14/7/13

China y EE.UU.,¿ hacia una nueva bipolaridad?

China y EE.UU., hacia una nueva bipolaridad

El secretario general del Partido Comunista chino, Xi Jinping, dejó atrás la admonición de Deng XiaoPing en 1978: “oculta tu brillantez y espera tu tiempo”, al comenzar 30 años de crecimiento a la tasa más alta -9,9% anual promedio- y durante el período más prolongado de la historia del capitalismo desde la Revolución Industrial (1780-1840); y ahora, a través de un acuerdo estratégico con EE.UU., coloca a China en el primer plano de la política mundial.
La reformulación de Xi Jinping implica que el tiempo ha llegado para esbozar, junto con EE.UU., los trazos fundamentales del orden global, que aseguren la gobernabilidad del sistema y establezcan las bases de un Estado mundial.
La estructura del poder global ofrece los siguientes rasgos: terminó la unipolaridad hegemónica de EE.UU. y no hay signos de multipolaridad, porque Europa y Japón retroceden, y se orientan hacia un destino de irrelevancia, mientras el mundo, hondamente integrado y unificado, s e despliega en una configuración notoriamente bipolar, con solo dos protagonistas: China y EE.UU.
Xi Jinping ha definido ahora el objetivo estratégico para los próximos 10 años como la realización del “sueño del pueblo chino”. Hay solo otro país en el mundo que define su identidad nacional con similar referencia onírica. Es EE.UU., la civilización americana. La característica primordial de la civilización estadounidense es un extraordinario nivel de autoestima.
Para ella, el “sueño americano” no es solo una promesa de ascenso social, sino también la certidumbre de una legitimidad excepcional de su orden político, de raíces trascendentes y vocación global.
Esta confianza en su excepcionalidad es constitutiva de EE.UU.: “Los norteamericanos no tienen una ideología, son una ideología”, dice Chesterton; y esta certidumbre está directamente vinculada - es una de sus raíces - a un rasgo estructural decisivo: EE.UU. dispone desde su origen del más alto nivel de productividad del mundo moderno, y así ha sido desde los viajeros del Mayflower a Steve Jobs.
China decidió ahora abreviar los plazos de la internacionalización del renminbi /yuan y asegurar su convertibilidad plena en los próximos 3/5 años, o quizás antes. Para eso comenzó a liberar sus tasas de interés y terminar con la represión de su sistema financiero, asegurando al mismo tiempo la completa transnacionalización de sus mercados bursátiles, fundiéndolos, a través de reglas comunes de funcionamiento, con Wall Street, Frankfurt y Londres.
La reforma financiera es absolutamente central en la agenda de la quinta generación que lidera Xi Jinping, e implica la integración plena de China con el capitalismo avanzado, con lo que culmina -y se realiza históricamente- la globalización del sistema capitalista iniciada en la década del ‘70. El sustento de esta aceleración es que desapareció la depreciación del yuan como ventaja competitiva. Su sobrevaloración frente a las divisas de todos sus competidores sería más de 30%, resultado directo de la apertura de la cuenta capital realizada por el gobierno chino; y esto sucede cuando el superávit comercial ha caído a 2,1% del PBI, el nivel más bajo en los últimos 30 años, y tiende a declinar cada vez más.
El yuan cerró a 6,12/U$S el 27 de mayo, 35% por arriba, en términos nominales, del nivel de junio de 2003; y ese mes se apreció más respecto al dólar que en el resto del año sumado. Si se cruza con el alza de los costos laborales (+20% anual desde 2008), la valorización es 50% mayor respecto a la de 10 años atrás.
Un mundo como el del siglo XXI solo se puede conducir, no dominar. Es un sistema de flujos, donde la regla es la instantaneidad y en el que las crisis se transforman en fenómenos constantes. Un sistema así solo se puede conducir a través de los sueños. La cultura estratégica china no se caracteriza por su sentimentalismo, sino por su lucidez.
Clarin

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