24/12/13

ESTADOS UNIDOS QUIERE “GAZAFICAR” CISJORDANIA

En los últimos días, diplomáticos estadounidenses y europeos han estado inmersos en una frenética actividad en el frente palestino-israelí, antes de que se acuerde la habitual hibernación de dos semanas de los días navideños.


Existe una especie de urgencia, ya que se supone que Washington dará a conocer el próximo mes la denominada “propuesta marco” para la creación de un estado palestino, en un último y desesperado esfuerzo para romper el estancamiento de las negociaciones. Por esta razón, las líneas generales de este plan han concitado la atención de los medios. Y, como era de esperar, el panorama se presenta sombrío para los palestinos.

John Kerry, el secretario de estado de EEUU, que ha invertido gran parte de su prestigio personal en estas negociaciones, ha reconocido que el acuerdo tiene que satisfacer las demandas de seguridad de Israel, aunque sean exageradas.


Durante un discurso en el Foro Saban de Washington celebrado este mes, Kerry dijo que la máxima prioridad del presidente Obama era “la capacidad [de Israel] de defenderse por sí misma”. Poco después, Kerry viajó de nuevo a la región para explicar a las autoridades israelíes y palestinas lo que quería decir.

Se ha dicho que el presidente palestino Mahmud Abas se “enfureció” al conocer la propuesta de EEUU. En los últimos días, los portavoces de la Autoridad Palestina (AP) han acusado a Kerry de “contemporizar” y de no ser un “mediador neutral”.

La crítica parece más que justificada. Al amparo de la búsqueda de la paz, el secretario de estado norteamericano ha ofrecido un plan de seguridad israelí a expensas de un estado palestino razonable.

Esto no es del todo sorprendente, dado que el plan fue elaborado por John Allen, un general que estuvo al mando de las fuerzas estadounidenses en Afganistán y que ha pasado varios meses en contacto discreto con sus homólogos israelíes.

El principal escollo es el valle del Jordán, un área que debería constituir casi una cuarta parte de un futuro estado palestino. Allen ha complacido la demanda israelí consistente en una “presencia militar” en el valle del Jordán durante, al menos, diez años.

Además, de acuerdo con un memorando enviado por Abas a Obama, que el diario Haaretz ha publicado esta semana, el plan norteamericano condicionaría una eventual retirara israelí al cumplimiento por parte de los palestinos de una “prueba de implementación”. Abas cree, con razón, que esto daría a Israel un veto efectivo para su retirada indefinida del valle del Jordán.

Esto supone un importante retroceso respecto del anterior compromiso de Washington, adoptado en las conversaciones de Annapolis en 2007, según el cual ningún soldado israelí permanecería en Cisjordania tras el acuerdo. La seguridad estaría garantizada por tropas de la OTAN bajo el mando de Estados Unidos.

La nueva propuesta es un ultimátum. El valle del Jordán es un recurso vital para los palestinos, del que han sido despojados por Israel alegando exageradas “necesidades de seguridad”.

El valle del Jordán es la única área fronteriza de Cisjordania que estaría potencialmente bajo control palestino. Es una de las pocas áreas que quedan sin edificar y que, por esa razón, podría ser el lugar al que podrían retornar centenares de miles de refugiados palestinos. Sus tierras son fértiles y cálidas durante todo el año, por lo que son muy productivas y un potencial motor de desarrollo para la economía palestina.

Según el plan de Allen, la seguridad de Israel requiere, también, que las fuerzas de seguridad palestinas estén solo ligeramente armadas, que Israel tenga el control sobre el espacio aéreo y todas las fronteras y que, además, EEUU instale tecnologías de espionaje —eufemísticamente llamadas “sistemas de alerta temprana”— por toda Cisjordania.

En otras palabras, la idea que tiene EEUU de un estado palestino se parece mucho al modelo que Israel ya ha puesto en práctica en la Franja de Gaza.

Basta con escuchar las palabras del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, pronunciadas hace una década, para comprender su papel en este nuevo plan.

En 2001, Netanyahu habló a un grupo de colonos en Cisjordania en una reunión que fue grabada en secreto. Se jactó de que durante su primer mandato como primer ministro, a finales de 1990, detuvo el plan de paz de entonces, los acuerdos de Oslo, mediante lo que calificó como un “truco”.

Frustró la creación de un estado palestino aceptando retiradas limitadas de tierras palestinas, mientras insistía en la conservación de las áreas más importantes, especialmente el valle del Jordán, clasificándolas como “zonas militares específicas”.

Netanyahu dijo a los colonos: “Estados Unidos puede ser fácilmente manejado. Manejado en la dirección correcta”. Esas palabras han resultado ser proféticas.

Al rechazar el plan de EEUU, Abas parece tener el respaldo de su pueblo. Una encuesta publicada esta semana mostraba que solo un 19 por ciento creía que las conversaciones conducirían a un acuerdo.

Así las cosas, dada la colisión entre las exigencias de “seguridad” de Israel y la demanda palestina de un estado, ¿qué piensa hacer Kerry?

Cada día que pasa parece más claro. La tarea de hacer que palestinos e israelíes sigan jugando a la pelota está siendo subcontratada a la Unión Europea (UE). Eso tiene sentido, ya que, como principal patrocinador de la ocupación, la UE puede ejercer una importante presión financiera sobre ambas partes.

A principios de este mes, la UE enseñó el palo. Advirtió que dejaría de financiar a la AP de Abas si no se alcanzaba un acuerdo al término de las conversaciones.

Aunque parece claro que se trata de una amenaza contra Abas, cuyo poder político depende del dinero de la UE para pagar a decenas de miles de empleados de la AP todos los meses, ese palo iba también dirigido a Netanyahu. Si la AP se disolviera, los enormes costes de la ocupación recaerían de nuevo en Israel.

Los 28 estados miembros de la UE han advertido a Israel que si sigue adelante con la construcción de asentamientos en los próximos meses, le responsabilizarán oficialmente del fracaso de las conversaciones.

El 16 de diciembre, Europa enseñó su zanahoria. Consiste en ofrecer a Israel y a los palestinos un importante paquete de ayudas y una mejora en las relaciones económicas con la UE, confiriéndoles un estatus de “asociación especial privilegiada”. Esto conllevaría grandes beneficios comerciales y de seguridad para ambas partes.

Sin embargo, por vigoroso que sea el forcejeo de la UE, la realidad es que el liderazgo palestino está siendo atraído, con palo y zanahoria, hacia un acuerdo que destruiría todas las esperanzas de un estado palestino viable.

Se dice que Abas ha considerado el plan de EEUU “peor que malo”. Su acuerdo sería peor que desastroso.


Jonathan Cook es escritor y periodista que vive en Nazaret. Ha ganado el Premio Especial de Periodismo Martha Gellhorn en 2011. Sus últimos libros son Israel and the Clash of Civilizations: Iraq, Iran and the Plan to Remake the Middle East (Pluto Press) and Disappearing Palestine: Israel’s Experiments in Human Despair (Zed Books). Su sitio web es: www.jonathan-cook.net.

Traducción: Javier Villate-Disenso

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