22/3/13

"Karzai No Quiere Pasar a la Historia como una Marioneta de EEUU"


Al Manar


Cuando se acerca el fin de su mandato, el presidente afgano, Hamid Karzai, ha multiplicado sus críticas a EEUU con una obsesión en la cabeza: el tratar de cambiar su imagen de “marioneta de EEUU” y dejar para la Historia la de un hombre independiente.

Karzai llegó al poder a finales de 2001 tras la invasión de Afganistán por EEUU, el Reino Unido y otros países occidentales, que querían expulsar del poder a los talibanes. Karzai, de 55 años, deberá abandonar su palacio en abril de 2014 cuando finalice su segundo y último mandato.

Sin embargo, su último año en el cargo se anuncia tumultuoso.

El pasado fin de semana, Karzai acusó a EEUU, su principal apoyo y donante de fondos para su frágil régimen, de tratar de mantener bases militares en el país tras la retirada del grueso de fuerzas de la OTAN, que está previsto para finales del próximo año.

Esta actitud ha sido mal recibida en Washington. Los norteamericanos se han indignado porque consideran que él metió a EEUU y los talibanes en el mismo saco cuando afirmó que los recientes atentados perpetrados por los rebeldes servían a la “retórica” de los estadounidenses y les daba pretextos para quedarse en el país. Él acusó también a Washington y los talibanes de haber mantenido conversaciones en el extranjero a sus espaldas.

EEUU ha rechazado estas alegaciones.

Karzai es descrito en la actualidad por algunos medios estadounidenses como “emotivo” e incluso “paranoico”. Sin embargo, varios observadores han señalado que el presidente afgano, que es conocido por su habilidad política y por sopesar cada una de sus palabras, busca sobre todo incrementar su popularidad entre los afganos.

El historiador británico, William Dalrumple, que se reunió con Karzai la pasada semana, describió a AFP “a un hombre carismático, erudito y muy inteligente, que sabe perfectamente lo que hace”.

En el transcurso de la entrevista, Karzai hizo referencia a Shah Shuja Durrani, el emir que fue colocado en el poder por los colonialistas británicos en 1839 antes de ser asesinado tres años más tarde.

“Karzai tiene la impresión de que EEUU quiere hacer de él lo que los británicos hicieron con Shah Shuja, es decir, un peón que utilizaron en función de sus intereses. Él estima que Shah Shuja no mostró de forma suficiente su independencia. Yo creo que él está preocupado por su legado,” señaló el autor británico.

Poco después de su llegada al poder, el elegante e instruido Hamid Karzai se convirtió en “el favorito” de Occidente. Él aparecía siempre en los actos públicos con su capa tradicional verde y violeta y con un gorro de astracán. Por su parte, los opositores le acusaban de ser una “marioneta” de los estadounidenses, una grave acusación en un país cuya identidad ha sido forjada sobre la resistencia a las invasiones extranjeras.

Sin embargo, según el país fue quedando inmerso en una guerra sin fin, las relaciones entre Washington y Karzai comenzaron a deteriorarse.

Hace varias semanas, él ordenó la retirada de las fuerzas especiales estadounidenses de Wardak, una provincia próxima a Kabul, donde los norteamericanos han sido acusados de realizar saqueos. Además, él prohibió a los soldados occidentales arrestar a estudiantes afganos y pidió a las fuerzas afganas que no soliciten ayuda a las fuerzas de la OTAN para evitar los bombardeos aéreos que matan con frecuencia a los civiles.

“Se trata de gestos desesperados. Karzai busca justificarse frente a la Historia,” dijo el juez Wahid Muyda, un antiguo miembro del gobierno de los talibanes (1996-2001) convertido en analista político. A finales de los años ochenta, el presidente Nayibulá, entonces a la cabeza del gobierno comunista afgano, “hizo unas declaraciones similares cuando los soviéticos se disponían a abandonar el país,” señaló.

Varios analistas han señalado que Hamid Karzai está nervioso por la negativa de los talibanes a iniciar negociaciones de paz con él y su gobierno y por el retraso en la transferencia a las autoridades afganas de la prisión estadounidense de Bagram, próxima a Kabul. Karzai también sabe que a partir de ahora será su ejército el que tendrá que hacer frente a una guerrilla talibán a la que la OTAN ha sido incapaz de derrotar.

Para Wahid Wafa, un investigador de la Universidad de Kabul, “la confianza entre Karzai y la administración estadounidense se ha evaporado” y las últimas declaraciones del presidente afgano “muestran la amplitud de su frustración”.

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