12/6/13

El embargo alcanza la salud de los iraníes

Para Shahla la política exterior y las sanciones internacionales son una cuestión de vida o muerte.
Recién operada de un cáncer de ovarios, cada vez encuentra más dificultades para conseguir la medicación que necesita. Como ella miles de iraníes afectados de cáncer, Párkinson, esclerosis múltiple y otras enfermedades están sufriendo una perversión del sistema de sanciones que, aunque no incluye las medicinas, hace su pago virtualmente imposible. Sin embargo, ni las autoridades iraníes, ni las estadounidenses que están detrás del sistema de sanciones, dan un paso al frente para resolver el asunto.

“Al principio, me recetaron una inyección alemana que me iba muy bien, luego me la sustituyeron por una fabricada en India que no era tan efectiva y cuando esta también desapareció del mercado, me pusieron una fabricada en Grecia”, explica Shahla en su casa del barrio de Sadr en Teherán. “Me dio una alergia brutal. Me salieron ampollas por todo el cuerpo, no podía tragar de la hinchazón en la garganta y tuvieron que hospitalizarme durante diez días. Creí que me moría”, recuerda.

Ahora, su oncólogo ha encontrado un medicamento suizo que está funcionando, pero cada inyección cuesta 55 millones de riales (1.100 euros), que hay que sumar al resto de su tratamiento. “Afortunadamente tengo un buen seguro que me cubre el 60% del coste de las medicinas; si no, hubiera tenido que vender mi casa”, confía sabedora de que otros están en peor situación. “Los medicamentos no están afectados por las sanciones, son las dificultades para transferir dinero las que nos impiden adquirirlos”, apunta esta mujer culta a la que la enfermedad ha retirado prematuramente de su trabajo en la televisión.

El Gobierno iraní puede en teoría comprar medicamentos occidentales, ya que el comercio humanitario de comida, productos agrícolas, medicinas y aparatos médicos está exento de la larga lista de sanciones contra Ia República Islámica. Sin embargo, en la práctica, le resulta extremadamente difícil pagar esas compras debido a las restricciones a las transacciones financieras. Según un reciente informe del Wilson Center, “es imposible hacer efectiva esa excepción”. De hecho, las importaciones iraníes de medicinas fabricadas en EE UU y Europa se redujeron un 30% en 2012 respecto a 2011 y continúan bajando.

“Hay pacientes en Irán que están muriendo de enfermedades tratables por la falta de medicinas vitales”, asegura Siamak Niamazi, el analista iraní basado en Dubái que ha coordinado ese trabajo.

“No ha muerto una sola por falta de medicinas”, discrepa el oncólogo Mohsen Razavi, el único médico que accedió a hablar entre media docena de contactados en cuatro hospitales distintos. Las autoridades no atendieron la solicitud de esta corresponsal para entrevistar a un portavoz autorizado.

Razavi admite que hay escasez de algunas medicinas de marcas extranjeras, pero insiste en que se están sustituyendo con “importaciones de genéricos desde India, Cuba y otros países” y con un aumento de la producción nacional. En su opinión, la insistencia en los medicamentos extranjeros, el acaparamiento e incluso el recurso al mercado negro, es fruto de que “la gente tiene miedo por la situación política”. ¿Y la distinta eficacia de unos y otros productos? “No hay un estudio comparativo, esperamos obtener los mismos resultados”, afirma.

La señora M. discrepa. Ella sufre de esclerosis múltiple y la inyección iraní que sustituye al Betaferon de Bayer con que le trataban hasta ahora, “es mucho más grande y dolorosa”. Se lo comento al doctor Razavi. “¡Qué le vamos a hacer!”, responde a la vez que se encoje de hombros.

“Debido a las patentes y la naturaleza altamente regulada de la industria farmacéutica, los medicamentos vitales son a menudo insustituibles”, señala Niamazi.

Una visita a la gran farmacia estatal Sisda Aban, en la calle Karim Khan, confirma la escasez. Una mujer cubierta con un chador pide una receta para su hijo enfermo de corazón. Cuenta que lleva dos meses buscándola. Su frustración es patente cuando el empleado le dice que no la tiene. Sin embargo, se niega a contar a la periodista de qué producto se trata. “No quiero meterme en líos”, aduce. Otra busca un spray de marca extranjera para su alergia y el mancebo le dice que tal vez encuentre uno de fabricación nacional en otro establecimiento.

En la botica de la plaza Fatemi, el joven farmacéutico que está al frente accede a hablar desde el anonimato. “Es cierto que tenemos escasez de medicinas extranjeras, y también de algunas de fabricación nacional”, afirma antes de enumerar una lista de cada categoría. “La situación ha empeorado en los últimos cuatro o cinco meses”, añade. ¿Y los medicamentos nacionales para el cáncer, el Parkinson o la esclerosis múltiple son igual de eficaces que los extranjeros? “Sólo Dios lo sabe”, concluye escéptico.

Incluso si la escasez de medicamentos vitales causada por las sanciones no ha costado ninguna vida, lo cierto es que la dificultad para obtenerlos, su carestía y la menor calidad de sus sustitutos están haciendo la vida más difícil a muchos iraníes como Shahla o la señora M.

http://internacional.elpais.com/internacional/2013/06/11/actualidad/1370968747_879999.html

No hay comentarios:

Publicar un comentario