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Arabia Saudí, ¿rehén de sus inmigrantes?

Arabia Saudí, rehén de sus inmigrantes

Por:  03 de julio de 2013
Apenas 24 horas antes de que hoy concluyera el plazo para que los inmigrantes en situación irregular arreglaran sus papeles o abandonaran Arabia Saudí, el rey Abdalá ha extendido la fecha límite hasta finales del año islámico. Eso significa que decenas de miles de trabajadores extranjeros que corrían el riesgo de ser deportados, disponen hasta el 4 de noviembre para encontrar una solución. Pero la medida no es tanto un gesto benevolente como el resultado del ingente número de casos que pone en evidencia la dependencia saudí de la mano de obra extranjera y la perversión del sistema de patrocinio de los trabajadores.
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Trabajadores asiáticos hacen cola ante una oficina de inmigración en Riad el pasado mayo. / AFP
El origen de todo el embrollo está en el deseo de las autoridades de reducir el paro entre los jóvenes saudíes (en torno al 30%, frente a un 12,6% de media). Tras las revueltas que desde 2011 han derrocado a varios dictadores árabes, el monarca convirtió ese objetivo en una prioridad. De ahí que además de destinar 100.000 millones de euros a gasto social, esté buscando la fórmula para que los nuevos empleos que se crean sean ocupados por nacionales. Con ese fin, ha endurecido las normas para la contratación de ciudadanos de otros países y ofrecido la amnistía para aquellos en situación irregular.
Unos datos básicos: Casi un tercio de los 29 millones de habitantes de Arabia Saudí son extranjeros, pero constituyen por lo menos la mitad de la fuerza laboral (11,3 millones). En su mayoría se trata de asiáticos (indios, paquistaníes, bangladeshíes y filipinos) ocupados sobre todo como obreros en la construcción y los servicios. Según el banco de inversiones EFG Hermes, los inmigrantes sin visado en regla pueden alcanzar el 30% del total.
La ley saudí exige que, para obtener un permiso de trabajo y de residencia, los extranjeros sean avalados por la persona que les da empleo. El sistema (kafala en árabe, sponsorship en inglés) da un enorme poder al patrocinador o sponsor, cuyo permiso es necesario para viajar fuera del país o para cambiar de empleo.Algunos saudíes han convertido ese régimen en una forma de vida dedicándose a importar mano de obra “como si fuera ganado”, en palabras de un profesional español que reside en Riad.
“Hay tráfico de empleados entre los sponsors; quien firma los papeles para traerlos no siempre es quien los emplea; se los pasan de unos a otros, según las necesidades”, explica la fuente. Eso sí a cambio de jugosas comisiones, de las que los trabajadores no ven un céntimo.
En otros casos, un saudí acepta patrocinar a uno o varios trabajadores a cambio de una comisión anual por renovarles los permisos de trabajo y de residencia, tal como ha revelado el diario Saudi Gazette. La fórmula, conocida como “visado libre”, hace que miles de inmigrantes estén trabajando de forma ilegal porque han sidoimportados para negocios que no existen.
Así que el pasado marzo, las autoridades pusieron en marcha una campaña de inspecciones y controles para detectar y detener a quienes no tuvieran la documentación en regla o no estuvieran trabajando para el patrocinador de su visado. Enseguida se corrió la voz y muchos negocios enviaron a sus empleados a casa, o dejaron de atender cara al público para evitar detenciones y multas.
“Hubo obras que se pararon de un día para otro y varios colegios que tuvieron que cerrar debido a la falta de personal”, recuerda el profesional antes citado.
Pronto se hizo evidente que era imposible encarcelar a todos. A principios de abril, los Ministerios de Trabajo y del Interior anunciaron tres meses de graciapara los trabajadores que arreglaran sus documentos o abandonaran el país sin temor a ser penalizados y no poder regresar en el futuro. Ese plazo concluía hoy. Según datos oficiales, cerca de 1,6 millones de inmigrantes se han beneficiado de la medida. De ellos, 180.000 se han ido del país, una cifra que se suma a los 200.000 expulsados en los primeros meses del año, antes de que entrara en vigor la amnistía. (En 2012, los deportados fueron 575.000.)
Pero miles más no han tenido tiempo material de solucionar su situación.Tal vez casi otros tantos, ya que se estimaban entre dos y tres millones los trabajadores en situación irregular. El problema es que a muchos de ellos sus patrocinadores les retuvieron el pasaporte a la llegada, una práctica a menudodenunciada por las organizaciones de derechos humanos, y ahora no tienen forma de recuperarlos, o han caducado entre tanto. De ahí las colas que se han formado ante los consulados (en una de las cuales ante el Consulado indonesio en Yeddah el 9 de junio murió una mujer en una reyerta). Incluso quienes han podido hacerse con un documento de viaje tenían problemas para conseguir un billete de avión a tiempo.
Tampoco los que han logrado regularizar sus papeles para quedarse se libran de dificultades. Algunos empresarios, sabedores de la desesperación de quienes se veían abocados a irse, han aprovechado para ofrecer contratos a la baja. En la construcción, se están haciendo contratos por entre 1.000 y 1.200 riales al mes (entre 205 y 245 euros), una quinta parte de lo que algunos habían llegado a ganar, según declaraciones recogidas por Arab News. Este diario cita a hombres de negocios que estiman que las empresas se han ahorrado unos 10.000 riales por trabajador contratado, lo que multiplicado por los regularizados sumaría en torno a 2.800 millones de euros.
Además, las nuevas regulaciones saudíes han alarmado a los países que cuentan con los ahorros de los emigrantes como una de sus principales fuentes de ingresos, como es el caso de Egipto, Yemen, India, Pakistán, Sri Lanka, Indonesia o Filipinas. Arabia Saudí es el tercer país que remesas genera, según el Banco Mundial. Las autoridades yemeníes incluso se han puesto en contacto con Riad para advertir que el regreso de un gran número de sus nacionales desestabilizaría su frágil proceso de transición política.
Menos claro está el efecto que va a tener sobre el paro de los jóvenes saudíes. Aunque en los últimos años, los locales han empezado a aceptar trabajos que hasta entonces descartaban como recepcionistas de hotel o cajeros de supermercado, todavía hay muchos trabajos a los que se resisten, sobre todo en la construcción y en los servicios. Una salida en bloque de decenas de miles de extranjeros tendría un impacto negativo en la economía, tal como se vio venir en marzo cuando se produjeron los primeros cierres. Y su sustitución por saudíes va a llevar algún tiempo. “Corremos el riesgo de que el país se paralice”, advierten varios residentes.

Elpais.com

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