24/12/13

Desaire de los militares a Dilma

Hay un malestar castrense a partir de la exhumación de los restos del ex presidente Goulart; además de su restitución en el cargo como hecho simbólico y político.

Por Darío Pignotti
Desde Brasilia
Son incorregibles. El general, el almirante y el brigadier que comandan las fuerzas armadas de Brasil desafiaron a la presidenta Dilma Rousseff y a los parlamentarios reunidos en el Senado al permanecer inmutables, sin aplaudir, como lo hacía el resto de los presentes, durante la ceremonia en la que se le restituyó simbólicamente el cargo al ex mandatario João “Jango” Goulart, derrocado por el golpe de Estado de 1964.
Enzo Martins Peri, Julio Soares de Moura Neto y Juniti Saito, jefes del Ejército, la Marina y la Aeronáutica, observaron, sin gesticular, el momento en que Rousseff abrazó a João Vicente Goulart, hijo del presidente destituido, luego de recibir la resolución parlamentaria, votada por todos los partidos, en que se decretó nula la sesión de 1964 que legitimó el aval a la dictadura cívico-militar.
Los tres comandantes, que están en sus cargos desde el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva (contra quien también montaron un conato de insubordinación cuando se rozó la agenda de derechos humanos), repitieron la semana pasada en la solemnidad realizada en el palacio semiesférico del Poder Legislativo de Brasilia el mismo desplante de 2011, cuando permanecieron de manos cruzadas mientras Dilma, decenas de familiares de desaparecidos y una delegación argentina encabezada por el fallecido secretario de Derechos Humanos Eduardo Luis Duhalde aplaudían la creación de la Comisión de la Verdad.
“Creo que lo sucedido el último jueves en el Congreso fue algo más que un gesto de insolencia, me parece que ese comportamiento de los mandos militares estuvo al borde de la insubordinación a la presidenta y a los poderes de la república”, razona el periodista Luiz Claudio Cunha en entrevista con Página/12.
Cunha es autor del libro más exhaustivo y mejor documentado sobre el Plan Cóndor en Brasil (El secuestro de los uruguayos), además de contar con informaciones fidedignas de la interna castrense.
“Se dice que hay un malestar militar, por lo menos entre los altos oficiales. Parece ser que ellos no están nada conformes con la exhumación del ex presidente Goulart, con las honras com que fueron recibidos sus restos en Brasilia, el estudio de los restos para saber si fue envenenado por el Cóndor y la restitución en el cargo, que es un hecho simbólico sin dejar de ser político.”
Ante la sospecha de que la coordinación represiva Cóndor haya envenenado a Goulart, fallecido el 6 de diciembre de 1976 en Corrientes, la Comisión de la Verdad motorizó su exhumación en el cementerio municipal de São Borja y el traslado de sus restos a Brasilia, donde se los recibió con honras de Estado y se le extrajeron muestras para ser analizadas en laboratorios extranjeros.
Para Luiz Claudio Cunha, la corporación militar acendró sus instintos revanchistas luego de la llegada al gobierno de la “ex guerrillera y hoy comandante en jefe de las fuerzas armadas Dilma”.
“Hasta hace algún tiempo los generales se mostraban incómodos con algunos intentos revisionistas de la dictadura, pero ahora se los ve ostensiblemente irritados contra la demanda de verdad y justicia, como lo revela la actitud del comandante del ejército Peri con su omisión durante los aplausos en el Congreso. Y antes se vio esa misma irritación en la postura prepotente del general Carlos Bolívar Goellner, cuando participó del entierro definitivo del presidente Goulart, este 6 de diciembre en São Borja.”
Jefe del Comando Militar del Sur, con jurisdicción sobre las fronteras con la Argentina, Uruguay y Paraguay, el general Bolívar Goellner declaró en São Borja su plena reivindicación de la sedición que derribó a Jango Goulart en 1964. “No hay nada de que retractarse, no hay ningún error histórico, la historia no comete errores, la historia es la historia”, provocó el general ante la consulta de la prensa el día en que se realizaba el segundo y definitivo entierro de Goulart, a 37 años de su fallecimiento en el exilio argentino.
“No es un hecho menor que nadie en Brasilia haya puesto en caja al verborrágico y rechonchón general Bolívar Goellner. Hubo un silencio vergonzoso de parte de su jefe inmediato, el comandante del ejército Peri, y también del jefe de ambos, el ministro de Defensa, Celso Amorim”, plantea Cunha. Y añade un dato inquietante, el sonoro Bolívar Goellner, de 63 años, “tiene una ficha limpia en materia de violación de los derechos humanos, ya que cuando llegó la dictadura él tenía 14 años y ésta terminó cuando había cumplido 35”, pero pese a ello está “atrincherado en la defensa del régimen”. Corolario: no hay depuración ideológica entre los cuadros militares brasileños unidos en la reivindicación del terrorismo de Estado y contra los intentos por reconstruir la memoria.

Tras las pistas en Argentina

João Vicente Goulart, hijo del ex presidente derrocado, se reunió con diplomáticos argentinos en Brasilia, a quienes entregó un documento hasta ahora secreto sobre el Plan Cóndor.
–Vinimos a la embajada para dejar este papel de mayo de 1976, con membrete del ejército brasileño, dirigido a la dictadura argentina, a la que se le pide la vigilancia y la detención del “subversivo” João Goulart; un mes y medio después la oficina de mi padre en Buenos Aires fue visitada por agentes de la represión, y en diciembre se muere en Corrientes de una forma extraña que nosotros sospechamos que fue envenamiento.

–¿Qué se trató en la reunión?

–Planteamos si se puede averiguar, del lado argentino, si ese pedido formal del ejército fue respondido a través de otro documento, para ir armando el rompecabezas. Hubo buena receptividad de parte de los diplomáticos. Para nosotros es muy importante el apoyo argentino para reconstruir las huellas dejadas por el Cóndor cuando estaba sobre mi padre.

–¿El documento refuerza la hipótesis del envenamiento?

–Es un indicio más, ya se está haciendo en laboratorios extranjeros el estudio de los restos de Jango, se podrá descubrir si fue envenado. Mientras tanto, nosotros seguimos trabajando porque sabemos que el Cóndor estaba sobre Jango. Vamos a seguir todas las pistas. Nosotros tenemos sospechas grandes de que mi padre fue asesinado, él murió en diciembre del ’76 y en septiembre había muerto el ex presidente Juscelino Kubitschek, en supuesto accidente. ¿O los dos habrán sido asesinados? Son muchas coincidencias.

–¿Piensan recurrir a la Justicia argentina?

–No descartamos nada. En Brasil todavía tenemos la amnistía dejada por los militares, en Argentina la derogaron, y en el juzgado de Paso de los Libres se abrió un proceso por la muerte de Jango. Si es necesario iremos ante la Justicia argentina y hasta podríamos pedir una audiencia con la presidenta Cristina Fernández para que nos ayude a llegar a la verdad. Queremos la verdad y la justicia.

Página 12

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