20/12/12

Hollande denuncia la 'brutal e injusta colonización' de Francia sobre Argelia


François Hollande dijo ayer a su llegada a Argel que no había viajado a la antigua colonia francesa a "pedir perdón", sino a "decir la verdad sobre el pasado y, sobre todo, expresar una voluntad para el futuro".


Sin embargo, esta mañana, en su esperado discurso ante las dos cámaras del Parlamento argelino, el presidente de la República Francesa denunció con todas las letras la colonización de Argelia por parte de Francia, señalando que durante 132 años "este país estuvo sometido a un sistema profundamente injusto y brutal". "Ese sistema tiene un nombre: el colonialismo. Y yo reconozco aquí los sufrimientos que el colonialismo infligió al pueblo argelino", continuó el mandatario galo en medio de los aplausos de todos los parlamentarios.

Argelia, que se independizó de Francia en 1963, mantiene con la antigua metrópoli una relación de amor-odio que ningún inquilino del Elíseo ha sabido encauzar debidamente, quizá por mantenerse enrocados en ese concepto de la 'grandeur de France' que causó tantos muertos de uno y otro bando durante la guerra de liberación.

Entre todas las matanzas de aquella contienda y de los años anteriores de represión de independentismo, el presidente socialista francés quiso referirse en su alocución específicamente a una: la del 8 de mayo de 1945 en Setif, que coincidió en fecha con la capitulación de la Alemania nazi y el fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa.

"En Setif, el mismo día en que el mundo derrotaba a la barbarie, Francia ignoraba sus valores universales", indicó Hollande. "Esas matanzas siguen ancladas en la conciencia de los argelinos, pero también en la de los franceses. Y debe decirse la verdad sobre las condiciones en que Argelia se libró del sistema colonial, sobre esa guerra a la que durante mucho tiempo no se la llamó por su nombre en Francia: la guerra de Argelia", recalcó.

La memoria

"Respetamos la memoria, todas las memorias. Tenemos un deber de decir la verdad sobre la violencia, las injusticias, las matanzas, la tortura", insistió el jefe de estado galo, que lanzó igualmente un mensaje para construir el futuro de los dos países sobre el conocimiento de la historia común, la educación de los jóvenes y las oportunidades para estos de moverse en el mercado laboral de ambos países. "Se debe controlar los flujos migratorios, pero pedir un visado no ha de convertirse en una carrera de obstáculos o en una humillación", sugirió.

Invitado a visitar Argelia por su homólogo Abdelaziz Buteflika, Hollande acudió a la antigua colonia para transmitir un mensaje de entente bilateral que quedó consignado en la firma de un tratado de amistad entre ambos países, que incluye un programa de cooperación para los próximos cinco años en temas de defensa, industria, agricultura, educación y cultura.

En esta "nueva era de reconciliación" que Hollande propone a los argelinos, va camino de triunfar donde sus antecesores Jacques Chirac y Nicolas Sarkozy fracasaron, simplemente porque ha sido consciente de que nada se puede construir si no se cierra la herida que se mantiene abierta desde hacía medio siglo.

"Cincuenta años después de la independencia, somos capaces de mirar el pasado con lucidez y abrir una nueva página", remarcó en su discurso de esta mañana. Su estancia en dicho país no está exenta de polémica, ya que cuatro partidos islamistas han denunciado en los días anteriores "la negativa de las autoridades francesas a reconocer los crímenes cometidos durante el periodo colonial e indemnizar material y moralmente a las víctimas".

Hollande asume ante los argelinos la brutalidad de la colonización francesa



El presidente francés, François Hollande, ha reconocido hoy, en el segundo y último día de su primera visita oficial a Argelia, el "sufrimiento" que infligió al pueblo argelino la colonización francesa. "Durante 132 años", subrayó Hollande hablando ante las dos Cámaras del país magrebí, "Argelia fue sometida a un sistema profundamente injusto y brutal". Los parlamentarios argelinos recibieron con aplausos las palabras del jefe del Estado francés, quien evitó pedir excusas -“es mejor decir la verdad que disculparse”-, pero reconoció que Francia renunció a “sus valores universales” durante la represión colonial.

Cincuenta años después del final de la guerra de la independencia argelina, Hollande utilizó el tono solemne de las grandes ocasiones y afirmó: “Reconozco los sufrimientos que la colonización infligió al pueblo argelino". Enseguida, citó "las masacres de Sétif, Guelma y Kherrata", tres episodios que "permanecen anclados en la conciencia de los argelinos pero también de los franceses". "El 8 de mayo de 1945", afirmó el presidente recordando la matanza en Sétif, "el mismo día en el que el mundo triunfaba sobre la barbarie (en Europa), Francia olvidaba sus valores universales".

Interrumpido varias veces por los aplausos de los diputados, el jefe del Estado francés glosó también la necesidad de recordar las condiciones en las que se llevó a cabo la descolonización, en el marco de una "guerra que durante mucho tiempo no se ha querido nombrar en Francia". Hollande aseguró que es un “deber” respetar la memoria de la "violencia, injusticias, masacres y torturas" cometidas durante la colonización.



Sin pedir perdón por esos crímenes para no herir la sensibilidad de los viejos combatientes franceses, muchos de los cuales son hoy militantes o simpatizantes de la extrema derecha, Hollande subrayó que los historiadores deben tener acceso a los archivos para que todo el mundo "pueda conocer la verdad". “La paz de la memoria a la que aspiro reside en el conocimiento y la divulgación de la Historia", dijo. "La verdad no duele, repara. Y la Historia, incluso cuando es trágica y dolorosa, debe ser contada”, insistió.

Hollande no suele presumir de ello, pero es un apasionado lector de libros de Historia y siempre se ha interesado por la colonización y la descolonización de Argelia. Cuando era estudiante en la Escuela Nacional de Administración (ENA), hizo un periodo de pruebas en Argel. Era 1978. Y el año pasado, nada más vencer las primarias del Partido Socialista y convertirse en candidato oficial a las presidenciales, visitó Argelia y participó en la conmemoración de la masacre de manifestantes argelinos ocurrida en París en 1961, otro oscuro capítulo que envenena la relación bilateral. En octubre de 2012, Hollande se convirtió en el primer presidente francés en condenar la violenta represión de aquella protesta pacífica saldada con decenas de muertos, que París siempre trató de ocultar.

El gran objetivo del viaje a Argel del inquilino del Elíseo es cerrar viejas heridas nunca restañadas entre los dos países de Albert Camus. Una de ellas es el acuerdo de 1968, aun vigente, que regula entre otras cosas los flujos migratorios y la entrega de visados. Hollande no ha querido revisar el viejo acuerdo pero el jueves se comprometió ante el Parlamento a mejorar su ejecución, a "acoger mejor" a los demandantes de visados y a evitarles “obstáculos o humillaciones”.

La nueva consigna de París sobre Argelia es que es preciso cambiar el método de trabajo y avanzar “asunto por asunto”. Otro sin resolver es el de las víctimas de las pruebas nucleares francesas, que todavía esperan a ser indemnizadas. Hollande afirmó el miércoles que la ley que regula esos pagos “debe ser aplicada”.

La visita sirve también para cerrar negocios valorados en unos 10.000 millones de euros. Francia mantiene un saldo comercial positivo con Argelia: es su primer proveedor –le vende productos por valor de 5.000 millones de euros anuales- y su cuarto cliente, con un desembolso anual de 4.600 millones, sobre todo en hidrocarburos. El acuerdo más destacado es el de la apertura de una fábrica de Renault en Argelia. La inversión de 1.000 millones de euro seguirá la regla que rige desde el final de la guerra para evitar la supremacía gala: Argel tendrá un mínimo del 51% en la sociedad.

El viaje de Hollande ha tenido además un fuerte componente simbólico. El presidente recorrió el miércoles las calles de Argel en un coche descapotado junto al presidente Abdelaziz Bouteflika. Pero no resultó fácil saber si el entusiasmo de las masas movilizadas por el poder era o no el reflejo de que se ha abierto una nueva etapa.

En París, Mohamed Zerouki y Hélène Erlingsen-Creste, hijos de sendos combatientes fallecidos durante los ocho años que duró la guerra de Argelia, aprobaron al discurso del presidente. En la emisora France Info, los autores del libro Nos pères ennemis : Morts pour la France et l'Algérie (1958-1959), Zerouki -hijo de un militante del Frente de Liberación Nacional- y Erlingsen-Creste, hija de un soldado francés, dijeron que ver a Hollande pasear por las calles de Argel “fue una imagen fantástica”, y aplaudieron el reconocimiento oficial de la brutalidad colonialista.

“Le digo al presidente ‘bravo, muy bien’. Acabamos de pasar una página. Ahora debemos escribir una nueva en la Historia entre los dos países”, afirmó Zerouki. Hélène Erlingsen-Creste señaló que “ya era hora de que el Estado francés reconociera sus errores”, y criticó la “política postcolonialista” que París ha mantenido hacia Argelia en los últimos años.

Su libro, dijeron, trata de enviar un mensaje de reconciliación y de paz “muy simple”. “Hubo sufrimiento por los dos lados y es el momento de darse la mano y de transformar aquel desastre en una paz verdadera”.



http://www.elmundo.es/elmundo/2012/12/20/internacional/1356007934.html
http://internacional.elpais.com/internacional/2012/12/20/actualidad/1355996597_852983.html

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