12/8/13

La autocrítica de Cuba ante la crisis de valores que desgarra a nuestras sociedades

Por A’li Rida Eric Peralta*


Desde la OLA-Organización para la Liberación Argentina, asumimos la batalla cultural como estrategia revolucionaria, en ese sentido la construcción de fuerza propia no la plasmamos con permisividad, construimos la Corriente del Pueblo en los barrios, los Jóvenes al Frente, La Peñaloza con los campesinos y productores pobres, el Taki Onqoy con los profesionales, estudiantes e intelectuales, como espacios fundacionales de un nuevo modelo civilizatorio.

Es decir que, además de la lucha política y social, nos proponemos una revolución de los valores, no miramos para otro lado ante la descomposición generalizada que desgarra y hiere de muerte a nuestro pueblo. A nuestros dirigentes, cuadros, militantes, coordinadores, responsables se nos obliga a hacer el bien y condenar el mal, no hay otra, además de lo que nos proponemos hacer, no se nos permite descuidamos de lo que no se debe hacer.

Por otro lado no sostenemos que el materialismo tenga todas las repuestas, así como lo manifiesta tan sueltamente la izquierda tradicional en nuestro país, las declaraciones de profunda crítica vertidas por el Comandante Raúl Castro a la sociedad cubana sobre la descomposición que atraviesa la vida cotidiana en todos sus niveles, esbozan aquello a lo que con espíritu de sacrificio todos los días damos batalla.

El Comandante se lamento percibir “con dolor, a lo largo de los más de 20 años de período especial, el acrecentado deterioro de valores morales y cívicos, como la honestidad, la decencia, la vergüenza, el decoro, la honradez y la sensibilidad ante los problemas de los demás”.

Afirmando que “una parte de la sociedad ha pasado a ver normal el robo al Estado, el hurto y sacrificio ilegal de ganado, la captura de especies marinas en peligro de extinción, el uso de artes masivas de pesca, la tala de recursos, el acaparamiento de productos deficitarios y su reventa a precios superiores, la participación en juegos al margen de la ley, las violaciones de precios, la aceptación de sobornos y prebendas”.

Se ha afectado la percepción respecto al deber ciudadano ante lo mal hecho y se tolera como algo natural botar desechos en la vía, ingerir bebidas alcohólicas en lugares públicos inapropiados y conducir vehículos en estado de embriaguez. El irrespeto al derecho de los vecinos no se enfrenta, florece la música alta que perjudica el descanso de las personas; prolifera impunemente la cría de cerdos en medio de las ciudades con el consiguiente riesgo a la salud del pueblo; se convive con el maltrato y la destrucción de parques, monumentos, árboles, jardines y áreas verdes”.

Por otro lado la intervención de Castro durante la Asamblea Nacional sostuvo la crítica a la evasión “del pago del pasaje en el transporte estatal o su apropiación por algunos trabajadores del sector; grupos de muchachos lanzan piedras a trenes y vehículos automotores, una y otra vez en los mismos lugares; se ignoran las más elementales normas de caballerosidad y respeto hacia los ancianos, mujeres embarazadas, madres con niños pequeños e impedidos físicos. Todo esto sucede ante nuestras narices, sin concitar la repulsa y el enfrentamiento ciudadanos”.

“Lo más sensible es el deterioro real y de imagen de la rectitud y los buenos modales del cubano. No puede aceptarse identificar vulgaridad con modernidad, ni chabacanería ni desfachatez con el progreso; vivir en sociedad conlleva, en primer lugar, asumir normas que preserven el respeto al derecho ajeno y la decencia”.

Cuba, su pueblo y su gobierno revolucionario, es para nosotros ejemplo vivo de dignidad, de audacia frente a la arrogancia imperialista, confirmación de que se puede vencer.

Pero como tenemos nuestras tareas aquí y ahora, y no sostenemos de ninguna manera solo buenas, buenísimas intenciones, construimos una estrategia real de poder, propia y de cara a nuestro ideario que es por sobre todas las cosas indigenista, patriótico y revolucionario, pero que también se alimenta de raíces de otros pueblos y comunidades, de tradiciones ancestrales, completamente a contramano de la superchería colonizadora de occidente, que ha llevado a la desintegración de nuestras sociedades, a la descomposición del ser humano y la destrucción de su medio.

Pero claro esto lo sostenemos desde un diagnostico que entre otras cosas nos hace afirmar que la crisis actual del capitalismo parte de un quiebre civilizatorio integral, que incluye factores ambientales, climáticos, energéticos, hídricos, alimenticios, pero también, y este es el daño más grande, espirituales y morales.

En definitiva estamos asistiendo al agotamiento de un modelo de organización económica, productiva y social, con sus respectivas expresiones en el ámbito ideológico, simbólico y cultural. Es decir, nuestras sociedades están en franca descomposición y, entre otras cosas, han naturalizado circuitos de economía criminal, impulsados desde los sectores de poder que enfrentamos, pero también sostenidos desde sectores organizados de nuestros pueblos.

La sociedad cubana, como lo describe el Comandante Raúl Castro, con todas sus excepcionalidades, no ha quedado por fuera de esta crisis de carácter civilizatorio.

Desde ese diagnostico, en el que ya nos hemos extendido en materiales de la OLA, afirmamos que hoy, más que nunca, revolución y espiritualidad son una relación incontrastable para dar la batalla cultural que sin medias tintas hay que sostener en todos los frentes.

La economía, la política deben estar atravesadas de lo que nosotros llamamos “el saneamiento de los corazones”, para eso hay que superar las dualidades obscenas del mundo de hoy, teniendo presente lo que hay que hacer pero sobre todo lo que hay que dejar de hacer.

Los diagnósticos y las proyecciones de los revolucionarios ya no pueden sostenerse meramente desde las especulaciones de carácter cientificista, es necesario poner en debate la revolución de los valores que nuestras sociedades necesitan, y en ese sentido nosotros sostenemos que tanto el indigenismo latinoamericano, como el islam en el mundo sostienen una espiritualidad que atravesando la vida pública y privada, individual y comunal, ordenando el bien y condenando el mal, han de ser la levadura del socialismo del siglo XXI que debemos crear.

Un socialismo que no se podría, en esta instancia de crisis integral, concebir como algo meramente materialista, la crisis de valores que desgarra a nuestras sociedades, con su consecuente consumismo y vicios se resolverá solo si asumimos que nuestro corazón ha de ser un campo de batalla, nuestra cotidianidad y por supuesto nuestras organizaciones deben verse afectadas.

En las dinámicas revolucionarias sociales y políticas en curso, levantamos todo aquello que tanto eriza a buena parte de los “progres” y la llamada “izquierda” Argentina, el proceso en Bolivia es quizás en nuestro continente el que más claramente sostiene esta cosmovisión que asumimos, el suma qamaña con el liderazgo de Evo y la visibilidad de las “tensiones creativas”, a las que hace mención García Linera, que esperamos sean superadas contrariando las lógicas destructivas de occidente; también Chávez, en una sociedad revolucionada pero atravesada por la corrupción, absolutamente desacartonado de los modelos de la izquierda tradicional, hizo mucho más que simples gestos a las tradiciones ancestrales, y hasta se permitió pedir, acompañando a su diagnostico del mundo actual, el regreso de Jesús y Al-Mahdi, con la significación que esto tiene para los cristianos y los musulmanes, y también por supuesto para las izquierdas vernáculas.

Fuera de la región de Abia Yala, hay que poner en su lugar a la República Islámica de Irán, que sigue siendo una explosión de luz en la inmensa oscuridad en la que nos ha sumergido la modernidad.


*Secretario General de la OLA-Organización para la Liberación Argentina.

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