16/9/13

La Iglesia, ante el desafío de abrir el debate sobre el celibato

Con el Papa Francisco parece haber llegado un cambio de actitud ante el celibato: la aceptación de que puede ser debatido dentro de la Iglesia.

La señal en ese sentido la dio en los últimos días el flamante número dos del Pontífice, el designado secretario de Estado del Vaticano, monseñor Pietro Parolin, quien señaló que la exigencia celibataria para ser sacerdote “no es un dogma y se puede discutir porque es una tradición eclesiástica”. Hasta ahora nunca una autoridad tan empinada del catolicismo había siquiera deslizado esa posibilidad. Otra cosa es que ese eventual debate esté a la vuelta de la esquina. En rigor, Francisco parece estar concentrado en el comienzo de su papado en revitalizar el accionar de la Iglesia y reformar la curia romana.
¿Y entonces por qué Parolin dijo ahora lo que dijo? En principio, se refirió al tema ante una pregunta de un periodista de un diario venezolano. Y seguramente quiso reafirmar el estilo abierto al diálogo de Francisco. El propio Parolin dijo en otro tramo de la entrevista que “La Iglesia no es una democracia, pero puede ejercitar un espíritu más democrático”. Con todo, el nuevo secretario de Estado matizó el tema. Por lo pronto, aclaró la “continuidad” en el seno de la Iglesia que representa Jorge Bergoglio porque “a veces parece, y no sé si exagero, que Francisco va a revolucionarlo todo, va a cambiarlo todo”. Y señaló: “El esfuerzo que hizo la Iglesia para estatuir el celibato debe ser considerado. No se puede decir sencillamente que (el celibato) pertenece al pasado”.
Parolin también advirtió sobre el riesgo que entrañaría una eventual apertura abrir un debate sobre el celibato: las tensiones que podría provocar en la Iglesia.
Dijo en ese sentido: “Es un gran desafío para el Papa porque él posee el ministerio de la unidad y todas esas decisiones deben asumirse como una forma de unir a la Iglesia, no de dividirla. Entonces, se puede hablar, reflexionar y profundizar sobre estos temas que no son de fe definida y pensar en algunas modificaciones, pero siempre al servicio de la unidad y todo según la voluntad de Dios. No es lo que me plazca, sino de ser fieles a lo que Dios quiere para su Iglesia”. Y completó: “Hay que tener en cuenta, a la hora de adoptar decisiones, la voluntad de Dios, la historia de la Iglesia, como también la apertura a los signos de los tiempos”.
En ese contexto, no parece que Francisco quiera complicar el comienzo de su pontificado en momentos en que tiene otras urgencias. Además, porque el clero no está en una suerte de estado deliberativo por el tema del celibato y la inquietud –contra lo que pueda pensarse– se manifiesta más fuera de la Iglesia jerárquica que entre aquellos que asumieron el requisito celibatario.
No obstante, el cambio de discurso es evidente.
Hace un año, el prefecto de la Congregación para el Clero del Vaticano, cardenal Mauro Piacenza, decía: “Desde hace 50 años es una moda agredir cíclicamente el celibato. En algunos ambientes es fácil intuir que se trata de una verdadera estrategia. Contrariamente, la Iglesia es plenamente consciente de la extraordinaria riqueza de ese don que Dios le ha hecho”.
No son pocos los expertos que creen que el celibato es una de las principales causas del abandono de hábitos y de la vocación sacerdotal.
Ahora bien: ¿Qué piensa Jorge Bergoglio sobre el futuro del celibato? En el libro “El jesuita” es bastante explícito: “No me gusta jugar de adivino, pero en el supuesto caso de que la Iglesia decidiera revisar esa norma, creo que no lo haría por la escasez de sacerdotes. Tampoco pienso que sería una disposición para todos los que quisieran abrazar el sacerdocio. Si hipotéticamente alguna vez lo hiciera, sería por una cuestión cultural, como es el caso de Oriente, donde se ordenan hombres casados. Allí, en una época determinada y en una cultura determinada, fue así y siguió siendo así hasta hoy. Insisto: si la Iglesia llegara alguna vez a revisar esa norma, lo encararía como un problema cultural de un lugar determinado, no de una manera universal y como una opción personal”.
En el libro, Bergoglio también se pregunta cómo repercute el celibato en la cantidad de vocaciones y se responde que no está seguro de que su supresión “vaya a provocar un aumento de las vocaciones como para paliar la escasez”. En cuanto a quienes piensan que quitarlo evitaría perversiones sexuales, señala que “el 70 % de los casos de pedofilia se producen en el entorno familiar. Hemos leído crónicas de chicos abusados por sus papás, sus tíos, cuando no por sus padrastros. O sea, son perversiones de tipo psicológico previas a una opción celibataria. Si hay un cura pedófilo, es porque lleva la perversión antes de ordenarse”.
Con todo, Bergoglio manifiesta una actitud comprensiva ante un sacerdote que se enamora. “Soy el primero en acompañar a un sacerdote en ese momento de su vida; no lo dejo sólo, lo acompaño en todo el camino. Si está seguro de su decisión incluso lo acompaño a conseguir trabajo. Eso sí, lo que no permito es la doble vida”. Cuando en 2000 la vida del ex obispo Jerónimo Podestá, que fue apartado de la Iglesia por formar una pareja, se apagaba, fue visitado por el entonces cardenal Bergoglio.
Clarin

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