17/7/13

La sombra del Islam sunní

Por Kamel Gomez


Cuando un neófito estudia el Islam, rápidamente le sale a la luz la diferencia entre sunnitas y shiítas. Entonces, uno estudia con más precisión algunas distinciones en la manera de percibir el tauhid (el "monoteísmo", o mejor: la afirmación de la Unidad), y principalmente, las cuestiones vinculadas al fiqh, o jurisprudencia.

Teoría y acción analizadas "horizontalmente" desde las escuelas islámicas. Y si a eso se le suma la lectura "vertical" de los musulmanes, es decir: la percepción que hace un hombre o mujer "común" puede ser muy diferente a la de un filósofo musulmán, o incluso a la de un místico. Ejemplo, filósofos y místicos pueden tener una cosmovisión semejante, aunque pertenezcan a universos islámicos diferentes. También, musulmanes de la misma escuela en cuestiones de filosofía y mística pueden tener lecturas diametralmente opuestas.

Seamos concretos: en el Sunnismo, las lecturas contrapuestas entre el Sufismo y los Wahabíes; y en el Shiísmo, podemos notar diferencias importantes entre los usulíes y los ajbaríes. En fin, queremos hacer notar que las simplificaciones sobre el Islam, y el reduccionismo de muchos occidentales y también musulmanes no tienen cabida.

Ahora bien, cuando se pasa al aspecto político, se vincula directamente al Shiísmo con Irán, en especial luego del triunfo de la revolución islámica del '79 liderada por el Imam Jomeini. Los musulmanes shiítas no niegan el vínculo, sino que incluso se identifican (en mayor o en menor medida) con la revolución shií. Lo que no quiere decir, en absoluto, que los musulmanes de tendencia shií respondan a la nación persa. ¿Acaso los católicos, por respetar al Papa Francisco y seguirlo como autoridad espiritual, tienen "doble nacionalidad"? No dejemos lugar a dudas: no hay una "internacional" shiíta, ni mucho menos un parecido a otro sector "religioso" bien sufrido por los palestinos.

En el ámbito sunní, el panorama es más complejo. Desde los talibanes hasta los Hermanos Musulmanes, pasando por los vinculados a las ideas de laicismo y arabismo -que también impacta en shiítas-, podemos afirmar que el "Islam político sunní" tiene serias distinciones. Desde Al-Qaeda hasta la universidad Al-Azhar, las lecturas del Islam que se dan desde la perspectiva sunní pueden ser absolutamente opuestas.

Evidentemente, es natural que el Sunnismo tenga tantas respuestas a un mismo dilema. Su distribución geográfica y sus más de mil millones de almas no pueden compartir las mismas coordenadas. Es fácil de entender si pensamos en un cristiano en Bolivia, otro en Argentina (en especial si es de Buenos Aires), y uno en Francia. Quizás tengan una misma percepción de su religión, pero sus discusiones políticas pasarán por otro lado.

Pero hay un hilo conductor que crece como un virus. Se trata de la lectura salafí-wahabí-takfirista (SWT). Sin duda, y lo reiteramos, esta visión del Islam es el enemigo interno de los musulmanes. Nos preocupa que muchos musulmanes que incluso critican con firmeza el discurso de los SWT, cuando empiezan a reflexionar sobre la teoría y la practica de los musulmanes, mencionen con entusiasmo términos como Bida-a' ("innovación"), o Shirk ("asociación"), y que incluso pongan en duda la condición de musulmanes de los seguidores de la escuela de Ahlul Bait (la paz sea sobre todos ellos), llamados despectivamente "rafidíes".

Muchos musulmanes sunníes se desentienden de esta discusión. Algunos, conviviendo con estos hermanos sin generar espacios de debate fundamentales para descorrer los velos de ignorancia. Otros, intentan comparar las afirmación de sabios de la corriente SWT con las expresiones de los musulmanes shiís ignorantes. Por supuesto, no negamos que se establecen muchos "mitos" entre los musulmanes mismos. Pero ponernos todos en jueces es una injusticia, cuando debemos comportarnos como fiscales, y mencionar a los culpables de esta situación.

El reto del Islam Sunní hacia sus integrantes es serio. El Sufismo (que desgraciadamente se encuentra más en los libros que en sus practicantes) puede aportar muchísimo en cuestiones doctrinales. Y los shiítas debemos ayudar con cooperación, paciencia y solidaridad. No se trata de sentirnos víctimas (sí, por las dudas, el autor se reconoce shií). Tampoco se trata de ocultar nuestras diferencias. Mejor es reconocerlas. Y mucho mejor es verificar juntos la enorme cantidad de coincidencias, muchas veces ocultadas a sabiendas.

Además, no podemos descuidar el juego que hacen los de siempre, que quieren mantener a la Umma (comunidad) dividida. El discurso es siempre el mismo: disfrazar a los problemas políticos en supuestos odios religiosos. Y así, las guerras de liberación se "traducen" en guerras civiles. Caer en esta trampa es un falta enorme. Por eso, vayan estas lineas como invitación a reflexionar en la desgracia del Islam: la trampa del sectarismo. Es cierto, a veces es muy difícil, porque mientras más se habla de estas cuestiones, menos dolares se reciben... 

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