10/11/13

Rememorando la Nakba

Por Saad Chedid
Conferencia en el marco de la 3º Edición del Festival Latinoaméricano de Cine Latinarab realizada en el Anfiteatro del Congreso de la Nación

Rememorando la Nakba

Saad Chedid

Quiero agradecer a los jóvenes compañeros, amigos y hermanos de CineFértil, por esta gentil invitación a hablar en este evento, ya que sé que a ellos como a mí, nos une el anhelo de mantener viva la historia y la vida del Pueblo Palestino.

Porque, aquí, en estas reuniones, en este sentirnos hermanos todos, todos somos el pueblo palestino en la Argentina, sabiendo además que no hacemos sino reafirmar lo que el propio gobierno argentino decidiera valientemente, esto es, reconocer al Estado Palestino, y con él, al propio Pueblo Palestino.

Sabiendo de la aviesa intencionalidad de borrarlo de la geografía y de la historia, el gobierno de los usurpadores pretende lograr ese objetivo con leyes y decretos prohibitivos, nosotros, que tuvimos y tenemos como maestro a Edward W. Said, y aprendimos de él a no permitirlo, seguiremos tozudamente recuperando su historia y así evitar que la Nakba continúe y no permitiendo su perpetuación.

Y para no ser pasibles de críticas de ignorantes e insensatos, a los fuertes juicios que habrán de seguir a estas afirmaciones nuestras, queremos traer para ustedes breves textos de autores israelíes, quienes, asumiendo las consignas gandhianas, esto es, satyagraha y ahimsa, afirmación en la verdad y la no violencia, superando los escollos que se le presentan en ese Estado terrorista, denuncian valientemente lo que, quienes viven en otros países, como en la Argentina, y por ignorancia de lo que allí ocurre, sostienen argumentos falaces y ficticios, en defensa de esa implantación imperialista.

 Por ello, sólo voy a leerles algunos fragmentos de unos autores israelíes, sabiendo que los hay y muchos más, que se solidarizan con el sufrimiento del pueblo palestino y denuncian el inmoral sistema de educación que pervierte almas jóvenes arrojándolas, al terminar sus estudios, en el Tzahal, para que perpetúen el sometimiento y la colonización del Pueblo Palestino, asesinando a niñas y niños, con el subterfugio de considerarlos terroristas

En primer término leeré unas breves líneas de Gideon Levy, ex director del diario Ha’aretz, que son extractos de una carta dirigida a un soldado, quien lo recrimina por sus críticas al accionar de los jóvenes soldados del Tzahal, que publiqué como Apéndice en el libro de Israel Shahak El Estado de Israel armó las dictaduras en América latina, donde le dice:
    
“Querido soldado:
Los soldados han matado a 623 niños y jóvenes, ¿y usted quiere decirme que ni uno de esos soldados descubrió a un niño en su mira? La persona que disparó a la muchacha de Rafah, ¿no la vió? La persona que disparó a Amar Banaat y a Montasser Hadada en la casbah, matándolas a ambas con una bala, ¿tampoco pudo reconocerlas? Y el que mató a Khaled Osta, el chico de 9 años, haciéndole un enorme agujero en su pecho ¿tampoco se dio por enterado?
Y el que disparó desde su tanque sobre los edificios residenciales de Gaza y que no vió a ningún niño en su mira, ¿no sabía que en esos edificios vivían niños y sin embargo apretó el botón? Y el piloto que dejó caer una bomba en un barrio densamente poblado, ¿tampoco él sabía que los niños estarían entre las víctimas?
……
Usted dice que ellos deben ser atacados para mantener la disuasión. Eso es aterrador. ¿Matar a un niño para disuadir? Y si usted mató o hirió a niños para disuadir ¿cree que ha logrado tal disuasión?
¿Usted ha pensado alguna vez por qué esos niños están enfrentándolo? ¿Usted ha considerado alguna vez la posibilidad de que ellos pueden estar luchando por una causa justa? ¿Qué quizá ellos sólo quieran sacarse nuestra opresiva presencia de sus vidas? ¿Usted ha intentado ponerse en su lugar, incluso por un momento, alguna vez? ¿Qué haría usted si  hubiera nacido  palestino bajo esta ocupación?
Pero usted hace todo eso porque existe un sofisticado sistema de educación, información, comunicación, lavado de cerebro, deshumanización y demonización, un sistema que está llevando a generaciones de excelentes jóvenes a cometer hechos espantosos porque están absolutamente desprevenidos de lo que están haciendo. Lo que el sistema instila es que nosotros somos los amos de la tierra y los palestinos son personas inferiores que bajo ninguna circunstancia tienen los derechos que nosotros tenemos; que la ocupación es justa, obligatoria en esta situación, que el terrorismo es porque sí, que los palestinos han nacido para matar, que los ataques terroristas provienen simplemente de su carácter sanguinario.
Y todo eso, metido en consideraciones de seguridad, es una excusa para todos, y, créame, para todo.”
Créame, la sangre de esos niños no se ha ido al cielo. Su sangre está en nuestras manos. Su sangre está en las manos de aquellos que lo enviaron a la casbah y en la cabeza de los que dispararon y en la de aquellos que pasean por las calles de Nablus tiranizando a su gente, y en la de aquellos que permanecieron callados. Usted está allí en mi nombre, también, y por consiguiente todos nosotros cargamos una pesada responsabilidad, demasiado difícil de llevar.”

También Nurit Peled, hija del famoso general del Tzahal, Matti Peled, profesora y especialista en educación, ha escrito un libro, Palestine in Israeli School Books, Ideology and Propaganda in Education, que el año próximo aparecerá en castellano publicado por la Editorial Canaán, denuncia el sistema educativo perverso del Estado de Israel.

Su padre, Matti Peled, nacido en la Palestina del mandato británico, se unió a los grupos terroristas de europeos kázaros conversos al judaísmo, y su rol en la implantación del Estado de Israel fue de extraordinaria importancia, ya que llegó a ser jefe de logística del Tzahal.

Pero su vida tuvo un derrotero poco conocido, ya que luego de su retiro, a los 45 años, al ser enviado como gobernador a Gaza, tuvo experiencias directas con el pueblo palestino, que le revelaron una realidad, que cambió su vida y lo llevó, luego de un año, a solicitar el retiro, porque no pudo soportar ver  al Tzahal convertido en ejército de ocupación, y la resistencia del pueblo palestino le recordaba su propia resistencia al ejército de ocupación inglés de sus años de juventud.

Se fue a Estados Unidos, donde en 3 años obtuvo un doctorado en idioma, historia y literatura árabes (palestinas), en la Universidad de Los Angeles, California, y a su regreso creó cátedras de estudios de esas temáticas en las Universidades de Haifa y Tel Aviv.

Matti Peled, cuyo pasaporte señalaba su identidad palestina, al regresar de EE.UU., se convirtió en el mayor defensor del pueblo palestino y puso todo su esfuerzo y voluntad para que se creara el Estado Palestino. Se enfrentó con sus ex camaradas del Tzahal, todos ellos incorporados al gobierno del Estado de Israel, y los acusó de ser ellos los que ponían trabas a la creación del Estado Palestino, denunciando su hipocresía cuando acusaban a Yasser Arafat como responsable de esa imposibilidad.

Su empeño en esta misión lo llevó a dar conferencias no sólo en el Estado de Israel, sino que viajó a EE.UU. para deconstruir los falaciosos discursos de Rabin, Barak, Shimon Peres, Netanyahu, y el de todos los políticos israelíes que han elaborado un discurso falacioso para justificar la ocupación y el sometimiento del Pueblo Palestino, así como sus crímenes individuales y colectivos.

Ello le significó a Matti Peled el aislamiento y la marginación, que incluso sufriera su familia hasta su muerte en 1995.

Su hijo, Miko Peled, ha escrito un libro El hijo del general, donde traza ese itinerario espiritual de su padre, y que en los próximos días aparecerá editado por la editorial Canaán.

Y qué es lo que nos dice Nurit, su hija, quien influenciada por su padre y su propia experiencia como educadora ha, como señalé antes, denunciado el sistema educativo del Estado de Israel,

Pero, antes de entrar en la lectura del breve párrafo de ella que les leeré, quiero señalarles una experiencia trágica de esta mujer maravillosa.

Su hija, Smadar, bellísima niña de 13 años, estaba comprando en unas tiendas de las calles de Jerusalén, cuando dos jóvenes palestinos, con bombas en sus cuerpos pasaron cerca de ella, y en ese momento las bombas explotaron, matando a la hija de Nurit.

Y si relato este hecho es porque quiero destacar la impresionante y conmovedora respuesta de Nurit a Benjamin Netanyahu, quien había sido su compañero de estudios universitarios, y que cuando la llama  para darle sus condolencias, la respuesta de Nurit fue, dolorosamente dramática cuando le dijo que los verdaderos asesinos de su hija, no eran los chicos palestinos que viven sufriendo la ocupación perversa y no encuentran otro camino que su propia inmolación para liberarse de ella, sino el propio Netanyahu y el gobierno israelí.

Confieso que cuando leí este relato, me sentí tan conmovido por esta mujer excepcional, que no pude sino escribirle inmediatamente, buscando su aprobación para la publicación de su libro, que conocía, y editaré el año próximo. Y cuando lo presentemos públicamente ella vendrá a la presentación, así me lo transmitió por mail.

 Y ¿qué es lo que dice Nurit Peled sobre lo que ocurre en ese Estado de Israel? Tan sólo, para no tomar mucho tiempo, les leeré un breve párrafo significativamente descriptivo de esta mujer, reitero, excepcional:

 “El Estado de Israel, que se declaró oficialmente un Estado de apartheid, se distingue por lo que ha sido siempre el método del racismo más típico y exitoso: la clasificación de los seres humanos. El idioma hebreo, que se va haciendo más y más repugnante bajo los auspicios del ejército de ocupación y la burocracia de la ocupación, está lleno de clasificaciones: hay personas que son un cáncer en el corazón de la nación, y hay personas que son un peligro para la seguridad, y hay personas que son una plaga o una pesadilla demográfica, y hay personas que son un riesgo para la salud; todas ellas clasificadas y categorizadas de tal manera que aun el más ignorante y bruto de los ministros israelíes puede aprenderse de memoria esta clasificación.
Todos estamos sujetos a clasificaciones. Todos estamos controlados por las leyes racistas de este lugar, y encerrados voluntariamente en guetos. El gueto sionista ha aprendido a no ver ni oir nada más allá de los muros que lo rodean: los muros reales de cemento, y los muros imaginarios hechos de obediencia, odio, y un miedo terrible. No nos atrevemos a protestar contra las leyes racistas, no nos atrevemos a desafiar señales racistas, no nos atrevemos a defender a los niños torturados, no nos atrevemos a romper los muros de Gaza, y no nos atrevemos a ir a Hebrón o Deheisheh, a Yenín o Ramalah a preguntar por los vecinos. Esa es la gran victoria de la Ocupación. Bajo el manto de la Ocupación, elegimos una y otra vez someternos a la autoridad de criminales de todo tipo, criminales de guerra, ignorantes y patanes. Así nos auto-castigamos por nuestra impotencia y por el blanqueo de nuestro espíritu.
Año tras año llevamos a nuestros hijos hasta la puerta de las escuelas y los dejamos a merced de un sistema educativo que quema libros de historia y ciudadanía y autoriza libros que incitan a asesinar ñiños. Les abandonamos al lavado de cerebro y las mentiras sobre la Guerra de Liberación que ganamos, y sobre el Día de Jerusalén que representa nuestras conquistas, y el desfile por Samaria (que es nuestra); dejamos que les lleven a Hebrón, la Ciudad de nuestros Patriarcas, y a la Ciudad de David -que no está vivo ni bien. Los docentes de ese sistema no se amilanan cuando son exhortados a envenenar las mentes de sus alumnos con historias mendaces acerca de nuestros derechos históricos a la tierra de nuestros vecinos, acerca del heroísmo y la victoria -cuando en realidad fue limpieza étnica, inspirada y planeada por las instituciones racistas. Todo el propósito de la educación israelí es preparar a los niños para ser obedientes soldados de las Fuerzas de Ocupación Israelí.
Inclinamos la cabeza cuando la organización terrorista más institucionalizada del mundo, el Tzahal, nos arranca a nuestros hijos, les enlista en sus filas y les enseña a clasificar a la gente, a clasificar a los niños, a clasificar a los bebés, a clasificar el dolor y a clasificar a los muertos. Todo eso a fin de endurecer sus corazones y embotar sus sentidos para que puedan abusar, destruir y matar con la conciencia limpia. Estamos ocupados hasta tal punto que aun cuando el ser humano se vuelve sangre continuamos clasificando, sin entender que todos nosotros, los muertos y los vivos, somos víctimas de la Ocupación que corrompe.”

También quiero recuperar, al igual que Nurit Peled, cuando en un discurso recordatorio de la Nakba, que ella sí no deja de rememorar, y citando sus propias palabras, “las líneas escritas por Almog Behar a Mahmud Darwish”, el gran poeta palestino:

“A mi hermano Mahmud Darwish:
¿quién volvió conflictiva nuestra historia
y me colocó entre las altas torres
mirando parado por arriba de los pesados portones de Gaza,
observando las ventanas de las casas a través de las miras de los rifles?
¿Quién levantó entre nosotros muros de cemento y hierro
y ojos de cámaras y nos dividió en conquistadores y conquistados
cuando deberíamos ser hermanos?”
 
Como imaginarán comparto absolutamente las palabras finales de este poeta judío, y por ello me gustaría que ustedes no se vayan con una visión pesimista, negativa, discriminadora y racista que fue la que le legó Teodoro Herzl a sus contemporáneos europeos, con su libro Un Estado para los judíos, allá por 1897,  y que fue el objetivo que tuvieron esos europeos kázaros conversos para la implantación del actual Estado de Israel, y que mantienen, obstinada y lamentablemente.
Me gustaría mucho más, que se vayan con la visión esperanzadora de Edward W. Said,  que también comparto absolutamente, esto es, un Estado laico, donde, habitando una misma tierra, Palestina, judíos, cristianos y musulmanes, todos juntos, sean capaces de crear una nueva sociedad en la que convivan fraternal y solidariamente, ellos y los hijos de los hijos que vendrán inevitablemente.
Visión esperanzadora que Edward redactara con su estilo inigualable, el 27 de mayo de 1997, en el  Christian Science Monitor, cien años después de aquella de Teodoro Herzl, y que dice así:
 
“Toda la idea de tratar de crear dos Estados no tiene sentido.
El proceso de paz de Oslo se ha convertido en un andrajo… Las vidas de los israelíes y los palestinos están desesperadamente entrelazadas. No hay modo de separarlas. Ustedes pueden tener una fantasía y negar, o poner al pueblo en guetos. Pero en realidad hay una historia común. Entonces nosotros tenemos que encontrar el modo de vivir juntos. Puede que tome cincuenta años. Pero… la experiencia israelí irá gradualmente volviéndose hacia el mundo en el que realmente viven, el Mundo Árabe Islámico. Y eso sólo puede hacerse a través de los palestinos.”
 
Muchas gracias.
 

Fuente: Islam en Mar del Plata

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