4/3/13

Lecciones de Islam XXVII: La Peregrinación


Por Abdallah Yusuf de La Plata


Lección 27: la Peregrinación.

En el Nombre de Dios, El Compasivo, El Misericordioso

La Peregrinación a la Meca (“Hayy”) :

Se trata de una acción obligatoria excepcional, pues la obligación recae en quien reúne las condiciones necesarias (recursos económicos, salud, posibilidades de viajar, etc.) y sólo es obligatorio realizarla una vez en la vida.

La Peregrinación anual a la Meca es una asamblea mundial de musulmanes que se congregan en esa ciudad santa del día 8 al 12 del mes de Dhul Hiyyat, el último mes del calendario lunar islámico. Allí se evoca la convocatoria al Monoteísmo de Abraham (P) y su sacrificio, cuando en respuesta a la orden de Dios Altísimo él estuvo dispuesto a degollar a su propio hijo primogénito (sacrificio que finalmente no se concretó por orden de Dios Mismo, y en su lugar se sacrificó un cordero, siendo este hecho el que se celebra en la festividad del sacrificio, el 10 de Dhul Hiyyat del calendario islámico). Es una demostración pública y masiva de fe que sólo el Islam ofrece, aventajando a todas las otras religiones al respecto.

Aparte de esta Peregrinación, cualquier musulmán puede visitar la santa ciudad de la Meca en otra época del año y el ritual se denomina “Umrah”.

Tanto en la Umrah como en el Hayy, el peregrino debe realizar determinados rituales. Para la Umrah son:

1.- La consagración o “ihram” en determinados puntos antes de llegar a la Meca. El peregrino llega a ese lugar, realiza su ablución o baño completo y se coloca como vestimenta dos pedazos de tela sin costuras: uno alrededor de la cintura (enganchado con alfileres de gancho o con un cinturón especial) y otro sobre los hombros. Esto para los hombres: las mujeres visten normalmente. El peregrino permanece con esa ropa hasta completar los rituales.

 La vestimenta del ihram induce en el hombre un estado especial de humildad y sencillez. Al colocarse el “ihram”, uno se siente verdaderamente pequeño, insignificante, sinceramente humilde. Se está cargando con un estado de consagración a Dios, estado que resulta sumamente pesado por la grandeza y responsabilidad que implica, e induce  a esta humildad mencionada. Para dar un ejemplo, cuando una persona común se viste y arregla para visitar a una personalidad muy importante (supongamos, el presidente de una nación), toma conciencia de que se trata de un evento muy especial y esto le produce un nerviosismo natural. ¡Cuánto más cuando uno va a presentarse ante la Casa de Dios, el lugar de mayor gloria y honor de todo el planeta, ante la Presencia Majestuosa del Señor del Universo! La visita a cualquier gran personalidad del mundo es mucho más fácil de sobrellevar que esta visita a la Casa de Dios, la cual Dios facilita al creyente con el “ihram”.

  Gracias a esta vestimenta, todos los hombres se acercan como iguales a la Casa de Dios. Ya no hay “sheij” ni “saied”, ya no hay árabe, ni iraní, ni paquistaní ni nada más. No hay más distinción entre orientales y occidentales. Todos se acercan atraídos por la luz que emana de ese árbol bendito, “ni oriental ni occidental”.  Tampoco hay ricos ni pobres. Todos visten el mismo ropaje  y son iguales ante Dios, sin distinción de raza o nacionalidad, cargos o jerarquías sociales, culturales o económicas. Todos son peregrinos que buscan acercarse a El y son recibidos como iguales. La fe y las intenciones que cada corazón guarda sólo las percibe y distingue Dios. Ante Él, no hay grados sociales ni estatus económicos. Él recibe a todos por igual y como iguales. Luego, a cada uno recompensará acorde a su sinceridad y grado de fe, que sólo Él conoce.

El “ihram” coloca a todos los peregrinos en pie de igualdad. Esto facilita las cosas para el hombre (sobre todo para el hombre común, aquel que Dios más ama y aprecia). Por otro lado, el “ihram” despierta en el hombre la conciencia de la consagración y le hace palpar muy de cerca la realidad de dicho estado. Toda soberbia y vanidad se aleja del corazón del “muhrim” (el consagrado, aquel que viste el “ihram” y se consagra a tal estado), a la vez que todo pensamiento mundano. El se encuentra listo para presentarse ante la Casa de Dios tal como es en realidad, sólo cubierto por dos simples pedazos de tela blanca. No lleva cargos ni distintivos que ostentar. Sólo su corazón y su interior al descubierto ante su Señor Poderoso y Majestuoso.

2.- Tauaf: la circunvalación alrededor de la Kaaba. Se trata de una caminata dando 7 vueltas alrededor del Templo de la Kaaba, que es una habitación de ladrillos en forma de un cubo alargado, cubierta por una tela o manto negro bordado. En una de sus esquinas se encuentra la “Piedra negra” que se dice que fue el primer objeto usado por Adán (P) para los rituales de adoración a Dios y que Abraham (P) recuperó cuando construyó ese edificio. Las vueltas se cuentan a partir de ese punto y van de derecha a izquierda. A continuación de esa esquina se encuentra la puerta de la Kaaba que está ubicada muy alta, a más o menos 1.80 metros, y se accede a ella colocando una escalera. El templo está cerrado: nadie accede a él. Los peregrinos llegan y dan las vueltas a su alrededor.  Unos metros más adelante se encuentra el “maqam Ibrahim”: una piedra que conserva dos huellas dejadas por Abraham (P) durante la construcción del templo. Esa piedra está dentro de un mueble de vidrio y parte de los ritos es hacer un rezo detrás de ella. Pasando la segunda esquina de la Kaaba hay un muro curvo que deja un pequeño espacio entre los peregrinos y una pared de la Kaaba. Se llama “el lecho de Ismail” y se dice que ahí están enterrados Ismail y su madre Agar (P), debajo de ese muro puesto para que los peregrinos no pisen sus tumbas. En el espacio que queda, muchos van a rezar pero esto no es parte de los ritos. Es un espacio después de la segunda esquina. Luego viene el último tramo donde generalmente uno apura el paso, ya que en el punto donde está la piedra negra, el paso se enlentece mucho.  Así, los peregrinos realizan cada una de las 7 vueltas, mientras van suplicando a Dios. Se suele hacer el “dhikr” (la frase de recuerdo de Dios) que se repite desde que se coloca la vestimenta hasta llegar, las veces que uno quiera:

   “¡ Labbaik, Allahumma, labbaik ! La sharika laka, labbaik. Innal hamdu ual ni’mata laka ual mulk. La sharika laka, labbaik.”

   Este “dhikr” es el estandarte de los peregrinos, la voz que los distingue y caracteriza. “Aquí estoy, Dios mío, aquí estoy !  No hay asociados a Ti, aquí estoy. Ciertamente la alabanza y las Mercedes Te pertenecen, al igual que el Reino. No hay asociados a Ti.¡ Aquí estoy !”

  Y aparte de esto, uno suplica lo que quiera suplicarle a Dios. Las vueltas del Tauaf son un momento especial para el creyente, donde intima con su Señor y siente que está sólo ante Él, aunque se encuentra rodeado de miles de personas.

3.- La oración del Tauaf: luego de dar las 7 vueltas, se realizan dos rakats de oración detrás del “maqam Ibrahim”.

4.- La corrida entre Safa y Marwa: luego uno se dirige hacia un gran pasillo cerrado ubicado entre dos colinas, y se traslada entre ambas colinas evocando la corrida de Agar, madre de Ismail (P), cuando fue dejada en ese lugar por Abraham (P) por orden de Dios. Ella corrió entre ambas colinas buscando agua y luego de la séptima vuelta, Dios hizo surgir agua de una fuente milagrosa llamada “Zam zam” (nombre que evoca la onomatopeya del sonido del agua brotando con fuerza). En ese momento, ese lugar era totalmente desierto y por el surgimiento de esta fuente de agua, los beduinos se acercaron al lugar y se instalaron ahí, construyendo la ciudad de la Meca.

5.- Corte de cabellos y/o uñas: la séptima corrida entre Safa y Marwa termina en Marwa. Ahí el peregrino debe cortar un poco de su cabello y/o las uñas como parte del ritual. Ahí básicamente termina su ritual, aunque se complementa con el siguiente paso:

6.- Tauaf de las mujeres: Se realiza un nuevo tauaf y otra oración detrás del maqam Ibrahim y con este último paso, el peregrino puede tener intimidad con su esposa, lo cual está vedado desde la consagración hasta este punto.

Esto es para la Umrah, para quienes visitan la Meca durante el año.

En cuanto al Hayy, el peregrino se consagra y se establece el día 9 de Dhul Hiyyah en Arafat, un sitio en las afueras de la Meca. Debe estar ahí como mínimo del mediodía al ocaso. Luego se traslada a otro sector llamado Muzdalifa donde el día 10 realiza la fiesta del sacrificio. Luego se traslada a Mina, otro sector de esa parte del desierto de las afueras de la Meca, y realiza el ritual de rechazo al demonio arrojando 7 piedritas contra una columna ahí ubicada. Luego se sacrifica un animal, un camello, una vaca, una oveja o una cabra. Si no pudo encontrar un animal para el sacrificio o no lo pudo comprar, debe ayunar 3 días antes del día 10 que es la festividad, y luego cuando llega a su casa ayuna 7 días más. Después en Mina se realiza el corte del pelo (las mujeres sólo las uñas). Uno puede cortarse un poco o directamente raparse la cabeza. Después de esto, el peregrino se dirige a la Meca y realiza todos los rituales que mencionamos para la Umrah. Después regresa a Mina y debe pasar ahí por lo menos una parte de la noche del día 11 y parte del día 12 hasta el mediodía. Si se queda en Mina hasta el ocaso, debe pasar también la noche siguiente ahí y quedarse el día 13.  Cada uno de los días debe realizar el arrojamiento de piedras en rechazo al demonio.
Básicamente esos son los rituales del Hayy: 5 días de intensa devoción y dedicación a la súplica y la reflexión. La obligación básica es la que dijimos. Luego, durante el tiempo uno realiza las devociones que desee.

  Debemos tener en cuenta que lo que describimos, que es algo sencillo de realizar, uno lo hace en medio de una gran multitud, ya que hay por lo menos 2 millones de personas congregadas para estos rituales en estos 5 días. Y no hay más por falta de espacio, que obliga a Arabia Saudita a establecer cupos para el Hayy. Así, mucha gente realiza la visita durante el resto del año, aunque el Hayy son en estos 5 días.
 Esta práctica es obligatoria sólo una vez en la vida del musulmán, siempre que estén dadas las condiciones. Y es otra ventaja con la cual la comunidad musulmana supera a otras comunidades religiosas, pues ninguna tiene algo tan masivo como el Hayy. En Argentina los católicos tienen un ritual de peregrinación para visitar una virgen de una localidad a unos 100 km de Buenos Aires llamada Luján. Es un viaje que se realiza caminando y le lleva a la persona unas 12 horas para llegar. Se hace una vez al año y congrega, según datos de la Iglesia, cerca de un millón de personas. Pero el Hayy supera a esto no sólo porque congrega a 2 millones y porque son 5 días plenos, sino porque el resto del año sigue viajando gente en forma continua, miles y miles cada semana, al punto tal que las 24 horas del día, todo el año, en todo momento hay cientos de personas dando las vueltas a la Kaaba, realizando la corrida entre Safa y Marwa, rezando y suplicando ahí, y leyendo el Corán. Miles de personas congregadas en todo momento. Cuando unos se retiran, otros llegan. Un acto multitudinario extraordinario. Una muestra de fe sin igual en todo el mundo.

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