30/6/13

¿Más judío que democrático?

Interesante crítica "suave" del diario El País a la naturaleza racista del régimen sionista... Por supuesto, nos desentendemos del último párrafo que intenta dejar en claro de que lado está el periodista... 

Israel se mira al espejo tras 65 años y hay quienes en el país no ven una imagen aún del todo definida. 

Ese debe ser el motivo por el que un grupo de legisladores conservadores haya presentado esta semana en la Knesset un proyecto de ley que establece que Israel es “un Estado judío con un régimen democrático”. Lo segundo, por si no queda claro, supeditado a lo primero. Hoy, dos leyes básicas del Estado -que carece de Constitución- lo definen como “judío y democrático”, por igual. Tanto monta, monta tanto.

Lo que buscan estos legisladores, de los partidos Likud y Casa Judía, coaligados en el Gobierno, es forzar a los juzgados a velar por la manutención de la naturaleza judía del país. Hasta el momento, la jurisprudencia establece que los judíos de Israel no pueden tener trato preferente sobre los demás, en tanto en cuanto en la esencia de la nación se halla su condición democrática para con todos sus ciudadanos de derecho.

Lo explicó en la Knesset en estos términos el legislador Yariv Levin: “Durante años, la Corte Suprema ha erosionado la naturaleza judía del Estado, convirtiéndolo en un Estado democrático con un poco de contenido judío... Esta ley restaurará el orden correcto. El Estado es un Estado judío, el Estado del pueblo judío, y es el valor básico dentro del que el régimen democrático existe. Esta ley impondrá sobre la Corte Suprema una interpretación diferente y más correcta”.

Puede que sea este un regreso a 1948. La Declaración de Independencia, de aquel año, contiene la palabra judío 650 veces mientras el vocablo democracia no se menciona ni una sola. En aquel momento, era imperativo para los padres del Estado marcar unas fronteras para el pueblo judío, de acuerdo con los principios del sionismo. Hoy, los legisladores quieren espantar el fantasma de la asimilación, en un Estado de 7,7 millones de habitantes de los que 6 millones son judíos. El resto son, en su gran mayoría, árabes.

El analista Yigal Sarma hace hoy un llamativo paralelismo en Yedioth Ahronoth sobre lo que esta ley, si se aprueba, puede significar: “Es como si llamáramos al legislador Levin un judío con la estructura de un cuerpo humano antes que un humano judío. Tal vez un extraterrestre o un robot con forma humana”.

Ciencia ficción aparte, hay, cerca de Israel, un país que se podría considerar un Estado religioso con un régimen democrático. Se trata de Irán, que celebra elecciones legislativas y presidenciales. Pero la legitimidad de ese sistema, entendida como tal, proviene de dios, y no de los electores. Es por eso por lo que sobre el Presidente y el Congreso hay un Líder Supremo, que vela por que se mantengan los valores de la revolución islámica, incluso vetando a candidatos. Ante el espejo, los legisladores de Israel deben decidir ahora si prefieren parecerse a Irán o las democracias occidentales con las que Israel se ha aliado desde hace ya tiempo

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