8/3/13

Lecciones de Islam XXXI: El Islam y la espada


Abdallah Yusuf de La Plata – Argentina.



Lección 31:  El Islam y la espada.


  Suelen cuestionar, en especial los cristianos, al Profeta Muhammad (BPD) porque participó en batallas y empuñó la espada. Entonces dicen que el Islam se expandió por la espada. Y agregan además (con escaso conocimiento) que el Corán llama a combatir a muerte contra los enemigos.
Antes de responder a estas acusaciones, veamos lo que dice la Biblia.

En Deuteronomio 20:1 a 20 se mencionan las leyes de la guerra. Ahí encontramos:
“Cuando te acerques a una ciudad para combatirla, le intimarás la paz... Mas si no hiciere paz contigo, entonces la sitiarás. Luego que Jehová tu Dios la entregue en tu mano, herirás a todo varón suyo a filo de espada. Solamente las mujeres y los niños, los animales y todo lo que haya en la ciudad, todo su botín tomarás para tí...” (Deut 20:10 a 14)
“Pero de las ciudades de estos pueblos que Jehová tu Dios te da por heredad, ninguna persona dejarás con vida sino que los destruirás completamente: al heteo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, como Jehová tu Dios te ha mandado.” (Deut 20:16 y 17)

  Luego veamos lo que figura sobre la conducta del pueblo de Israel. En Números 31:1 a 20 se menciona el exterminio de los madianitas por orden de Jehová a Moisés. Ahí encontramos:

“Y pelearon contra Madián como Jehová lo mandó a Moisés, y mataron a todo varón.” (Num 31:7)
“Y los hijos de Israel llevaron cautivas a las mujeres de los madianitas, a sus niños y todas sus bestias y todos sus ganados, y arrebataron todos sus bienes, e incendiaron todas sus ciudades, aldeas y habitaciones.” (Num 31:9 y 10)
“Y se enojó Moisés contra los capitanes del ejército, contra los jefes de millares y centenares que volvían de la guerra y les dijo Moisés: ¿Por qué habéis dejado con vida a todas las mujeres?” (Num 31:14 y 15)
“Matad, pues, ahora a todos los varones entre los niños. Matad también a toda mujer que haya conocido varón carnalmente.” (Num 31:17)

Y no es el único caso durante la conducción de Moisés (P):
“Mas Jehová nuestro Dios lo entregó delante de nosotros y lo derrotamos a él y a sus hijos y a todo su pueblo. Tomamos entonces todas sus ciudades y destruimos todas las ciudades, hombres, mujeres y niños: no dejamos ninguno.” (Deut 2:33 y 34)
Luego, Josué ingresa conduciendo al pueblo de Israel a la tierra prometida a fuerza de la espada. Toman Jericó y la destruyen por completo:
“Y destruyeron a filo de espada todo lo que en la ciudad había; hombres y mujeres, jóvenes y viejos, hasta los bueyes, las ovejas y los asnos.” (Josué 6:21)

  Luego arremeten contra Hai:
“Jehová dijo a Josué: No temas no desmayes; toma contigo toda la gente de guerra, y levántate y sube a Hai...” (Josué 8:1)
  Hai era una ciudad chica, pues los espías que Josué mandó le dijeron: “No fatigues a todo el pueblo yendo allí porque son pocos” (Josué 7:3). A pesar de esto, cometieron una matanza bastante significativa:
“Y cuando los israelitas acabaron de matar a todos los moradores de Hai en el campo y en el desierto a donde los habían perseguido, y todos habían caído a filo de espada hasta ser consumidos, todos los israelitas volvieron a Hai y también la hirieron a filo de espada. Y el número de los que cayeron aquel día, hombres y mujeres, fue de doce mil, todos los de Hai.” (Josué 8:24 y 25)

  Luego siguieron los amorreos, en parte muertos por el Poder de Dios:
“Y mientras iban huyendo de los israelitas a la bajada de Bet horón, Jehová arrojó desde el cielo grandes piedras sobre ellos hasta Azeca y murieron. Y fueron más los que murieron por las piedras del granizo que los que los hijos de Israel mataron a espada.” (Josué 10:11)

  Una parte de ellos fueron capturados. Los reyes de cinco ciudades fueron ejecutados directamente por Josué:
“...Josué los hirió y los mató y los hizo colgar en cinco maderos, y quedaron colgados en los maderos hasta caer la noche.” (Josué 10:26)
  Luego siguió Hazor:
“Y Josué, y toda la gente de guerra con él, vino de repente contra ellos... Y los entregó Jehová en manos de Israel y los hirieron y los siguieron hasta Sidón... hiriéndolos hasta que no les dejaron ninguno. Y Josué hizo con ellos como Jehová le había mandado: desjarretó sus caballos y sus carros quemó a fuego. Y volviendo Josué tomó en el mismo tiempo a Hazor y mató a espada a su rey...” (Josué 11:7 a 10)
“Y los hijos de Israel tomaron para sí todo el botín y las bestias de aquellas ciudades; más a todos los hombres hirieron a filo de espada hasta destruirlos, sin dejar alguno con vida.” (Josué 11:14)
“Tomó, pues, Josué toda aquella tierra... Tomó asimismo a todos sus reyes y los hirió y mató.” (Josué 11:16 y 17)

¿Cuánta matanza realizaron? En Josué 12:1 a 6 se mencionan los reyes derrotados por Moisés antes de cruzar el Jordán. Menciona sólo 3 reyes. Luego se mencionan los derrotados por Josué y se mencionan 31 reyes (Josué 12:24). Pero aún quedaba mucha tierra por conquistar, y luego de su muerte Judá y Simeón siguieron las batallas. Setenta reyes derrotados (Jueces 1:7). Y siguieron:
“Y combatieron los hijos de Judá a Jerusalem y la tomaron y pasaron a sus habitantes a filo de espada y pusieron fuego a la ciudad.” (Jueces 1:8)

  Y las guerras siguieron hasta David (P), quien derrota a los amalecitas (1 Samuel 30:1 a 31), a los filisteos (2 Samuel 5:17 a 25), a los jebuseos (2 Samuel 5:6 a 10) y hasta pelea contra una parte del mismo pueblo de Israel (2 Samuel 2:8 a 32). Y extendió sus dominios con guerras y conquistas (2 Samuel 8:1 a 14), derrotando luego también a los amonitas y sirios (2 Samuel 10:1 a 19). Su hijo, Salomón, es quien alcanza una época de paz y construye el Templo, habiendo pasado 480 años de la salida de Egipto (1 Reyes 6:1).

  Estoy mencionando las guerras en las que todo el pueblo estaba involucrado. Hay innumerables asuntos menores donde sólo algunos intervinieron cometiendo matanzas y peleas, como la acción de los hijos de Jacob para vengar el honor de su hermana Dina, mencionado en Génesis 34:1 a 31. Ellos engañan al pueblo haciendo que acepten la religión de Jacob. Luego hacen que los hombres se circunciden. Y cuando están en ese estado, debilitados, los atacan y matan a todos. Asesinan a un pueblo que había aceptado la religión y como muestra se habían circuncidado todos los hombres.

  No pretendemos justificar matanzas escalofriantes ni algunos hechos verdaderamente aberrantes. No: sólo decimos que grandes Profetas como Moisés y David (P) también participaron en batallas y ordenaron guerras armadas, por lo que no puede desacreditarse a Muhammad (BPD) por este hecho, ni al Islam como religión por establecer la posibilidad de luchar a muerte ante un enemigo agresor, ejerciendo una fuerza equivalente a la del enemigo.

  Veamos un poco la historia de Muhammad (BPD) en cuanto a las guerras emprendidas y sus resultados.
  Primero hay que mencionar que durante 10 años Muhammad (BPD) predicó el Islam en La Meca sufriendo crecientes agresiones de parte de los idólatras de su propia tribu, los Quraishitas, y durante todo este tiempo los musulmanes no reaccionaron ni tomaron las armas. Fueron obligados a emigrar, primero un grupo de ellos a Abisinia y luego la gran mayoría terminó emigrando a Medina (emigración que marca el inicio del calendario musulmán).

  En una situación de tensión creciente, cuando en la Meca se preparaba un ejército para atacar a Medina, entonces algunos de los Quraishitas tomaron robadas todas las pertenencias de los musulmanes que habían quedado en La Meca y las agregaron a la caravana comercial que iba a Siria. Al enterarse, los musulmanes salieron a recuperar sus pertenencias y los Quraishitas movilizaron un ejército para atacarlos. Así tuvo lugar la primera batalla librada por los musulmanes, la batalla de Badr. Un ejército de algo más de 300 musulmanes se enfrentó a un ejército de unos mil enemigos. Los historiadores registran un número de 83 a 86 muertos, la mayoría del bando de Quraish.

  Al año siguiente, los Quraishitas salieron con un ejército para atacar Medina y vengar su anterior derrota. Los musulmanes salieron a su encuentro y se libró la segunda batalla del Islam, la batalla de Uhud, la cual fue una derrota para los musulmanes. Se contabilizan entre 70 y 100 muertos, siendo esta vez la mayoría de ellos del bando de los musulmanes.

  Dos años después los Quraishitas formaron una alianza con otras tribus e instigados por una tribu de judíos de Medina, salieron con el mayor ejército jamás reunido en la región: unos 10.000 soldados. La estrategia fue cavar una zanja para impedir el ingreso del enemigo a la ciudad y resistir ahí. Esa fue la tercera gran batalla, la batalla de los Confederados o de la Zanja. Sólo hubo algunos encuentros aislados y murieron entre 9 y 14 personas. Cuando los enemigos se retiraron, Muhammad ordenó atacar a la tribu judía que había conspirado contra los musulmanes violando el acuerdo de paz que tenían con ellos. Esa fue la batalla de Bani Quraizhah. Los judíos resistieron sitiados casi un mes y finalmente fueron derrotados. Se les dio a elegir si dejaban que el Profeta (BPD) decidiera qué hacer con ellos o si preferían dejar el asunto en manos de uno de los líderes de Medina al cual ellos conocían bien, llamado Sa’d ibn Ma’ad. Ellos eligieron ser juzgados por esta persona a la cual conocían y él dictaminó que lo justo es que le aplicasen la propia ley judía establecida en la propia Biblia para los enemigos, por lo que se les aplicó lo que figura en Deuteronomio 20:13 y 14, y que los mismos judíos tantas veces aplicaron a sus enemigos derrotados: se ejecutó a todos los hombres adultos que fueses guerreros y se tomaron al resto como prisioneros. De ahí que el número de muertos de esta batalla es de entre 700 y 900. Las otras dos tribus judías de Medina también violaron el pacto de convivencia con los musulmanes y conspiraron en su contra, siendo derrotados en batalla y exiliados de la ciudad. La batalla de Jaibar contra una de esas tribus produjo sólo unos 20 o 30 muertos.

  Otra batalla importante fue librada contra Siria porque ellos asesinaron a los enviados por el Profeta (BPD) para comunicarles el Islam. La primera batalla llamada de Mutah fue una derrota para los musulmanes y produjo entre 10 y 20 muertos. La segunda batalla en realidad fue une expedición que no terminó en un combate directo. El tercer enfrentamiento con los sirios se produjo luego de la muerte del Profeta (BPD).

  En cuanto a la conquista de la Meca fue casi sin enfrentamientos, aunque hubo algunos problemas y terminaron siendo muertos unas 20 personas. La movilización de los musulmanes fue porque los mequinenses rompieron el tratado de paz firmado en Hudaibiiiah anteriormente. Cuando la Meca decidió rendirse y sumarse a la comunidad musulmana, unas tribus cercanas decidieron atacarlos y tuvo lugar la batalla de Hunain, donde hubo unos 85 muertos.
 
Esas fueron las grandes batallas libradas durante la vida del Profeta Muhammad (BPD). Ninguna de esas batallas fue con la intención de expandir los territorios, sino como respuesta contra un enemigo agresor. Sólo en una ocasión se ejecutan a los prisioneros y fue por aplicarles la propia ley, aquello que ellos mismos tenían como norma y costumbre. En el resto de las ocasiones hubo algunas ejecuciones puntuales de personas que habían cometido crímenes muy severos que justificaban la pena de muerte, tal como hoy se le aplica a los criminales de guerra.

  Si analizamos detenidamente este período y las batallas que tuvieron lugar, veremos que la conducta de Muhammad (BPD) no es diferente a la de otros Profetas mencionados en la Biblia, como Moisés o David (P). Si recordamos que el pueblo de Israel mantuvo 480 años de guerras e invasiones desde la salida de Egipto hasta el reino de Salomón (P), cometiendo verdaderos genocidios (la matanza de Hai, al que consideraron un poblado menor e insignificante, alcanzó a 12.000 personas, con lo cual ya supera con creces todas las muertes que tuvieron lugar en los 10 años últimos de la vida del Profeta del Islam, que fueron los años de batalla y combate), no puede usarse este asunto como elemento para descalificar a Muhammad (BPD) como Profeta de Dios.

  En realidad, si analizamos detenidamente los sucesos, no puede siquiera cuestionarse la conducta del Profeta Muhammad (BPD), pues en ningún momento se comportó como un bárbaro sanguinario ni un imperialista guerrero ni un tirano déspota ávido de riquezas y poder. Nada de esto es así. Las batallas libradas fueron puntuales, específicas, necesarias para frenar la agresión de un enemigo que tenía la intención de aniquilar a la comunidad recién formada y exterminar la nueva religión proclamada. El combate fue la forma que tuvieron que adoptar los musulmanes para preservar la religión. No fue una herramienta para expandir el Islam. De hecho, el Islam no se expandió por la espada y el evento más importante y decisivo fue el tratado de paz de Hudaibiiah. Es decir, fue un tratado de paz lo que mejor permitió que el Islam se afianzara y afirmara sus bases.

Veamos ahora los párrafos del Corán que hablan del combate y la guerra. Veamos uno de los más citados por los oponentes al Islam:

“Y combatid contra ellos hasta que no haya más tentación (sedición o idolatría), y la religión sea exclusivamente para Dios...” (2:193)

Suele exponerse este párrafo aislado del Corán diciendo que el Libro Sagrado de los musulmanes ordena el combate a muerte contra todos los incrédulos hasta que solamente exista el Islam como religión en todo el mundo.

  La primera pregunta que surge ante este planteo es por qué los musulmanes nunca obraron de acuerdo a este supuesto mandato explícito del Corán. Quizás algunos aleguen que hoy los terroristas atacan a mundo no musulmán. Pero no puede juzgarse una religión por la conducta de un pequeño número de personas de identidad muy dudosa, cuyas actividades e intenciones no son claras y cuyos vínculos con la CIA son muy sospechosos.

  Al margen, este grupo ataca por igual a pueblos musulmanes como no musulmanes y comete más atentados hoy dentro de Irak que los que hubo en todo el mundo en los últimos 10 años.

  Entonces, no se puede juzgar la religión islámica o al mismo Corán por el accionar criminal y asesino de un pequeño grupo muy reducido de personas que no representa ni siquiera en 0,01 % de la comunidad musulmana. Porque hoy la comunidad musulmana es de más de 1.500 millones de personas. ¿Cuántos pueden ser los terroristas? Si suponemos que fuesen 150.000 los miembros de la red terrorista, serían el 0,01 %. Pero es realmente difícil que llegue a esa cifra. Aún así, eso implica que el 99,99 % de los musulmanes no son terroristas ni se comportan como tales. Si hubiera una orden explícita del Corán, la actitud de los musulmanes sería otra.

  Los musulmanes son mayoritariamente seguidores de las órdenes del Corán y cumplen las normas y mandatos de la religión en mayor o menor grado. Rezan 5 veces por día, ayunan el mes de Ramadán, peregrinan a La Meca, se abstienen de beber bebidas alcohólicas y de comer cerdo, etc. Es imposible que el 99,99 % de los musulmanes rechace seguir una orden estricta del Corán. Es necesario ver esto con mayor detenimiento para comprenderlo correctamente.

  En realidad, hay que leer las aleyas 2:190 a 195, pues corresponden juntas y tienen una aplicación que luego comentamos:

"Y combatid en el Camino de Dios contra aquellos que os combaten. Y no seáis opresores violando los límites. Pues Dios no estima a los agresores. Matadles dondequiera que los encontréis. Y echadlos de donde ellos os han expulsado (la Meca). Pues la tentación (separación o división) es más grave que el homicidio. Pero no los combatáis en las cercanías de la Mezquita Sagrada (en el Santuario o "Haram") hasta tanto no os ataquen allí. Entonces, si os combaten, ¡matadles! Esta es la retribución de los incrédulos. Pero si se abstienen (de agredir, dejadlos). Porque Dios es el Indulgentísimo, el Misericordiosísimo. Y combatid contra ellos hasta que no haya más tentación (sedición o idolatría), y la religión sea exclusivamente para Dios. Si cesan, entonces que no haya más hostilidades, excepto contra los inicuos. El mes sagrado por el mes sagrado (y si ellos mismos rompen las normas de respeto y os atacan en él, vosotros tenéis derecho a combatirlos). Todas las cosas sagradas (o inviolables) están bajo la ley del Talión. Y (en definitiva) si alguien os agrediera, agredidle de la misma manera (sin exagerar ni aumentar la agresión). Temed a Dios y sabed que Dios está junto a los piadosos. Gastad en la Senda de Dios y no os arrojéis con vuestras propias manos a la aniquilación (abandonando la entrega de caridades). Y practicad el bien. Pues Dios aprecia a quienes realizan el bien”. (2:190 a 195)

  Estas aleyas fueron reveladas luego de que el Profeta (BPD) pactara con los enemigos de La Meca un acuerdo por el cual ellos los iban a dejar hacer la Peregrinación anual y visitar la ciudad sagrada por 3 días. Los musulmanes temían ser atacados cuando estuviesen en la Meca realizando los rituales de la Peregrinación y no sabían cómo responder en tal caso. Con estas aleyas Dios les dice que si son atacados, deben responder al ataque y combatir contra los agresores hasta el momento en que manifiestan aceptar el Islam, y en tal caso no seguir el ataque. Es, en parte, un anuncio de la futura islamización de todo ese
territorio.

  Estas aleyas son mucho más benévolas que las leyes de la guerra mencionadas en la Biblia, en Deuteronomio 20:1 a 20 donde se establece que se debe luchar a muerte con quien no acepta la paz y luego de vencerlos, ejecutar a los hombres y tomar como esclavas a las mujeres y niños (salvo sobre varios pueblos a los que les ordenan la total aniquilación). En el Corán queda bien establecido que no se deben iniciar acciones hostiles y que sólo se debe combatir en forma defensiva, en respuesta a una agresión del enemigo. Aquí el Corán prohíbe ser el agresor atacante y establece el combate contra quienes atacan a los musulmanes. La forma de responder que establece el Corán es la misma que aplican todas las naciones y reconoce el Derecho Internacional: el derecho de defenderse ante una agresión hostil.

  El Islam es la continuación de las religiones celestiales. Como ya hemos dicho, es la última religión revelada, no la única. Es una religión de paz que habla del combate, del esfuerzo, de adorar sólo a Dios, de apartarse de la idolatría, etc., tal como lo hace la Biblia, tal como lo pregona el judaísmo y el cristianismo. El llamado a la oración musulmana dice “Testimonio que no hay divino sino Dios”. Dice lo mismo que el Primer mandamiento de la Biblia: Que sólo hay Un Único Dios y a El hay que amar y adorar.

  La Biblia habla del esfuerzo, del combate, de la guerra, etc., tanto o más de lo que lo menciona el Corán. De hecho, muchos Papas han llamado a combatir en las cruzadas porque esa era la Voluntad de Dios. "Dios así lo quiere", decían. Y el combate nunca fue despreciado por la Iglesia como una herramienta de establecer la justicia y la misma religión.

  El Islam considera al combate como una situación de defensa contra una agresión, una herramienta para establecer la justicia. Para el Corán, no hay imposición en cuanto a religión. La religión no se establece por la espada.

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