24/4/13

EGIPTO: El FNS no es una oposición real


por Alba Alserawan 

 En estos momentos, en los que el descontento de la población egipcia crece como la espuma y cada vez son menos los que aprueban la gestión de su presidente (el apoyo a Mursi ha caído del 78 al 47 % nueve meses después de que llegara al poder) son muchos (especialmente los jóvenes impulsores de la revolución) los que manifiestan frustración y hartazgo, sobre todo, porque no encuentran una salida que conduzca a conquistar los derechos por los que se levantaron. Porque, después de dos años, ven como el pan que pedían se ha desvanecido al igual que las promesas que hizo Mursi en su toma de posesión; porque la libertad que anhelaban no ha llegado con la salida del dictador; y porque la justicia social solo existe en el imaginario colectivo. Aquella ilusión que inundó Tahrir se ha convertido en frustración y aquella fuerza que hizo temblar Egipto, en cansancio. Los egipcios se han dado de bruces con la realidad; una realidad muy diferente a la que muchos soñaron el 11 de febrero del 2011.
Mursi ha dado motivos para que sean cada vez más los que desconfíen de él y de su Gobierno. Egipto está en una situación económica crítica que se traduce en peores condiciones de vida para la mayoría de la gente; y los golpes autoritarios que ha utilizado para dirigir los destinos del país no han ayudado mucho. Cada vez son más los que creen que gobierna para los Hermanos Musulmanes, no para los egipcios. El poder apenas ha cambiado de manos (con el Consejo Superior de las Fuerzas Armadas en la sombra ycortejado por Mursi en los últimos días) y el Ejecutivo parece estar jugando a ganar detractores. Y a todas estas ¿dónde está la oposición? ¿y el autodenominado Frente Nacional de Salvación?
Para muchos, el Frente Nacional (FNS) —o los diversos grupos que hay dentro— «ha malgastado sus oportunidades y le ha fallado a su gente» y bajo este título se llenó de críticas y alguna promesa el debate impulsado por New Arab Debates (@newarabdebates) que tuvo lugar en el Centro de Conferencias de la Universidad de Al-Ázhar en El Cairo.  
La misma encuesta que refleja el descontento de la población con el Gobierno de los Hermanos Musulmanes (HHMM), realizada por el Centro Egipcio de Investigaciones de Opinión Pública, saca a la luz lo que es una percepción cada vez más generalizada: El FNS actualmente no es una alternativa. Solo el 30 % de los egipcios votaría por él si se celebraran hoy las elecciones, frente al 37 % que lo haría por los HHMM. «En este momento en el que el Gobierno de Mursi está fallando en muchos ámbitos, necesitamos una visión que inspire (…) No solo hay que culpar al Gobierno sino también a la oposición, que le ha fallado a su gente y a los jóvenes», opinó H. A. Hellyer (miembro de Política Exterior de Brokings) en un debate en el que su oponente, Husam Faris (miembro del FNS y del partido Ad-Dustur) intentó dibujar un FNS con un papel determinante en el futuro de Egipto ante una realidad que más bien apunta a lo contrario.
Tanto Hellyer como los asistentes destacaron la falta de iniciativa y de visión de una oposición que «va por detrás de la calle» pero Husam Faris levantó un cuaderno y anunció:«Tenemos un plan económico y un proyecto de Constitución que reemplace a la actual». Textos en los que, según explicó, el Frente Nacional ha estado trabajando los últimos meses, aunque no supo detallar el contenido, más allá de un plan para «luchar contra el desempleo juvenil». «La economía no es mi materia pero lo importante es ofrecer soluciones, tener un plan y nosotros los tenemos», apostilló.
Fares pidió tiempo una y otra vez para un FNS que «no ha hecho nada por la gente», según le reprochó una asistente. Y destacó los pocos meses de vida que tiene la coalición opositora. «El Frente Nacional está haciendo mucho más de lo que la gente cree y ha hecho más que los Hermanos Musulmanes en 80 años», se defendió. La pregunta es si los egipcios quieren y, sobre todo, si están en condiciones de conceder más tiempo. «Egipto camina sonámbulo por una pista que va muy rápido hacia la destrucción económica. Veo un barco que se hunde y la gente está gritando», argumentaba Hellyer, que añadía: «Tras cinco meses [desde que se constituyó el FNS] no veo ningún resultado en la calle. No están movilizando a la gente», criticó el académico, que hizo hincapié en su falta de liderazgo. Un liderazgo que para Faris se define «en soluciones no en conducir a la calle a la violencia». Pero muchos jóvenes egipcios ven un vacío al volante del descontento ante un Gobierno que les ha fallado y, sobre todo, sienten una brecha cada vez mayor entre la clase política —la antigua y la recién llegada— y los ciudadanos. «Necesitáis sintonizar con la gente», le decían desde el público, «qué tal hablar con la gente, salir a la calle… La gente necesita ver una oposición organizada y en acción», decía una joven como respuesta a las «250 conferencias» que, según Husam Faris, celebrará el FNS en los próximos meses «por todo el país». El objetivo es acercarse a la calle y postularse como una alternativa real al Gobierno de Mursi, dos de los aspectos más criticados por los asistentes al debate.
En su cerca de medio año de vida el FNS ha dado más muestras de debilidad y división que soluciones al país. La oposición no islamista consiguió unirse como respuesta al decreto presidencial del 22 de noviembre, que otorgaba amplios poderes a Mursi, pero se han hecho evidentes las diferencias entre más de una treintena de partidos de un amplio espectro que pasa por la izquierda, los liberales o los naseristas. Presentarse o no a las elecciones, —que se prevén para octubre y que, en principio boicotearán, aunque lo último que han dicho es que participar es «un deber patriótico» y lo harán si se cumplen sus condiciones—,su retirada de los alrededores del palacio presidencial en las protestas del 25 de enero o el diálogo con el Gobierno han sido solo algunos puntos de desacuerdo.Estas diferencias se vieron reflejadas en el debate en el momento en el que Faris reconoció la legitimidad de Mursi, que fue «democráticamente elegido» y «representa a una parte de la población». Aunque es la postura oficial de la coalición, algunos miembros han llamado a derrocar a un presidente que perdió la legitimidad con el excesivo y antidemocrático uso de su poder. Faris indicó: «Solo si la gente lo pide, iremos a por ello».
En torno a la reiterada negativa del FNS a mantener conversaciones con el Ejecutivo, Hellyer mostró su incomprensión: «No creo que haya nada malo en ir y hablar incluso con tu enemigo» pero Faris repitió lo dicho por varios miembros del FNS: no tomarán parte en un diálogo «exclusivo y con condiciones» y recalcó que «hay una agenda a la que no estamos invitados». Con ello, el opositor apunta a las numerosas decisiones del raís, como la aprobación de la Constitución o las conversaciones con el FMI —por citar algunas— en las que no se ha tenido en cuenta la posición de la oposición laica. El empeño de Mursi por sacar adelante la Carta Magna, que soslayó el punto de vista de una parte fundamental del espectro político y social del país, ha sido uno de los ejemplos más claros, y abrió una clara grieta en la sociedad que no ha dejado de ensancharse desde entonces.
Pero la negativa al diálogo no ayuda a nadie, aunque sean ciertas algunas de las críticas de Husam Faris a Mursi y a su gabinete: «El Gobierno no tiene ningún plan. Tres meses después [de redactar la Constitución] el Primer Ministro viene y dice que hay que modificar 15 artículos de la Constitución». Por su parte, Hellyer le replicó que «el FNS no puede presumir de haber conseguido ningún progreso frente a Mursi y los Hermanos Musulmanes últimamente».
Husam Faris prometió que los egipcios verían un FNS más activo y más cercano a la calle, que liderará una oposición fuerte y sólida, pero el escepticismo fue la respuesta mayoritaria en el debate. Más del 70 % de los asistentes (que de ningún modo representan a la población egipcia) abandonaron la Universidad de Al-Ázhar con la misma opinión con la que habían llegado, que la oposición ha malgastado sus oportunidades y le ha fallado a su gente; un punto de vista que también quedaba reflejado en las redes sociales: «La grave realidad es que el FNS no es una oposición real. Encuentra un partido, cualquier partido, cualquier movimiento, pero no confíes en el FNS», twiteó Hafsa Halawa. «Los resultados de hoy muestran que el FNS no representa ni siquiera a los egipcios con formación, y menos aún podemos tener en cuenta a los analfabetos y los pobres», decía Aly Fahmy también en Twitter al concluir el debate.
Pero, además de críticas, la sala también dejó abierta una puerta a la esperanza; más en el futuro de Egipto, que en la oposición. Las palabras de Hellyer la resumen perfectamente: «Tengo confianza en Egipto; un país especial. Me niego a aceptar que la oposición actual es la mejor que el país puede ofrecer».

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