15/5/13

Derrota de EU y México en la OMC: revuelta en la granja de BRICS


Nunca debieron haber competido por la dirección de la disfuncional OMC dos países de Latinoamérica (de acuerdo con la añeja clasificación de la guerra fría): respectivamente su primera y segunda potencias geoeconómicas, Brasil y México.


Desde el TLCAN (firma, 1992; en vigor, 1994), la secuencia generacional de la absorción de México al perímetro de seguridad de Estados Unidos y el NorthCom/NORAD/OTAN se ha profundizado.

La absorción del “México neoliberal itamita/ Chicago boys” a la entelequia energético-militar y de seguridad de Norteamérica se ha consumado con mayor profundidad después del 11/S (infame documento Nuevos horizontes, cofirmado por el ITAM), la captura de la banca nacional y las aseguradoras con Zedillo, el ASPAN foxiano, las tres entregas calderonistas: 1) Iniciativa Mérida (calca del Plan Colombia); 2) cesión de las transfronteras a Estados Unidos para la explotación de hidrocarburos, y 3) la Alianza del Pacífico (TPP, por sus siglas en inglés) para contener a China; sin contar su demencial cuan delincuencial promiscuidad de asociación con Repsol, y ahora con el obsequio integral de las telecomunicaciones y las playas. Sólo falta el último clavo en su féretro soberano: Pemex.

El concepto estadunidense de Norteamérica ha establecido de facto una nueva estructura geopolítica/geoeconómica en la añeja clasificación de Latinoamérica –que desea absorber a toda Centroamérica mediante el CAFTA y con nuevos tratados de seguridad energética en los que Norteamérica sería el abastecedor–, que colisiona con Sudamérica, donde Brasil opera como líder.

Se fractura así Latinoamérica (concepto añejo) que se divide de facto en dos bloques:
1) Norteamérica, que absorbió al México neoliberal, que incluye a Centroamérica como su satélite regional y
2) Sudamérica, que encabeza Brasil con su proyecto Unasur.

Más allá de las personalidades de los dos candidatos –que, a mi juicio, no fue determinante en el resultado, porque se trataba de un asunto estructural más que sicoanalítico–, el brasileño Roberto Carvalho de Azevedo, diplomático de carrera exitoso, y el economista mexicano Herminio Alonso Blanco Mendoza, se trató de una colisión entre el candidato de Estados Unidos/Unión Europea/OTAN y el seleccionado por los BRICS y los países no alineados (de Latinoamérica, África y Asia, con predominio de países árabes e islámicos).

El pasado tétrico del candidato de Estados Unidos no era muy blanco, con varios cadáveres en el clóset: fundamentalista neoliberal del corte Chicago boy, muy cercano a los Bush (Universidad Rice, Texas), jefe negociador del cataclísmico TLCAN, facilitador de 32 de los 34 tratados comerciales a cuestas de México (para lo que sirven) y el pestilente Renave (con el criminal argentino Ricardo Miguel Cavallo y un extraño suicidado: su subsecretario Raúl Ramos Tercero: La Jornada, 28/10/11), que obviamente no perturbó a Estados Unidos (tan quisquilloso con sus rivales).

Hechos

Desde su creación, la OMC (sucesora del GATT) no había contado con un director que no hubiese sido impulsado por Estados Unidos y su caduco orden unipolar.

No es poca cosa: se trata de la primera derrota de Estados Unidos, y sus aliados tanto en el norte del Atlántico como en el resto del mundo, en una elección de los organismos internacionales Bretton Woods oriundos de la Segunda Guerra Mundial.

El México neoliberal paga los platos rotos de su gradual absorción a la entelequia de Norteamérica patrocinada por Estados Unidos, lo cual lo deja aislado en Latinoamérica –de la que fue su líder incontestado durante la guerra fría– y, más que nada, del resto del mundo, en especial su innecesaria colisión con los países denominados BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y sus aliados.

A mi juicio, constituyó un grave error de juicio de Washington tratar de imponer a un segundo mexicano a la cabeza de un organismo internacional, concomitante a la controvertida presencia de José Ángel Gurría en la OCDE (mejor conocida como el club de los ricos: una anómala aberración en un país con una de las mayores tasas de miserables en el planeta).

El preocupante aislamiento diplomático de México se agudizó con la dupla Fox/Castañeda Gutman, que se peleó prácticamente con la mayor parte de los países importantes de Sudamérica (Brasil, Argentina, Bolivia, Venezuela, etcétera) debido a su fundamentalismo latinofóbico a favor de Estados Unidos e Israel.

Es conocida la anécdota de la frivolidad de la diplomacia foxiana cuando su canciller desacralizó las estatuas de terracota, en donde jugó puerilmente a las escondidas con su compañera, lo cual ultrajó al gobierno chino.

Por lo visto, la reciente visita de Peña Nieto a China no fue suficiente para curar las heridas añejas legadas por el inmaduro PAN.

Se ha filtrado que de los 159 miembros de la OMC, 96 se volcaron a favor del diplomático brasileño y contra el candidato mexicano.

Los multimedia anglosajones han escamoteado los alcances del triunfo del candidato de BRICS a la dirección de la OMC, que simboliza el asentamiento del nuevo orden multipolar que se instala paulatinamente en el resto de los organismos internacionales donde Estados Unidos y sus aliados todavía dominan en forma preponderante (FMI y Banco Mundial), lo cual es notable, porque opera sin el epílogo de una guerra mundial de por medio.

La derrota de Estados Unidos y sus aliados, de la que el México neoliberal fue un miserable instrumento, traduce el fin del caduco orden unipolar y el vuelo del incipiente nuevo orden multipolar.

Tampoco se puede soslayar que la derrota del candidato de Estados Unidos en la OMC se gesta en medio de su decadencia global, que lo ha obligado a replegarse de la región del gran Medio Oriente/Asia Central/subcontinente indio para reposicionarse en la región del Asia Pacífico mediante la doctrina Obama del pivote, con el objetivo de cercar a China.

Conclusión

El triunfo del candidato de Estados Unidos tenía como intención recuperar el control perdido desde la Ronda de Doha en 2001 (fecha de ingreso de China después de la aciaga Ronda de Uruguay), cuando colisionan el norte y el sur en Cancún. Hoy la OMC cuenta con un director proveniente del sur geoeconómico y geopolítico.

A mi juicio, el significado del triunfo del diplomático brasileño apuntalado por BRICS no tiene tanta relevancia mercantilista, ni siquiera geoeconómica, sino más bien geopolítica, como reflejo del incipiente nuevo orden multipolar, cuando la desregulada globalización financierista neoliberal hace agua por doquier.

Detonó ya la revuelta en la granja de BRICS, que comienzan a colocar a sus candidatos en los organismos internacionales del viejo orden mundial.

El México eterno se ha clavado demasiado a la estructura estadunidense de Norteamérica y se olvida de que es un país latino que debe tender un puente civilizatorio tanto con Norteamérica (donde la demografía latina se está imponiendo, tanto en Canadá como en Estados Unidos) como con sus hermanos de Centro y Sudamérica. Esa debe ser la misión ontológica de un genuino México moderno.

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La Jornada

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