10/12/13

El sueño de la seguridad engendra monstruos

La espiralización, al conocerse el acuerdo extorsivo entre la policía y De la Sota, es ya inevitable. Y va más allá de reclamos por sindicalización y salarios. Es el regreso del poder de los Centauros.

Por Conrado Yasenza*

El sueño de la seguridad engendra monstruos. Y esos monstruos extorsionan a un poder político que ha hecho de la demagogia punitiva, del desentendimiento político del gobierno de las fuerzas policiales y del "hacer la vista gorda" de los negocios ilegales de los uniformados policiales, un modo de obrar. Allí las causas, a desentrañar, del acuartelamiento de la policía cordobesa ocurrido los días 3 y 4 de diciembre últimos, y la ola de saqueos organizados mediante bandas de mafiosos que concluyeron con dos muertos.
En la actual situación de autogobierno policial y ausencia de refundación democrática de las fuerzas de seguridad, discutir la sindicalización puede constituir una expresión aspiracional, deseable y a discutir mucho y con seriedad,  pero de ahí a avalar la teoría del reclamo sindical y salarial para explicar el efecto cascada de acuartelamientos y organización de saqueos en un contexto que no es el de una crisis social cercano a 1989 y menos al 2001, supone, al menos, una simplificación que implica el ocultamiento del carácter represivo y conservador de las fuerzas de seguridad policial que no han sido atravesadas por 30 años de democracia. Sostengo que, luego de descabezada la cúpula policial cordobesa tras haberse comprobado la conexión narco-policial, se cortaron los "ingresos" extras por actividades ilícitas. Ello demostraría que si un agente de Investigaciones, por ejemplo, cobraba 7.500 pesos, por actividades ilegales percibía un ingreso igual a la remuneración por sus funciones. Antes del descabezamiento de la cúpula no supimos nunca de un reclamo salarial. La respuesta es clara, me parece.
Por otro lado, haber cedido al reclamo del 220% que los acuartelados le realizaron al Gobernador De la Sota, demuestra este pacto de impunidad y silencio, como también el fracaso total de la implementación de políticas pergeñadas en los centros de formación represiva, que se experimentaron con el Plan Colombia. Pasar de 1.800 policías a 22.000 para saturar la Ciudad explica el alto grado de indefensión e inseguridad al que se encuentran expuestos los ciudadanos, y en particular, los sectores más vulnerables - y entre ellos, los más jóvenes. A su vez, es posible encontrar el germen del amotinamiento en un presupuesto provincial que para pagar sueldos a 22.000 agentes debe necesariamente, otorgar remuneraciones bajas. Pero, insisto, no creo central este punto.
El Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, no ha logrado tampoco evitar el efecto contagio ni con los ascensos ni con el aumento de las horas Co.Re.S . Y en la Provincia más grande del país, los ciudadanos nos encontramos suspendidos sobre las manos armadas de la organización policial que pacta impunidad con el poder político a cambio de silencio y regulación del crimen organizado, entregando a la población al imperio de la demagogia punitivo- extorsiva-represiva ejercida por la fuerza más brutal y numerosa: La Policía de la Provincia de Buenos Aires. Scioli lo ha hecho junto a su ministro, el matarife pistolero, Granados. Ya veremos las consecuencias de rendirse al poder extorsivo de las armas.
Ese es el monstruo que la demagogia punitiva y la complicidad del poder político - vía pactos de control de los desmanes urbanos e invisibilización de la crisis social - con las actividades ilegales de las policías, ha engendrado. La espiralización, al conocerse el acuerdo extorsivo entre la policía y De la Sota, es ya inevitable. Y va más allá de reclamos por sindicalización y salarios. Es el regreso del poder de los Centauros.
*Periodista l La Tecla eñe

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