15/3/13

Bergoglio estuvo firme desde la votación inicial


Números no hay. Todavía no se sabe cuáles fueron las relaciones de fuerza en las cinco votaciones del Cónclave que concluyeron con la elección del arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio.


Se sabe que un gran aplauso de los 115 cardenales reunidos en la Capilla Sixtina resonó cuando el jesuita argentino llegó a los 77 votos, los dos tercios que lo elegían obispo de Roma y Papa de la Iglesia universal.

Lo que es cierto es que perdieron el partido de la Curia Romana, el gobierno central de la Iglesia y los que apoyaban al favorito en los papeles, el arzobispo de Milán y ex patriarca de Venecia, Angelo Scola.

Fue una gran derrota de los italianos, el bloque más numeroso, por cierto, de los cardenales en el cónclave, que querían recuperar la sede pontificia que habían mantenido en su poder durante 455 años. Desde hace 35, con los pontificados de Juan Pablo II y Joseph Ratzinger, pasaron a manos de “extranjeros”.

No hay números pero sí muchos indicios. Al parecer la candidatura Bergoglio se mostró fuerte desde la primera votación. Es curioso que el arzobispo de Buenos Aires haya sido protagonista en dos Cónclaves. Conviene recordar aquel antecedente.

En abril de 2005, contrapuesto a Joseph Ratzinger, votado por los progresistas, el cardenal de Buenos Aires había logrado 10 votos en la primera vuelta, 35 en la segunda, 40 en la tercera y 26 en la cuarta votación, cuando Benedicto XVI fue elegido con el concurso activo del propio Bergoglio. El argentino había pedido especialmente a sus “sus” electores que apoyaran a Ratzinger. Aquella influencia se sentía en los momentos previos al Cónclave actual porque se descontaba que la voz del argentino sería igualmente escuchada. Pero el resultado, como se ha visto, fue mucho más que ello.

Esta vez la progresión de votos del purpurado argentino fue continua. A punto tal que en la segunda y tercera votación, el miércoles por la mañana, el apoyo de los cardenales norteamericanos fue lo que empujó las cotizaciones electorales de Jorge Bergoglio.

Tras la tercera votación, el cardenal de Milán Angelo Scola, el primer favorito en las estimaciones previas al Cónclave, advirtió que su candidatura comenzaba a desinflarse y según algunas versiones prefirió sostener a Bergoglio. El momento decisivo habría sido durante el almuerzo del miércoles de los cardenales en Santa Marta, entre la votación de la mañana que resultó con humo negro y la de la tarde que acabó siendo definitiva. Ese día Scola podría llegar a reunir un buen número de votos, se habla de hasta 50, pero bien lejos de los 77 necesarios, un tramo muy difícil de completar. De modo que la elección iba camino a trabarse, lo que implicaría una señal en extremo negativa para los creyentes de todo el mundo en medio de muy malos momentos para la Iglesia Católica en general. En ese almuerzo el propio Scola habría decidido sumarse al respaldo que el argentino venía teniendo desde el primer momento.

El italiano era el líder del partido contrario de la Curia Romana, dominada totalmente por los italianos, que tenían 28 cardenales electores, una exagerada representación. No se trataba sólo del número.

Un creciente número de purpurados europeos y norteamericanos reprochaban a Scola sus relaciones políticas con dirigentes del grupo Comunión y Liberación, al cual estaba vinculado el arzobispo de Milán desde los tiempos del fundador don Giussani. Comunión y Liberación había presionado fuertemente sobre el Papa Ratzinger para que promoviera a Scola a la arquidiócesis más grande de Europa aunque era ya patriarca de Venecia. Lo lograron y fue todo dato en su momento de quien era indicado como eventual sucesor. Sin embargo, ahora se ve claro que estas maniobras terminaron desprestigiando la candidatura a Papa del cardenal.

Del otro lado, el partido de la Curia Romana fue centrado por la desconfianza y hostilidad de la mayoría de los cardenales. Fue decisiva, en la última congregación preparatoria de los cardenales antes del Cónclave, la reacción negativa que causó un informe del Secretario de Estado de Benedicto XVI, el cardenal Tarcisio Bertone, que defendió a la Curia y a la gestión del IOR, el banco del Papa envuelto en una sucesión de gravísimos escándalos.

Sólo cuatro purpurados salieron en defensa de Bertone. Uno de ellos fue otro favorito en los papeles, el arzobispo de San Pablo, el cardenal brasileño Odilio Scherer.

Ese testimonio en favor de la gestión del IOR, a despecho de las acusaciones reiteradas por maniobras de corrupción, incineraron ipso facto sus aspiraciones papales y Brasil se quedó sin lograr su sueño.

Después de que los capos de la Curia habían obligado a los norteamericanos a suspender antes del Cónclave sus conferencias de prensa cotidianas en el Colegio Americano de Roma, era inevitable que los once purpurados de la superpotencia consumaran una “vendetta”. En realidad, se supo después hubo un muy consistente lobby armado por Timothy Dolan, el arzobispo de Nueva York, para consumar la votación a favor de Francisco.

Además de apoyar decisivamente la candidatura de Bergoglio, arrastrando a la América Latina y a otros cardenales europeos, asiáticos y africanos, el líder visible de la armada cardenalicia estadounidense, convocó a una conferencia de prensa después del Cónclave y habló abiertamente.

“Estamos muy felices con el resultado. Son emociones muy grandes. La elección del Papa Francisco representa una piedra miliar para nuestra Iglesia”. Sabiendo el enfrentamiento interno que acababan de vencer con la Curia Roma y el aspirante Angelo Scola, las palabras de Dolan revelaron bastante de lo que ocurrió en la Capilla Sixtina.

El cardenal de Nueva York, elogiado ayer por The Wall Street Journal, afirmó que el gran cambio se caracterizó porque “el Papa dijo que había elegido su nombre en honor de San Francisco de Asís”.

“Todos sabemos que el santo de Asís se ocupaba de los pobres y de los humildes y este será el trabajo del nuevo pontífice. El Papa Francisco representa una figura de unidad para todos los católicos, en cualquier parte del mundo en que se encuentren”.

Para que no quedaran dudas del apoyo granítico norteamericano al cardenal argentino, Timothy Dolan afirmó: “Los obispos de Estados Unidos y los fieles de nuestras 195 diócesis rezan por nuestro nuevo líder y le prometen lealtad”.

Clarín

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