29/3/13

Caos manipulado: el poder contra la humanidad


Por Geidar Dzhemal


 24/03/2013 Islamkom.org
Entrevista realizada por Alexei Nilógov

- Geidar ¿cómo comentaría Ud. la afirmación del filósofo Alexandr Duguin de que en Rusia no existe ningún posmodernismo, sino que predomina el arqueomodernismo, cuando lo arcaico y lo moderno se capturan mutuamente, y como resultado se produce la superposición de kerigma (principio racional) sobre la estructura (principio mitológico)?

- Dentro de la historia del intelectualismo actual el posmodernismo es la última línea de defensa del club liberal mundial, que ha entrado en la fase de crisis.
La crisis de los liberales concretamente se debe a que la economía de aire especulativa de hecho “se ha comido” los activos reales y para seguir con los procesos de movilización social en el mundo simplemente no hay recursos. En otras palabras, hoy es imposible llevar a cabo la modernización de una gran parte de la humanidad, porque para eso… no es que no hay dinero - ¡el dinero se puede imprimir! – pero no hay capital real que se pueda convertir en el patrimonio para los miles de millones de personas que viven en la periferia mundial.
Dado que el proyecto de movilización es imposible, el posmodernismo proclama el fracaso del pensamiento proyectista. Vulgarizando, es como si un impotente con aspecto de sabio anunciara que acostarse con las mujeres ya no está de moda.
Sin embargo en 2000, apartando a los liberales, quienes por su esencia antropológica son “chandalas” – bohemia desclasada, no desprovista de cierta creatividad, - al poder en Rusia accedieron los “burócratas” – otra sección parapolítica de los desclasados, que por su esencia representan al lumpen, organizado como corporación.
Entre el lumpen organizado corporativamente, que tiende al anonimato, la combinación de la jerarquía vertical con la proliferación horizontal, lo opaco del protocolo entre los despachos etc., y los liberales-chandalas, orientados hacia el hedonismo, la actuación pública en aras de satisfacer su vanidad “escénica”, individualismo, hostil tanto hacia el anonimato, como hacia el personalismo heroico, se abre un abismo tipológico. Los liberales intentan someter a la burocracia, para que les sirva, mientras que los burócratas como respuesta se ven obligados a utilizar el segmento más servil de los liberales (¡aquí es difícil prescindir de los tecnólogos políticos!) para destruir las fracciones más tercas del club liberal. (Este segmento más servil está representado por los actuales políticos europeos que cumplen sin protestar las órdenes de la burocracia internacional afianzada en Bruselas – N. del T.)
Este enfrentamiento ocurre en todas partes, no solamente en Rusia. Vemos claros ejemplos de la oposición entre la bohemia política y el lumpen organizado en la Unión Europea, hasta cierto punto en China, y – lo más importante – en los Estados Unidos, donde este conflicto tiene un carácter fundamentalmente cambiado (en este país la cúpula de la burocracia está estrechamente vinculada a la tradicional burguesía protestante, es decir que el enfrentamiento entre la burocracia federal y los liberales en los EE.UU. tiene el carácter de contradicción entre un estamento casi en el sentido tradicional que se ha conservado y la rica bohemia desclasada con conexiones internacionales).
En Europa la anónima constelación burocrática se enfrenta a los clowns-políticos que dependen del electorado y soterradamente apela a las fuerzas conservadoras, desplazadas a la sombra después de la llegada de los norteamericanos en 1945. Pero en Rusia desde 1917 tales fuerzas no existen. La burocracia, desprovista del contenido propio, tratándose del lumpen e incapaz de imitar el contenido ajeno de manera creativa como hacen los liberales, no puede existir sin un dueño que le proporciona la suprema justificación.
Buscar semejante dueño en China es inútil, porque ahí está en el poder el mismo lumpen (burocracia en forma de la corporación del Partido Comunista Chino) simplemente más exitoso y más listo. Ir a Europa para rendir pleitesía a las fuerzas conservadoras no tiene perspectivas para la nomenklatura lumpen postsoviética: jurídicamente no deja de ser la heredera de los asesinos de la familia del zar en Ekaterinburgo. (Putin de todas maneras lo intentó a principios de su mandato, recuerden sus vuelos desde Moscú al  rancho de Bush y luego a Londres para entrevistarse con la reina – N. del T.)
Únicamente quedan los Estados Unidos. Poseen las condiciones necesarias: modelo burocrático federal que Moscú entiende, pero que tiene como contenido el tradicional establishment burgués, que posee su propio discurso legitimizador y se opone a la vez tanto al liberalismo de izquierda, como al club mundial de los “tradicionalistas”.
Por eso la burocracia rusa a fuerza de su antropología y la implacable lógica geopolítica está colocada “bajo el tejado” (en ruso la expresión tiene la connotación de “protección” en el sentido mafioso – N. del T.) del Washington republicano. De ahí ese extraño sinsentido que resuena en el espacio mediático-mental ruso. Se trata de la imitación del tardío republicanismo romano acompañado del “sonido del metal” precesarista, pero canalizado a través de la articulación liberal ya que los medios, aunque políticamente están sometidos a los burócratas, de hecho siguen en manos de los liberales debido a las razones técnico-profesionales evidentes.  
A juzgar por todo, el enfrentamiento dramático entre los chandalas y el lumpen seguirá creciendo, y los Estados Unidos están interesados en recalentarlo por todos los medios.

-¿Por qué precisamente en el posmodernismo sitúa  Ud. la época de la conspiración mundial? ¿Cómo transcurre la sucesión histórica de las conspiraciones mundiales?

“Conspiración” es un término que lleva a la confusión, porque se supone que los conspiradores se oponen al establishment y conspiran con el fin de hacerse con el poder.
En realidad lo que la gente llama “conspiración” al referirse a cierta intriga con el objetivo de manipular a la sociedad, es generada por el propio poder. La intriga manipuladora tiene por principal organizador a la cúpula de la pirámide del poder.
Así que si hablamos de la conspiración – hay que hablar de la conspiración del poder contra la humanidad y no, de digamos, judeo-masones o iluminados, católicos, wahabitas – contra el poder.
Otra cosa es que los mismos judíos o “wahabitas” pueden estar funcionalmente enredados en la intriga del poder como instrumentos ciegos, tontos útiles o actores que desconocen el verdadero guión. La judería política a lo largo de la diáspora, e incluso, como nos muestra la historia del génesis del cristianismo, todavía antes de la diáspora se “inscribía” con ganas en cualquier intriga, ideada por los gobernantes mundiales. La función de intermediarios, fundamentalmente característica de los judíos les jugó una mala pasada en más de una ocasión, porque el poder, después de utilizarlos para sus fines, les entregaba a “los de abajo” cuando estos exigían rendir las cuentas sociales.
El ejemplo clásico, en mi opinión, lo tenemos en la “limpieza” de los judíos en Ucrania durante la rebelión de Jmelnitski. Los judíos entonces funcionaban como los arrendatarios y los encargados de negocios de la nobleza polaca, desviando hacia sí todo el odio de los cosacos sentían contra los magnates. Pero los vishnevetski y demás explotadores estaban lejos, mientras que los encargados judíos, que cobraban impuestos para los amos polacos estaban al lado – lo que llevó a que les ahogaran en masa en el Dniepr.
Volviendo al tema de las “conspiraciones”.
Posmodernismo representa la crisis provocada de la cultura, la destrucción de los instrumentos que permiten formular los macroproyectos conceptuales.
En las actuales condiciones del movimiento tectónico en la esfera de la sociedad global cualquier macroproyecto (“gran narrativa”) lleva en sí el peligro para la cúpula dirigente mundial. Le preocupa que la energía del “resentimiento” pueda convertirse en una ideología articulada para la nueva generación de la protesta. El intelectual posmoderno es un ser cuya columna vertebral conceptual está rota. Como resultado está paralizado y solo puede recibir a los huéspedes sentado en la silla de ruedas. Precisamente en eso consiste el elemento de turno de la intriga del poder, al que definimos con inexactitud como “conspiración”.

- ¿Cómo ve las perspectivas del discurso de la izquierda en el mundo y en Rusia? ¿Será posible alguna vez de nuevo acumular y canalizar los sentimientos de protesta de la gente en un nuevo movimiento, comparable al marxismo o al antiglobalismo?

- El problema de la protesta no necesariamente tiene que estar vinculado a una categoría más bien ética, de partido como el “izquierdismo”.
Sabemos que la sublevación contra el mundo moderno también se llevó a cabo bajo las banderas de la derecha radical: “barón negro” Julius Evola, las ideas de la revolución conservadora etc. ¡El que la izquierda condena el anticapitalismo de derechas como la revuelta reaccionaria burguesa contra algunos aspectos del sistema mundial, no cambia nada en el hecho de que se trata de la protesta!
Además también surgen preguntas para la izquierda: ¿no será que ponen pegas a la protesta radical de derecha cuando se dirige contra el capital financiero especulativo? Y es que toda la actividad de la izquierda en el siglo XX ha servido al final para que los prestamistas y especuladores obtuvieran el control sobre el sector real de la economía (al respecto tiene interés estudiar las teorías del marxista Rudolf Hilferding, ferviente defensor del “capitalismo organizado”, prácticamente sinónimo del “socialismo bancario” – N. del T.). Resulta, en honor a la verdad, que Marx (independientemente de lo que pensara y dijera) objetivamente abría el camino para el triunfo del banco sobre la fábrica. En realidad, si sacamos entre paréntesis todo lo secundario, la organización de la URSS se reducía exactamente a eso (lo que  hasta cierto punto desde el principio comprendía el propio Lenin).
Semejante protesta, desde luego, no nos satisface.
No nos satisface la “crítica” del capital que, en última instancia se refiere al capital industrial.
No nos puede satisfacer la lucha contra las clases explotadoras que desemboca en el pogrom de los organizadores nacionales de la producción a favor de los especuladores internacionales (lo que resulta objetivamente, pese a los demagógicos ataques a los especuladores también).
Pero, por otro lado, tampoco se puede construir la protesta  en base al culto nacional-burgués de la producción de mercancías organizada corporativamente. Lo que comenzó como la revuelta alemana contra la usura internacional, terminó como la esclavitud industrial asiática dentro del marco de la división de la economía global entre la economía de la producción subordinada y la economía del consumo dominante. En otras palabras, el triunfo de la economía virtual después de 1945 ha sido tan total, que es inútil oponerle proyectos de tipo económico interno (retorno a la economía real o la fase anterior a la producción de las mercancías).
La protesta actual (futura) debe entender de una manera completamente diferente tanto la economía política, como las apuestas en esta lucha y el contenido socio-antropológico de los jugadores-participantes colectivos de la lucha. Hoy no se trata ni de la oposición entre el trabajo y el capital, ni de la apropiación de la plusvalía. Se debe hablar en términos teológicos sobre el secuestro del significado de la existencia humana, rígidamente delimitada por el marco temporal del nacimiento a la muerte. Hoy el hombre entrega a la máquina social no solamente su tiempo de trabajo, sino el tiempo que pasa con su hijo en el zoo o cuando está con chanclas delante del televisor, o con el periódico en una cafetería, o haciendo la cola para cobrar el paro. La actual forma de socialización representa el robo de su tiempo vital a través de la falsificación, del secuestro del sentido. Todo el tiempo del hombre socializado es secuestrado y convertido el capital que le es enajenado.
La protesta se concentra en la devolución del sentido y la construcción de barreras en la vía del secuestro de su tiempo individual. En actualidad el ejemplo más claro de semejante protesta (aunque en el fondo no es más que el primer pasito en la dirección adecuada) nos lo da Hezbolá en el Líbano.
Cuando se construya el discurso de la teología de liberación del islam político, que sea aceptado como la ideología universal aconfesional-cultural de la protesta tanto por los guerrilleros de las FARC en Colombia, como por los restos de los jemeres rojos en el sudeste de Asia – entonces se podrá decir que el genio espiritual de la libertad, que reside en lo más recóndito de la “condición humana”, saldrá a la recta final – el último segmento de la Gran Historia.

- Cuando habla del fracaso del “Club liberal”, utiliza la metáfora de Francis Fukuyama sobre el “fin de la historia” como el fin justamente de la historia liberal. Hace poco Robert Kagan contestó a Fukuyama con la metáfora del “fin del “fin de la historia”. ¿Conoce sus argumentos?

- Cuando Fukuyama habló del fin de la historia los liberales creían que la victoria política de su club estaba decidida y ya no había quien lo retara.
En aquel momento los liberales entendían por el fin de la historia no su propio fin, sino el fin, al menos político, de todos los no liberales. Más aún, creían que habían logrado hacerse con el secreto del inconsciente colectivo de la “mayoría silenciosa”, convencerla de que formaba parte de la “causa común” que, por supuesto, consiste en el proyecto liberal de la prosperidad y el confort. Los liberales alimentaban la ilusión de que la “mayoría silenciosa” era moralmente solidaria con ellos.
¡Tormentoso final de los 1990 y comienzos de los 2000 demostraron que la “mayoría silenciosa” no lo estaba!
Este descubrimiento, por un lado, llevó a la desvalorización del mito electoral: “¿Si la mayoría no se solidariza con nosotros, para qué queremos todo ese sagrado ritual de la máquina electoral?” La movilización de la gente para las elecciones verifica su inclusión en la ética de la solidaridad liberal. En el caso contrario hay que falsificar los resultados electorales (en versión suave), o pasar a la autocracia. Los liberales moderados y de izquierda no están preparados para ello, pero los de derecha y extrema derecha lo están – lo que en su momento demostró la elección de Bush.
Después de que los liberales descubrieron que su triunfo no era más que una precipitada ilusión, al primer plano pasó su ala más derechista que apostó por jugar a seguir profundizando en la división del mundo en bandos.
En tanto que el club liberal no logra conseguir el dominio mundial, asegurando la inmunidad ante cualquier reto, en acción entra el proyecto de la “nueva Roma” (o “nueva Atlántida”) – el imperialismo nacional-patriótico de los EE.UU., que aplica un rígido dictado con respecto al resto del mundo. Los Estados Unidos fueron obligados a reproducir el modelo de Gran Bretaña victoriana incluido el atributo como el de “primer ministro” – judío étnico.
Pero con respecto a Gran Bretaña no existía una resistencia organizada. El tercer mundo fue convertido en la zona oprimida de ocupación colonial, la Europa continental dividida entre Bismarck y Napoleón III, Rusia ejercía de “vigilante” de las inmensidades de Eurasia desde Londres hasta China y el Imperio Otomano.
La situación actual de Norteamérica con las posibilidades tecnológicas crecidas por mil es políticamente mil veces peor.
En estas condiciones los Estados Unidos, en primer lugar, provocan la oposición contra ellos y, en segundo lugar, múltiples enfrentamientos de sus opositores entre sí, y lo definen como el retorno de la historia. Pero el Imperio Británico manipulaba el balance de fuerzas dentro del orden, mientras que los EE.UU. apuestan por organizar el caos manipulado.
Existe una diferencia abismal.
Por entonces todos lo que participaban en el juego británico creían en aquel orden y deseaban su prolongación, por lo que de una u otra manera colaboraban con Londres.
Hoy todos a los que los Estados Unidos han metido en su juego están interesados en que la situación explote, lo que abrirá nuevas posibilidades, están interesados en romper el orden establecido.
Pero el asunto está en que los EE.UU. son parte de este orden, y de hecho, manipulando el caos, están preparando su propia destrucción.

Traducción del ruso de Arturo Marián Llanos      
     
   




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