19/2/13

AMIA: DISCURSO Y CONCURRENCIA









Por Hugo Presman

Su presencia desmiente los 70 años que acumula. En el improvisado atril montado en la calle Montevideo de la Capital Federal, en la puerta del Museo del Holocausto, sacó el papel donde había volcado algunas líneas pobladas de adjetivos, vacía de argumentos. Con su voz agradable y grave, digna de un actor profesional, leyó lo que la esmirriada concurrencia esperaba impaciente. Como escritor experimentado sabía que debía impactar con un inicial golpe bajo: “Hubo en el pasado una industria de la muerte. Prosperó en los campos de concentración alemanes. Hay ahora una comercialización de la muerte. Acaba de convalidársela en el Parlamento argentino. Ahmadinejad puede sentirse satisfecho. A su negacionismo de la Shoá se suma ahora la subestimación del dolor judío por parte del Estado argentino. Si se trata de renegar de lo sucedido, la coincidencia no podía ser mayor. A los dos atentados materiales que ya tuvieron lugar se agrega ahora este tercer atentado que es de índole moral y que, una vez más, es cometido en la Argentina. Con él ha volado por el aire la máscara que cubría la cara del delito y la mentira. Hoy no hay conexión local en la siembra del espanto; hoy todos los responsables de lo ocurrido son argentinos y forman parte del gobierno nacional.”


Ha recorrido un largo camino Santiago. De pertenecer al gelatinoso campo del progresismo, decidió un día saborear los placeres del establishment económico y cultural. Es miembro de número de la Academia Argentina de Letras; y desde el 2010, de la Academia de Ciencias Morales y Políticas y de la Academia Nacional de Periodismo. Desde hace años es columnista del diario La Nación.


En las academias sus integrantes suelen marchitar sus ideas, adaptarlas al poder económico, mientras que el diario mitrista es el distribuidor del reconocimiento académico, el que le da lustre a la insustancialidad, dispensando un pretendido prestigio que actúa como un paraguas de autoridad  bajo el cual los académicos habrán de suscribir las líneas fundamentales de la Tribuna de Doctrina.


En la tórrida tarde la dirigencia opositora se apretujaba alrededor del orador: ahí estaba el radical Oscar Aguad, amigo de Luciano Benjamín Menéndez, el carnicero del campo de concentración La Perla, en Córdoba. El rabino y diputado macrista Sergio Bergman, que de integrar originalmente Memoria Activa decidió un día que la causa AMIA debía enterrarse en Plaza Lavalle; pasó  a defender la designación del policía “Fino” Palacios, procesado por cómplice del ocultamiento y del desvío de la pista siria, fue designado por Mauricio Macri como jefe de la Policía Metropolitana y hoy se encuentra –al igual que su ex jefe-  procesado por escuchas telefónicas, entre ellas a Sergio Burstein, familiar de una de las víctimas de la AMIA. Con la impudicia que lo caracteriza, el hijo de Franco Macri declaró: “El acuerdo con Irán es una mancha negra en la historia del país.”


Santiago Kovadloff prosiguió: “La defensa del acuerdo establecido con Irán es clara en su propósito: se trata de convertir a los verdugos en inocentes y a los inocentes asesinados en seres insignificantes. Con este acuerdo humillante, la Argentina se aparta de la verdad y de la historia. De la historia, porque la historia pide que no haya olvido. De la verdad, porque la verdad reclama justicia y sólo se le brinda el encubrimiento del crimen y el desprecio del dolor. ¿Dónde está el progresismo de quienes se subordinan al mandato de los delincuentes? ¿Dónde está la política de derechos humanos de un gobierno que tiene oídos para los que violan esos derechos y no los tiene para quienes exigen su vigencia? Ayer la verdad ha sido vendida al mejor postor por el Parlamento. Su responsabilidad era resguardarla. Y la ha rifado. Mayoría de la pequeñez y de lo infame. Mayoría de lo vergonzoso y lo perverso. Mayoría del desprecio por la soberanía nacional. Mayoría de la bajeza ejercida sin temblar y de la obediencia debida practicada con fervor.”


Aplaudían entusiastamente los representantes del Peronismo Federal, expresión del menemismo residual como Enrique Thomas, Eduardo Amadeo, integrante éste último del gobierno que encubrió el atentado. La radical Silvana Giúdici, amiga incondicional de Clarín, en tránsito al macrismo, junto a una nutrida delegación de sus actuales compañeros del PRO: Federico Pinedo, Paula Bertol, Esteban Bullrich, Humberto Schiavoni, Pablo Tonelli y Jorge Triaca, los que tratan de ser la prolongación aggiornada del menemismo en el siglo XXI.  Al lado de todos ellos, los duhaldistas Gustavo Ferrari (ex Francisco de Narváez) y Carlos Brown; la trashumante partidaria Patricia Bullrich, integrante de la Alianza (de la cual resultara desplazada Nilda Garré cuando intentó impulsar la investigación del caso AMIA, privilegiando la pista siria.


Rodeado de esta selecta concurrencia de representantes políticos que serán recordados cuando a alguno de ellos se les ocurra una idea que no le sople el poder económico y los medios dominantes, Santiago Kovadloff siguió impertérrito:  “Ni la justicia argentina ni la comunidad política del país ni la colectividad judeo-argentina están con el Gobierno. Pero el Gobierno no está solo. El Gobierno está con Irán. Hay desde ayer una nueva clase de desaparecidos en la Argentina. Son los asesinados en la AMIA y la embajada de Israel. El Gobierno ha decidido, con su acuerdo escalofriante, terminar con su significación como fundamento de la búsqueda de la verdad y la justicia. Los ha hecho desaparecer como límite intransponible de toda conducta indigna. Ha volatilizado su valor real y simbólico para convertir en un patético acuerdo la indignidad. El Gobierno lo sabe. Lo sabemos nosotros. El olvido no tendrá lugar.”


Raúl Kollmann, en Página 12 del 17 de febrero sintetiza el estado actual de las causas, que Kovadloff  omite, como si nos encontráramos a la puerta de la verdad: “No faltan los que manifiestan que el acuerdo es un camino a la impunidad. Lo cierto que hoy no hay nadie preso, de manera que el caso está actualmente impune. Y no habría que olvidarse de que no tenemos nadie preso por la conexión local, o sea los que actuaron aquí en la Argentina. Aunque suene repetido no se sabe como consiguieron los explosivos, donde estuvo la camioneta, por donde entró el supuesto suicida, quién lo albergó, quién respaldó toda la operación.”


Por su parte, el rabino Sergio Bergman declaró: “Le pedimos perdón a la sociedad por desaprovechar la oportunidad que nos dio nombrando el primer canciller judío.”


Héctor Timerman es el canciller argentino de origen judío, no el canciller judío. No recuerdo a ningún canciller, por ejemplo Guido Di Tella o Dante Caputo  que alguien se refiriera a él como el canciller italiano o católico. Sólo desde una mentalidad de gheto, puede agradecerse un derecho que está reconocido a cualquier argentino.


También hubo representantes de los familiares de las víctimas, que sólo pueden merecer respeto, cualquiera sea la posición que adopten en sintonía con su dolor.


El camino de Santiago


A Santiago Kovadloff no le hizo ruido que la bienvenida a su ingreso a la Academia de Ciencias Morales y Políticas se la realizara un miembro de la misma, el directivo de La Nación Claudio Escribano, el mismo que desde el periodismo “independiente” y profesional le diera al incipiente gobierno de Néstor Kirchner, el 5 de mayo del 2003, cuando aún no había asumido, un ultimátum de cinco puntos para que lo cumpla bajo la advertencia que si no lo hiciera, la Argentina se habría dado gobierno por apenas un año. En La Nación del 10 de junio del 2011, bajo el título “Kovadloff, el intelectual, el hombre”, Escribano escribió: “Acogemos al intelectual que ha fulminado, sin perder la calma habitual, al lugar común. Le ha imputado la perfidia de humillarlo y humillarnos. Deja al costado las muletillas y las muletas aparatosas de la lengua porque su laboriosidad contrasta con la displicencia de la pereza y porque procura, con proscripción de rutinas y convenciones que nada de bueno aportan, reflexionar en grado máximo de libertad mientras al escribir, crea. La escritura es para Kovadloff un acto de maduración, muchas veces en el saber conjetural que se vive en estado de prueba y revisión continua. Ante la página en blanco, el desafío depende así menos de la confianza que pueda depositarse en las habilidades fehacientes para el arte, que de la responsabilidad y dedicación con que se gestará cada una de las obras. Ha sido consecuente con la etimología del nombre y apellido que, por llevar, honra: Santiago, que es Jacob, y por lo tanto puente en la cultura compartida por judíos y cristianos; Kovadloff, derivado del ruso kovad , esto es, el herrero que fragua, diseña, engendra…….. El autor de Sentido y riesgo de la vida cotidiana , El silencio primordial , La nueva ignorancia y Los apremios del día , entre otros celebrados ensayos traducidos a varios idiomas, nos ha advertido que desde su visión introspectiva no se escribe "para decir algo que se sabe de antemano, sino para llegar a saber qué se quiere decir y para verificar hasta dónde ese querer se encarna efectivamente en lo que se dice". Ha triunfado en el equilibrio en que debe debatirse el solipsismo del pensador reconcentrado con la premura comunicativa del ser sociable y ha estado a salvo de la perplejidad en que sucumbe, según se reconviene en ciencia, el profesional que, al no saber lo que busca, no comprende lo que encuentra…. Sorprende la versatilidad de quien en 1975, en tiempos de convulsiones, violencia y persecución, renunció a la docencia en la Universidad de Buenos Aires para abrir talleres privados de Filosofía del Arte y Sociología de la Literatura. Se proclamó, así, con alguna ironía, un portavoz de la cultura de catacumbas. En esa condición, Kovadloff prolonga todavía parte de su actividad cotidiana. Ella sube de exposición, como es notorio, en la prédica periodística en La Nación y en la tribuna del conferencista que analiza las cuestiones de actualidad. Lo hace con el ánimo de que, quien calla, muere……. Doy en nombre de mis pares la bienvenida a quien ha predicado que "la contemporaneidad se logra cuando la identidad nacional reconoce los caminos que debe recorrer para que su proyecto de vida deje de ser puramente ideal." Doy la bienvenida al escritor de cuentos para niños y al trovador que, con Marcelo Moguilevsky y César Lerner, ha difundido a Borges en la noche de Buenos Aires. Doy la bienvenida al idealista que se ha hecho cargo del desasosiego de Pessoa por los abusos del sentido común, no porque quiera "invalidar las propuestas de la razón", sino porque "quiere evitar que encallen en el suelo pantanoso de la rutina" y porque la fe, ha proclamado con Pascal, dice lo que los sentidos no dicen, pero no dice lo contrario….. Doy en nombre de mis pares la bienvenida a quien ha predicado que "la contemporaneidad se logra cuando la identidad nacional reconoce los caminos que debe recorrer para que su proyecto de vida deje de ser puramente ideal." Doy la bienvenida al escritor de cuentos para niños y al trovador que, con Marcelo Moguilevsky y César Lerner, ha difundido a Borges en la noche de Buenos Aires.”


Entre bueyes no hay cornadas que es lo que se pretende demostrar. Pero Santiago Kovadloff es lo suficientemente inteligente para saber que el diario en que es columnista, cosa que podría evitar para ser mínimamente coherente con el discurso de la calle Montevideo, es el diario más militante desde su fundación el 4 de enero de 1870 por Bartolomé Mitre (el que redujo la población paraguaya a un tercio, en uno de los genocidios del siglo XIX; el que arrasó a los caudillos populares norteños, con sus coroneles Arredondo, Sandes, Paunero, Irrazabal, adelantándose a los Astiz, Acosta, Astic, Donda Tigel, Rádice, Rolón; el  que  destruyó los embriones de una industria nacional y que  como dijera Homero Manzi “fue el único de los héroes de la historia oficial que dejó un guardaespaldas”.)


Ese diario fue feroz opositor de todos los gobiernos populares, propulsor de todos los golpes de estado, encubridor del terrorismo de estado que sembró de campos de concentración en todo el territorio nacional.


Desde esa Tribuna de Doctrina, Kovadloff predica el republicanismo, la división de poderes, los comportamientos éticos, el discurso moralista, la democracia, la supremacía de la ética.

Su discurso de la calle Montevideo  da vía libre a la bronca, archiva al licenciado en filosofía, tiene certezas a las que no la atraviesa la menor posibilidad de duda, con un fundamentalismo cuasi religioso que mata el menor vestigio de Kant y Descartes. Contradictoriamente para un hombre a quien el pueblo le pagó su educación pública, cierra su mente olvidando que la misma actúa como los paracaídas, que sólo sirven cuando se abren.


Santiago ha recorrido un largo camino, el camino de Santiago. Del progresismo a  la trinchera sanguinolenta de La Nación. En ese sendero está acompañado por otros intelectuales, que como escribió Juan José Sebreli, cuando aún era una promesa, antes de recorrer el mismo camino que Santiago, “que siempre habrá quien no pudiendo cambiar la sociedad de clases, decide cambiarse de clase.” Ese es el Santiago que pronunció el discurso de la calle Montevideo,  muy lejos de aquél promisorio joven que posiblemente no reconocería al Kovadloff de hoy.

Fuente: DR

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