15/5/13

"Si Israel no se contiene, las consecuencias serán graves. Con una sola cerilla se puede consumir un bosque entero"

El ministro iraní de Asuntos Exteriores Alí Akbar Salehi habla sobre la guerra civil en Siria, sobre el programa nuclear de Teherán y las inminentes elecciones presidenciales
"Por lo que respecta a Siria, planteamos tres exigencias comunes: se debe acabar con cualquier tipo de injerencia desde el exterior; se tiene que reconocer la integridad y la soberanía del Estado; y, por último, el Gobierno y la oposición deben formar una dirección interina conjunta que conduzca al país a una nueva era. No existe otro camino."



Alí Akbar Salehi parece cansado y fatigado. En las últimas 48 horas, el ministro de Asuntos Exteriores iraní ha mantenido primero una larga conversación con el rey Abdalá II en Jordania, luego ha volado hasta la sitiada Damasco para abordar la situación que atraviesa Siria con el presidente Bachar el Asad. Y nada más aterrizar en Teherán, ha vuelto a despegar de nuevo rumbo a las provincias con su propio presidente porque Irán está en plena campaña electoral.

Solo 10 días antes de esta entrevista, Israel había bombardeado objetivos en Damasco. Desde comienzos de año, la lucha por hacerse con el poder se recrudece cada vez más en Siria; es probable que incluso se hayan utilizado armas químicas.

Irán, el gran aliado de El Asad, juega un papel decisivo, entre bambalinas, pero también en pleno escenario: después de las dos conferencias sobre Siria celebradas el año pasado, Salehi planea ahora una reunión más para poner fin al derramamiento de sangre.

Eso es lo que quieren también Moscú y Washington, que han anunciado la celebración de una cumbre internacional para abordar la crisis. Aunque los rusos han hecho hasta ahora todo lo posible para sostener al régimen de El Asad. Le han suministrado armamento y munición y sus militares no solo están estacionados en la base de la marina en la localidad siria de Tartus, sino también en posiciones de defensa antiaérea.

En realidad, es probable que Moscú pretenda ganar tiempo y, sobre todo, impedir que el presidente estadounidense, Barack Obama, intervenga militarmente. Parece ser que se ha utilizado gas tóxico contra la población civil; en ese caso, Obama podría verse empujado a intervenir, a pesar de que no desea implicarse en la guerra. Tal como ha revelado The Wall Street Journal, en este momento no busca tanto la caída de El Asad como lograr una solución negociada. El presidente estadounidense quiere conservar el aparato del Estado en Siria para evitar que la situación desemboque en un absoluto caos.

Porque, mientras Occidente sigue con preocupación el fortalecimiento de los fanáticos suníes entre los rebeldes sirios, los alauíes que combaten a favor de El Asad llaman a luchar contra sus adversarios musulmanes. Y el Hezbolá chií de Líbano también mete baza; miles de sus hombres están ya en Siria.

Salehi, de 64 años de edad, es una figura clave en Oriente Próximo y uno de los pocos políticos iraníes que disfrutan de la confianza de muchos poderosos de la región y que, al mismo tiempo, son capaces de comprender la postura de Occidente. En comparación con otros políticos, este físico nuclear está considerado como una persona abierta al mundo. Se doctoró en el elitista Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) en Cambridge y es uno de los mejores conocedores del programa nuclear iraní.

Sobre todo, Salehi es uno de los pocos miembros del Gobierno que cuenta con el respaldo total del líder de la revolución, el ayatolá Alí Jamenei, que es quien tiene la última palabra en todas las cuestiones decisivas de la política de Teherán.

Pregunta. Señor ministro, acaba de regresar de Damasco, donde ha hablado con el presidente Bachar el Asad. Hace 10 días, unos reactores de combate israelíes bombardearon allí varios objetivos. ¿Cómo ha reaccionado El Asad ante los ataques de los israelíes?

Respuesta. El ataque militar no le ha impresionado. Me he encontrado con un hombre sumamente decidido que persevera en su línea política. Ya tuve esa misma impresión hace medio año, aunque esta vez el presidente me ha parecido más resuelto aún. Todo el que crea que Bachar el Asad es veleidoso o que su Gobierno está colapsado, se está haciendo falsas ilusiones. El presidente está contento con los progresos que hace su Ejército. Dice que sus militares están logrando imponerse.

P. Pero eso contradice todas las informaciones que tenemos. Parece más bien que los rebeldes avanzan.

R. No creo que El Asad evalúe la situación de forma poco realista. Cuando estalló el conflicto hace más de dos años, muchos dijeron que su Gobierno no podría mantenerse mucho tiempo en el poder. ¿Y qué ocurre ahora? Sigue estando ahí. No subestime a Bachar el Asad.

P. ¿Qué opina de la contención con que ha reaccionado El Asad ante los ataques aéreos de Israel?

R. Eso no es señal de debilidad, el presidente ha respondido de forma juiciosa. Me ha dicho que, la próxima vez, Siria pasará al contraataque.

P. ¿Amenaza El Asad con una guerra contra Israel?

R. El presidente ha dicho que su pueblo realmente le urge a defenderse, de forma contundente e inmediata. La situación se agravará si la parte contraria no se contiene y sigue bombardeando instalaciones militares y centros de investigación sirios.

P. Esa es la versión de El Asad. Según informaciones de los servicios secretos occidentales, el ataque iba dirigido contra transportes de armamento destinado al Hezbolá libanés que pacta con el régimen sirio.

R. Mire usted, cualquier cosa se puede convertir en equipamiento destinado a Hezbolá si lo que se pretende es justificar la injerencia en los asuntos internos de Siria.

P. Pero no me negará que Irán suministra a Hezbolá armamento que también se transporta a través de Siria.

R. No les hace ninguna falta. El líder de Hezbolá, Sayed Hassan Nasralá, dijo hace poco que estaba perfectamente abastecido, que no necesitaba nada. Independientemente de eso, Hezbolá practica una resistencia que nosotros apoyamos. Y los sirios tampoco dependen de nosotros; el presidente El Asad tiene un gran Ejército con cientos de miles de hombres listos para entrar en combate. Su Gobierno lleva décadas armándose frente a ese enemigo sin escrúpulos que es Israel; no necesita un par de fusiles de aquí o allí.

P. Los servicios secretos occidentales afirman que Irán tiene un plan B en caso de que Damasco ya no sirva como plataforma para el suministro iraní de armas a Hezbolá. En ese caso, se establecerá un puente aéreo entre Teherán y Beirut.

R. Estoy harto de desmentir constantemente recriminaciones totalmente absurdas. Si alguien afirma semejante cosa, debe aportar pruebas.

P. ¿Cómo se explican entonces los ataques israelíes?

R. Ha sido una acción coordinada entre los rebeldes que están perdiendo terreno y el régimen sionista. Los israelíes han acudido en ayuda de los insurrectos atacando al Ejército sirio. Se trata de expulsarlos de sus posiciones y no de destruir depósitos de armas de Hezbolá. Me han informado de que un comandante rebelde ha llegado incluso a expresar públicamente su agradecimiento por el apoyo israelí.

P. ¿No es más bien El Asad quien está bajo presión en vez de la oposición armada?

R. Este presidente tiene la situación totalmente bajo control, está ampliamente informado sobre todo lo que ocurre. Bachar el Asad cree en la victoria y seguirá su camino con voluntad de hierro.

P. Entonces, ¿El Asad cree en serio que puede superar este conflicto?

R. No me ha parecido que Damasco estuviese sitiada. La ciudad está limpia y llena de vida, las calles están abarrotadas, hay atascos, la gente sigue yendo a su trabajo. Cuando descendíamos para aterrizar, he visto campesinos labrando sus tierras en los alrededores de la ciudad. Yo mismo me he quedado sorprendido al ver tanta normalidad.

P. Su descripción no coincide en absoluto con lo que nos transmiten nuestros compañeros desde allí. Según ellos, los rebeldes ya han llegado a las afueras de la capital.

R. Mi análisis de la situación arroja un resultado diferente. Según la información de que disponemos, la parte armada de la oposición no encuentra el menor respaldo entre la población. La gente cada vez tiene más claro que muchos de los insurrectos son mercenarios dirigidos por potencias extranjeras.

P. ¿Quiere decir por Arabia Saudí y otros Estados del Golfo?

R. Como ministro de Asuntos Exteriores, no puedo dar ningún nombre. Pero hay países que respaldan a esos mercenarios. Hace algunos meses, puede que parte de los sirios sintiesen cierta simpatía por esos rebeldes, pero ahora la cosa ha cambiado. El pueblo ha despertado y se opone a ellos.

P. Usted está condenado al optimismo porque su Gobierno no puede permitirse el derrocamiento del régimen de El Asad.

R. Es cierto que Damasco es un socio importante que no queremos perder. Pero algunos países simplifican demasiado las cosas. Creen que si atacan a Siria, también nos debilitan a nosotros. En ese sentido, la lucha por Siria es en parte una guerra subsidiaria. Y nos admira la notable resistencia que ofrece el Gobierno sirio.

P. Pero aumentan los riesgos para toda la región.

R. Si Israel no se contiene, las consecuencias serán graves. Con una sola cerilla se puede consumir un bosque entero. Ahora bien, la ampliación del conflicto sería extremadamente peligrosa para los sionistas. Por eso se pensarán muy mucho lo que vayan a hacer.

P. ¿Cuenta el régimen de El Asad con su apoyo incondicional? ¿Incluso aunque se empleasen armas químicas en la guerra civil?

R. Durante los ocho años de guerra con Irak, nosotros mismos fuimos víctimas de muchos ataques con gas tóxico. Nosotros condenamos las armas químicas.

P. Entonces deberían retirar su apoyo a El Asad si se demuestra que utiliza armas químicas.

R. Estamos rotundamente en contra de todo tipo de armas de destrucción masiva.

P. Pero el régimen tiene arsenales inmensos. Y existen indicios de que en Siria se ha utilizado gas tóxico, aunque en cantidades mínimas.

R. Pero no ha sido utilizado por las tropas del presidente. Ha sido el Gobierno sirio quien ha advertido a Naciones Unidas de la existencia de víctimas de gas tóxico. Para mí está claro quiénes son los culpables: han sido los mercenarios extranjeros. No obstante, he escrito una carta al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, urgiéndole a aclarar estos sucesos atroces. Exigimos que la ONU envíe inspectores.

P. Entre las supuestas víctimas había civiles. ¿Por qué habrían de hacer algo así los rebeldes?

R. Para poner en la picota a El Asad como culpable. Y quizá también para sondear la reacción de Estados Unidos. Para el presidente Barack Obama, el empleo de armas químicas por parte del Gobierno sirio marca la línea roja. Los rebeldes quieren implicar a Estados Unidos en su guerra.

P. Así que ustedes trazan la misma línea roja que Estados Unidos, “el gran Satán”... Curiosa alianza.

R. Se trata de uno de nuestros principios fundamentales: jamás toleraremos el empleo de armas de destrucción masiva, venga de donde venga. Celebramos que otros compartan nuestros principios, sean quienes sean.

P. Moscú y Washington quieren preparar una conferencia internacional sobre Siria. ¿Tomarán parte en ella?

R. Todavía no hemos recibido ninguna invitación. Pero naturalmente que acudiríamos. Somos un factor de poder en la región. Podríamos poner en marcha negociaciones entre la oposición y el Gobierno en Siria. Porque solo se podrá lograr una solución del conflicto si todos la buscan sin reservas. Para nosotros eso significa que el final de El Asad no puede ser la condición previa para entablar conversaciones.

P. ¿Y cuáles son las propuestas de Teherán para solucionar el conflicto?

R. No actuamos por cuenta propia, sino que estamos en contacto permanente con nuestros amigos de El Cairo. Los egipcios tienen un plan y, aunque no estamos de acuerdo con ellos en todos los detalles, respaldamos sus propuestas.

P. ¿Se consolida entonces un nuevo eje Cairo-Teherán?

R. Intensificamos nuestras relaciones y esperamos que Egipto pueda lograr muchas cosas gracias a su peso político dentro del mundo árabe. Por lo que respecta a Siria, planteamos tres exigencias comunes: se debe acabar con cualquier tipo de injerencia desde el exterior; se tiene que reconocer la integridad y la soberanía del Estado; y, por último, el Gobierno y la oposición deben formar una dirección interina conjunta que conduzca al país a una nueva era. No existe otro camino.

P. ¿Ve también alguna solución para el otro gran conflicto, la polémica en torno al programa nuclear iraní?

R. Tenemos derecho al uso civil de la energía nuclear. Nuestro pueblo quiere que defendamos ese derecho.

P. El jefe del Gobierno Mahmud Ahmadineyad ha provocado a Occidente una y otra vez. ¿Se mostrará Irán más conciliador frente a la comunidad internacional tras la elección del nuevo presidente el 14 de junio?

R. En principio no habrá ningún compromiso en lo que respecta a esta cuestión, sea cual sea la corriente política a la que pertenezca el nuevo presidente. No obstante, tengo la esperanza de que haya un acercamiento mutuo en las próximas rondas de conversaciones que nos permita encontrar una solución que beneficie a ambas partes.

P. Pero eso suena a lo mismo de siempre: Teherán quiere ganar tiempo para poder seguir impulsando su programa nuclear.

R. Yo veo movimiento por ambas partes. Confío plenamente en que haremos progresos sustanciales. En cualquier caso, el próximo presidente abordará la cuestión con nuevos bríos. Su tarea más importante consistirá en mejorar las relaciones internacionales de Irán. Tenemos muchos políticos experimentados. Mi deseo es que el nuevo jefe del Estado supere los problemas que existen desde hace décadas.

P. Aquí, en Teherán, se comenta que probablemente también será ministro de Asuntos Exteriores con el próximo Gobierno.

R. Esa es una decisión que incumbe al nuevo jefe del Estado; pero me gustaría seguir sirviendo a mi país.

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