8/12/12

Un periodista indignado


Por Juan Gelman

El lunes 26 trascendieron los resultados de las primarias para renovar la representación del Likud gobernante en el Knesset o Asamblea unicameral israelí en las próximas elecciones del 22 de enero: el incremento del vuelco a la derecha más dura fue inesperado para muchos (www.ynetnews.com, 27-11-12). De los tres ministros, y a la vez representantes, considerados parte del ala más moderada del Likud (www.haaretz.com, 28-11-12), sólo uno tendría la posibilidad de ser reelecto, el ministro sin cartera Benny Begin, aunque es el número 20 de la lista. Los otros dos, Dan Meridor y Michael Eitan, seguramente no.
Sus bancas serán ocupadas por extremistas de derecha como Moshe Feiglin, que calificó a Hitler de “genio militar sin paralelo. El nazismo elevó a Alemania de un estatuto físico e ideológico bajo a otro fantástico” (www.haaretz.com, 10-12-08). Extrañas palabras en boca de un israelí judío que, sin duda, será parlamentario y por primera vez. Sorprenderían menos si las pronunciara el presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad. Los partidos de oposición se las verán negras y cabe preguntarse si los votantes del centro y de la izquierda tendrán fuerzas suficientes para contrarrestar semejante fanatismo. ¿O será un reflejo de lo que realmente piensa la opinión pública de Israel?
Una encuesta polémica realizada por la importante agencia local Dialog mostraría que tal vez sí. Más de dos tercios de los israelíes no árabes interrogados opinaron que millones de palestinos no deberían tener derecho a voto si Israel anexara los territorios de Judea y Samaria administrados por el gobierno israelí en Cisjordania (www.guardian.co.uk, 23-10-12). El 74 por ciento se pronunció por que en Cisjordania se establecieran caminos para israelíes, por un lado, y caminos para palestinos, por el otro, y el 58 por ciento piensa que Israel ya está aplicando el sistema de apartheid a los palestinos; claro que para esta encuesta fueron entrevistados sólo 503 israelíes judíos de una población total de casi 6 millones, aunque hay hechos que les dan la razón (www.tomdispatch.com, 25-11-12).
Otros datos del sondeo de Dialog que publicó el diario israelí Ha’aretz (23-10-12) indican que un 59 por ciento manifestó que los israelíes judíos deberían tener preferencia sobre los israelíes árabes en la contratación de personal para las instituciones oficiales y el 49 por ciento declaró que los primeros deberían ser mejor tratados que los últimos. El 42 por ciento no quiere vivir en el mismo edificio que habitan vecinos árabes y otro tanto se opone a que sus hijos compartan la escuela con niños árabes.
El tema de la posible anexión de Cisjordania o de las zonas con más asentamientos israelíes ilegales en ese territorio palestino adquirió espesor en estos últimos meses, señala The Guardian: “Ehud Barak, ministro de Defensa, se pronunció por la anexión de las tierras que se encuentran entre la Línea Verde internacionalmente reconocida y el muro construido por Israel”. Son terrenos palestinos y el primer ministro Benjamin Netanyahu proclamó que su gobierno seguiría construyendo edificios en un distrito árabe de Jerusalén, en respuesta a las críticas que la Unión Europea formulara días antes a tal decisión. El premier israelí dejó en claro el tema: “Hemos construido en Jerusalén, estamos construyendo en Jerusalén y seguiremos construyendo en Jerusalén” (www.huffing tonpost.com, 23-10-12).
El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas declaró en agosto de 1980, en su resolución 478, la nulidad de la anexión israelí de Jerusalén Este, poblada por una mayoría árabe, donde la Autoridad Nacional Palestina demanda establecer la capital de su futuro Estado. La casi totalidad de la comunidad internacional trasladó sus embajadas a Tel Aviv en repudio a la anexión, pero el gobierno israelí no se digna cumplir ni una sola de las decenas de resoluciones de la Asamblea General de la ONU que condenaron la ocupación militar de los territorios palestinos en 1967 primero y ahora la ocupación de hecho. Para qué, si la Casa Blanca lo apoya.
La quinta parte de la población de Israel es árabe y casi la mitad de los entrevistados por Dialog juzgó que sus connacionales árabes deberían pasar a la jurisdicción de la Autoridad Palestina y un tercio estimó que lo mismo debía ocurrir con las ciudades árabes en territorio israelí. La visión más extrema fue la de los judíos ultraortodoxos: un 70 por ciento apoyó la prohibición legal del derecho a votar de los árabes y el 95 por ciento que se los discriminara en los lugares de trabajo. Gideon Levy, el columnista de Haaretz que comentó la encuesta, no ocultó su indignación: “Los propios israelíes se autodefinen abiertamente, sin vergüenza ni culpa, como racistas nacionalistas”. “Si una encuesta similar se diera a conocer sobre la actitud hacia los judíos en un país europeo –señaló–, Israel hubiera desatado un infierno. Cuando se trata de nosotros, la norma no se aplica.”
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