yihadista – incubado por acaudalados patrocinadores en Arabia Saudí y el Golfo. De modo que sea cuál sea el sesgo en Washington, no existe ninguna posibilidad de una solución seria para Siria sin involucrar a Irán. El gobierno de Obama parece darse cuenta ahora de que Asad es la menos mala de opciones unánimemente malas. ¿Quién hubiera apostado a algo semejante hace solo tres meses?

El acuerdo interino con Irán es la primera evidencia tangible de que Barack Obama considera realmente la posibilidad de dejar su marca en política exterior en el Sudoeste de Asia/Medio Oriente. Ayuda que el 0.00001% que dirige el show puede haberse dado cuenta de que un presidente de EE.UU. que es percibido globalmente como un mentecato bailarín genera masiva inestabilidad en el Imperio y en todas sus satrapías.

El punto básico es que Obama tiene que respetar a su socio Hassan Rohaní – quien ha dejado en claro a los estadounidenses que debe obtener apoyo político continuo de Jamenei; es la única manera de marginar al poderosísimo lobby religioso/ideológico en Teherán/Qom contra cualquier acuerdo con el anterior “Gran Satán”. De modo que el “Gran Satán” tiene que negociar de buena fe.

Un veterano de la realpolitik (con un corazón blando) diría que el gobierno de Obama apunta a un equilibrio del poder entre Irán, Arabia Saudí e Israel.

Un veterano de la realpolitik más maquiavélico diría que tiene que ver con enfrentar a suníes contra chiíes, árabes contra persas, para paralizarlos.

Tal vez sea una lectura más prosaica que EE.UU. ya no es un protector de la mafia. Ya que casi todos son conscientes de un poderoso lobby israelí y de un casi tan poderoso lobby de petrodólares wahabíes en Washington, nunca se habla de que ni Israel ni la Casa de Saud tengan otro “protector” que EE.UU.

Por lo tanto desde ahora, si la Casa de Saud ve a Irán como una amenaza, tendrá que crear su propia estrategia. Y si Israel insiste en ver a Irán como una “amenaza existencial” –lo que es un chiste– tendrá que encararlo como un problema estratégico. Si una verdadera consecuencia del actual cambio es que Washington ya no librará guerras por cuenta saudí o israelí, ya será un monumental cambio de juego.

Xi Jinping y Vladimir Putin consideran que es de su interés “proteger” al pacificador Obama. Y sin embargo, todos se mantienen en territorio resbaloso; Obama como pacificador –honrando esta vez realmente su Premio Nobel– puede ser solo un reflejo. Y Washington podría seguir marchando hacia un cambio de régimen en Teherán bajo la dirección del próximo inquilino de la Casa Blanca después de 2016.

Para 2014, sin embargo, muchas señales apuntan a un cambio tectónico en el mapa geopolítico de Eurasia, en el que Irán finalmente emergerá como la verdadera superpotencia en el Sudoeste de Asia por sobre los propósitos de Israel y de la Casa de Saud. Y eso es verdadero entretenimiento (geopolítico). Feliz Año Nuevo.

Nota:

1. Iran Deal Opens Door for Businesses, Wall Street Journal, 1 de diciembre de 2013.

Pepe Escobar es autor de Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War (Nimble Books, 2007) y de Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge. Su libro más reciente es Obama does Globalistan (Nimble Books, 2009). Contacto pepeasia@yahoo.com

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Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Middle_East/MID-03-231213.html

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