13/4/13

La crisis nuclear en Corea


La crisis nuclear en Corea: una desactivación compleja

Alberto Betancourt Posada

El 12 de diciembre de 2012 el gobierno de la República Popular Democrática de Corea lanzó un cohete Unha-3 y puso en órbita un satélite destinado a gravitar a una altura de entre 494 y 588 kilómetros, según David Wright (Understimated or overstimated? North Korea’s satellite launch in perspective, The Bulletin of Atomic Scientists, 13/XII/12). Para dicha fuente, el éxito espacial de Pyongyang significó un importante éxito tecnológico-militar obtenido después de un largo calvario diplomático y abrió una pequeña probabilidad de alcanzar la costa oeste de Estados Unidos. En agosto del año pasado Frank V. Pabian y Siegfried S. Hecker consideraron que de realizarse una tercera prueba nuclear norcoreana, se encaminaría a probar una carga atómica miniaturizada susceptible de ser transportada en un misil (Contemplating a third nuclear test in North Korea, The Bulletin of Atomic Sicentists, 6/VIII/12). El 12 de febrero de 2013 el gobierno de la RPDC efectuó una tercera prueba nuclear que parece confirmar la hipótesis de Pabian. La primera prueba atómica se efectúo el 9 de octubre de 2006. Los sismógrafos detectaron un temblor de 4.3 grados con epicentro en las montañas de Punggye; las autoridades coreanas esperaban una detonación de 4.3 kilotones, pero obtuvieron una de un kilotón. La segunda explosión ocurrió el 25 de mayo de 2009. El gobierno norcoreano la calibró como la de Hiroshima, pero el Laboratorio Nacional de Los Álamos la cuantificó en 5.7 kilotones.

La tercera prueba atómica acercó la posibilidad de un holocausto. Puso en vilo al mundo y ocasionó complejos acontecimientos económicos, geopolíticos y militares. En un discurso pronunciado el día del estallido, Barack Obama correlacionó, lo que él llamó, el lanzamiento de un misil balístico efectuado en diciembre con la prueba nuclear realizada esa mañana, y anunció que promovería sanciones en la ONU. Al día siguiente, a las 7:30 de la mañana, Shin Jaeyoon, Ministro de Finanzas de Corea del Sur, encabezó una reunión para evaluar las consecuencias económicas de la detonación. Según el corresponsal en Pekín del diario Il Manifesto, en los días posteriores China envió a Pyongyang a Wu Dawei, representante especial para la península. Posteriormente mandó al ex canciller chino Li Zhaoxing, con objetivos desconocidos, aunque trascendió que ambas misiones fracasaron. El 7 de marzo de 2013 la ONU emitió una severa resolución, no vetada por China, en la cual obligó a sus miembros a congelar los fondos de la RPDC, recomendó inspeccionar toda carga procedente o destinada a Corea del Norte, exhortó a incrementar la vigilancia sobre el personal diplomático de ese país y llamó a su gobierno a regresar a las conversaciones sextipartitas para desnuclearizar la península.

El 27 de marzo Estados Unidos simuló un ataque terrestre en la costa de Gunsan con la participación de dos superbombarderos B2. El Comando de Fuerzas Combinadas de Tarea Coreano-Estadunidense anunció que los legendarios aviones invisibles al radar podían transportar ojivas nucleares. El 30 de marzo Kim Jong-un rubricó el plan golpe de fuego de la Misión de las Fuerzas de Cohetes Estratégicos del Ejército Popular de Corea para oponerse a la reunificación, y declaró el estado de guerra con Corea del Sur con opción de ataque nuclear.

El 4 de abril Russia Today afirmó que el ejército chino se encontraba en estado de alerta y que había movilizado tropas a su extensa frontera con Corea. El 8 de abril el ministro de Relaciones Internacionales de China señaló que su país prefiere la paz a la guerra y el diálogo a la confrontación, y advirtió que la RPDC planea realizar este mes pruebas de misiles que incrementarían la tensión en la zona, por lo que llamó a las partes a regresar a la mesa de negociaciones.

Buck Mckeon, representante republicano por California, acusó a Obama de recortar el presupuesto militar, aumentar la vulnerabilidad de Estados Unidos y urgió a invertir en baterías antibalísticas, como las de la Guerra de las Galaxias. El sistema antibalístico promovido por los conservadores para protegerse de Corea crearía la ilusión de blindaje respecto a China, rompería el equilibrio militar entre Estados Unidos y Rusia y catapultaría una nueva carrera armamentista.

Desatada por impericia o por cálculo político, la peligrosa crisis nuclear en la península de Corea se enmarca en el conflicto estratégico por el control del océano Pacífico entre el crepúsculo estadunidense y el orto chino. Las acciones diplomáticas de cada uno de los gobiernos involucrados pueden escalar el conflicto o distenderlo y promover el desarme en la región que probablemente sustituirá el Atlántico como nuevo epicentro de la economía mundial.

La Jornada

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