17/3/13

Advierten que los jóvenes mezclan cada vez más drogas


Cada hospital porteño recibe 25 personas poliintoxicadas por fin de semana. La cifra crece con las fiestas electrónicas. Los expertos dicen que el “monoconsumo” de sustancias ya casi no existe.



POR GISELE SOUSA DIAS

“Empecé a consumir a los 16, por diversión supongo, porque solo fumaba marihuana. A los 17 ya había tomado ácido y cocaína y más de grande, cuando ya trabajaba, fumé bastante pasta base. Ganaba mucho, no creas que fumaba paco porque no tenía plata, es que pegaba muy bien. Mi gran problema siempre fue la cocaína: en los últimos 8 años cuento los días que no consumí con los dedos del cuerpo. Desayunaba con un tiro de merca y consumía en el trabajo pero nadie se daba cuenta porque yo andaba por la oficina tomando Levité. La bajaba con marihuana, que no es una mezcla tan común porque muchos quedan endemoniados. De noche le sumaba 3 o 4 cervezas. Yo estaba casado y ya habían nacido mis hijos y podía con todo. Hasta que empezás a derrapar: un día hacés de cuenta que comés algo y te dormís, y un día dormís 24 horas seguidas. Y otro día te separás, y otro llegás a pesar 60 kilos, y otro día vas preso y otro día chocás, la camioneta del trabajo termina con destrucción total y no sabés ni cómo te salvaste”.
Leo tiene 37 años y se para y se sienta y habla fuerte y hace chistes en una salita del Reencuentro, un hospital de La Plata especializado en drogadependencia. Su historia es la prueba de que acotar el consumo de ciertas drogas a los sectores pobres y con menor nivel educativo es tener una mirada miope: mientras consumía, Leo terminó el secundario, se recibió de licenciado en Administración de Empresas e hizo una Maestría en Negocios. Lo que sí muestra es que el “monoconsumo” (aquello de ser fiel sólo a una droga) ya casi no existe y le pone piel y huesos a lo que dicen las cifras: que el 46% de los consumidores de drogas ilícitas las combinan –según la Secretaría para la prevención de la drogadicción (Sedronar)–; que en la Ciudad, según datos del ministerio de Desarrollo porteño, la mitad de los que llegan intoxicados a una guardia es por consumo de 2 o más drogas y que cada hospitalrecibe unas 25 personas poliintoxicadas por fin de semana. Y en las fiestas electrónicas se dispara: llegan a mezclar 4, 5, 6 sustancias. ¿Para qué? A veces para potenciar su efecto, a veces para contrarrestarlo y otras para ver cómo pega. Fue la muerte de dos jóvenes en una fiesta electrónica en febrero lo que puso el tema en el ojo de la tormenta.
“Hace décadas, muchos de los que consumían drogas buscaban reflexionar, profundizar. Hoy esa retórica no existe y lo que buscan es estar intoxicados, llegar a un clima de desconexión. Por eso muchos combinan sustancias contradictorias, como pegamento y ansiolíticos: un alucinógeno y un depresor que, juntos, llevan a un estado de estupefacción completa”, cuenta Oscar Molteni, psicólogo y director del Hospital Reencuentro, donde 8 de cada 10 pacientes están en tratamiento por dependencia a más de dos drogas. Consumir hoy además, demanda más dinero y una estrategia de compra más elaborada (porque no hay un mismo dealer que venda todo).
“El policonsumo era propio de adolescentes, cuando experimentaban con la ‘jarra loca’, pero ahora llegana la guardia adultos hasta de 40 años que mezclaron, por probar, alcohol con hipoglucemiantes y entran en un coma glucémico grave sin ninguna sensación de placer”, describe Ana María Girardelli, titular de la cátedra de toxicología de la facultad de Medicina de La Plata. “El problema es que una poliintoxicación es un cuadro complicado porque una droga no se comporta igual sola que asociada. Hay drogas que afectan los mismos sistemas por lo que, juntas, provocan una afectación más intensa. Por ejemplo, las metanfetamienas y la cocaína alteran la función cardíaca. Juntas provocan arritmias complejas más graves”, sigue.
Además, primero suelen aparecer los efectos de una sustancia y luego los de las otras, por lo que desintoxicarlos requiere mucha precisión: “Alguien que, por ejemplo, consumió cocaína, alcohol y marihuana viene muy excitado por la cocaína y de acuerdo a la medicación que le des para sedarlo potenciás el efecto del alcohol. Y podés generar una intoxicación grave”, ejemplifica Mónica Nápoli, toxicóloga del Hospital Santojanni.
Y aunque el policonsumo no deja afuera ningún ámbito, las fiestas electrónicas (y el negocio nefasto de cobrar el agua carísima) lo llevan al extremo: “Antes no se mezclaba el éxtasis con el alcohol porque se respetaba el efecto de mantenerse rebotando. Ahora le suman alcohol, marihuana, ácido, popper, ketamina”, dice Marta Braschi, toxicóloga del Hospital Fernández. “Encima antes pasaba sólo en las raves y había una al año, pero ahora hay varias y boliches de electrónica todos los sábados”. De hecho era la segunda vez que Ultra, donde murieron los jóvenes, desembarcaba en la Ciudad. “Pero ya las excede –dice–. En el carnaval del año pasado tuvimos todas las camas ocupadas con chicos que habían mezclado ketamina, éxtasis, marihuana, ácido y alcohol ”.
Pero en la etapa de dependencia suele haber un momento en que la última puerta se cierra: la familia los echa, se quedan en la calle o si tienen suerte, alguien los ayuda a buscar ayuda. Como Leo, que hace 9 meses que no consume, que volvió a comer, que volvió al parque con sus hijos y al menos ahora, tiene buenos sueños.



El alcohol, en todos los “combos”

Los expertos alertan que los menores ahora recurren a los deliverys de bebidas.


El alcohol está presente en todos los combos. Sin embargo, las prohibiciones de venta o la vigilancia de algunos padres preocupados no parecen suficientes. Eso, porque las estrategias para esquivarlas son cada vez más ingeniosas.
Según datos del Observatorio de adicciones bonaerense, el alcohol fue la segunda “droga principal” entre quienes ingresaron el año pasado a tratamiento (sólo lo superó la cocaína). “Además –agrega Mónica Nápoli, toxicóloga del Santojanni–, antes recibíamos jóvenes intoxicados después de una fiesta del secundario.
Ahora vienen intoxicados después de las fiestas de primaria ”.
Es que la prohibición de que los kioscos vendan alcohol y los almacenes pidan documento a los menores se esquiva con delivery: van a domicilio, llevan combos toda la noche, no piden nada.
“Las estrategias son increíbles. Hay varones que ahora se ponen un tampón con alcohol en el recto y chicas que se los ponen en la vagina: el alcohol se absorbe igual pero no se les siente el aliento. No ocurre en sectores marginales, al contrario: ocurre cuando hay padres preocupados que los esperan despiertos”, agrega. Otros, se ponen gotas de alcohol en el ojo.
“Es una locura –sigue Marta Braschi, desde el Fernández–: una gota de alcohol abre una córnea, no imaginan lo que hacen metiéndote 50 grados de alcohol por el lagrimal”.
También hay nuevas cajas para tapar los paquetes de cigarrillos. Se venden en kioscos y sirven para no ver: ni la imagen del pulmón negro ni la leyenda que dice que fumar mata.

Clarin

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