22/4/13

Inteligencia israelí: "Los Tsarnaev eran agentes dobles reclutados por EEUU y Arabia Saudita"


Las grandes preguntas que hay en el aire sobre los terroristas de la maratón de Boston, Tamerlan y Dzhokhar Tsarnaev tienen una sola respuesta: Surgió en las 102 horas de tensión entre los dos ataques con bomba en la maratón de Boston el Lunes, 15 de abril - que dejó tres muertos, 180 heridos y un oficial de policía asesinado en el MIT - y la captura de Dzohkhar el Viernes, 19 de abril en Watertown.


La conclusión de fuentes de inteligencia antiterrorista de Debka es que los hermanos eran agentes dobles, contratados por la inteligencia de EEUU y Arabia Saudí para infiltrarse en las redes yihadistas wahabíes, que, ayudadas por las instituciones financieras saudíes, se habían extendido a través del inquieto Cáucaso ruso.

En cambio, los dos ex chechenos traicionaron su misión y se fueron en secreto al lado de las redes islamistas radicales.

Por este camino tortuoso, los hermanos ganaron el dudoso honor de ser los primeros agentes terroristas en importar el terrorismo de Al Qaeda a los Estados Unidos a través de una ruta sinuosa fuera del Medio Oriente: El Cáucaso.

Esta amplia región abarca las repúblicas musulmanas autónomas o semi-autónomas de Daguestán, Ingushetia, Kabardino-Balkaria, Chechenia, Osetia del Norte y Karachyevo-Cherkesiya, la mayoría de las cuales Occidente nunca ha oído hablar.

Sin embargo Moscú mantiene estas repúblicas bien atadas con inteligencia y militarmente, echando abajo constantemente la resistencia violenta por parte de las células wahabíes, que atraen el apoyo de ciertas fuentes y fondos sauditas por parte del gobierno de Riad para la construcción de mezquitas wahabíes y escuelas para difundir la religión estatal de Arabia Saudita.

Los sauditas temían que su complicada participación en el Cáucaso saliera vergonzosamente a la luz cuando un estudiante saudita fue interrogado sobre su participación en los ataques mientras que estaba en un hospital de Boston con las manos gravemente quemadas.

Ellos se preocuparon lo suficiente como para enviar al canciller saudí, el príncipe saudí al-Faisal a Washington el miércoles, 17 de abril en medio de la crisis de las explosiones en el Maratón de Boston, para tener una conversación privada con el presidente Barack Obama y su asesor de Seguridad Nacional Tom Donilon sobre cómo manejar el ángulo de Arabia Saudí del atentado.




Los atentados de Boston en contexto: Como el FBI fomenta, financia y equipa a terroristas americanos



El atentado en el maratón de Boston ha provocado conmoción, dolor y la indignación de todo el mundo. Después de décadas de condicionamiento, el público asocia automáticamente este tipo de terrorismo con los radicales musulmanes. Pero la evidencia muestra que todos los grandes complots terroristas en suelo estadounidense en los últimos 10 años han sido promovidos, financiados y equipados por una organización: el FBI.

Personas de todo el mundo vieron con horror esta semana como varias explosiones sacudieron la línea de meta de la maratón de Boston, convirtiendo un día de deportividad y de fiesta en uno de shock, dolor e indignación. Al igual que con todos estos acontecimientos, el deseo de descubrir quién está detrás de este acto cobarde ha llevado a muchos a un frenesí especulativo. Y, en un triste recordatorio del adoctrinamiento del que el mundo occidental ha sido objeto por más de una década con la mítica "guerra del terror", no pasó mucho tiempo en absoluto antes de que el dedo colectivo de la multitud señalara en ángulo recto en la dirección de terroristas musulmanes.

Horas después de la explosión, el miedo se extendió por toda la comunidad musulmana internacional de que el atentado estuviera conectado a un extremista islámico. Un usuario libio de Twitter tocó la fibra sensible y recibió miles de retweets y cobertura en medios de comunicación de todo el mundo por twittear: "Por favor, que no sea un "musulmán". El juego comenzó poco después, con el New York Post, dando a entender falsamente que se traba de un ciudadano saudí el que estaba siendo interrogado por su posible papel en los ataques. Al día siguiente, un avión saliendo del aeropuerto de Boston Logan regresó a la puerta de embargue y dos pasajeros fueron sacados a la fuerza porque se les había oído hablar en árabe antes del despegue.

Mientras la información sigue apareciendo en relación con el atentado y sobre quien pueden estar detrás de él, es útil tomarse un momento para dar un paso atrás y considerar esta tendencia instintiva a la conclusión de que esta es la obra de los radicales islámicos. En la mente de millones de estadounidenses, las bombas dirigidas a inocentes en territorio de EEUU están íntimamente relacionadas con la imagen de la barba y el turbante que se ha convertido en la forma abreviada para el mal en esta era de terror.




Esta asociación no sólo es incorrecta, sino que es peligrosamente errónea porque señaladamente no identifica el hilo conductor entre todos los últimos complots terroristas en los EEUU. Acechando detrás de los ejércitos oscuros de aspirantes a yihadistas en la imaginación popular está la triste realidad de que cada gran atentado terrorista frustrado en los Estados Unidos desde el 11-S tiene su origen de nuevo en un mismo grupo, una única entidad que en todos los casos ha financiado, equipado e incluso incitado a los aspirantes a terroristas a la acción: El FBI.

En 2005, los fiscales federales acusaron a Michael Reynolds, un vagabundo de 47 años que vive con su anciana madre, de tratar de emprender la jihad en los EEUU mediante la voladura de unas instalaciones de combustible. En realidad, su plan para la jihad era poco más que una serie de conversaciones que tuvo en una sala de chat de Yahoo! con un juez de EEUU que se hizo pasar por un militante. Fue detenido después de haber aceptado reunirse con un informante del FBI que le había prometido 40.000 dólares para su causa, y dos meses más tarde, el FBI anunció en voz baja que era probable que se tratase de un enfermo mental. Finalmente, fue declarado culpable y actualmente está cumpliendo 25 años en la cárcel.

En 2007 el llamado "Fort Dix Six" atrapó en una muy publicitada operación antiterrorista del FBI después de que presuntamente estuvieran tramando un plan para atacar una base militar de EEUU y matar a los soldados que había allí. En ese momento, una acusación de 26 páginas reveló que el grupo "no tenía entrenamiento militar riguroso" y "no apareció siquiera cerca de ser capaz de llevar a un ataque." El año siguiente se reveló que el informante del FBI que se había infiltrado en el grupo de hecho, se había ofrecido a organizar a los miembros y conducir él mismo el complot.

En 2009, los Cuatro de Newburgh fueron detenidos por un presunto complot para hacer estallar sinagogas y derribar aviones militares en Newburgh, Nueva York. El grupo era un grupo variopinto de hombres negros pobres, al menos uno de los cuales era mentalmente inestable y almacenaba su propia orina en frascos en su apartamento. El quinto miembro del grupo, Shahad Hussein, resultó ser un informante del FBI que había prometido a los miembros cientos de miles de dólares para llevar a cabo la trama. Al sentenciar a los acusados, el juez federal Colleen McMahon dijo:

"[El gobierno] creó los actos de terrorismo a partir de las fantasías de bravuconería y la intolerancia [del acusado] y, a continuación, hizo esas fantasías realidad. El gobierno no tuvo que infiltrarse y desbaratar ningún complot nefasto - no había tal complot que frustrar".

En noviembre de 2010, el FBI arrestó al llamado terrorista del árbol de navidad de Portland, presuntamente intentando bombardear la ceremonia de encendido de Portland en el Pioneer Courthouse Square. "La amenaza era muy real", entonó el FBI en su momento. "Nuestra investigación muestra que Mohamud estaba absolutamente decidido a llevar a cabo un ataque a una muy gran escala." El presunto atacante, Arthur Balizan, resultó ser un adolescente que se jactaba ante los agentes encubiertos de que podía conseguir un arma porque era un "rapero" y que escribió un artículo sobre consejos de entrenamiento para yihadistas.

En 2011, el FBI arrestó a un hombre al que ellos mismos habían suministrado un avión a control remoto y explosivos C4 en un intento descabellado de bombardear el Pentágono. En 2012 frustraron otro complot de aspirantes a yihadistas a los que nuevamente habían suministrado un arma de juguete y un chaleco suicida. También en 2012 el FBI arrestó a un grupo de cinco "anarquistas", que iban presuntamente a bombardear un puente en el área de Cleveland, aunque admitieron en voz baja que el informante del FBI que se había infiltrado en el grupo había iniciado efectivamente el contacto con ellos y había estado presente en las reuniones donde se desarrolló el plan para volar el puente.

Uno de los más ridículos ejemplos de este patrón se remonta a 2006, cuando el Departamento de Justicia trató de hacer parecer como si hubieran capturado a un grupo de yihadistas peligrosos que estaban preparando una guerra terrestre total contra los Estados Unidos.

El cuadro que se pinta por estos hechos es tan abrumador como difícil para gran parte del público de comprender. La conclusión, sin embargo, es incontrovertible: Que sin el FBI, muchos de las llamadas "células terroristas" que han ido tramando estos ineptos y torpes planes contra Estados Unidos durante décadas, nunca podrían haber existido.

A pesar de lo que muchos creen, esta conclusión no es ni siquiera polémica. Más bien, ha sido respaldada una y otra vez por la evidencia en el registro oficial y se han multiplicado los testimonios internos del FBI y de denunciantes mismos.

Teniendo en cuenta toda esta maldita historia y todos estos testimonios de informanes desde dentro, es vital que el público occidental salga de su programación inducida por los medios de comunicación y se cuestionen los supuestos básicos del paradigma de la guerra contra el terror para la que hemos sido programados por décadas. Si ha de haber especulación, en todo caso más de este tipo, y si hay algún grupo que tiene que presentar pruebas de que no es responsable de esta atrocidad, sin duda, es la Oficina Federal de Investigaciones. Después de haber estado en el corazón de tantos complots terroristas en el pasado, tanto el hilarante inepto como el escalofriante exitoso, ¿cómo podría la opinión pública, ni siquiera interrogar a la organización que más tiene que responder?

El simple hecho de la cuestión es que la historia de la era moderna del terrorismo ha demostrado una y otra vez que el FBI es el principal sospechoso de cualquier atrocidad terrorista que ha tenido lugar en suelo americano. Pongámonos todos a tener esto en mente a medida que los detalles de las investigaciones sobre este -y todos los demás- incidentes terroristas estadounidenses comienzan a emerger.

Fuente: Global Research

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