29/3/13

Obama reajusta el compás en Medio Oriente

Por M. K. Bhadrakumar-Asia Times Online



Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

El sesgo dado a la visita del Presidente de EE.UU. Barack Obama a Israel la semana pasada fue que podría ser un viaje de reconciliación orientado a mejorar la relación personal de Obama con el Primer Ministro israelí Benjamin Netanyahu. Si así fuera, la misión tuvo éxito. El elemento sorpresa surgió dramáticamente en los últimos coletazos de la visita cuando Obama estaba a punto de subir al jet presidencial en el aeropuerto de Tel Aviv el viernes.

Ahí mismo, en la pista de aterrizaje, desde un remolque improvisado, Obama llamó al Primer Ministro turco Recep Tayyip Erdogan y después de un breve intercambio de cumplidos le pasó el teléfono a Netanyahu, quien se apresuró a hacer lo que se ha negado rotundamente a hacer durante los últimos dos años: presentar una disculpa formal por el asesinato de nueve turcos en 2010 cuando viajaban en una flotilla en una misión humanitaria al enclave de Gaza.
Es probablemente la primera vez en la historia de Israel en la que ha pedido disculpas a un país extranjero por un pecado cometido.
El incidente de Gaza afectó gravemente las relaciones turco-israelíes. La ruptura de los vínculos con Turquía dejó a Israel aislado y desprotegido en una región atrapada en un período de agitación desconocido hasta entonces. La alianza con Turquía es de vital importancia para Israel.
En su declaración elogiando la reconciliación turco-israelí, el Secretario de Estado de EE.UU. John Kerry señaló que esto “ayudará a Israel a encarar los numerosos desafíos a los que se enfrenta en la región” y que una normalización total posibilitará que Tel Aviv y Ankara “trabajen juntos en beneficio de sus intereses comunes”.
Pero la conversación telefónica desde el aeropuerto de Tel Aviv fue un acto teatral premeditado, del que Obama quería que toda la región fuera testigo. Estaba cargado de simbolismo el hecho de que el capitán timoneara el barco estadounidense en un gran arco hacia nuevas direcciones era.
El editor sénior turco Murat Yetkin citó “fuentes de alto rango” para revelar que Washington había contactado hacía algunas semanas con Ankara con la propuesta de que Obama deseaba trabajar hacia un acercamiento entre Erdogan y Netanyahu, y esperaba utilizar su visita a Israel con ese fin. Yetkin escribió:
“Cuando Ankara afirmó que podría aceptar los buenos oficios de EE.UU. para llegar a un acuerdo con Israel, basado en una disculpa, comenzó la diplomacia. Antes del inicio de la visita de Obama el 20 de marzo, se empezaron a intercambiar propuestas diplomáticas entre Ankara y Jerusalén sobre los términos de un posible acuerdo bajo los auspicios de la diplomacia estadounidense”.
¿Por qué es tan terriblemente importante tanto para Obama como para Erdogan y Netanyahu la normalización entre Turquía e Israel? La respuesta se encuentra en el testimonio dado por el jefe del Comando Europeo de EE.UU. y máximo comandante militar de la OTAN, almirante James Stavridis, ante el Comité de Servicios Armados del Senado de EE.UU. el lunes pasado en la víspera de la partida de Obama de Washington a Israel.
Stavridis comentó ante los legisladores estadounidenses que una actitud más agresiva de EE.UU. y sus aliados podría ayudar a romper el impasse en Siria. Afirmó: “Mi opinión personal es que sería útil para superar el punto muerto y derribar al régimen [sirio]”.
El influyente senador estadounidense John McCain consultó explícitamente a Stavridis sobre el papel de la OTAN en cualquier intervención en Siria. Stavridis respondió que la OTAN se prepara para una serie de contingencias. “Nosotros [la OTAN] consideramos una amplia gama de operaciones y estamos preparados si se nos pide que nos involucremos [como] lo hicimos en Libia”, señaló.
Stavridis pasó a explicar que los misiles Patriot de la OTAN desplegados ahora en Turquía, ostensiblemente a fin de defender el espacio aéreo turco, tienen también la capacidad de atacar a la fuerza aérea siria en el espacio aéreo de ese país y que cualquier operación semejante de la OTAN sería un “poderoso desincentivo” para el régimen sirio.
Señal significativa
Igualmente significativo es que barcos de guerra de la OTAN del Grupo Marítimo I Permanente de la OTAN (SNMGI), que llegaron al Mediterráneo Oriental a fines de febrero, visitaran la base naval turca de Aksaz (donde el Grupo de Tareas Meridional de Turquía mantiene unidades especiales como “ataque submarino”) en ruta para unirse la semana pasada al Grupo de Ataque de EE.UU. consistente del Portaaviones USS Dwight D. Eisenhower y sus escoltas.
El SNMGI forma parte de la Fuerza de Reacción de la OTAN, que está permanentemente activada y en estado de alta preparación a fin de responder a problemas de seguridad.
Por lo tanto, el cuadro que emerge unido a otras señales significativa es que se podría estar preparando una intervención militar en Siria. Obama se mueve cuidadosamente y la participación de tropas de EE.UU. en el terreno en Siria está fuera de discusión. Pero EE.UU. y la OTAN (e Israel) pueden suministrar una valiosa cobertura aérea y lanzar devastadores ataques con misiles contra los centros de comando del gobierno sirio.
Las potencias occidentales preferirían concentrarse en la eliminación del presidente Bashar al-Asad en lugar de ocupar físicamente el país. Si fuera necesario desplegar fuerzas terrestres dentro de Siria en algún momento, Turquía puede ocuparse de esa misión, por ser un país musulmán perteneciente a la OTAN.
Aquí es donde entra en juego la reconciliación turco-israelí. Se puede esperar que una estrecha coordinación entre Turquía e Israel a nivel operativo pulverice al régimen sirio desde el norte y el sur simultáneamente.
Pero el renacimiento del eje estratégico turco-israelí tiene importantes implicaciones para la seguridad regional. Erdogan ha exprimido hasta la última gota, hablando políticamente, de su impresionante actitud contra Israel y el sionismo durante los dos últimos años para reforzar su imagen en la “Calle Árabe”.
Erdogan se apresuró a alardear de que la disculpa israelí es una señal de la creciente influencia regional de Turquía. “Estamos al principio de un proceso para elevar a Turquía a una posición en la que vuelva tener un papel determinante, de iniciativa y poder, como lo tuvo en el pasado”, dijo aludiendo a las ambiciones de Turquía de mediar entre Israel y los palestinos.
Anunció que tiene planes de visitar los territorios palestinos, incluida Gaza, el próximo mes. Pero, una vez dicho eso, a Erdogan también le serviría alguna ayuda oportuna de Israel. Lo principal es que actualmente busca un acuerdo negociado con los militantes kurdos pertenecientes el PKK. La semana pasada el líder del PKK que está encarcelado en Turquía, Abdullah Ocalan, llamó al cese de actividad de la milicia kurda desde suelo turco.
Tiempos turbulentos
Turquía ha dependido tradicionalmente de Israel para el suministro de servicios de inteligencia con relación a los grupos militantes kurdos. Es obvio que Erdogan espera resucitar el intercambio de inteligencia turco-israelí, lo que sería ventajoso para Turquía.
La coordinación turco-israelí en Kurdistán podría comprar la paz para las fuerzas armadas turcas, que se han estado enfrentando un aumento de la insurgencia kurda, y por su parte lospashas se concentrarían en el frente sirio. En un ámbito más amplio, la reconciliación turco-israelí también ayudaría al papel futuro de la OTAN en Medio Oriente como proveedora de seguridad en el Levante. En los últimos años se han descubierto unas considerables reservas de energía en la Cuenca del Levante.
Los esfuerzos de la OTAN en los últimos cuatro a cinco años por coordinarse con Israel en el Mediterráneo Oriental como un país socio cayeron en el bache de la disputa turco-israelí. Turquía bloqueó obstinadamente los acuerdos de la OTAN con Israel e incluso impidió que la OTAN invitara a Israel a su cumbre de gala en Chicago.
Baste decir que la reconciliación turco-israelí afecta el equilibrio estratégico general en Medio Oriente. La colaboración turco-israelí en la seguridad y en el ámbito militar tiene profundas implicaciones para el problema iraní. Turquía ve a Irán como su rival en Medio Oriente, mientras que Israel considera que Irán es una amenaza existencial. Ambos consideran que el aumento de la influencia de Irán representa un desafío para sus ambiciones regionales. Por lo tanto, el eje turco-israelí está destinado a jugar un papel crucial si EE.UU. llega a decidirse a atacar Irán.
En resumidas cuentas, la misión mediadora de Obama ante Israel y su sorprendente éxito en la solución de la desavenencia entre Turquía e Israel reajusta el compás de la política en Medio Oriente. Las políticas regionales estadounidenses vuelven a sus bases originales aferradas a la perpetuación de su hegemonía en Medio Oriente con la actuación de Turquía e Israel como sus principales agentes locales.
Mientras estuvo en Israel Obama no mostró ninguna sensación de urgencia respecto al proceso de paz en Medio Oriente. Por cierto, el Medio Oriente se encamina hacia tiempos turbulentos.
El embajador M. K. Bhadrakumar fue diplomático de carrera del Servicio Exterior de la India. Ejerció sus funciones en la extinta Unión Soviética, Corea del Sur, Sri Lanka, Alemania, Afganistán, Pakistán, Uzbekistán, Kuwait y Turquía.
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