5/11/12

La violencia en el budismo: Myammar y la limpieza étnica de musulmanes

Imagen satélite de la destrucción de viviendas de la etnia musulmana rohingya en la localidad de Kyaukphyu, estado de Rajine, Myanmar (antigua Birmania). En el barrio que muestra la fotografía, el pasado 24 de octubre fueron destruidas 800 viviendas por miembros de la mayoría budista.


Los recientes disturbios en Myanmar han supuesto casi un centenar de muertos y el arrasamiento de un número muy elevado de viviendas de la minoría musulmana del estado de Rajine (antes Arakan), lo que ha hecho que algunos observadores hable de una verdadera campaña limpieza étnica. Y lo cierto es que los ataques de la mayoría budista contra la minoría musulaman no son nuevos en Rajine. El gobierno de Myanmar rehúsa conceder la ciudadanía a los más de 800 mil rohingyas que viven en esta nación, por considerar que proceden de Bangladesh, donde tampoco son reconocidos. Los incidentes traen a colación artículos polémicos pero muy informativos, como el que publicamos hoy, firmado por Stephen Jenkins y traducido por Javier Romero.

No es tan extraño que un budista apruebe el asesinato

 La actitud del Dalai Lama con respecto a la muerte de Bin Laden no debería sorprender tanto. El budismo no es tan pacifista como se fantasea en occidente.

Stephen Jenkins, The Guardian, 11 de mayo de 2011

¿Cómo puede ser que el Dalai Lama, que no haría daño a un mosquito, apruebe el asesinato de Osama bin Laden? El terrorista merece compasión, dijo el Dalai Lama, pero “si un problema es grave… debes poner medios para remediarlo”. La supuesta contradicción radica en las idealistas fantasías occidentales acerca del pacifismo budista, no en el budismo en sí. El poder de dichas fantasías es tan fuerte que afecta incluso a los mismos tibetanos. Algunos jóvenes refugiados acusan al budismo de haber perdido el Tíbet: afirman que “hubo un tiempo en que fuimos guerreros”, evocan su historia imperial y piensan erróneamente que sus antepasados no resistieron la invasión china. Tales fantasías también nos impiden comprender realmente cuán fuera de lo común es el Dalai Lama. Consideramos que sus valores son los de un budista típico o los de un Dalai Lama típico, cuando no es ni una cosa ni otra.


Los budistas definen sus valores en base a las historias de las vidas anteriores del Buda. Estas narraciones le muestran en numerosos papeles, como por ejemplo un elefante de batalla o un ministro que defiende su ciudad asediada. La historia que vamos a narrar es análoga a una situación de terrorismo, y es bien conocida en el budismo del norte: los comunistas llegaron a emplearla en una ocasión para animar a los budistas chinos a combatir en Corea. El Buda, durante una vida pasada en la que había sido un capitán llamado Súper Compasivo, descubrió que en su barco viajaba un criminal que tenía intención de asesinar a los 500 pasajeros que iban a bordo. Si se lo explicaba a los pasajeros, estos sentirían pánico y se convertirían en asesinos, como ocurrió en 2000 en un vuelo de Southwestern Airlines. No habiendo otra salida, apuñaló y mató al criminal por compasión. Actuando así, el capitán Compasivo salvó a los pasajeros no sólo de ser asesinados, sino también de convertirse en asesinos, pues estos, al contrario que él, habrían asesinado con ira y sufrido por ello las penas del infierno. Salvó al criminal de convertirse en un asesino de masas y por tanto de sufrir padecimientos aún peores. Al actuar con compasión, generó para sí un karma enormemente positivo.

Esta historia tiene dos caras: asesinar protege a otros del horrible karma de asesinar. El Dalai Lama explicó en Harvard en abril de 2009 que una “acción de fuerza con ira” motivada por la compasión, puede ser “violencia a un nivel físico” pero que “en esencia, es no violencia”. Por lo tanto, debemos analizar cuidadosamente en qué consiste realmente la “no violencia”: si se dan las circunstancias adecuadas, podría incluir asesinar a un terrorista.

La gente no alcanza a comprender cuán fuera de lo común es el compromiso del Dalai Lama con la no violencia. Después de todo, el Dalai Lama es un budista y la encarnación de Avalokiteśvara, la deidad de la compasión. Pero los valores budistas no son simplemente pacifistas: los escritos y las leyendas budistas nos informan que Avalokiteśvara no duda en tomar la forma de un guerrero cuando es necesario y apoyar las campañas de reyes justos.

Históricamente, las culturas budistas, incluyendo la del Tibet, no han sido pacifistas. El anterior Dalai Lama pugnó por desarrollar un ejército moderno. Por lo tanto, el compromiso del actual Dalai Lama con la no-violencia no debería ser visto como algo inevitable. Está influenciado por Gandhi, un abogado de formación británica cuyo pacifismo tenía sus raíces en la desobediencia civil de Thoreau. Su enfoque no violento es excepcional en un responsable político budista, pues integra conceptos indios y occidentales de lucha no violenta.

La exagerada imagen de pacifismo proyectada sobre el budismo (y sobre el hinduismo) fue adoptada y promovida por los nativos, pues transmitía una idea de superioridad moral sobre los opresores y los misioneros coloniales; la adopción de este mensaje por parte de los nativos reforzó aún más el malentendido inicial. Pero el origen principal son los mismos euro-americanos, cansados de un siglo de guerras y anhelantes de un Shangri-La pacifista. Los valores culturales budistas nunca han sido tan simplistas, pues durante milenios han servido de forma práctica a rajás, janes y daimios. La razón principal por la cual la historia de los budistas no encaja con lo que esperábamos, aparte de que éstos sean tan humanos como el resto de nosotros, es que nuestras expectativas eran erróneas. Algunos piensan que las fantasías de una utopía pacifista benefician a la causa tibetana. Pero también cabe argumentar que dichas ideas animan a los comunistas a desechar con desprecio el apoyo occidental al Tíbet, e  impiden a los budistas adoptar sus valores.

El mundo budista está lleno de violencia, por lo que nunca antes había sido tan importante comprender los principios éticos budistas. Estos incluirían no actuar nunca impulsado por la rabia; agotar otras alternativas como la negociación; tratar de capturar al enemigo con vida; evitar la destrucción de las infraestructuras y del medio ambiente; asumir la responsabilidad de que las acciones y la explotación realizadas por uno mismo llevan a los enemigos a alzarse. También ponen el énfasis en el gran peligro físico para aquellos que se conducen de forma violenta, algo que es evidenciado por el gran número de suicidios entre los jóvenes enviados a esas guerras. Pero por encima de todo, antes que “el interés de la nación” la motivación principal deberá ser la compasión.

Después de la primera declaración del Dalai Lama, se supo que Bin Laden no murió en un tiroteo para evitar ser capturado, sino que fue abatido cuando estaba desarmado. El ganador del premio Nobel volvió entonces a ser protagonista de los titulares cuando afirmó que el asesinato era comprensible, pero esta vez lo comparó a la muerte en la horca de Saddam Hussein, expresó su tristeza por la muerte, y volvió a enfatizar su compromiso con la no violencia.

http://eurasianhub.com/2012/11/03/la-violencia-en-el-budismo/#more-4050

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