16/3/13

Lecciones de Islam XXXVII: El Adulterio


Por Abdallah Yusuf de La Plata


Lección 37: El adulterio y su severo castigo en el Islam.

  Es conocido que el Islam castiga el adulterio con pena de muerte por lapidación, lo cual suele ser motivo de fuertes críticas a los musulmanes.  Vamos a tratar este asunto con una advertencia: es un tema difícil y polémico. Les pido que antes de opinar, si no comparten lo expuesto, primero lean bien lo escrito por lo menos 3 veces.



¿Cómo se justifica la lapidación a las mujeres?

  En primer lugar, no se trata de un castigo para las mujeres sino para los adúlteros, hombres y mujeres. También se aplican a los violadores y a los que abusan de niños (que cometen pedofilia). Sin embargo, por razones de propaganda, sólo se mencionan los casos en que se aplican a las mujeres. Por ejemplo: Amina Lawal en Nigeria. Pero en Nigeria junto a ella había varios hombres condenados, uno por abuso de menores, y sobre ellos no se dijo nada ni se los mencionó.

 Pero vamos a hablar del caso concreto del adulterio. Para los shiitas la condena por adulterio sólo se aplica cuando hay 4 testigos presenciales del hecho que hayan visto a la pareja en el acto mismo (no cuenta si los ven en una actitud sospechosa: por ejemplo, saliendo de un hotel. Tampoco que se los vea besándose.  Hay que verlos en el acto mismo), que sean 4 testigos confiable e
imparciales (no cuenta el testimonio del propio marido o de la esposa). Si no hay 4 testigos, tiene que haber 4 confesiones de la persona realizada en 4 oportunidades distintas. Para los shiitas, no se aplica la condena en otros casos. Es decir que hay plena certeza de la culpabilidad de la persona.

  Para la legislación sunnita, si una mujer aparece embarazada es prueba suficiente de adulterio. Nosotros los shiitas NO estamos de acuerdo con esto.  En el caso de Nigeria y Arabia Saudita, ellos aplican la jurisprudencia sunnita y por eso condenan a las mujeres que aparecen embarazadas sin poder justificarlo con un matrimonio, como el caso de Amina Lawal. Para los shiitas en este caso NO CORRESPONDE ese castigo porque para ser adulterio ella tendría que estar casada, y si no está casada, no es adulterio. Pero los sunnitas tienen otro punto de vista.
  No obstante, en el caso de Nigeria existe una cuestión de fondo que es la intervención en los asuntos internos de otro pueblo. Si hay una ley, los ciudadanos que la conocen y viven bajo ella tienen que respetarla. Les guste o no, tienen que respetar la ley. Si violan la ley, pagan las consecuencias. En Nigeria los ciudadanos en un plebiscito votaron pidiendo la Ley islámica, por lo que se trata de un mandato popular que debe respetarse. La cuestión de fondo aquí no se trata de esta ley ni de un caso particular, sino que se busca una intervención externa en los asuntos internos de un país. Por lo tanto, es una cuestión de orden político y no de derechos humanos.

 ¿Cómo se justifica la condena en casos de adulterio?

  Más allá de lo que hemos aclarado en el caso puntual de Nigeria y la jurisprudencia sunnita, el adulterio es un delito muy grave. La persona que comete adulterio traiciona una de las cosas más sagradas dentro de una sociedad que es el matrimonio y la familia. El matrimonio y la familia son la unidad básica de toda sociedad. El adulterio corrompe tal unidad. Con el adulterio se introducen hijos en una familia ajena, se pierden las relaciones de parentesco pues ese hijo luego no sabe quién es realmente su padre, quién es una posible hermana, y así puede luego estar casado con alguien que en realidad sea un pariente íntimo, una media hermana por ejemplo.

  Este delito es gravísimo. Tanto que la persona traicionada por su pareja casi siempre siente el impulso de matar, al punto que se cometen muchos asesinatos por pasión cuando uno descubre a su pareja con un amante.


  Es perfectamente entendible que para occidente resulte incomprensible e inaceptable que se castigue el adulterio. En las sociedades occidentales el adulterio es tan frecuente y tan promovido que la gente común suele considerarlo una práctica habitual y casi como una opción sobre la cual uno tiene derecho a elegir. "Sólo pasó", suele decir a modo de excusa la persona que es descubierta en tal infracción por su pareja.  Como si el propio movimiento de las acciones cotidianas llevara en su inercia a caer en tal situación. Tales personas que incluso muchas veces se resisten a ser siquiera cuestionadas o criticadas, no ven al adulterio como un delito punible y mucho menos que la pena sea la muerte. Incluso unos científicos ingleses pretenden que se trata de una cuestión genética que impulsa a la persona a cometer adulterio, por lo cual sería algo natural, fuera del alcance de la voluntad humana y libre por completo de toda culpa.
  Pero en una sociedad islámica no es así. La situación es completamente diferente. En una sociedad islámica las mujeres en público se cubren y no pueden exhibir su cuerpo. Si hombres y mujeres comparten un ámbito de trabajo, deben cuidar de que no queden un hombre y una mujer solos en un mismo sitio aislados. Por otra parte, no hay pornografía en los medios: no se exhiben mujeres en la TV, diarios, revistas, etc. Se promueve el matrimonio y las normas permiten (en casos excepcionales) el divorcio y la poligamia. No hay prostitución, la cual es severamente penada. Tampoco hay ámbitos que promuevan las relaciones ilícitas, como bailes, clubes nocturnos y similares. Hasta no se consumen bebidas alcohólicas de ningún tipo. Todo esto va haciendo que la sociedad misma sea más sana, más moral y espiritual, más religiosa. Pensemos que hay 5 oraciones obligatorias por día, además del ayuno y otras normas tendientes a mantener al hombre en contacto con el recuerdo de Dios. Todo esto hace que el adulterio sea algo muy extraño, muy poco común. Es raro que alguien tenga realmente deseos de cometer esto, y es raro que tenga la posibilidad de hacerlo. No es como en occidente, donde es tan común y corriente que lo difícil es mantenerse casto. En occidente todo motiva a caer en relaciones ilícitas. Son tan comunes y corrientes que esto hace que la gente común vea mal que se hable de castigar al adulterio, y sobre todo castigarlo a muerte por lapidación.  De ahí que muchos salen a hablar en contra del castigo establecido por el Islam como si el hombre tuviera derecho a cometer adulterio... ¿Han pensado en esto? ¿Acaso el hombre tiene derecho a cometer adulterio y la mujer tiene derecho a hacerlo también?

  En una sociedad islámica, si el hombre se enamora de otra mujer puede tener una segunda esposa, o puede divorciarse de la primera; la mujer puede pedir el divorcio si su matrimonio no funciona. Además, el medio no tiende a la tentación ni a incentivar el deseo sexual. Por lo tanto, quien comete adulterio tiene que pasar por varias dificultades para esto. Encima de todo, la gente sabe cuál es el castigo por cometer este delito. Incluso es probable que haya presenciado alguna ejecución. Por lo tanto, si a pesar de todas las consideraciones uno igualmente lo comete, debe pagar las consecuencias.

  Las penalidades en el Islam han dado resultado en mantener pura a la sociedad. En el Islam no se consume alcohol ni droga, no hay pornografía ni prostitución ni robos ni delitos ni violencia en el grado que existe en occidente. No decimos que estas cosas no sucedan: ocurren, pero en un grado muchísimo menor, casi insignificante en comparación con occidente. Mantener esta pureza tiene un costo que son las penalidades públicas. Abandonar las penalidades tiene un costo muchísimo más grave que es caer en la corrupción, la inmoralidad y la perversión que tantas vidas arruina y se lleva en las
sociedades occidentales modernas.


  ¿Debe penarse el adulterio?

  Es común que se alegue que el gobierno debe respetar la vida privada de las personas, su intimidad y sus creencias. Estamos de acuerdo. En el Islam se respeta la vida privada de las personas, su intimidad y creencias. Dice el Corán:
   "No hay imposición en religión" (2:256).
  Pero el gobierno debe legislar en las cuestiones que no involucran a un individuo, sino a la relación entre individuos. Si dos personas tienen un asunto, el gobierno debe intermediar y legislar. Por ejemplo: en casos de robo, violaciones, secuestros, asesinatos. Estas cosas pueden ocurrir en la intimidad del hogar y afectar a un número muy reducido de personas. Pero el gobierno debe legislar al respecto. Un adulterio no es “un asunto privado” porque involucra a más de un individuo. Hay un miembro del matrimonio que resulta traicionado y un acuerdo pactado ante el estado (que es el matrimonio) que ha sido violado. En consecuencia, no puede quedar sin legislar este asunto.
  Por otro lado, no se puede dejar librado a la opinión de cada uno, para que la gente arregle este asunto según sus propios criterios. Porque en un caso la pareja traicionada podría asesinar a su cónyuge (cometiendo un crimen pasional) y en otro caso no darle ninguna importancia y dejarlo como un desliz menor, insignificante. Si se deja esto así, ¿qué debe hacerse con aquel que mata a su cónyuge por un adulterio?  ¿Se lo debe dejar libre y sin castigo porque "es un acto privado y no hay que involucrarse"?

  Desde el punto de vista islámico esto no es correcto: el estado debe legislar estableciendo normas y pautas de convivencia. Pero vayamos un poco más allá: para aplicar la condena en adulterio es necesario que haya 4 testigos presenciales de acto mismo o la confesión de la persona en 4 oportunidades distintas. Es decir que el acto en sí se está haciendo público y no ha quedado reservado en el ámbito privado. Si la persona lo mantiene en reserva, no resulta castigado en este mundo por su acción.

Repetimos: no pretendemos que los lectores occidentales acepten que el adulterio deba castigarse con la muerte, pues la situación general de Occidente es tal que este crimen ha dejado de ser considerado como tal. Aplicar una norma como el castigo a los adúlteros sólo puede hacerse en una sociedad cuyas bases morales y normas de conducta son diferentes a Occidente. Y sólo puede aplicarse como parte de un conjunto integral de normas, no como una ley aislada. Tal conjunto integral de normas apunta a la construcción de una sociedad sana. Cabe preguntarse si Occidente ha tenido éxito en la edificación de una sociedad sana o si la misma presenta una profunda crisis de valores, y en tal caso cuál sería la solución. Pues, en última instancia, si se cuestiona el modelo islámico y se lo rechaza, debería proponerse un modelo alternativo y demostrar en forma contundente su validez y eficacia para llevar al ser humano al bienestar y la felicidad.


  Por otra parte, el derecho individual está por debajo del derecho colectivo, y el individuo debe acatar las leyes y normas de la sociedad. ¿Yo tengo derecho a tener un buen auto, a disfrutar de una buena comida, a tener una buena casa? Si, sin duda que tengo derecho a todo eso. ¿Entonces puedo robarle al vecino lo que tenga para usarlo yo y disfrutar mis derechos? No, en absoluto. De ninguna manera. Del mismo modo, siguiendo la misma lógica, uno tiene derecho a enamorarse pero no puede cometer adulterio. Esto es algo tan elemental que forma parte de los 10 Mandamientos básicos revelados a Moisés (P) y confirmados por Jesús (P). Si ahora tenemos que explicar por qué uno no puede cometer adulterio y explicar por qué el adulterio es un pecado y un crimen es debido a que las sociedades han caído en tal nivel de decadencia y corrupción que las normas más elementales necesitan explicación. Claro que un Occidente que ve como algo natural que un país invada a otro para cambiar el gobierno y usurpar sus riquezas, asesinando a una parte de su población civil, y ve como un derecho natural el genocidio y holocausto (como ocurre en Palestina) o las violaciones a los Derechos Humanos en Guantánamo, es casi lógico que conciba como un derecho natural el adulterio y considere que no deba penarse. Porque este Occidente tiene una alteración completa de los valores morales, éticos y humanos.

  La libertad y los derechos del individuo no pueden estar por encima del bien común y de los intereses comunitarios. Entonces la libertad y derecho individual en el Islam existen y se respetan, pero tienen un límite: terminan donde empiezan los derechos de los demás. Y el bien común está por encima del individuo.

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