3/2/13

Lecciones de Islam IX: La creencia en Dios, ¿es producto del pensamiento humano?


 En el Nombre de Dios, El Compasivo, El Misericordioso


  Lección 9: ¿La creencia en Dios es producto del pensamiento humano?

  La creencia natural, innata, en el ser humano es el Monoteísmo. El hombre observa el mundo que lo rodea y entiende que todo surge de Un Dios Creador Único, y hacia tal Ser Único se dirige en sus momentos de máxima necesidad y desesperación. El politeísmo, la adoración de múltiples cosas carentes de verdadero valor, es un invento posterior al Monoteísmo y no es más que un desvío y una corrupción de la creencia innata natural.

  Los ateos dicen que el hombre primitivo comenzó a adorar como “dioses” aquello que desconocía y temía, como el trueno, el rayo, el fuego que sale despedido de  un volcán, un cometa, etc. Y que en la medida que su conocimiento fue avanzando, creó el concepto de “Dios”: un Ser Superior, Poderoso, Invisible, que está por encima de todas las cosas y que Ha dictado normas y leyes que la gente debe cumplir y respetar, acatando a los sacerdotes, quienes administran tales Designios Divinos.  Pero, según los ateos, todo esto es un engaño y un invento de personas mentirosas y corruptas con el fin de dominar y subyugar a las masas.

  Obviamente toda esta presunción carece de bases y pruebas tangibles. ¿Cómo sabemos lo que adoraban los seres primitivos, si no tenemos obras escritas de ellos que nos transmitan sus pensamientos y creencias? Ellos dicen que hay dibujos, pero los mismos pueden estar indicando otra cosa diferente y no una adoración, una creencia, una religión. Si nos remitimos a los textos de religiones antiguas, veremos el concepto de Un Ser Superior Único (al cual podrán darle diferentes nombres, lo cual depende del idioma y la cultura local).

Y veremos al politeísmo surgir con posterioridad. El ejemplo más claro lo podemos apreciar en la historia de la Meca. El Templo de la Kaaba en el núcleo de la ciudad fue originalmente edificado por Abraham (P) para la adoración exclusiva de Dios. Con el tiempo surgió la idolatría local y llenaron el Templo de ídolos, convirtiéndolo en un centro politeísta. Finalmente, con el Islam, el Profeta Muhammad (BPD) al conquistar la ciudad y reunificar las creencias, eliminó a todos los ídolos y abolió toda forma de idolatría local, al son de la aleya del Corán que reza:

    “Ha llegado la verdad y se ha disipado lo falso. La falsedad, ciertamente tiende a disiparse”.

  Este es el ejemplo de cómo evolucionan los pensamientos y costumbres de los pueblos: parten del Monoteísmo, que es el estado natural innato del hombre, y adquieren costumbres desviadas que lo pervierten hasta que la verdad queda expuesta y dilucidada, con lo cual se apartan todas las falsedades inventadas.

  En este marco, las religiones auténticas llaman a los creyentes a la unidad y a convenir normas de concordia y sana armonía:

  “Dí : ¡Gente  de la Escritura! Convengamos en una fórmula aceptable para nosotros y vosotros : que no adoraremos más que a Dios, no Le asociaremos nada, ni nos tomaremos unos a otros como señores fuera de Dios”.     (3 : 64)

  Los enfrentamientos que ocurren entre la gente no son provocados por las religiones auténticas, sino por los que las han corrompido y desviado, llevándolas al politeísmo. Ellos ven en la auténtica religión monoteísta un peligro concreto y una amenaza a sus fuentes de ingreso económico.
  "(Los idólatras han dicho:) '¿Acaso pretenden reducir los dioses a un sólo Dios? ¡Es algo asombroso!" (38:5)

  La religión auténtica responde a la naturaleza innata pura del ser humano y lo libera de todo lo agregado: de la falsedad, la superstición, la ignorancia, el fanatismo, la corrupción, las ataduras mentales, las pasiones mundanas, etc. En resumen: de todo cuanto resulta dañino y perjudicial. Así, siguiendo lo que la religión auténtica establece (lo cual no ha de hacerse sin un gran esfuerzo, sin duda), el ser humano se libera de todas las cargas y rompe todas las cadenas que lo condicionan en el mundo, pudiendo a partir de ahí lograr el objetivo de su existencia.

Por Abdallah Yusuf de La Plata

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