22/1/13

Lecciones de Islam IV: El Concepto de Fe


Por Abdallah Yusuf de La Plata




En el Nombre de Dios, El Compasivo, El Misericordioso


Lección 4: el concepto de Fe para el Islam.

  Cuando en occidente se habla de “Fe”, se considera que es una creencia apartada de la lógica, la razón y la ciencia, o la expectativa de que ocurra un evento contrario a las leyes naturales y/o a los pronósticos razonables. Pero en el Islam, “Fe” es conocimiento y acción concomitante. Por consiguiente, es una realidad que en principio (al menos en su comienzo) se puede razonar, analizar, explicar con lógica y evaluar sus resultados concretos. En definitiva, es una concepción diferente de lo que se tiene en Occidente sobre este tema. Y no decimos que se trate de una concepción diferente a la que se tiene en la Biblia, pues si alguien lee la Epístola de Santiago del Nuevo Testamento, verá con claridad que se expone esta misma concepción de la Fe.  Nos estamos refiriendo a lo que el común de la gente entiende por “Fe” en Occidente, en especial cuando se refiere a la religión. Pero si nos referimos a otras cuestiones cotidianas de la vida, entonces veremos que la gente por lo general tiene esta misma concepción de “Fe”. Por ejemplo: nadie se arroja del techo de un edificio elevado diciendo “Tengo fe en que no me va a pasar nada y ni siquiera me voy a golpear”. O nadie mete la mano en las llamas ardientes diciendo “Creo de todo corazón que el fuego no me va a quemar ni siquiera un poco, y no voy a sentir ningún dolor”. No: uno utiliza otro tipo de lógica en estas cuestiones y otras de la vida cotidiana. El Islam traslada esta misma lógica, este mismo tipo de razonamiento, para las cuestiones de la religión. Pues “religión” para el Islam es “modo de vida”, no es otra cosa que la vida misma en la que todos nos movemos. Así, ningún musulmán creyente dice “Voy a vivir una vida llena de pecados, porque tengo Fe en que Dios no me va a castigar y no me va a pasar nada por esto”.  No: esta no es la lógica de la Fe islámica. El musulmán creyente tiene Fe en Dios y en el otro mundo, en la realidad de la vida después de la muerte, y obra en forma concomitante a su Fe. Por eso, obra el bien. Y en la medida que realiza buenas obras, su Fe se afirma y agiganta, y sus buenas obras se multiplican convirtiéndose en un hábito para su existencia. Y esto mismo le abrirá la puerta a nuevos conocimientos, a una nueva comprensión de la existencia. Así, su Fe será una realidad inmutable que trasciende los límites de este mundo y de esta vida. Tal realidad interna no puede existir sin manifestar sus huellas en forma visible, por lo que el hombre creyente es esencialmente un hombre bueno, ya que sus acciones reflejan la bondad existente en su corazón.

Podemos decir que la Fe es un conocimiento que se transforma en un sentimiento que abraza el corazón y se pone de manifiesto en las acciones. Como definen los señores Hakimi, autores de Al haiat:

  La Fe es la creencia que está firme en el alma, puntal del corazón, y tiene dos bases : una interior central y otra superficial externa. Entonces, la creencia firme es del corazón, mientras que el acto que deriva de ella es una realidad exterior. (Al haiat, sección sobre la fe)

Sin ese sentimiento interno, sin esa certeza y seguridad, las acciones carecen de valor y beneficios. Por supuesto que sin acciones, no hay Fe verdadera, pero sin Fe, las acciones que puedan realizarse en el mundo no sobrepasan los límites de este plano material, por lo que carece de toda utilidad postrera. Quizás alguien pueda decir que una buena acción es un bien en sí mismo, más allá de la Fe que tenga quien la realice. En efecto: una acción buena es algo positivo y no deja de tener buenas consecuencias sobre la persona. Pero sin Fe, tal obra  no cumple su rol último que es el de convertirse en un ladrillo con el cual edificamos nuestras morada postrera en el más allá, después de nuestras muertes. La persona que no tiene Fe, no cree en tal morada postrera y sus intenciones al realizar una acción, no sobrepasan los límites de este mundo. Por lo tanto, su acción alcanza esa intención y se restringe a este plano material, careciendo de toda realidad espiritual o metafísica.

Podemos concluir que la Fe es lo que distingue al ser humano de los animales, lo que enaltece al ser humano y le da valor. Y la Fe del hombre afecta su entorno, la sociedad en la que vive, el propio gobierno que la ha de regir.

Cuando en Occidente se habla de la Fe, las creencias y la religión, siempre se dice que estas cuestiones pertenecen al ámbito privado del individuo y que deben quedar reservadas al hogar de las personas o a lo sumo al templo donde los creyentes de una religión se congregan a rezar. De esta manera, la sociedad y sus asuntos quedan completamente desvinculados de la Fe, las creencias y la religión, las cuales se limitan a asuntos espirituales, internos de cada persona, no a las cuestiones materiales inherentes al mundo y la sociedad en su conjunto.

  Como dijimos anteriormente, para el Islam los conceptos de “Fe” y “religión” son diferentes que las definiciones que se suelen dar en Occidente. Si “Fe” es conocimiento y acción concomitante, y “religión” es el modo de vida de la persona, su forma de ser, de comportarse, de vivir, es claro que no son asuntos meramente espirituales sino que afectan a cada ámbito de la existencia humana. Y así como la Fe se extiende desde el corazón de la persona hasta sus miembros, generando sus acciones cotidianas, las acciones de cada individuo afectarán al conjunto de la sociedad, que no puede desvincularse de los miembros que la conforman. Así la sociedad tiene gobernantes, políticos, jueces, profesionales actuando en cada ámbito de trabajo, a cada nivel, cada uno con su grado de importancia, su influencia, su efecto concreto en las corrientes sociales. ¿Acaso es indistinto que tales personas tengan Fe o carezcan de ella?

  Una religión auténtica y completa como el Islam es integradora: tiene influencia y efectos sobre los individuos y sobre la sociedad, afectando la vida espiritual y material de la gente, ya que busca edificar este mundo y el otro. No relega la vida espiritual al rezo en la mezquita y no abandona los asuntos mundanales. Por el contrario: busca corregir los asuntos del mundo en pos del bienestar material y espiritual de la gente. Así, la religión establece para el creyente una serie de responsabilidades sociales que debe cumplir, prohibiéndose que se desentienda de los asuntos comunitarios. En el Islam, el creyente no debe aislarse y abandonar el mundo, sino que debe vivir purificando sus acciones en el mundo, corrigiendo su conducta y a través de eso, su entorno mismo.  El creyente no puede ser indiferente a los asuntos sociales. A mayor grado de fe, mayor compromiso social y comunitario. Así, los creyentes de máximo grado que son los Profetas e Imames (P) son quienes tuvieron un mayor compromiso social y sacrificaron sus vidas en pos de la corrección de las comunidades, siendo los mayores revolucionarios de toda la historia. Ya ampliaremos si Dios quiere estos temas en las lecciones correspondientes.

  Para concluir, queremos repetir una vez más que el concepto de “Fe” en el Islam es distinto al concepto que se tiene en Occidente. En el Islam, la Fe involucra al conocimiento, la razón, la ciencia, la lógica y además la acción, la conducta del individuo, su interacción con el medio, con el mundo, con el resto de la sociedad. Por eso, este tema no se agota aquí ni se puede estudiar en forma independiente de los temas como el conocimiento en el Islam y las acciones prácticas en los musulmanes. Comprender este concepto de Fe es fundamental para entender al Islam y conocer al musulmán practicante.

  A continuación, vamos a ilustrar todo lo que hemos dicho con algunas aleyas del Corán y dichos del Profeta (BPD) y los Imames (P).

  Dice el Sagrado Corán:

¡Por la era! Ciertamente el hombre está en la perdición, excepto aquellos que creen...”   (103 : 1 a 3)

“En cuanto a quienes hayan creído en Dios y se hayan aferrado a El, pronto les introducirá en Su Misericordia y Favor, y los encaminará hacia Sí por una vía recta”.       ( 4 : 175 )

Los beduinos dicen: ‘¡Creemos!’ Diles: ‘Todavía no creéis. Decid más bien: ‘Nos hemos islamizado’, porque la fe aún no ha entrado en vuestros corazones”.    (49:14)

  “¡Oh, Mensajero! Que no te entristezcan quienes se precipitan rivalizando en la incredulidad. Aquellos que expresan con sus bocas: ‘¡Creemos!’, mientras sus corazones aún no han abrazado la fe”.    ( 5:41)

  “Los creyentes son aquellos cuyos corazones se sosiegan con el recuerdo de Dios. Sabed que los corazones se sosiegan con el recuerdo de Dios”.    ( 13:28 )

"... Luego, quien reniegue del seductor (el demonio, los ídolos y todo ser tirano y rebelde) y crea en Dios, se habrá aferrado a un asidero sumamente sólido, inquebrantable...”   (2:256)



  Figura en la Tradición Islámica (Hadices- tomados de fuentes shiitas-)

Del Imam Alí (P) : “El (valor del) hombre está en su fe”.    (De “Gurarul  Hikam”, pag. 15)

Del Imam Alí (P) : “¡ Oh, Kumail ! Ella (la Fe) puede estar firme o ser como un depósito (es decir, temporal, transitoria). ¡ Cuídate de ser como quienes la tienen en depósito ! Y sólo eres digno de la firmeza cuando marchas por un sendero claro, que no sea tortuoso ni te aleje del camino”.    (De “Tuhaful Uqul”, pag. 121)

Del Profeta (BPD) : “La Fe está anudada al corazón y consiste en expresar con la lengua y practicar con los miembros”.   (De “Amale Tusi”, tomo II, pag. 64)

  Del Imam Sadiq (P), del Profeta (BPD) : “La fe es palabra y acción ; ambos son como hermanos asociados (mellizos o siameses)”.    (De “Qurbul Asnad”, pag. 19)

   Del Imam Alí (P) : “La fe y la práctica son como dos hermanos mellizos y dos compañeros inseparables. Dios no aceptará a uno de ellos sin su compañero”.    (De “Gurarul Hikam” , pag. 55)

Del Imam Sadiq (P) : “No hay fe sin práctica ; la práctica es parte de ella. Y no existe firmeza en la fe sino a través de la práctica”.    (De “Uasail”, tomo VI, pag. 127 )

De Fátima(P): "...Entonces Dios impuso la fe como un purificador de sociedad y la oración como depuración de la arrogancia..." (De "Kashful Gumma", tomo 1, pag.483)

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