6/1/13

“Nueva guerra fría” entre EU y Rusia


Los todavía poderosos tentáculos anglosajones promueven la secesión jihadista en el superestratégico transcáucaso 


Antecedentes: la famosa perezagruska (reajuste: Ver Bajo la Lupa; 11/3/09 y 8/4/09) de la relación bilateral entre la primera administración Obama –donde la secretaria de Estado, Hillary Clinton (hoy convaleciente), jugó un papel determinante– y el entonces presidente ruso Dimitri Medvedev nació bajo los mejores auspicios con el fin de iniciar una fructífera cooperación.

La hoy abortada perezagruska fue muy esperanzadora para los abolicionistas de las armas de destrucción masiva, en particular, las nucleares.

Estados Unidos y Rusia han descarrilado el reajuste, debido a que sus agendas colisionan y se apartan en prácticamente todos los frentes, con excepción de mínimas áreas de colaboración que seguramente pagarán la factura de la creciente discordia.

A mi juicio, la gran fractura se produjo en 2008, durante los Juegos Olímpicos de China, cuando EU, en la fase terminal bushiana, azuzó bélicamente a Georgia a invadir Osetia del Norte, lo cual llevó a la fulminante represalia de Rusia, quien estaba esperando pacientemente un error garrafal que tuvo un profundo impacto geoestratégico (ver Bajo la Lupa; El mundo cambió en el Cáucaso; 20/8/08).

La perezagruska tenía precisamente entre sus múltiples finalidades dejar atrás el belicismo bushiano y el cerco asfixiante a Rusia en su periferia inmediata. Hoy las agendas de Obama y Putin colisionan: desde la promoción del gas esquisto (shale gas) por EU en detrimento de los hidrocarburos rusos, pasando por la instalación de misiles en Turquía por la OTAN (en la cercanía rusa), hasta su choque en los frentes de Siria/Irán –sin contar la confrontación cada vez más abierta de la OTAN unipolar contra los multipolares BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica).

Debe entenderse que el irredentismo de la OTAN en las fronteras rusas llegó a penetrar la muralla inexpugnable del Kremlin con la desestabilización interna, mediante las arcanas ONG financiadas por entidades gubernamentales-paraestatales de EU.

Como si lo anterior fuera poco, los todavía poderosos tentáculos anglosajones promueven la secesión jihadista en el superestratégico transcáucaso (Los Balcanes euroasiáticos, Brzezinski dixit) para debilitar el flanco sur de Rusia (y a su interior islámico ruso: un mínimo 14 por ciento poligámico-juvenil de su población total peligrosamente decreciente) y hasta en los meros Balcanes mediante el añejo proyecto islámico sunnita de La Gran Albania: plan religioso de EU [...]

Hechos: en fechas recientes, los congresos de EU y Rusia se han asestado severos golpes legislativos: la controvertida Enmienda Magnitsky (Ver Bajo la Lupa; 4/7/12) y la represalia inesperada de la prohibición de adopción de niños rusos, las cuales, en suma y resta afecta a los ciudadanos de ambas superpotencias.

En forma notable, Russia Today (29/12/12) realizó una entrevista a Stephen Cohen –de origen lituano-israelí y connotado académico de estudios rusos e historia en la Universidad de Nueva York, además de miembro del influyente Consejo de Relaciones Exteriores (CFR, por sus siglas en inglés)– quien sin tapujos sepultó la perezagruska y sentenció la “nueva guerra fría” entre los dos superpotencias nucleares.

Cohen imputa a EU la responsabilidad del deterioro: al avance de la OTAN a las fronteras de Rusia, la edificación de misiles defensivos en las fronteras de Rusia, la interferencia (¡súper sic!) en la política interna de Rusia, más recientemente en las manifestaciones callejeras (que incluyen el presunto montaje multimediático occidental de Pussy Riot y sus ultrajes a la Iglesia ortodoxa de Moscú, según círculos rusos).

Este académico retrocede 20 años a la ominosa enmienda Magnitsky debido al unilateralismo de EU de pretender ganar todo sin concesiones a la contraparte: “Un abordaje analítico realmente honesto (sic) por un patriota de EU –como yo– es que Washington carga gran parte de responsabilidad, debido a las políticas tomado contra Moscú”, lo cual ha desatado un resurgimiento del nacionalismo antiestadunidense en el Congreso ruso, por encima de la voluntad del mismo Putin.

A juicio de Cohen, “Obama ha continuado la política hacia Moscú iniciada por el presidente Clinton (Nota: cuyo fin fue cercar y desmantelar a la nueva Rusia, después del colapso de la URSS, gracias a la ingenuidad de Boris Yeltsin), y continuada por Bush, un republicano”.

Narra Cohen los intríngulis de la perezagruska: cuando Obama y el entonces presidente Medevedev convinieron el reajuste, Moscú deseaba ciertas cosas de Washington y Washington deseaba ciertas cosas de Moscú, lo cual es normal en una relación responsable entre las dos máximas superpotencias.

Sin entrar en detalles, comenta Cohen, Washington obtuvo todo (¡súper sic!), lo que deseaba de Moscú y Moscú no obtuvo nada (¡súper sic!) ¿Se puede fincar la paz mundial en una relación sado-masoquista que llegó a su clímax con Clinton que se burló hasta el cansancio de Yeltsin?

El zar geoenergético global Vlady Putin no es Yeltsin cuando la dupla anglosajona apostó todo en impulsar a Medvedev (más flexible en su óptica interesada), en la sucesión rusa.

El académico considera que la “nueva atmósfera de guerra fría” afectará las relaciones de EU con Rusia referentes a Afganistán, los misiles defensivos, Siria, Irán que son asuntos muy delicados”.

Coloca en la picota toda la propaganda de demonización del personaje Putin en EU (Nota: extensivo a Gran Bretaña) –una característica de su maniqueísmo publicitario–: “el sentimiento antiPutin en EU es completamente(sic) irracional (…) Algunos de nosotros hemos tratado de contrarrestarlo iniciando un discurso racional sobre Putin como líder. No somos proPutin, lo vemos justamente como un líder nacional que necesita ser entendido”.

Considera que tanto Obama como Putin han sido rebasados por sus congresos, por lo que será muy difícil la reconciliación cuando la deteriorada relación se acomoda más, en una nueva redición de guerra fría, la cual, en un descuido, puede desembocar ominosamente en un intercambio termonuclear.

Conclusión: llama la atención –quizá debido a su súper especialidad en asuntos rusos y su relativo desconocimiento de China–, que Cohen haya soslayado el tercer factor seminal: la postura de China ante la “nueva guerra fría” entre las dos superpotencias nucleares cuando el mismo Beijing es motivo del cerco de la doctrina Obama y su política del pivote, del que forma parte la política confrontativa de ejes de la Alianza Trans-Pacífica .

Interesante: la previa guerra fría entre EU y la URSS decidió parcial y relativamente su destino ontológico en la década de los 70 con el acercamiento entre EU y China.

¿De qué lado se colocará esta vez China, 40 años más tarde, para decidir el destino geoestratégico de la nueva guerra fría entre EU y Rusia? ¡Faites vos jeux!

Twitter: @AlfredoJalife

http://alfredojalife.com

La Jornada

No hay comentarios:

Publicar un comentario