9/9/13

Cuando el Profeta del Islam perdió a su pequeño hijo Ibrahim

Dolor por la pérdida de un hijo - (historia del Profeta del Islam)


Dolor por la pérdida de un hijo

Un análisis de la vida del Profeta del Islam; Mahoma (Muhammad) (PB)

Por: Aiatollah Yafar Sobhani

 “¡Querido Ibrahim! Por nuestra parte, no hay nada que podamos hacer ni la Voluntad divina ni el destino retrocederán. Los ojos de tu padre están llorosos por tu muerte y su corazon se ha entristecido. Pero jamás pronunciará una palabra que provoque la cólera divina. Y si no fuera por la segura y veraz promesa de Dios de que nosotros también te seguiremos, mi llanto y mi tristeza por tener que separarme de tí serían aún mayores”.

Estas fueron las palabras que pronunció el santo Profeta (B.P.) a raíz del dolor causado por la muerte de su hijo Ibrahim, al tiempo que el alma del niño se desprendía de su cuerpo, y mientras lo abrazaba cariñoso posando sus labios en el rostro del pequeño. Con semblante acongojado y el alma dolorida, pero satisfecho siempre con la Voluntad divina, Muhammad se despidió de su hijo.

El amor y el cariño por los hijos es uno de los más elevados rasgos del espíritu humano, y su presencia en una persona es signo de la salud y delicadeza de su alma. Decía reiteradamente el Enviado de Dios:

“Sed cariñosos con vuestros hijos, y demostradles vuestros sentimientos” 

Y reiteró este consejo tantas veces que cuando se detallan las virtudes del Profeta se menciona obligadamente el gran cariño que sentía por los mismos.

Previamente (antes de la misión profética) Muhammad (B.P.) ya se había enfrentado a la muerte de otros hijos varones, llamados Qasim, Tahu y Taiieb, y de tres de sus hijas mujeres, llamadas Zainab, Ruqaiiah y Umm Kulzum. Estas pérdidas lo habían entristecido mucho. Fátima fue la única hija que sobrevivió y constituía el único recuerdo de su esposa Jadiya.          .

Durante el sexto año de la Hégira el Enviado de Dios (B.P.) había mandado mensajeros con misivas suyas a comarcas extranjeras. Uno de los países era Egipto, cuyo gobernador, pese a no dar una respuesta definitiva a la convocatoria al Islam del Profeta, respondió a su carta respetuosamente enviándole ademas varios obsequios entre los que se contaba una esclava de nombre María. Tiempo después esta mujer tuvo el honor de convertirse en la Esposa del Profeta y concebir de él un hijo llamado Ibrahim, al que el Enviado de Dios (B.P.) amaba intensamente. El nacimiento de aquel hijo disminuyo un tanto los efectos causados por la desaparición de seis hijos, y encendió una luz de esperanza en el corazón del Profeta. Lamentablemente luego de dieciocho meses aquella luz se apagó.

El Enviado de Dios había salido ese día de su casa. Pronto le informaron sobre la gravedad de su hijo y regresó de inmediato, lo tomó entre sus brazos y pronunció las palabras con que iniciamos este capítulo. El llanto y el dolor del Enviado de Dios muestran sus sentimientos humanos y sensible espíritu. En cuanto a que el Profeta no haya pronunciado palabra alguna contra la Voluntad divina, señala su gran fe y sometimiento a Dios, a Cuyo designio nadie puede escapar.

UNA OBJECION DESACERTADA E INCORRECTA

Abdurrahmán lbn Auf, hombre de los ansár, se vio sorprendido por el llanto del Profeta y le objetó diciendo: “Tú nos prohibiste llorar por nuestros muertos, ¿cómo es posible entonces que llores por la muerte de tu hijo?” Seguramente quien hacía esta objeción desconocía no solamente los principios y elevados fundamentos del Islam, sino que además desconocía los sentimientos y la sensibilidad espiritual que Dios ha puesto en el interior de cada ser humano. Todos los instintos y tendencias del alma fueron creados con finalidades específicas, y es preciso que cada uno de ellos se manifieste en el momento indicado. Un ser que no se acongoja por el deceso de los seres que ama, ni experimenta ningún tipo de reacción por ello no es más que un trozo de piedra, y no se lo puede llamar ser humano. Hay sin embargo en esta anécdota un punto interesante que merece ser destacado: aquella objeción, a pesar de ser infundada, muestra que la recién instaurada sociedad islámica de aquellos días gozaba de absoluta libertad, y que un hombre tenía derecho a criticar el proceder de su líder y obtener una respuesta.

Respondió el Profeta (B.P.):

“Jamás he dicho que no lloren por las muertes de sus seres queridos, pues los sentimientos son signos de (la presencia de) la compasión y la misericordia, y aquel ser que no siente compasión por su prójimo, no será compadecido por Dios ni recibirá Su misericordia. Sólo les he dicho que se abstengan de dar alaridos y de pronunciar palabras que contradigan la Voluntad divina, y también les exhorté a que no rasgaran sus vestiduras (ante las desgracias).”

Por orden del Profeta, el Príncipe de los creyentes Alí y Fadl Ibn Abbás, según la versión que trae la “Sira” Halabí- purificó el cuerpo de lbrahim y lo amortajó. Más tarde un grupo de fieles y el Profeta mismo llevaron el cadáver al cementerio de Baqi' y le dieron sepultura.

El Enviado de Dios observó la lápida de su pequeño y divisó un hueco en una de sus partes. Lo tapó y dijo:

“Cuando alguno de vosotros realice una obra, que la realice con precisión y perfección”.

LUCHA CONTRA LAS SUPERSTICIONES

 El día que Ibrahim murió se produjo un eclipse de sol. Un grupo que desconocía las leyes de la naturaleza creyó que su causa había sido el deceso del pequeño.

Probablemente, y a pesar de su irracionalidad, la situación podía beneficiar al Profeta. Si él hubiera sido un líder común, deseoso de obtener poder de afirmarlo, habría aprovechado de algún modo esta situación. Pero Muhammad se dirigió a la mezquita, se ubicó en el púlpito y dio a conocer a todos la verdad diciendo:

 “¡Gentes! El sol y la luna son dos de las innumerables maravillas de Dios, y ambos recorren su órbita según leyes impuestas por El. Jamás se eclipsan por el nacimiento ni la muerte de nadie, y nuestro deber es orar cuando un eclipse se produce”.

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