6/9/13

La disputa entre Arabia Saudí y Catar

Arabia-Catar: El león y el mosquito



Renenaba.com

Traducido para Rebelión por Caty R.

Sobre un fondo de viva tensión internacional suscitada por la controversia sobre la utilización de armas químicas en Siria, Arabia Saudí y Catar, los hermanos enemigos wahabíes, prosiguen su guerra estúpida, a la sombra de sus de sus respectivas torres petroleras, por el codiciado título de patrocinador principal de los mercenarios yihadistas.

«Fuera, insecto insignificante, excremento de la tierra», es en esencia el improperio que Arabia Saudí asestó a su minúsculo vecino en un debate sobre el suministro de armas pesadas a los rebeldes sirios. El insulto lleva la marca de una personalidad eminente del reino, el príncipe Bandar Ben Sultán.

Con un término despectivo el jefe de los servicios de inteligencia, el nuevo líder de la revolución del mundo árabe, despachó el papel de Catar en el suministro de la rebelión siria: «Catar… exactamente una población de 300 personas y una cadena de televisión. Eso no basta para constituir un país», en alusión a Al-Yazira, que durante mucho tiempo desempeñó el papel de «prescriptora» de la opinión árabe antes de descarrilar en la cobertura de las guerras de Libia y Siria.

De esa forma Bandar quiso mostrar su descontento por la entrega de Catar, a través de Turquía, de misiles térmicos a la oposición islamista.

El comunicado, del diario conservador estadounidense Wall Street Journal, no ha sido desmentido por el interesado, hasta el punto de que los intelectuales y académicos cataríes se sorprendieron por la ausencia de reacción oficial saudí ante lo que consideraban un «atentado a la dignidad de Catar, su Estado y su pueblo».

Contradiciendo todos los usos diplomáticos, el primero que ha llevado la polémica a la plaza pública ha sido Khaled Attiyah, el nuevo ministro de asuntos Exteriores de Catar en persona: «un ciudadano de catar por sí solo es la totalidad de una nación (árabe o islámica). Es lo que enseñamos a nuestros hijos. Con toda mi consideración». El asunto ha sido amplificado por el diario Al Qods Al Arabi (1).

Efectivamente, Arabia Saudí y Catar multiplican por medio de la prensa amabilidades en las que la perfidia ilustra el grado de animosidad que han alcanzado los hermanos enemigos wahabíes, rivales exacerbados por el liderazgo árabe tras el desencadenamiento de los levantamientos populares árabes en 2011-2012.

Latente desde la suave destitución del soberano, el jeque Hamad Ben Khalifa, el pasado junio, la animosidad entre Arabia Saudí y Catar estalló con las declaraciones poco amables atribuidas el príncipe Bandar Ben Sultán con respecto a Catar. Incluso el riesgo de conflagración regional suscitado por el asunto de las armas químicas de Siria no ha conseguido sosegar ese conflicto de egos.

Sin embargo Catar ha multiplicado los gestos de buena voluntad con respecto a Arabia Saudí para tratar de calmar su furia. El nuevo soberano, el príncipe Tamim, reservó su primera visita oficial para el Reino, además coincidiendo con la fiesta de Al fitr, que tradicionalmente señala el final del Ramadán; y su ministro de asuntos Exteriores, haciendo de tripas corazón, fue una de las primeras personalidades políticas árabes que visitó oficialmente Egipto e incluso le proporcionó varias cargas de gas licuado a pesar del derrocamiento de su protegido Mohamed Mursi, el primer presidente procedente de la cofradía de los Hermanos Musulmanes elegido democráticamente. En vano.

Obviamente Arabia Saudí nunca perdona al minúsculo Catar, a pesar de sus ricos yacimientos de gas, que haya pretendido arrebatarle el liderazgo del mundo árabe en un momento en el que la dinastía wahabí se enfrenta a complicados plazos de sucesión con la muerte en el espacio de un año de dos príncipes herederos (Sultán y Nayef Ben Abdel Azis) arrogándose incluso un papel primordial en la conducción de la contrarrevolución árabe, así como su apoyo resuelto a los Hermanos Musulmanes, los antiguos aliados de los saudíes ahora convertidos en su bestia negra.

Frente al estancamiento del conflicto sirio, a las derivas yihadistas en Libia y en Túnez, al auge de los Hermanos Musulmanes en Egipto, Arabia Saudí ha retomado el mando de las operaciones imponiendo a un pro saudí al frente de la oposición siria en el exterior, Ahmad Jarba, un jefe de tribu perteneciente a la misma confederación tribal que el rey Abdalá, el clan Al-Shammar, respaldando al Ejército egipcio para expulsar al neoislamista Mursi de la jefatura del Estado egipcio e imponiendo a un príncipe permanente en Jordania para el financiamiento y suministro de la oposición siria externa.

Fruto de una copulación asistida del príncipe Sultán Ben Abdel Aziz, el antiguo «Gran Gatsby» de la vida diplomática estadounidense se ha impuesto como el hombre fuerte del reino debido a las enfermedades de gran parte de los miembros del equipo dirigente afectados de discapacidades, como el rey Abdalá con una grave cardiopatía, el príncipe heredero Salam, afectado de Alzheimer, o incluso el ministro de Asuntos Exteriores Saud Al-Faisal.

Bandar sería el nuevo hombre providencial de la estrategia saudí-estadounidense. Según el Wall Street Journal, muchos observadores estadounidenses consideran que Bandar podría tener éxito donde la CIA fracasó, con sus cargamentos ininterrumpidos de armas y dinero y su capacidad de poner bajo tutela a los combatientes islamistas.

Al Qods Al-Arabi, que dio detalladamente esta información el 29 de agosto de 2013, también ha sido objeto de una desestabilización a raíz de la destitución del emir de Catar el pasado 25 de junio. El periódico pasó bajo control del antiguo equipo dirigente de Catar, que desea convertirlo en portavoz de los neoislamistas, tanto en el mundo árabe como entre los locutores en lengua árabe de Europa occidental y del continente norteamericano… ¿O para parasitar el papel de Arabia Saudí en comandita con Al-Yazira? Es prematuro responder a esta pregunta.

El propio fundador y propietario del periódico, Abdel Bari Atwane, anunció su dimisión por sorpresa inmediatamente después de la destitución del antiguo emir, con una indemnización del orden de 19 millones de dólares por medio, según las informaciones aparecidas en la prensa jordana.

«Un combatiente experimentado apto para establecer las condiciones de la caída de Assad», sostiene el Wall Steet Journal con respecto a Bandar, según Al Qods Al Arabi.

Siga en sintonía.
Nota:
(1) Periódico Al Qods Al Arabi, 29 de agosto de 2013: http://www.alquds.co.uk/?p=79163 


Fuente: http://www.renenaba.com/arabie-qatar-le-lion-et-le-moucheron/ 

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