15/4/13

Sueños gasísticos de Israel




Desde que el 17 de enero de 2009 se anunció públicamente el descubrimiento del yacimiento de Tamar por parte de la empresa tejana Noble Energy, Israel vive un sueño gasístico que no solo puede cambiar drásticamente su ecuación energética sino también la de algunos países de la zona. Desde aquella fecha las buenas noticias no han parado de llegar a Tel Aviv. Primero fue que las reservas de ese campo submarino se estimaban en unos 238.000 millones de metros cúbicos, cuando hasta ese momento no contaba con más de 45.000 en el menguante yacimiento Mari B (en aguas de la costa de Ashdod). Y luego, en 2011, llegó la gran noticia del descubrimiento de Leviatán, próximo al anterior y con unas reservas que dejaban pequeñas a las de Tamar.
De ese modo, Israel comenzó a vislumbrar la posibilidad de dejar atrás la dependencia energética que tenía con Egipto, del que procedía el 40% de su consumo total de gas. Esa relación ha estado sometida a perturbaciones constantes (mucho más acusadas tras la caída de Mubarak), con sabotajes y cambios de contratos sorpresivos, lo que finalmente llevó a Tel Aviv, en marzo del pasado año, a suspender el acuerdo de suministro establecido en 2005. Para tratar de paliar el efecto negativo de esa pérdida, y mientras se veía obligado a incrementar su consumo de petróleo y carbón, Israel impulsó la construcción de una terminal de gas natural licuado (construida a toda prisa por la compañía estatal Israel Natural Gas Lines Ltd., por un importe de 134 millones de dólares), que comenzó a recibir gas de Trinidad-Tobago en enero de este mismo año, con una previsión anual de 2.000 millones de metros cúbicos.
Aunque esta medida permitía mejorar parcialmente la seguridad energética israelí (pagando un precio que triplica al menos el del gas extraído de Tamar), es obvio que no resolvía de ningún modo el problema estructural. De ahí que la noticia de que el pasado 30 de marzo Tamar haya empezado a bombear gas hacia la costa haya sido recibida en Tel Aviv como un maná que está llamado a modificar totalmente la situación.
De un solo golpe, con Tamar se logra la autosuficiencia energética y se ahorra un importante volumen de divisas. O, lo que es lo mismo, se gana más libertad de acción en sus relaciones con sus antiguos suministradores y se obtienen más recursos con los que poder cumplir las promesas electorales del nuevo gobierno en materia económica y social. Unos efectos que se harán aún más notorios cuando entre en funcionamiento Leviatán a partir de 2016, si se cumplen las previsiones actuales.
Por otro lado, Israel se plantea ya dedicar una buena parte de esa riqueza gasística a la exportación a mercados vecinos. Los más evidentes son el propio Egipto (que está agotando sus reservas), Turquía y Jordania; pero sin descartar, incluso, a países de la Unión Europea. Se prevé que aún exportando la mitad de las reservas estimadas (que algunas fuentes elevan hasta los 950.000 millones de metros cúbicos) Israel tendría cubiertas sus necesidades para al menos los próximos 25 años. El desarrollo de las infraestructuras necesarias no solo atraerá la inversión extranjera al país, sino que le permitirá a Israel consolidar lazos con socios tan importantes para sus intereses de seguridad como Ankara y Amman.
Pero el sueño no está exento de problemas ya desde su arranque. En primer lugar, cabe recordar que los yacimientos están localizados en aguas disputadas tanto por Chipre (con quien Tel Aviv trata de colaborar desde el principio), como por Líbano y hasta Siria. Y nada apunta a que el acuerdo sea fácil de alcanzar para lograr un equitativo reparto de la riqueza ahí acumulada. Además, el tendido de posibles gasoductos hacia el inmenso mercado turco debe pasar por territorio (más bien marítimo que terrestre) de esos mismos países- Líbano y Siria- que bien pueden entorpecer los planes israelíes. Aunque todavía le quedaría a Israel la baza de la licuefacción para transportar el gas en buques metaneros, lo aquí apuntado transmite la sensación de que el sueño israelí se puede ver alterado por muchos factores que escapan de momento a su control. Veremos.

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