13/6/13

Wagner, entre el antisemitismo y el tabú

POR DANIEL BARENBOIM PIANISTA Y DIRECTOR DE ORQUESTA

El racismo, muy extendido en el siglo XIX y determinante bajo el nazismo, persiste en la sociedad actual. Con lucidez, se deben desarticular opiniones indignas y reconocer que el Estado de Israel se fundó a costa de otro Estado y que ejecutar la música de Wagner no implica avalar a Hitler.

Quizá ningún otro compositor de la historia buscó combinar elementos tan evidentemente incompatibles en sus obras. Las cualidades que tanto entusiasman a los seguidores de Richard Wagner a menudo son las mismas que rechazan sus detractores, como su tendencia a los extremos en todos los aspectos de la composición.
La música de Wagner con frecuencia es compleja, a veces simple pero nunca complicada. La diferencia es sutil, pero la complicación en este sentido implica, entre otros significados, el uso de mecanismos o técnicas innecesarios que podrían confundir el significado de la música. Estos no están presentes en la obra de Wagner. La complejidad, en cambio, en su música está siempre representada por lo multidimensional. Es decir que la música está compuesta por muchas capas que pueden ser individualmente simples pero que en conjunto constituyen una construcción compleja. La complejidad de Wagner es siempre un medio y nunca un fin en sí mismo.
Considero muy importante acabar con ciertos malentendidos y falsas afirmaciones sobre Wagner precisamente porque las percepciones sobre él suelen ser confusas y polémicas. Aquí también quiero comentar los aspectos extramusicales de la personalidad de Wagner y entre estos están, por supuesto, sus notorias e inaceptables declaraciones antisemitas.
El antisemitismo no era algo nuevo en la Alemania del siglo XIX.
Recién en 1669 fue legal para los judíos moverse con cierta libertad en Berlín y las zonas aledañas. Los judíos tenían prohibido poseer tierras, comerciar con lana, madera, tabaco, cuero o vino o ejercer una profesión.
Las declaraciones antisemitas de Wagner deben verse en este marco. Un grado considerable de antisemitismo fue un elemento indiscutible de los movimientos nacionalistas de la Europa de fines del siglo XIX.
No era algo fuera de lo común culpar a los judíos por todos los problemas, ya fueran políticos, económicos o culturales.
Estas circunstancias históricas no cambian el hecho de que RichardWagner fuera un antisemita virulento de la peor clase cuyas afirmaciones son imperdonables. Su antisemitismo en parte se debe al éxito de sus contemporáneos judíos Felix Mendelssohn y Giacomo M eyerbeer.
Wagner publicó por primera vez su ensayo El judaísmo en la músicaen 1850 bajo el seudónimo K. Freigedank en el Neue Zeitschrift für Musik en Leipzig. En él, dice: “El judío (…) en la vida corriente nos impresiona sobre todo por su apariencia exterior que, cualquiera sea la nacionalidad europea a la que pertenezcamos, tiene algo desagradablemente ajeno a esa nacionalidad: instintivamente no queremos tener nada en común con un hombre que tiene ese aspecto”.
Como hemos observado durante los recientes debates sobre la integración en Europa, l as afirmaciones racistas, ya sea contra los judíos o actualmente contra los musulmanes, de ningún modo han desaparecido de la sociedad actual.
Theodor Herzl, fundador del movimiento sionista, al principio estaba a favor de la completa asimilación de los judíos. Fue su preocupación por el antisemitismo europeo lo que lo llevó a querer fundar un estado judío. Pero Herzl no había pasado por alto el hecho de que los árabes vivían en Palestina cuando elaboró la idea de un estado independiente para los judíos europeos.
Hoy, muchos israelíes ven la negativa de los palestinos a reconocer al Estado de Israel como la continuación del antisemitismo europeo de preguerra. Sin embargo, no es el antisemitismo lo que determina la relación de los palestinos con Israel sino la resistencia a la división de Palestina en el momento de la fundación de Israel y el hecho de que se les niegue la igualdad de derechos, por ejemplo el derecho a tener un estado independiente.
Palestina no era un país deshabitado (como sostiene la leyenda nacionalista israelí). Pero hasta hoy en la sociedad israelí es tabú decir que el Estado de Israel se fundó a costa de otro pueblo.
Otro tabú que sigue vigente en Israel es la ejecución de las obras de Wagner en el país. Cuando hoy se sigue manteniendo el tabú sobre Wagner en Israel, en cierto sentido significa que le estamos dando a Hitler la última palabra, que reconocemos que Wagner fue un profeta y un antecesor del antisemitismo nazi y que se lo puede hacer responsable, aunque sea indirectamente, de la solución final.
Esta opinión es indigna de los oyentes judíos. Estos en cambio deberían dejarse influenciar por pensadores judíos tan grandes como Spinoza, Maimónides y Martin Buber en lugar de por dogmas mal concebidos.
Copyright The New York Times, 2013. Traducción: Elisa Carnelli.

No hay comentarios:

Publicar un comentario