6/9/13

Rusia pensando en Siria, pero en serio

¿Qué puede hacer Moscú para prevenir que los destructores estadounidenses desplegados en la zona oriental del Mediterráneo lancen misiles de crucero contra objetivos en Siria? ¿Y qué está en juego, en general? Según los expertos, ambas partes no arriesgan mucho.

EEUU y varios países miembros de la OTAN –Gran Bretaña, Francia y Turquía– afirmaron en su momento que estaban dispuestos a efectuar ataques limitados contra las fuerzas del presidente sirio, Bashar Asad, en respuesta a un supuesto empleo de armas químicas por parte del Gobierno de este país.
Según apuntan algunas informaciones, Occidente podría aplicar medidas punitivas contra Siria el próximo 6 de septiembre. Pero parece que la Casa Blanca sigue absteniéndose de acelerar tal desarrollo de los acontecimientos y varias fuentes anónimas próximas a los servicios secretos, citadas por la agencia Associated Press, pusieron en duda la fiabilidad de la información sobre el supuesto ataque perpetrado la semana pasada con armas químicas en el que murieron al menos 100 personas.
Rusia, que se opone incluso a las formas más moderadas de ejercer presión sobre Bashar Asad aplicadas por Occidente desde el inicio del conflicto en Siria en 2011, declaró que no fue el Gobierno sirio quien estaba detrás de este ataque sino los rebeldes.
Pero al tomar la decisión sobre el ataque contra Siria, el grupo de países encabezado por EEUU no tendrá en cuenta la opinión de Moscú. En caso de que este ataque se lance, puede tener consecuencias también para Rusia, con la consiguiente reacción del Kremlin.
Puede haber diversas consecuencias:
- Efectos para la imagen de Rusia en el mundo
Unos creen que la diplomacia rusa se vio en un callejón sin salida en lo que se refiere al arreglo del problema sirio, otros no están de acuerdo con esta opinión. Según Vladimir Ajmédov, experto en asuntos de Siria quien trabaja en el Instituto de Orientalismo, si Rusia fracasa en su intento de prevenir la operación militar de Occidente contra las fuerzas de Asad, esto podrá considerarse como una derrota de Moscú.
Pero el hecho que Rusia haya logrado postergar el inicio de esta operación más de dos años es un modesto avance diplomático del gigante eurasiático, afirma Vladimir Barténev, colaborador de la Facultad de Política Mundial de la moscovita Universidad Lomonósov.
Ambos expertos comparan la coyuntura actual con la intervención de las fuerzas de coalición encabezada por EEUU en Irak que tuvo lugar en 2003 a pesar de las protestas de Rusia en el Consejo de la Seguridad de la ONU. Moscú no pudo prevenir aquella guerra, pero comprobó que podía desempeñar un papel de actor global independiente. Y desde aquel momento recordó en reiteradas ocasiones que después de todo tenía razón, en vista del dudoso éxito de la operación.
- Consecuencias para la imagen de Rusia en el mundo árabe
Para Rusia hay poco que perder en Oriente Próximo, porque la mayoría de los países árabes no le respaldan en su postura respecto a Siria. La mayoría de los árabes profesan el islamismo sunita, lo que convierte en su opositor a Siria, cuya cúpula gobernante pertenece a la rama alauita, próxima al Islam chiíta.
Arabia Saudí, supuestamente, hizo hace poco un intento de atraer a Rusia a su lado, al proponerle comprar armas por unos 15.000 millones de dólares si renunciaba a apoyar el régimen de Asad. Mientras, la futura imagen de los países árabes en el mundo depende del éxito del ataque militar que pueda lanzarse contra el régimen de Bashar Asad, dijo Ajmédov.
- Consecuencias para la economía rusa
Durante varias décadas, Siria importó la mayor parte de su equipo militar de Rusia: desde cazas MiG hasta sistemas guardacostas Bastion o avanzados misiles antiaéreos S-300, para el suministro de los cuales Moscú presuntamente firmó un contrato con Damasco antes de la guerra civil.
Un posible derrocamiento de Asad puede afectar a la cooperación militar ruso-siria, pero no le pondrá fin necesariamente porque las tropas sirias que a día de hoy están luchando en ambos frentes se han acostumbrado a las armas rusas, recuerda Ajmédov. Irak y Afganistán, cuyos gobiernos fueron derrocados en los últimos 15 años por las fuerzas de la coalición encabezada por EEUU, continuaron comprando armamento ruso, pues lo llevan empleando muchas décadas.
Incluso en el peor caso, Rusia no perderá mucho, porque vende a Siria sólo un 5% de las armas que exporta. Siria compra mucho menos que los mayores clientes de Rusia, como India, Indonesia o Malasia, dice Ruslán Pújov, jefe del Centro de Análisis Estratégico.
Mientras, se espera que los temores ante un posible ataque lanzado por Occidente contra Siria causen una drástica subida de los precios del petróleo desde los 115 dólares actuales a los 125 o 150 dólares por barril, pronosticó el banco Societe Generale. Esto seguramente dará un empujón a la economía rusa, que depende de los precios de los hidrocarburos. Pero John Lough, experto del centro británico de análisis Chatham House, cree que el efecto no durará mucho.
- Consecuencias para la base naval rusa en Siria
La Unión Soviética desplegó en 1971 una pequeña base en el puerto sirio de Tartus para fines de mantenimiento y reparación de sus buques de guerra. A día de hoy, es la última base militar de Rusia que se ubica fuera del territorio de la antigua URSS. Pero según los expertos, este recuerdo sobre el glorioso pasado imperial del país tiene poca relevancia. “Esta base no es importante”, dijo Pújov, señalando que el enclave cuenta con sólo unos pocos edificios y pueden estar estacionados a la vez en esta base dos buques de tamaño medio como máximo.
Tengamos en cuenta la posible reacción de Rusia. ¿Qué puede hacer?
- Ejercer su derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU
Moscú insiste en que cualquier operación militar reciba el visto bueno del Consejo de Seguridad de la ONU, pero vetará por lo visto cualquier resolución destinada a autorizar la intervención, esgrimiendo la ausencia de evidencias fiables de que no son los insurgentes sino el régimen de Bashar Asad quienes están detrás del ataque con armas químicas. Ésa es la opinión de todos los expertos entrevistados.
“[Rusia] afirmará que cualquier medida punitiva que se aplique contra el régimen sirio sería ilegal. Así es su postura inalterable respecto a todos los ataques punitivos lanzados por EEUU desde principios de los noventa”, dijo Roy Allison, experto en asuntos exteriores del colegio de San Antonio de la Universidad de Oxford. Rusia sólo se abstuvo en la votación del Consejo de Seguridad de la ONU respecto a la resolución sobre la operación militar contra Libia, haciendo así posible el ataque. Esta decisión la tomó el entonces presidente ruso, Dmitri Medvédev, que a día de hoy ocupa el cargo de primer ministro del país y que fue más liberal que el mandatario ruso actual, Vladimir Putin. Lo mismo pasó también en 2001, cuando Rusia no se opuso a otra intervención militar a gran escala en Afganistán.
- Celebrar la conferencia Ginebra 2
A juzgar por todo, Rusia debería continuar tratando de sentar a las partes del conflicto sirio a la mesa de negociaciones, probablemente mediante la segunda conferencia internacional sobre Siria, Ginebra 2. Los ataques aéreos seguramente agitarán a ambas partes, pero Moscú seguirá trabajando en la organización de la conferencia. Y posiblemente con la ayuda de EEUU, afirman Barténev y Ajmédov. El ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, dijo que el Departamento de Estado de EEUU sigue apoyando la idea de celebrar Ginebra 2.

Apoyar al régimen de Basar Asad
Moscú continuará apoyando al Gobierno de Asad suministrándole armas y ayuda humanitaria igual que hizo en el pasado, dice Olga Oliker, experta en política internacional del centro estadounidense de análisis, RAND Corporation. Los expertos rusos están de acuerdo con esta opinión. Según ellos, parece que Moscú invirtió mucho dinero en el régimen de Asad, al otorgarle créditos, prestar ayuda financiera y entregar armas, pero no están disponibles los datos sobre el monto exacto gastado por Rusia en Siria. Al mismo tiempo, no se espera un desarrollo de la cooperación militar ruso-siria, señala Barténev.
Hay por último una serie de acciones que hay que evitar.
- Aproximarse a Irán
El aliado número uno de Siria en la región es Irán, el principal baluarte del Islam chiíta en el mundo. Rusia tiene una amplia experiencia de cooperar con Irán: construyó una planta nuclear en la ciudad iraní de Bushehr y llegó a un acuerdo con Teherán para el suministro de varios sistemas de defensa aérea S-300, pero rescindió el contrato en 2010 debido a la presión por parte de varios países de Occidente e Israel.
Moscú podría considerar la posibilidad de fortalecer la cooperación con Irán, pero el Kremlin no quiere estar involucrado en una escalada del conflicto sirio relacionada con Irán, dice Allison. Mientras, Moscú tratará de mantener buenas relaciones con Irán y no estropear sus lazos con Israel, agregó el experto. Rusia teme que Irán cobre fuerza, en vista de las ambiciones nucleares del país y su reputación en la región.
- Enfriar las relaciones con EEUU
Las relaciones ruso-estadounidenses viven tiempos difíciles, pero Siria es uno de los temas importantes de la agenda bilateral, dice Oliker desde RAND. Moscú puede fingir que está dispuesta a suspender la cooperación militar con los países occidentales, incluida la colaboración en Irán y Afganistán, pero “es poco probable que Rusia haga realidad sus amenazas”, declaró Lough de Chatham House.
- Participar en la guerra
Lo que no debe hacer Rusia es luchar por Siria: así lo declaró Lavrov el pasado 26 de agosto. Como muchas operaciones militares llevadas a cabo recientemente por EEUU, un ataque contra Siria no afectará mucho a los intereses geopolíticos de Rusia, opinan lo expertos. Así las cosas, Moscú no tendría incentivos para participar en esta operación militar, librada fuera de su territorio. El único ejemplo de respuesta militar de Rusia a la intervención de EEUU tuvo lugar en 1999, cuando las Tropas Aerotransportadas rusas llegadas por sorpresa al aeropuerto de Kosovo trastocaron los planes del despliegue aliado. Esto no tuvo serias consecuencias. Pero Rusia pudo jactarse ante sus ciudadanos de que había logrado ayudar a los serbios, un pueblo eslavo injustificadamente atacado por Occidente.

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